Muchas de las fotos de este blog son de Ramiro Sisco con la comunidad Pilagá, en Las Lomitas, provincia de Formosa, Argentina.

martes, 17 de septiembre de 2019

NOMBRAR PARA NO OLVIDAR



Nombrar hasta el hartazgo. Claudia y Clara, Johana y Melina, Micaela y Laura, Soledad y Navila. Nombrar.

En la Casa Rosada un aro de básquet. Piensan la fachada presidencial como la portada de google, que va cambiando el motivo, pero lo eligen con menos sensibilidad que una empresa multinacional.

Un aro de básquet un 16 de septiembre. Aniversario de los secuestros de estudiantes secundarios que recordamos bajo el nombre de la Noche de los lápices, enlazando así el hecho con las obras –libro y película que lo narraron-. Nombrar porque narrar es fundamental, porque se trata de asir con las palabras esas vidas descartadas, su interrupción cruenta. Nombrar para no olvidar y para impedir el olvido. El negacionismo está en el gobierno y ese negacionismo tiene efectos actuales: expande la crueldad, la vuelve explicable, parte oscura pero necesaria de un modo de resolver los antagonismos.



La ministra de seguridad, cada vez que justifica y legitima el gatillo (o la patada) fácil, expande ese aprendizaje, lo deja disponible, se deja atravesar por la enseñanza de la dictadura y vuelve a conjugar el verbo del miedo.

Pero también ese aprendizaje reaparece en la crueldad feminicida, en la violencia que destruye cuerpos y vidas. Es un saber del castigo y de su normalización. Hecho excepcional sin embargo queda a disposición para ser usado. Y se expande.

No es lo mismo, se dirá, el castigo político contra las rebeliones militantes, producido de modo sistemático y planificado como terrorismo estatal, que la multiplicación de asesinatos individuales, azarosa reunión antes que gerencia total, criminalidad privatizada antes que estrategia pública. Claro que no lo es. Pero negar aquello, no considerar que su gravedad es fundacional y que persiste como huella, es privarnos de pensar a fondo la crueldad del presente. O el modo en que los femicidios ejercitan una forma del castigo y se sitúan como conjunción contingente pero con un claro sentido, disciplinador y aterrorizante. Se sitúan en el horizonte de la rebelión feminista. Cosechan vidas mientras decimos de qué modos queremos vivirlas, cuando las luchas resquebrajan las lógicas de poder patriarcal y deja al desnudo la violencia machista. En una semana escuchamos la denuncia colectiva sobre el acoso sexual en un sitio emblemático de la Ciudad de Buenos Aires y un periodista fue condenado por una violación realizada en el marco de una relación ocasional inicialmente consentida. No son hechos menores. Las denunciantes reclaman libertad sexual, derecho a decir sobre el propio deseo, trabajos en condiciones dignas. No aceptan ni el silencio ni el quedarse en casa. La rebelión es también la denuncia. Y la afirmación de libertades.

Los modos acumulados socialmente de denunciar el terrorismo de Estado, capaces de reivindicar las militancias sin agitar el miedo, atentos para enlazar el reclamo de memoria, verdad y justicia con el compromiso por una sociedad justa, retornan y se recrean en los modos en que denunciamos la violencia contra mujeres, lesbianas, transexuales. Porque también aquí, cuando nombramos a Navila, a Cecilia o a Laura, asesinadas en este fin de semana, sabemos que en ellas se condenan la autonomía, la asunción deseante de las vidas, la capacidad de experimentación, la fuerza de decir no. No las nombramos para expandir el temor, sino para desgajar sus nombres del compromiso en el que los asesinos quisieron fijarlos, adheridos a la sanción contra esa vasta rebelión que acontece, a veces visible y otras, silenciosa. Quiero nombrarlas hoy, pensar esas breves vidas, mientras un aro de básquet cuelga en la fachada de la Casa de gobierno, porque la banalidad negacionista es un modo de la complicidad.

Nombrar a las pibas










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sábado, 14 de septiembre de 2019

NO ES NO, EN LA CAMA TAMBIÉN




Las relaciones cara a cara entre un hombre y una mujer permiten pensar en una relación sexual consentida.

Ambos se miran. Consienten en copular, acuerdan en aquello que están haciendo, disfrutan juntos si han conseguido lograrlo.

Cuando Marlon Brando en El último Tango en París viola analmente a su compañera , la cámara muestra una mujer boca abajo, aplastada contra el suelo, soportando el peso de un varón que sobre su espalda se mueve, de manera inequívoca, después de haber lubricado con manteca el ano de la mujer. La escena reproduce literalmente la humillación que siente la víctima que en la historia de la película mantiene relaciones sexuales consentidas con el actor.

¿Entonces? Si las relaciones son consentidas, ¿por qué una víctima?

El cuerpo de la mujer vibra eróticamente cuando es estimulado ya que dispone de una fisiología preparada para disfrutar del placer sexual, placer sexual sostenido e impulsado por sus fantasías y por su caudal psicológico.

Si ella así lo dispone puede erotizar todo su cuerpo, solo si desea hacerlo. Al decir todo su cuerpo, se implica la zona anal, sensible al placer.

Entonces asistimos a la actual situación: cuando una mujer dice NO es NO. Cuando la prepotencia masculina decide vulnerar la decisión y el deseo de la mujer para imponer aquello que para él es imprescindible, un coito anal como derivado de una relación consentida se configura un delito. La ley entendió que el varón no puede decidir sobre el cuerpo de la mujer y consideró delito la pretensión de coito anal, un coito que los varones sistemáticamente imponen a las mujeres como expresión de su dominio frente al cual están seguros de que la mujer no puede negarse.

El caso que los medios de comunicación citan como el "caso Carrasco" ha desatado un sobresalto en el colectivo masculino al sancionar con 9 años de prisión a quien intente violentar mediante un coito anal a quien ha consentido tener una relación sexual, pero se negó a aceptar esa índole de práctica.

Es una relación destinada a humillar a la mujer cuando ésta se niega a acompañar en la búsqueda de placer. El coito anal es un ejercicio doloroso, exceptuando aquellas situaciones en las que la experiencia salva el primer desgarro en el cuerpo de la mujer. El esfínter anal permanece cerrado y es preciso elastizarlo mediante maniobras que reclaman lubricación y paciencia. El varón no necesariamente está dispuesto a crear la ceremonia de iniciación para una práctica de esta índole en caso de que su compañera acepte ensayar. Para algunos varones, la clave del coito anal reside en la violencia y la humillación, pretendiendo que ella tolere su necesidad de violentarla con una maniobra que oculta su rostro y su mirada.

Las prácticas culturales han logado que esta íindole de coitos se instale en algunos matrimonios como parte del débito conyugal: escuchamos las confidencias de las esposas que describen como martirio la imposición de estos coitos como parte inevitable del matrimonio porque de ese modo argumenta el marido. Pues desde ahora sabrán que no solo no es obligatorio --nunca lo fue--, tambien podría considerarse delito si se impone como práctica insalvable.

Entre las progresivas conquistas de las mujeres faltaba hablar de esta forma de violencia por parte de algunos varones jugada en la oscuridad de las alcobas y silenciada por las vergüenzas que la exposición de las intimidades provoca. No es menor la potencia del prejuicio cuando las relaciones no se sostienen cara a cara y entonces la que podría ser una práctica sexual aprendida por algunas mujeres se convierte una violación para quienes rotudamente dicen que NO.

Según la leyenda, ese coito anal del Ultimo Tango en París no estaba en el guion. Lo habrían improvisado Marlon Brando y Bertolucci.


Un coito sancionado







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jueves, 18 de julio de 2019

EDUCACIÓN DEMOCRÁTICA VIA GENDARMERÍA





El Gobierno de Macri crea un “Servicio Cívico Voluntario” en manos de Gendarmería...

La resolución firmada por la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, establece que el Servicio será de inscripción voluntaria para jóvenes de 16 a 20 años. Dice que busca inculcar el “sentido del deber” y brindar "oportunidades de formación".

El gobierno nacional publicó una resolución que crea un Servicio Cívico Voluntario en Valores que estará a cargo de la Gendarmería Nacional . Será de inscripción voluntaria para jóvenes de entre 16 a 20 años, es decir que abarca a chicos cuya formación debe estar a cargo todavía de la escuela secundaria. Con la medida, el macrismo sigue con su línea de "mano dura" de cara a las elecciones en busca de votos a su derecha.


→ Para los jóvenes el mejor lugar es la Escuela...

Ante el anuncio de la Ministra de Seguridad Sra. Patricia Bullrich de disponer la creación de un “Servicio Cívico Voluntario” para jóvenes de 16 a 20 años, en el cual se designa a la Gendarmería Nacional para tales fines, la CTERA expresa:

1) Que la Gendarmería es una institución que no está preparada ni proyectada para asumir tareas que competen a las instituciones educativas como es la formación profesional y cívica de los jóvenes.

2) Que el único lugar apropiado para la formación de nuestros niños y jóvenes son las escuelas y los colegios del sistema educativo. Ningún joven puede estar despojado del derecho a formarse en los mismos, con el personal capacitado y en el clima de convivencia creativa y formativa que estos garantizan. Pretender crear para los más pobres un engendro más parecido a la colimba que a una verdadera oportunidad educacional, constituye una manera de reclutarlos volviendo a viejas prácticas de gobiernos conservadores.

3) Que estos jóvenes que no estudian ni trabajan no eligieron ese destino y son en realidad víctimas de las políticas impiadosas con que el gobierno nacional castiga con la exclusión a los hijos e hijas de los sectores mas postergados de nuestro pueblo.

4) Que en lugar de insistir con propuestas discriminatorias que ya fracasaron anteriormente, lo que debería hacer el Ministerio de Educación es asignar los recursos necesarios para garantizar las políticas de inclusión educativa que con los sucesivos recortes fueron eliminándose sistemáticamente a partir del 2016. Hablamos de las becas estudiantiles, de la provisión de computadoras, del plan Progresar, del Plan Fines, entre otros. Todas acciones para devolver a los jóvenes a las aulas y no para depositarlos como si fueran el descarte prematuro de una sociedad que no le ofrece horizonte a los más pobres.

Por todo lo expuesto:

CTERA rechaza enérgicamente la Resolución 598/2019 del Ministerio de Seguridad, publicada hoy en el Boletín Oficial y llevara adelante, junto con otras expresiones de la sociedad y comunidad educativa, las acciones necesarias para que esta medida no sea implementada.

Buenos Aires, martes 16 de julio de 2019

Sonia Alesso - Secretaria General
Miguel Duhalde - Sec. de Educación
Rogelio De Leonardi - Sec. de Derechos Humanos




→ El Encuentro Memoria, Verdad y Justicia repudia el “servicio cívico voluntario” de la ministra Bullrich...

El Encuentro Memoria, Verdad y Justicia repudia la resolución que crea el llamado “servicio cívico voluntario en valores”, firmada por la ministra Patricia Bullrich, defensora de la doctrina Chocobar y por ende promotora del gatillo fácil.

Es cínico que en sus fundamentos la resolución invoque la Ley de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes dejándola a cargo de la Gendarmería, que desde los ’90 es parte de la represión a las luchas sociales y la militarización de barrios populares. Para colmo, la inscripción a dicho “servicio” se abre el 1º de agosto, cuando se cumplen dos años de la desaparición y muerte de Santiago Maldonado a manos de esa misma fuerza. Los supuestos “valores” que puede transmitir la Gendarmería son opuestos a la solidaridad juvenil con las causas justas que representa la figura de Santiago.

En medio de la agudización de la crisis social, con esta medida el gobierno de Macri y Bullrich reafirma su plan de avanzar con el ajuste del FMI, fortalecer el aparato represivo, legitimarlo socialmente y disciplinar a la juventud. Siguiendo su política de reconciliación con los genocidas, una de las sedes del nuevo “servicio” es Campo de Mayo, uno de los principales centros clandestinos de detención, tortura y muerte durante la última dictadura militar.

Desde el EMVJ llamamos a todas las organizaciones populares a repudiar esta medida y a movilizarse el 1º de agosto a Plaza de Mayo para exigir justicia por Santiago y no al cierre de la causa.

• ¡No al “servicio cívico voluntario”!
• ¡No a la militarización de la sociedad!
• ¡Fuera Bullrich!

Encuentro Memoria, Verdad y Justicia












miércoles, 29 de mayo de 2019

28M - MUJERES x el ABORTO LEGAL




    → El proyecto contempla algunas modificaciones al que se votó en el 2018. Martes 28 de mayo, el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso de la Nación fue el escenario de la nueva presentación del proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito.
    → Es la octava vez, un año después de que por primera vez el debate llegara al recinto. La elección de la fecha no es casual: el #28M es el Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres. Se cumplen, además, 14 años de la primera presentación, en 2007.
    → El proyecto contempla algunas modificaciones al que se votó el año pasado, y la expectativa está puesta en conseguir más de 70 firmas de apoyo de legisladores, el máximo conseguido hasta entonces...

“Venimos a este Congreso fortaleciendo la democracia, a exigir un derecho que es prioritario para la políticas públicas, porque es una cuestión de salud –porque ponemos el cuerpo y nuestras vidas–, de derechos humanos –porque no pueden seguir gestando y pariendo niñas violadas–, y también, de justicia social. Por eso estamos aquí”, fundamentó la abogada salteña Mónica Menini, en representación de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, en la presentación –la octava consecutiva– del nuevo proyecto de Interrupción Voluntaria de Embarazo (IVE) en la Cámara de Diputados.

Mientras, afuera, en los alrededores del Congreso pero también en más de 100 ciudades del país –y en otros continentes– los pañuelos verdes volvían a extenderse para reclamar la despenalización y legalización del aborto en la Argentina, en múltiples y simultáneos pañuelazos. La diputada Victoria Donda, de Somos, se comprometió a que sea debatido y obtenga otra vez media sanción este año en la Cámara Baja, y se esperanzó con que haya recambio en el Senado, tras las elecciones, y parafraseando a Charly García agregó: “muchos dinosaurios que están en esa cámara el año que viene van a desaparecer”.

“La política no le tiene miedo a debatir ni siquiera en un año electoral a un tema como este”, refrendó la radical Brenda Austin, mientras, Romina del Plá, del Frente de Izquierda, reveló la muerte de otra mujer, de 32 años, el sábado, en la localidad bonaerense de Pacheco, al intentar abortar en su casa.





La iniciativa volvió a la Cámara baja con la firma de 70 diputadas y diputados de un amplio arco político, muchos de los cuales estuvieron ayer en la conferencia de prensa que se hizo en la Sala 2 del anexo C, la misma en la que se llevaron adelante las audiencias informativas, en el marco del debate legislativo durante 2018. Pero a diferencia del año pasado, donde se escucharon voces a favor y en contra, ayer estuvo repleta de activistas con un solo color, el verde, no solo en pañuelos, también en vestidos, remeras, camisas, tapados.

Hubo activistas de todas las edades, muestra de la transversalidad generacional del reclamo, llegadas incluso desde distintas provincias, reflejo de que se trata de una demanda federal. ¡”Aborto legal, en el hospital”! se empezó a cantar para calentar la sala. “Anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”, siguieron los cánticos. Estuvieron las pioneras como Martha Rosenberg y Nina Brugo, las más jóvenes como Ofelia Fernández, periodistas feministas, intelectuales como Doras Barrancos y Claudia Piñeiro, integrantes del colectivo de Actrices Argentinas como Muriel Santa Ana, Thelma Fardin, Carla Peterson, Luisa Kuliok, Julieta Ortega y Griselda Siciliani, entre tantas mujeres y otras identidades que vienen militando desde hace años o más recientemente por la despenalización y legalización del aborto.

La presentación se transmitió por el streaming de la Campaña. En pantalla gigante, en la misma sala se pudo ver el pañuelazo que abrazó al Congreso y el que se hizo en Tierra del Fuego. Se eligió el 28M para la presentación del nuevo proyecto por coincidir con el décimo segundo aniversario de la Campaña y ser, al mismo tiempo, el Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres.

“Las calles entraron al Congreso, nunca dejamos las calles, nunca dejamos los barrios, activamos en red con las socorristas, con profesionales de la salud, con docentes, con las cátedras de abortos de universidades públicas de Argentina”, señaló la abogada salteña, Mónica Menini, de la Campaña, y destacó el apoyo latinoamericano a la lucha argentina, y el respaldo en el país al reclamo de los movimientos de derechos humanos y Lgbttiq.

Marta Alanís, de Católicas por el Derecho a Decidir, agradeció el apoyo de periodistas y de las más jóvenes. En la conferencia de prensa, donde se alternaron voces de diputadas y referentes de la Campaña de distintos puntos del país, Donda, quien encabeza una vez más con su firma el proyecto, celebró con alegría la cantidad de gente en las calles con el pañuelo verde “como si se estuviera debatiendo y recién lo estamos presentando al proyecto”, dijo. Y agregó: “Nos comprometemos a que tenga media sanción, este año, que es electoral”. “Clandestinidad o ley es la elección que tienen que hacer los candidatos y candidatas”, desafió.

Desde la Campaña se reclamó educación sexual integral para decidir y anticonceptivos para no abortar, como plantea el lema de esta articulación de más de 800 organizaciones de todo el país.

A su turno, Austin, señaló: “Este es el punto de reunión entre la marea verde y la institucionalidad, es el espacio donde se conquistan los derechos”. Y continuó: “También es un día importante porque es la primera vez que se está presentando en un año electoral. Y vale mucho por dos razones, porque hemos demostrado esa capacidad de dejar de lado nuestras diferencias” y porque “a veinte días del cierre de listas, con el temor que están queriendo instalar”, se ha llegado “al número de firmas que se llegó”. Del Plá, del FIT, marcó la necesidad de la separación entre Iglesia y Estado y propuso que se haga una consulta popular vinculante para discutir la despenalización y legalización del aborto.

Mónica Macha, de Unidad Ciudadana, señaló la importancia de “recuperar el Ministerio de Salud”, convertido en secretaría tras la discusión del aborto por el presidente Mauricio Macri, para que “esas prácticas –las IVE– sean seguras y gratuitas”. Araceli Ferreyra, del Movimiento Evita, afirmó: “No vamos a seguir aceptando dilaciones en nombre de nadie. La marea verde ya cambió la historia de este país”.

“Yo no quiero que nos digan despenalización sí, legalización no. Esperamos y queremos todos los derechos juntos”, agregó la diputada Carla Carrizo, de Evolución, el espacio que lidera Martín Lous- teau, en alusión a declaraciones del precandidato presidencial Alberto Fernández. Daniel Lipovetzky, del PRO, consideró que “lo más importante es la transversalidad”, que logró el proyecto. “Es una de las claves, superar las divisiones partidarias y ponernos a trabajar por el derecho a las mujeres”.

    → El proyecto tiene las firmas de diputadas y diputados de la mayoría de los espacios políticos con representación parlamentaria, entre otros, Donda, de Somos, Austin (UCR), Mónica Macha (FpV), Romina del Plá (Frente de Izquierda), Cecilia Moreau (Frente Renovador), Carla Carrizo (Evolución), Daniel Lipovetzki (PRO), Araceli Ferreyra (Movimiento Evita), Mónica Schlotthauer (FIT), Nicolás del Caño (FIT), Carolina Moisés (PJ), Daniel Filmus (FpV), Mayra Mendoza (FpV), Silvia Lospennato (PRO) y Hugo Yasky (Unidad Ciudadana).

La conferencia de prensa cerró con un pañuelazo y las diputadas y diputados firmantes salieron a la calle para subir al escenario montado en avenida Rivadavia y Riobamba, y cantar otra vez por el aborto legal.

El texto del nuevo proyecto incluye modificaciones en relación al del año anterior (ver aparte), y fue aprobado a mediados de marzo durante una asamblea plenaria realizada en la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba, a la que concurrieron 190 representantes de todas las provincias. Para su elaboración, una comisión redactora hizo primero un borrador, tomando en cuenta la discusión en el Congreso. Luego de intensos intercambios y con las sugerencias enviadas por las regionales de las distintas provincias, se acordó el texto.

El último proyecto fue aprobado el 14 de junio del año pasado por la Cámara de Diputados por 129 votos a favor y 125 en contra pero rechazado por el Senado el 8 de agosto por 38 a 31 votos.











martes, 7 de mayo de 2019

EVITA, 100 AÑOS DESPUÉS




    “Nunca pude pensar en la injusticia sin indignarme, y pensar en ella me produce siempre una rara sensación de asfixia, como si no pudiendo remediar el mal que yo veía, me faltase el aire necesario para respirar. Ahora pienso que la gente se acostumbra a la injusticia social en los primeros años de su vida. Hasta los pobres creen que la miseria que padecen es natural y lógica. Se acostumbran a verla como si fuese posible acostumbrarse a un veneno poderoso. Yo no pude acostumbrarme al veneno. Esto es tal vez lo único inexplicable de mi vida”, dice Evita, con sus palabras sencillas, en La razón de mi vida...


Detrás de la santa y de la puta
Sergio Wischñevsky

Nunca ocupó un puesto dentro del Estado, jamás tuvo un cargo electivo. Los millones de argentinos que la amaban no tuvieron la oportunidad de votarla. Se cumplen cien años del nacimiento de una mujer con categoría de mito. Sin duda podría y debería ser estudiada más allá de las pasiones, pero despojada de ellas, pierde gran parte de su encanto y de su verdadera trascendencia histórica. Sin ese halo, sin ese soplo de vida, una biografía de Evita no es un análisis, es una autopsia.

“Nadie sino el pueblo me llama Evita. Solamente aprendieron a llamarme así los descamisados. Los hombres de gobierno, los dirigentes políticos, los embajadores, los hombres de empresa, profesionales, intelectuales, etc., que me visitan suelen llamarme señora; y algunos incluso me dicen públicamente Excelentísima o Dignísima Señora y aun a veces, Señora Presidenta. Cuando un pibe me nombra Evita me siento madre de todos los pibes y de todos los débiles y humildes de mi tierra”. Escribió en 1951 en su libro testimonio: La razón de mi vida.

María Eva Duarte de Perón, Evita, hacía sus discursos sin leer, entendió que lo contrario del orden no es el caos, sino un nuevo orden, y eso fue lo que corporizó, un nuevo orden justicialista que no comulgó con la beneficencia, no creyó en la lástima y levantó en las siluetas plebeyas el orgullo de la Justicia Social.

Su vida tiene todos los condimentos de un relato que parece sacado de la mitología griega. El nacimiento en los Toldos el 7 de mayo de 1919. Hija de Juan Duarte y Juana Ibarguren. El padre, rico estanciero y político conservador de Chivilcoy, participó en las maniobras gubernamentales de expropiación de tierras a los mapuches. Los Toldos era una toldería mapuche. Juana, su madre, era una mujer humilde, resignada a un lugar secundario frente al poderío del patrón que mantenía dos familias: la legal y la de Eva.

Vivió en el campo hasta 1926, fecha en la que el padre falleció y la familia quedó desheredada y completamente desprotegida debiendo abandonar la estancia en la que vivían. La imagen de su madre, con ella aún muy niña y sus hermanos, llegando al funeral de donde fueron expulsados con desdén es de un dramatismo conmovedor un cuadro excepcional de aquella Argentina.

La segunda parte de esta historia arranca en 1935 cuando Evita, con 15 años, viajó a Buenos Aires. Ahí se desarrolla su lucha por ser actriz, se codea con la farándula, se esfuerza “por ser alguien en la vida”, son épocas duras, la crisis social y económica que empezó en 1930 generó una gran masa humana de migración interna con una dirección única: desde las provincias hacia la gran ciudad en busca de oportunidades. Consiguió trabajo en la Radio interpretando a Mujeres de la historia. Adquirió un muy rico e inusual vocabulario, ese que dejó frases imborrables en la memoria popular. Aparece en revistas, participa en compañías teatrales, hace su incursión en el cine. El domingo 26 de julio de 1936, en el diario La Capital de Rosario apareció la primera foto pública que se le conoce con el siguiente epígrafe: “Eva Duarte, joven actriz que ha logrado destacarse en el transcurso de la temporada que hoy termina en el Odeón”. Y asomó otra veta: fue una de las fundadoras de la Asociación Radial Argentina (ARA), primer sindicato de los trabajadores de la radio.

El tercer gran capítulo comienza el 22 de enero de 1944 en el estadio Luna Park, en un acto para recaudar fondos para las víctimas de un devastador terremoto en la ciudad de San Juan. Allí Eva, de 24 años, conoce a Perón, viudo de 48 años. El inolvidable Roberto Galán aseguró siempre que él los presentó y uno quisiera creerle. Solo un mes después ya estaban conviviendo, y eso fue un escándalo para los conservadores camaradas de las FFAA.

Solo cinco días después del cisma político irreversible que significó el 17 de octubre de 1945, Perón y Evita se casaron en Junín y se enfocaron en la campaña electoral con vistas a las elecciones presidenciales de febrero de 1946. Esas que abrieron una grieta política profunda en Argentina, la grieta social ya llevaba varias décadas. El peronismo se enfrentó a prácticamente toda la clase política de aquel entonces nucleada en la Unión Democrática, y contra todos los pronósticos ganó la presidencia. Eva rompió los protocolos de la usanza de aquellos tiempos, las esposas de los candidatos se restringían a un rol apolítico y “acorde a lo que se espera de una dama”, pero no fue el caso, ella participó y habló en muchos actos, tuvo voz y discurso propio. En esos meses levantó las banderas, de larga tradición, de los derechos políticos de las mujeres. ​ Y en 1947 fue ella la que anuncia a las argentinas que su derecho a votar y participar en política estaba consagrado.

La tradición indicaba que Eva debía ser la “primera dama” y se le reservaba la presidencia de la centenaria Sociedad de Beneficencia; pero las distinguidas damas le negaron ese honor aduciendo que era demasiado joven: “entonces que sea mi madre” retrucó Eva con sorna y poco después dio por disuelta esa organización. Los motivos los dejó bien claros: “No. No es filantropía, ni es caridad, ni es limosna, ni es solidaridad social, ni es beneficencia. Ni siquiera es ayuda social, aunque por darle un nombre aproximado yo le he puesto ése. Para mí, es estrictamente justicia. Lo que más me indignaba al principio de la ayuda social, era que me la calificasen de limosna o de beneficencia”.

Estas formas desafiantes, los contenidos igualitarios, sus aires de mujer poderosa sin culpa ni falsas modestias le granjearon un amor descomunal de las multitudes trabajadoras que la elevaron a la categoría de Santa, y un odio pocas veces visto de los sectores antiperonistas. Ezequiel Martínez Estrada no se privó de decir: “Esta mujer tenía no sólo la desvergüenza de la mujer pública en la cama, sino la intrepidez de la mujer pública en el escenario… una farsante capaz de representar cualquier papel, incluso el de dama honorable...”. En la Fundación Eva Perón llevó a cabo obras de enorme envergadura, y sus enemigos lo han reconocido al criticarle lo demasiado buena que era la comida, la atención y las ropas que repartía entre los humildes.

El punto culminante de su relación con las multitudes fue sin duda el 31 de agosto de 1951, la gente le pedía que sea candidata a la vicepresidencia y Evita les juraba que no importaban los cargos. Fue un diálogo espontáneo, natural, con una tensión abierta. Aún no sabemos con certeza por qué “renunció a los honores pero no a la lucha”. Ella se veía dubitativa, con ganas de decir que sí, se lo estaba pidiendo el pueblo, no pudo dar el no definitivo que vino días después en un mensaje por cadena nacional.

El cáncer de útero se llevó a la joven que no tuvo hijos y se convirtió en la madre de tantos. Mujer de definiciones, sabía que a veces el punto medio, no es el punto de equilibrio: “Yo, sin embargo, por mi manera de ser, no siempre estoy en ese justo punto de equilibrio. Lo reconozco. Casi siempre para mí la justicia está un poco más allá de la mitad del camino… ¡Más cerca de los trabajadores que de los patrones”!



La cálida mano izquierda
Mario Wainfeld

Rodolfo Walsh entra al Parnaso con “Esa mujer”. Hay otras menciones a Evita en su obra, una insuperable en “¿Quién mató a Rosendo?”. Relata un episodio de la infancia de Francisco Granato, laburante re-pobre, uno de los cinco hijos de un albañil enfermo y maltratado por la patronal. Entre el recuerdo de Granato y la prosa de Walsh arman lo que viene.

“Me dio la mano y, bueno, naturalmente, la casa de nosotros era bastante friolenta y yo tenía frío, así que me acuerdo que la mano de Evita era muy caliente”.

Ella le acarició la cabeza. Él le pidió una bicicleta. (…)

Entonces Eva Perón le preguntó (al padre) por qué rengueaba, fulminó sus órdenes, el Seguro se calló la boca. (…).

Hasta entonces, el viejo caminaba con una pierna sola, pero el Seguro igual le daba el alta y tenía que volver al trabajo. (…).

Debió ser en el 51, cuando su madre recibió la carta de la Fundación, fue con él, hicieron las horas de espera hasta la medianoche, conversando el chocolate y los sándwiches

de miga, hasta que ella los recibió, y la madre pidió la máquina de coser pero también las chapas para terminar la pieza, y al fin, con un supremo esfuerzo, la dentadura postiza,

-Si no fuera demasiado abuso.

Vio, con esa humildad de todos los humildes, que les parece que siempre piden mucho, y Evita le dice: “No, si eso no lo pide nadie; al contrario, necesitamos gente que pida eso, para que los médicos puedan estudiar”, y le hizo un chiste como agradeciéndole que se atreviera a pedir los dientes postizos para ella y para el viejo.

Walsh remata:

“A los dos o tres días llegó el camión con las chapas, las camas, los colchones, la bolsa de azúcar, las tazas, los platos, la ropa, las hormas de queso, las dentaduras postizas”.

Llegaron, si se permite una intrusión, después de haberse conversado.

Contrato de lectura: esta columna podría terminar acá. Lo que sigue es ulterior, secundario, rebuscado en comparación. Ahí va.

**

Hoy en día suele hablarse del Estado presente, del Estado amigable. De ordinario se refiere a tentativas para ablandar la burocracia sin aportarle calor humano: descentralizaciones, trámites supuestamente veloces, informatización eventualmente. Evita corporizaba al Estado benefactor, tangible, cálido.

El sociólogo Pierre Bourdieu usó la imagen “la mano izquierda del Estado” para referir a las políticas sociales, reparadoras. La mano izquierda corresponde al lado del corazón y compite como mejor puede con la derecha, la de las políticas económicas, la alejada del cuore. Evita tendía esa mano, acariciaba.

Por eso la odiaron, porque las conquistas de muchos disputan con las prerrogativas de pocos. La odió una clase dominante apoltronada en la explotación; también una burguesía clueca, poco perspicaz para entender que el nuevo paradigma podía convenirle. La insultaron, ultrajaron su cuerpo.

Hoy en día deshistorizan su memoria, niegan la conflictividad que la acunó y en la que intervino.

La mano derecha, a menudo, sabe pegar o manipular.

**

El odio es una de las claves de la política en Argentina y en el mundo: la grieta dista de ser una novedad en el tiempo o una exclusividad en el espacio. Hace poco escuché al sociólogo Marcelo Leiras explicar que el neoliberalismo económico fracasó y que no ha surgido reemplazo. Una de las respuestas extendidas es el odio.

El odio vence al amor, remacha Leiras.

Millones de personas explotadas y desguarnecidas odian a quien no deberían odiar. Al prójimo, al vecino, al cercano, a los migrantes o personas de otros colores o religiones. Cabecitas negras del planeta, pongalé.

La historia no se repite pero propende a simetrías, paralelismos tendencias.

Décadas después de su muerte se coreaba “se siente/se siente/Evita está presente”. También lo estaba en vida, de eso se trataba. Tanto como de un expandido Estado benefactor, uno de los más desarrollados del planeta, que proveía bienes, trabajo, ampliaba derechos, enaltecía a los sumergidos, les reconocía dignidad.

Es sencillo, accesible, cantado, comprender por qué la amaron las personas humildes, de la clase trabajadora. Millones de Granatos, sus viejas, sus viejos. El mejor amor, en todos los órdenes de la vida, es el correspondido.

Por eso la enarbolaron como bandera argentines de otra clase y otra generación, como quien les habla.

Todo eso, dirá usted, estaba contenido en la cita de Walsh- Granato, treinta líneas que cifran toda una historia. Tiene razón pero no me diga que no le avisé.



Atavíos de Eva
Horacio González

La crítica a lo patético podría tener cierto sentido cuando se transforma en pura exterioridad la expresión amorosa. No saber graduar las “razones del corazón” sería lo patético, palabra con la cual el liberalismo argentino eligió la frugalidad y la abstinencia en cuanto a la manifestación de las pasiones y también para fraguar sus juicios sobre el arte. El primer peronismo vulneró todas esas reglas, pero su forma de mostrar una pasión pública que no fuera chabacana ni grosera, se expresó en la figura de Evita. El “pathos” de Evita no derivaba hacia el concepto vulgar de lo patético –es decir, la emoción innecesaria que no conoce cómo moderarse–, sino que su figura surgía precisamente de la máxima estilización que se permitía la vida popular amorosa, cuando lo íntimo tocaba con su varita a lo social. Los enemigos del patetismo tenían ante sí la forma más elaborada del amor trágico en el seno de una maquinaria estatal.

Eva transitaba desde el ilusionismo de su guardarropa, los crudos obstáculos que le ofrecía una sociedad absorta que la escuchaba hablar a ella de la “revolución peronista” y que con su contundente “mis grasitas” ponía toda la política bajo la cuerda de los humillados y ofendidos. Su plástica ubicuidad iba de sus atuendos sobrios a las vestiduras de gala, esa serie infinita de atavíos que preanunciaban su etéreo pasaje desde los salones del Estado a las escenas de fascinación que protagonizaban las multitudes proféticas. El vértigo con que se trasladaba desde una voz quebrada por dentro por una angustia indescifrable, hacia la leyenda que la quería impartiendo las decisiones más duras contra los “contreras”, indica de qué modo se abandonó a un juego de contradicciones que son la piedra basal de su mitología. La foto de Giselle Freund que consigue exponerla peinándose ante un espejo, contrariando su clásico rodete, los diálogos con el modisto Paco Jamandreu y ese agonismo profundo que nunca abandonaba en sus discursos, aunque fuera para inaugurar un campeonato infantil de fútbol, son a la vez la continuación de su carrera de actriz. Eva había representado en 1936 La hora de los niños, de Lilian Hellman, un gran éxito de la dramaturga norteamericana, esposa de Dashiel Hammet, acusada de comunista. Y luego, por relación posterior con Mario Soffici, Eva podría ser una ejemplificación en el terreno histórico de lo que había anticipado en 1938 el film Kilómetro 111. La crítica a los dueños ingleses del ferrocarril y el intento de una de las sobrinas del jefe de estación de entrar en la cinematografía viajando a Buenos Aires.

Que el amor fuera un sentimiento público podía originar justas reclamaciones de los partidarios de un mundo amoroso solo destinado a confesiones íntimas o a la confidencialidad de las caricias. Del mismo modo, la igualación del amor público con el amor doméstico, suele ser el tema que Leónicas Lamborghini trató haciendo otro febril montaje del discurso de Eva, bajo la gran metáfora de una “hoguera”, donde lo que arde es un amor tratado como un tríptico. “Si veo claramente lo que es mi pueblo y lo quiero y siento su cariño acariciando mi nombre, es solamente por él”, se lee en La razón de mi vida. El provee las posibilidades, ella las recibe para poder ver a lo popular, que se muestra para ser querido y a la vez acariciar a quien la quiere. Las tres figuras, Perón, el Pueblo y Eva, la dejan a ella en un etéreo papel flotante, de médium. En ese célebre texto ella acepta poner su firma caligráfica, “Eva Perón”, con rasgos que calcan los trazos que salen de la pluma enérgica del que le da su otro nombre –del que sabe que la respalda cuando se independiza y reclama ser solo Evita. En esta vida legendaria, podemos ver en acto y en toda su plenitud teatral, todo lo que Freud había estudiado en Psicología de masas e ideal del yo, en 1914. Allí se hablaba del amor a los jefes, de las hipnosis como una tensión en las conciencias de las masas, del cemento libidinal que mantiene a toda clase de instituciones. Es como si estuviera escribiendo un libreto para la eclosión argentina de 1945. Sin ridiculizar, lamentar, reír o detestar las acciones humanas.



El mensaje de "Mi mensaje"
José Pablo Feinmann

El martes 31 de julio de 2012, el Congreso nacional presentó la edición definitiva de Mi mensaje, texto que Eva Perón dictó durante los últimos días de su agonía. Fue un honor que me encargaran el Prólogo. Mi mensaje fue escrito de cara a la Muerte. Con los días contados. Ya no había intereses, ni coyunturas ni manos ajenas que pudieran herir el texto. Es Eva Perón en carne viva, sin velos, sin ganas de guardarse nada. De aquí la dureza y autenticidad de sus palabras. Vamos a escoger algunos textos. Darle la palabra a Evita. Fueron las últimas que dijo y tienen la fuerza de lo definitivo.

“Nadie fue capaz de seguir la farsa como yo para saber toda la verdad. Porque todos los que salieron del pueblo para recorrer mi camino no volvieron nunca. Se dejaron deslumbrar por la maravillosa fantasía de las alturas y se quedaron para gozar de la mentira.”

“Yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle, por eso no me deslumbró jamás la grandeza del poder y pude ver sus miserias. Por eso nunca me olvidé de las miserias de mi pueblo y pude ver sus grandezas.”

Decide denunciar definitivamente (¿qué otra cosa si no lo definitivo le quedaba?) a los enemigos del pueblo: “A veces los he visto fríos e insensibles. Declaro con toda la fuerza de mi fanatismo que siempre me repugnaron. Les he sentido frío de sapos o de culebras”.

Se entrega a una exaltación del “fanatismo”. Del suyo, al que llegará a identificar con el de Cristo. En Eva, el fanatismo implica la entrega absoluta a una causa. Siempre dijo: “Los tibios me repugnan”.

“Para servir al pueblo hay que estar dispuestos a todo, incluso a morir. Los fríos no mueren por una causa, sino de casualidad. Los fanáticos, sí (...) El fanatismo es la única fuerza que Dios le dejó al corazón para ganar sus batallas”.

“Tenemos que convencernos para siempre: el mundo será de los pueblos si los pueblos decidimos enardecernos en el fuego sagrado del fanatismo. Quemarnos para poder quemar, sin escuchar la sirena de los mediocres y los imbéciles que nos hablan de prudencia. Ellos, que hablan de la dulzura y del amor que Cristo dijo: ¡Fuego he venido a traer sobre la tierra y qué más quiero sino que arda! Cristo nos dio un ejemplo divino de fanatismo. ¿Qué son a su lado los eternos predicadores de la mediocridad?” Las citas bíblicas de Eva son precisas, ni erráticas ni menos aún equivocadas. Tomo, de mi Prólogo, el siguiente fragmento: “Jesús, en Lucas 12.49, dice: ‘He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya hubiera prendido!’” (Biblia de Jerusalén). Luego, en 12.51, insiste: “¿Creéis que estoy aquí para poner paz en la tierra? No, os lo aseguro, sino división”. Son textos que han asombrado a los teólogos porque contradicen el mensaje central del profeta de Nazareth: el del amor, el de poner la otra mejilla. De aquí que, en San Mateo, el texto que Evita menciona sea antecedido por el título: Jesús, señal de contradicción. Y dice: “No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada” (Mateo, 10.34.). Hay una explicación. El confesor de Eva durante sus largos últimos días fue el padre Hernán Benítez. Es (muy) posible que él le hiciera conocer esas citas tan cuidadosamente escogidas y que ocupan un escueto espacio en los evangelios. Acaso impresionado por los durísimos textos contra la Iglesia, Hernán Benítez (un digno sacerdote, de los pocos: hoy Domingo Bresci, otro pastor del pueblo, da misa en la misma parroquia que él) negó la veracidad de Mi Mensaje. No es así. Vi el auténtico manuscrito. Me lo mostró hace más de diez años Fermín Chávez: un montón de hojas amarillentas. Cada una llevaba las iniciales inconfundibles de Eva.

“Si alguna cosa tengo que reprocharle a las altas jerarquías militares y clericales es precisamente su frialdad y su indiferencia ante el drama de mi pueblo.” Detesta a los que entregan a sus pueblos. A los que dicen que nada se puede hacer. “Podrá costar más o menos sacrificio, ¡pero siempre se puede! (...) ¿Los procedimientos? Hay mil procedimientos eficaces para vencer: con armas o sin armas, de frente o por la espalda, a la luz del día o a la sombra de la noche, con un gesto de rabia o con una sonrisa, llorando o cantando, por los medios legales o por los medios ilícitos que los mismos imperialismos utilizan contra los pueblos.”

“Ya no podrán jamás arrebatarnos nuestra justicia, nuestra libertad y nuestra soberanía. Tendrían que matarnos uno por uno a todos los argentinos. Y eso ya no podrán hacerlo jamás.” Doloroso texto. Revela que ni ella (que los conocía de cerca) había vislumbrado la crueldad de sus enemigos. Mataron a todos uno por uno. A todos los argentinos que les incomodaban para imponer sus planes económicos miserables, que arruinaron el país y los enriquecieron. La mataron a ella una y mil veces por medio de la desaparición, la injuria, la negociación política de su cuerpo escueto, magro. No la dejaron reposar en paz. Tenían miedo de una tumba suya en el país. Habría sido el lugar desde donde el pueblo –luego de rezarle, de evocarla y de expresarle ese amor que los hacía arder como ella había ardido– se organizaría. Ese pueblo marginado, excluido, que no podía votar porque estaban prohibidos su partido y su líder, porque la “democracia” de los militares del ’55 podía creer que lo era pese a excluirlos y esa farsa la aceptaron todos, civiles y militares, todos chapoteando durante dieciocho años en el fango de la ilegitimidad, llevando a la juventud al descreimiento político y a su fruto: la violencia.

“Me rebelo indignada con todo el veneno de mi odio o con todo el incendio de mi amor –no lo sé todavía– en contra del privilegio que constituyen todavía los altos círculos de las fuerzas armadas y clericales (...) Pero sé también que a los pueblos les repugna la prepotencia militar que se atribuye el monopolio de la Patria, y que no se concilian la humildad y la pobreza de Cristo con la fastuosa soberbia de los dignatarios eclesiásticos que se atribuyen el monopolio absoluto de la religión (...) Yo no diría una palabra si las fuerzas armadas fuesen instrumentos fieles al pueblo. Pero no es así: casi siempre son carne de la oligarquía.”

También les reserva duras palabras a los dirigentes sindicales que se dejan “marear por las alturas”: “Dirigentes obreros entregados a los amos de la oligarquía por una sonrisa, por un banquete o por unas monedas. Los denuncio como traidores”. Contra las jerarquías clericales: “Entre los hombres fríos de mi tiempo señalo a las jerarquías clericales cuya inmensa mayoría padece una inconcebible indiferencia frente a la realidad sufriente de los pueblos (...) Les reprocho haber abandonado a los pobres, a los humildes, a los descamisados, a los enfermos, y haber preferido en cambio la gloria y los honores de la oligarquía (...) Soy católica, pero no comprendo que la religión de Cristo sea compatible con la oligarquía y el privilegio”. Acusa a la religión de predicar el sometimiento ante los poderosos, ante esa oligarquía contra la que siempre luchó y que la supo odiar aún más allá de lo que los odiaba ella. “La religión no ha de ser jamás instrumento de opresión para los pueblos. Tiene que ser bandera de rebeldía (...) Predicar la resignación es predicar la esclavitud. Es necesario, en cambio, predicar la libertad y la justicia (...) Mi mensaje está destinado a despertar el alma de los pueblos de su modorra frente a las infinitas formas de la opresión y una de esas formas es la que utiliza el profundo sentimiento religioso de los pueblos como instrumento de esclavitud.”

Termina pidiendo que “los hombres y las mujeres del pueblo” no se entreguen jamás a la oligarquía. Porque: “Con ellos no nos entenderemos nunca, porque lo único que ellos quieren es lo único que nosotros no podremos darles jamás: nuestra libertad”.

Sólo algo más: no sé si me agrada verla a Eva en un billete, sea del valor que sea. El dinero es la mercancía de las mercancías. La mercancía a la que todas remiten. Si no, se retornaría al trueque. La mercancía es el alma del capitalismo. Más allá del dinero –como mercancía absoluta que sostiene el sistema– sólo restan los metales preciosos. ¿Cómo no voy a acordar en sacarlo a Roca de un billete (que es el alma de la clase oligárquica que él consolidó) aunque sólo sea para no verle la cara? Pero la cara de Eva apreciaría verla en otros paisajes. No quiero –cualquiera de estos días– recibir un billete gastado por el uso, por el manoseo de una sociedad que se basa en la acumulación simbólica de esos papeles sucios, y adivinar, detrás, el rostro de Eva. Si ya está, ya está. Pero también está servido el chiste gorila, el chiste que reverdecerá el viejo odio que acompañó a Evita en su vida y a lo largo de la muerte: “Evita volvió y es millones en billetes de cien pesos”. Habrá que buscar que, si vuelve, sea otra cosa. Porque ésa no está a su altura. Será tal vez un honor para cualquier otro, pero una Evita cosificada en la mercancía esencial del sistema que ella abominó no servirá de mucho. Ni le hace honor. El honor que, sin duda, altamente merece esa militante que quemó su vida en el fuego de su propia militancia. Que, con su último suspiro, se preguntó: “¿Sabrán mis grasitas cuánto los amo?”.






viernes, 8 de febrero de 2019

ARRIBA LAS TETAS




Tetas que se mueven sin que nada restrinja el movimiento, pezones perceptivos de la lluvia o el calor, y la piel que se deja ver detrás de una sola tela. Tetas dichosas y nada vergonzosas que hacen oídos sordos a la práctica reguladora del uso del corpiño y gozan con la singularidad propia de cada una en marchas, tetazos y vida cotidiana donde cada vez más la autonomía de los cuerpos propone jugar en la liga de la libertad, sin monitoreos de vigilancia para las que quieran caminar por la calle sueltas de cuerpo, hacer topless en la playa, amamantar a sus hijxs en lugares públicos, o marchar y pintárselas en el abrazo colectivo. Basta con recordar a la rectora de la Escuela Nº 12 de Villa Urquiza que retó a una alumna de 18 años por ir al colegio con un vestido de breteles finitos (“No podés venir sin usar sostén”, le dijo), o el operativo policial que impidió a tres mujeres hacer topless en Necochea, o las dos mujeres policía que no dejaron a una madre de 22 años amamantar a su bebé en una plaza de San Isidro, y cómo de inmediato se desataron protestas, sueltas de corpiños y tetazos feministas. Porque después del 3 de junio de 2015, el latido de mujeres, lesbianas, travestis y trans, comenzó a definirse con el signo de una revolución que vino a cambiarlo todo. Una vez más, se trata de la soberanía de los cuerpos y el derecho al disfrute, a andar libres, a amamantar donde sea y a estudiar cómodas, sin nada que apretuje el contorno, las ideas, o las ganas. El uso o no de corpiños, puede implicar tanto una decisión ideológica y política como espontánea, y apelar a la comodidad según gustos personales, pero lo que ya no tiene vuelta atrás es la certeza de que el vínculo con los cuerpos transita por otro camino, uno menos hipócrita.


Lala Brillos es performer, actriz y activista. Vive en Rosario, y condujo el tetazo del 7 febrero de 2017, en el Monumento a la Bandera en repudio al episodio de la playa de Necochea.

Ese, como todos los tetazos de los últimos tiempos fueron actos políticos de cuidado de los cuerpos, por la libertad de mostrarlos y decidir sin condicionamientos. “Contra los tarifazos, los despidos y por la libertad de las tetas de Milagro Sala, que también nos compete por el solo hecho de ser mujeres”, clamaba Lala en la apertura del festival, “cuidamos nuestros cuerpos más que la propiedad privada”, arengaba a la multitud que se había congregado en las escalinatas y explanada del Monumento. Lala conduce el programa de radio Mañana vemos, y en diálogo con Las12, recoge como primera impresión en torno a este tema la felicidad que reinaba un día del verano pasado cuando llegó con sus amigas al parador teta friendly que está en la isla frente a Rosario.

“La libertad se veía en los rostros”, cuenta. Junto a la artista visual uruguaya Viviana Artigas hicieron fotos para la muestra “Mujeres en cuero”: “Comimos en tetas, nos metimos al agua en tetas, hablamos de nuestras tetas y de la posibilidad de exhibirlas permanentemente como lo hacen los hombres. Era la primera vez que nos pasaba algo así”. La muestra estuvo exhibida en el Espacio Abre, de Rosario el año pasado. Dos semanas atrás volvieron a convocarse e hicieron una intervención de madrugada andando en bici en tetas. El mensaje que las convocaba venía del futuro y decía: “Año 2022, las mujeres pueden salir de trabajar a la madrugada en bicicleta e ir en cuero sin ningún tipo de acoso”.

Lala que vive una vida sin corpiño, cierra diciendo que le pareció algo hermoso y que cree que es posible. “Aunque la mirada y el acoso aun existen, en algún momento tendremos el respeto al otrx naturalizado. Andar en cuero también es un privilegio de los varones. ‘Ah, no usas corpiño’, son cometarios de hombres con los que no tengo ningún tipo de diálogo pero que igual comentan”. Como activista busca esa igualdad “hay que darle pelea a la policía de los cuerpos, a la sexualización de la teta que se vende, que se cosifica. Hay que correrla de ese lugar capitalista y verla desde donde proviene el alimento materno más noble hasta un simple hecho de libertad”.

Zuleika Esnal salió sin corpiño en una charla Ted que se viralizó y los comentarios eran “sobre si tenía o no tenía las tetas en su lugar, como si hubiese un lugar donde tenerlas y eso fuese lo importante”, dice. “Yo estaba hablando de una realidad que nos caga a palos todo el tiempo, que nos están asesinando, que no podemos salir tranquilas a la calle, que tenemos que avisar que estamos vivas, y sin embargo era: ‘Mírenla sin corpiño, después quieren que no las violen’. Ahí es cuando digo cuánto nos falta. Pero cuando miremos para atrás, vamos a ver todo lo que estamos haciendo hoy. Cada una tiene que hacer lo que quiera y sienta, sin pedir permiso nunca por eso.”

¿Cómo se resignifican las tetas en esta marea feminista? ¿Qué representa la decisión de dejar de usar corpiño? ¿Es una toma de decisión o un proceso que se da con más espontaneidad? ¿Qué trae aparejado y qué plus aporta? Lara, Julieta, Lule, Vanina y Abril trazan sus historias en las que dejaron de lado el corpiño, o lo usan a veces, y solo si están cómodas.

Lara (21 años, de Avellaneda): –Sinceramente es la primera vez que me detengo a pensar sobre la decisión. Y resalto eso como algo interesante porque soy consciente de mis lecturas feministas de estos últimos años, o al menos la constancia con la que leo y discuto. Creo que fue una decisión bastante espontánea y poco intelectualizada. Ahora me pregunto: ¿Cuándo decidí usarlo? ¿Quién y a qué edad me compró el primero? No puedo responder. Simplemente sucedió. Como suceden todas las cosas que nos construyeron hasta hoy y que ahora estamos tirando.

Julieta (gestora cultural, 24): –Creo que algo que trae la marea feminista en relación a las tetas es diversidad en su representación. Crecimos con una sola manera hegemónica de entender las tetas, grandes, redondas y blancas, básicamente representadas desde un ojo heteropatriarcal. Hoy veo que esto está cambiando, tanto en redes sociales, marchas, incluso en publicidades. Creo que esta representación trae una liberación de la imagen y desde esa liberación es que dejamos de usar corpiño y levantamos la imagen de las tetas como bandera ya sea por placer, exhibición, o símbolo de potencia de nuestras luchas. La imagen colectiva de las tetas se está comenzando a diversificar y ahí es donde podemos empezar a aceptar nuestras tetas tan distintas a aquella imagen hegemónica con la que crecimos. Con el tiempo dejé de usar corpiño porque sentía que no lo necesitaba, por comodidad... pero esta decisión estuvo acompañada por una aceptación de mi cuerpo. Siempre está el familiar o la persona ajena que cuestiona, juzga y pregunta “pero, ¿por qué?”.

Vanina es actriz y cuenta que cuando daba de mamar quería estar en tetas todo el día porque le dolían los pezones con el sólo roce de la ropa. “Cuando daba la teta era febrero y venían a visitarnos amigos que en ocasiones se ponían en cuero en la terraza de mi casa. Con los pezones agrietados, salía a saludarlos poniéndome una remera y muchas veces un doloroso corpiño por si me salía un poco de leche mientras les hablaba. ‘Si tapo eso, lo más natural que las tetas hacen –pensé una de tantas noches en vela con mi bebé– más vale que voy a creer que está bien taparlas cuando sólo son mis tetas y no el almuerzo de alguien’. Hoy casi no uso corpiño, me molesta y como tengo tetas chiquitas no cumple la función de contenerlas. Pero uso remeras cuando tengo calor. Y me lo cuestiono. Pienso en todo lo que del cuerpo aún debe taparse, retenerse, esconderse, con ropa, con excusas, con dolor, con calor. Pienso en el agotamiento emocional que es tener un cuerpo de mujer y andar por la calle, en el trabajo, en todas partes menos en la intimidad, lugar en el que el cuerpo desnudo es realmente la extensión de unx mismx para unx mismx y para le otre. Me dan ganas de quedarme ahí con mi cuerpo, mis tetas, mi culo, mi panza pero más me dan ganas de asomarme de ese lugar y ver que por la calle todas andamos si tenemos ganas o necesidad en tetas también”.

Lule tiene 30 años, es productora, comunicadora y forma parte de Matria, medio colaborativo para la igualdad de géneros. Cuenta que no usa corpiño aunque usó en sus primeros años de teta porque se sentía “más grande”. “Las que usaban corpiño eran las mujeres y cuando sos niña o preadolescente, ser mujer es una especie de meta”, puntualiza. Cuando entró en la secundaria lo abandonó y nunca más. Excepto cuando juega al fútbol, que usa deportivo “porque post lactancia de dos años siento que me puedo autoinfligir un cross de teta”. Dice que nunca fue una toma de decisión políticamente asumida sino por comodidad. Asume que los corpiños le resultan horrendos y que le encanta cómo se ven las tetas, los pezones y la piel.

MARCHAR EN TETAS ES MARCHAR

Muchas pibas dejan remera y corpiño de lado y ponen sus tetas, como ponen su cuerpo, para una lucha común, que las hermana sin igualarlas. Silvia Elizalde, investigadora del CONICET y autora de Tiempo de chicas. Identidad, cultura y poder (Grupo Editor Universitario, 2015), señala que esa desnudez vuelve indisimulable “el espesor real y experiencial de cada quien que grita por sus derechos, en contraposición a una industria cultural que photoshopea los cuerpos hasta hacerlos encajar en su perversa ilusión canonizante y sin carnadura social y política”. Y trae como metáfora el propio bamboleo de las tetas al andar como continuación en el cuerpo de las mujeres de la marea feminista que todo lo sacude y lo transforma, en claro contrapunto –dice– con la inacción estatal y la vista gorda social, eternizadas en la promesa de cambio y la hipocresía.

Fue en un Encuentro Nacional de Mujeres cuando Lara recuerda haberlas conocido realmente porque caminó muchas cuadras sin remera y se pintó el cuerpo con sus amigas. “Me gusta tenerlas sueltas”, dice. “No siento la necesidad de sostenerlas/contenerlas. Incluso me parece erótico que estén libres. Que se luzca su forma con las remeras. Que estén al alcance si las quiero tocar o quiero que las toquen”. A veces se pregunta si por el resto de sus días va a tener que seguir escuchando ‘mirá que se te caen’, ‘ahora porque tenés veinte, a los cuarenta te vas a querer matar’. Pero el feminismo también le enseñó a identificar cuáles son sus preocupaciones y cuáles las de esta sociedad patriarcal. Así que transita otro verano en remera y disfruta de sus tetas, que son de ella y de nadie más.

Elizalde remarca la necesidad de situar en contexto este “ponerle el pecho a las luchas”: “No es lo mismo marchar en tetas entre cientos de otras que también lo hacen como parte de una voluntad colectiva de autodeterminación y despliegue autónomo del cuerpo que hacerlo sola, volviendo a casa luego de la desconcentración”.

Abril es militante de Hagamos lo imposible, vive en Lomas de Zamora y está por cumplir veinte años. Se acuerda abrazada a sus compañeras de colegio en alguna marcha feminista cuando tenía catorce. Muchas andaban en corpiño, otras en tetas, y ella en remera porque así se sentía cómoda. Pero todas abrazadas. A los quince o dieciséis anduvo sin remera ni corpiño en una movilización. “Todas nos cuidábamos de los ojos de afuera. Yo comentaba con los cachetes rojos a mis amigas sobre lo loco que era caminar por pleno centro ¡en tetas! Las calles son nuestras, decíamos”. Descubrían el propio cuerpo y entendían que es para ellas. “Para nuestro disfrute, para nuestra risa, para nuestro orgullo. Nuestro aquelarre es así”, proclama Abril.

¿Y cómo lo vivís hoy?

Abril: –Lo costoso es plantarse a la mirada ajena. Es real que nos miran, que nos juzgan, que nos etiquetan. ¡Y la cantidad de formas que tienen nuestras tetas! Pezones grandes, pezones chicos, pezones parados, tetas caídas, tetas inmensas, tetas chicas, tetas triangulares o redondas, tetas negras, tetas blancas, tetas coloradas, tetas con lunares y andá a saber cuántas cosas más, pero tetas. Lo vivo así, transito momentos, a veces mejor, a veces no tanto. A veces me siento más libre, más fresca, más tranquila. A veces no, entonces agarro algún corpiño que me haga sentir bien. Creo que el horizonte es encontrarse auténtica, cómoda y segura. La decisión es nuestra.

La investigadora adjunta del Conicet, Karina Felitti, tiene un trabajo sobre el uso y no uso del corpiño como acción política que se titula En tetas ¿hay paraíso? La desnudez femenina como arma política.  “En algunos espacios feministas e incluso en los círculos de mujeres, el no usar corpiño suele proponerse –explícita o implícitamente– como un símbolo de feminista libertaria, que puede ser complicado de llevar a la práctica para las chicas que tienen mucha teta, que han amamantado, que salen a correr o practican deportes. Por eso, para algunas será más cómodo o liberador no usar corpiño y para otras es más cómodo usarlo”.

¿Cuándo surge la práctica de mostrar las tetas en las marchas?


Karina: –Desde hace unas décadas, el desnudo ha devenido estrategia de protesta feminista. Mostrarse totalmente sin ropas o con el torso descubierto está siendo usado por muchas mujeres, de diferentes edades, naciones, etnicidades, clases, géneros y corporalidades, como un modo de llamar la atención sobre sus reclamos sociales, políticos, económicos, laborales, (no) reproductivos y sexuales. Sabemos que la práctica de mostrar el pecho en una apuesta política no es nueva, basta recordar el cuadro La Libertad guiando al pueblo, de Delacroix, en donde el seno descubierto de la Marianne deviene símbolo de la Revolución Francesa y sus ideales. Como plantea Marilyn Yalom, se trata de un pecho que nutre la nueva etapa de la historia republicana. Lo novedoso es la organización colectiva de tetazos, la confluencia de cientos de mujeres que inscriben en su torso consignas y salen a marchar, y la difusión por las redes de estas acciones.

¿Y qué sucede en las redes con estas prácticas?

–Desde otros lugares de enunciación encontramos mujeres que muestran las cicatrices de sus mastectomías en la red y madres que reclaman poder compartir en Facebook o Instagram sus fotos amamantando o que implementan una micropolítica del pecho en libertad dejando de usar corpiños. Como afirma Rita Segato en Las estructuras elementales de la violencia, el cuerpo de las mujeres es un campo de batalla donde se plantean barreras de control territorial, es bastidor donde se cuelgan insignias y es también un último espacio de soberanía cuando todas nuestras posesiones están perdidas.

¿Cómo aparecen las tetas en las representaciones de la moda?

–Si pensamos en el “pecho sexy” podemos imaginarlo desnudo o insinuado, con muchos ejemplos en la historia del arte que nos ayudan a contextualizar los deslizamientos, y con una vinculación fuerte con la industria de la moda. ¿Qué pensarían de los corpiños con relleno las mujeres que tiraron los suyos en los “basureros de la libertad” que colocaron las feministas de los 60? Muchas mujeres han optado por no usar más corpiño como un signo de libertad ante la duda sobre la posibilidad de ser una mujer liberada y a la vez ajustada por las correas de un corsé. En mi trabajo puse en el centro de la escena las voces de las propias mujeres, sin desconocer las presiones del mercado y sus modelos, y advertí el placer que causa en muchas vestir lencería erótica y cómo esto también generó una nueva oferta. Hay varias diseñadoras con marcas en expansión que se inscriben en prácticas de comercio justo y adhieren al feminismo, tienen a la comodidad como principal emblema, sin renunciar al diseño, la belleza y el erotismo porque no todas las mujeres se sienten cómodas sin un sostén o entienden que el corsé es símbolo de opresión.




Desiree Du Val es la directora creativa de WTTJ, ropa antipatriarcal que se define bajo los hashtags #haceloquetegusta #sevaacaer #macrigato #seraley. Dice que las pibas están visibilizando la hipocresía patriarcal, que reconocen sus cuerpos como propios, emprenden la hermosa tarea de liberarlo a gusto de cada una y cada vez son más las que sacan las tetas a la libertad. Cuenta: “Desde que nos comienzan a salir las tetas, nos las condicionan, opinan y critican, o nos meten en la cabeza que las tetas son parte de esa ‘privacidad femenina’ que deberá ser guardada para el hombre que decida probarlas o consumirlas en un medio de comunicación. No tardan en decirte cómo las tenés que tener, y recibimos permanentemente los límites que nos impone el patriarcado. Y así, nuestras valiosas tetas pasan a ser un objeto más del macabro sistema de consumo. Nos encontramos con hombres que no pueden reprimir la paja por sus cerebros podridos de tanto cosificarnos; claro está que el problema son sus cerebros podridos, no nuestras tetas”. Desiree manifiesta la esperanza de poder algún día subirse al colectivo y que sus pezones parados no sean punto de atracción.

Los emprendimientos feministas de lencería erótica o “ropa para el interior de cada una”, como propone Brilla Gringa, respetan la forma natural del cuerpo, sin aros, ni broches. “Libres pero seguras. Mujer, naturaleza, suelta, húmeda y que truena” reza la oración que las representa.

ElleVanTok, es la tienda de lencería erótica que plantea comodidad para sostener junto con la posibilidad de elegir. Maru, su fundadora, se maravilla con cómo cada vez más mujeres, con cuerpos no hegemónicos, no comerciales, no estereotipados o estereotipables, buscan liberarse, potenciarse, seducirse y seducir. Y arriesga: “En esta revolución de las mujeres y transfeministas no pedimos permiso. Elegimos qué, cómo y con quién, con prendas que se adaptan a diferentes cuerpos y requerimientos de cada una, no al revés. No pretendemos disimular, sino proclamar la independencia”.








domingo, 20 de enero de 2019

FEMINICIDIOS 2019





El 1º de enero Celeste Castillo, de 25 años, fue baleada por su esposo, el policía Héctor Montenegro, que se suicido, en Santiago del Estero.

El 4 de enero, en Sáenz Peña, Chaco, Valeria Silvina Juárez, de 32 años, fue asesinada por su padre, Elías Juárez, de 63 años, que se quito la vida.

El 7 de enero Daiana Moyano, de 24 años, fue abusada sexualmente, golpeada, estrangulada y descartada post mortem en un descampado del barrio La Floresta Sur, en Córdoba. El principal sospechoso es Alejandro Coronel y es el padre de sus dos hijas, de dos y seis años que está detenido.

También ese día fue apuñalada 17 veces en la cara y 15 veces en la espalda Joselin Nayla Mamaní, de 10 años, en su casa de Longchamps. Su mamá, Sara Mamani la encontró en la cocina. Está imputado la ex pareja de Sara, Carlos Correa, por femicidio vinculado.

El 8 de enero Gisel Romina Varela, policía, de 33 años, fue baleada, en Mar del Plata. Por el femicidio está detenido Sergio Alejandro Cejas, que tenía una orden de restricción de acercamiento desde agosto del año pasado.

El 9 de enero murió Liliana Loyola, de 64 años. En noviembre del año pasado la habían quemado y por la gravedad de las heridas no logro sobrevivir. El principal sospechoso es su hijo adoptivo Juan Eduardo Echegaray, de 27 años.

El 13 de enero fue encontrado el cuerpo de la adolescente Agustina Imvinkelried de 17 años, que estaba desaparecida, y fue asesinada. Ella había ido a bailar el sábado a la noche a Esperanza, Santa Fe. El domingo a la madrugada estaba esperando que la fueran a buscar. El principal sospechoso es Pablo Trionfini que se suicidó en su casa y expresaba odio hacía el placer de las mujeres y consignas contra el derecho al aborto en las redes sociales.

El 15 de enero Danisa Canale fue asesinada a martillazos en Galvéz, Santa Fe. Su marido, Jorge Trossero, llamo a la policía para decirle que la había matado.

El 16 de enero Romina Ugarte fue baleada en su casa en Cañuelas. El único detenido es su novio policía Nicolás Fernando Agüero, de 19 años.

El cuerpo de Carla Soggiu, de 28 años, fue encontrado ayer flotando en el Riachuelo. Había desaparecido el martes luego de activar dos veces su botón de antipánico en Pompeya. Todavía se investigan las causas de su muerte.

La lista deja sin aliento.

El año nuevo empezó mal y entre el primer día del año y el 18 de enero del 2019 ya se cuentan doce femicidios confirmados, según contabilizan en el Observatorio de las Violencias de Género “Ahora que sí nos ven”. A esa crifa podría sumarse Carla Soggiu, cuyo cuerpo fue encontrado ayer. En lo que va del año hay una víctima de violencia machista cada treinta y seis horas. El fenómeno no es nuevo. En el mismo período del año pasado la misma organización registro quince femicidios (entre ellos de una niña, de un niño como forma de femicidio vinculado y un travesticidio). Sin embargo, si nos remitimos al 2017 en los primeros dieciocho días del año se había producido un femicidio vinculado. Y en el 2016 del 1 al 18 de enero se registraron once femicidios y un travesticidio.

“Son cifras alarmantes y un año que empieza difícil. Por un lado hay un movimiento de transformación social en el cual las mujeres decimos que no toleramos la violencia, que no estamos dispuestas a agachar la cabeza, que llego la hora de que nadie pueda levantarnos la mano. Sin embargo, la violencia persiste. Falta que el Estado se haga cargo de que esta transformación cultural se traduzca en hechos concretos, en políticas con un presupuesto acorde y no $11 pesos por mujer, por año, como sucede actualmente”, objeta la diputada nacional Lucila De Ponti, del Movimiento Evita.

Mientras que, entre enero y el 31 de octubre del 2018, se registraron 225 femicidios y 29 femicidios vinculados de hombres y niños (porque intentaron defenderlas o porque su muerte fue la forma de dañar a una mujer) y 250 hijas e hijos (67 por ciento menores de edad) se quedaron sin madre, según el Observatorios de Femicidios en Argentina “Adriana Marisel Zambrano”, coordinado por La Casa del Encuentro.

¿Cómo se pueden evitar los femicidios? La ex diputada y abogada María Elena Barbagelata reclama: “Hay que implementar la Educación Sexual Integral (ESI) para prevenir la violencia de género. Pero, además, tomar mayores medidas de protección en los procesos que sean rápidas y efectivas y tengan seguimiento de las autoridades. Hoy, todavía, las mujeres víctimas de violencia tienen que llevar en persona las órdenes judiciales de no acercamiento. No hay apoyo, ni medidas de políticas públicas que las apoyen para buscar soluciones mientras ellas, a veces, tienen que reiterar, diecisiete veces, las denuncias”.

La idea de inseguridad que se promueve como botón de pánico social en donde se desconfía del otro y se sube la vara del linchamiento, la represión y el gatillo fácil se quiere trasladar a la violencia de género. Pero la salida no es por esa puerta según la docente Laurana Malacalza Coordinadora del Observatorio de Violencia de Género de la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires. Ella remarca: “Hasta el momento el paradigma en el que se han sustentado las políticas públicas por parte del Estado Nacional y reproducida por los Estados provinciales se concentra en la atención judicial y policial de los casos con muchas deficiencias. Es un paradigma seguritario que aborda los casos de manera individual y desarticulada por parte de las distintas agencias del Estado y eso se muestra en la cantidad de femicidios en donde las mujeres denunciaron y le pidieron ayuda al Estado y el Estado no las protegió. Pero, además, se fomenta la sobreburocratización y una enorme cantidad de instancias que las mujeres deben recorrer sin que eso sirva para protegerlas. Además se piensan medidas de un paradigma seguritario como botón antipánico, tobilleras magnéticas para agresores y app para hacer denuncias y este paradigma ha dado muestra de su fracaso ante cada uno de los femicidios”.

Un ejemplo de como la burocracia es cómplice de muerte es el femicidio múltiple ocurrido el 15 de noviembre, en Colón, Entre Ríos. Leonardo Andrés Ayala asesinó a Delia Guerrero, su ex pareja, sus dos hijos (Josefina y Patricio) y un amigo de la mujer (Ramón Lagneaux) y, después, se suicido, con un arma 9 milímetros. El femicida tenía una medida de restricción pedida por la fiscal por el abuso sexual de su hija de dos años, pero el Juez no había aceptado la sugerencia de pedir su captura. Este tipo de casos son catalogados por La Casa del Encuentro como femicidios vinculados porque la finalidad del asesino es matar, castigar o destruir psíquicamente a la mujer sobre la cual ejerce la dominación (y a la cual considera de su propiedad) y, con ese objetivo, asesina a personas que intentan impedir el femicidio o con vínculo familiar o afectivo con la mujer. La justicia no creyó que Ayala era capaz de abusar de su hija de dos años y termino matando a la nena y toda la familia.

“El miedo y la violencia se han convertido en parte del proyecto de gobernabilidad de los gobiernos neoliberales”, destaca Malacalza. Por eso, no se trata de medidas mágicas o represivas lo que se propone sino las relaciones comunitarias y los espacios colectivos que construyan mayor seguridad al estar con otras.

Las jóvenes en el blanco del goce

La muerte de jóvenes no es azarosa, sino un tipo de femicidio etáreo que busca aniquilar a las chicas en situación de goce y que le costó la vida a sesenta jóvenes que apenas habían mordido un cuarto de las experiencias que les debería haber arrojado su vida durante el año pasado. “Es preocupante porque los femicidios de mujeres jóvenes, de entre 15 y 25 años, representaron el 25 por ciento del total de los femicidios ocurridos durante el año pasado”, señala Raquel Vivanco, integrante de Marea Feminista Popular y Disidente y Presidenta del Observatorio “Ahora que sí nos ven”. Un dato central es que el 25 por ciento de las chicas asesinadas, previamente, estuvo desaparecida. “Son cifras alarmantes teniendo en cuenta el alto nivel de organización que venimos gestando desde el feminismo y que las pibas son el motor del cambio cultural que estamos protagonizando”, contextualiza Vivanco.

¿Qué se puede hacer para frenar la violencia hacia las más chicas? “Para las jóvenes el feminismo tiene que ser un refugio. Nos tenemos que cuidar entre nosotras; construir redes, lazos, vínculos entre las pibas y sus mamás, las familias, los amigos. Hasta que el Estado se decida a encabezar una política que cuide a las mujeres las mejores garantías van a ser los vínculos de cuidado”, propone De Ponti.

Por su parte, Vivanco reclama: “Necesitamos mayor presupuesto para erradicar la violencia contra las mujeres; la urgente implementación de la Ley de Educación Sexual Integral y capacitar a fuerzas de seguridad para que intervengan a tiempo y con perspectiva de género. Necesitamos ciudades seguras para que las pibas puedan caminar sin miedo en la calle. Las pibas tienen derecho a disfrutar de su libertad sin miedo a ser acosadas, abusadas o asesinadas”.

Mucho más que números
Luciana Peker



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