Nombrar hasta el hartazgo. Claudia y Clara, Johana y Melina, Micaela y Laura, Soledad y Navila. Nombrar...
Muchas de las fotos de este blog son de Ramiro Sisco con la comunidad Pilagá, en Las Lomitas, provincia de Formosa, Argentina.
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martes, 17 de septiembre de 2019
NOMBRAR PARA NO OLVIDAR
Nombrar hasta el hartazgo. Claudia y Clara, Johana y Melina, Micaela y Laura, Soledad y Navila. Nombrar...
jueves, 18 de julio de 2019
EDUCACIÓN DEMOCRÁTICA VIA GENDARMERÍA
El Gobierno de Macri, vía Patricia Bullrich Luro Pueyrredón, crea un “Servicio Cívico Voluntario” en manos de Gendarmería...
viernes, 25 de marzo de 2016
40 AÑOS DESPUÉS
Pablito
Cuando el guardia se lo llevó de la mano, Pablito habrá recordado los días en los que el papá lo llevaba al colegio, apretando su palma un poquito más fuerte al cruzar las calles de Palermo para llegar a la Escuela Armenia Argentina, donde cursó la primaria.
Tenía catorce años cuando lo secuestraron, y la misma edad cuando ese guardia lo guió con los ojos vendados por los pasillos de la ESMA mientras le decía al oído que se iba en libertad.
A Pablo Míguez lo detuvieron algunos meses antes junto a su mamá, Irma Beatriz Márquez, y al compañero de ella, Jorge Capello. Los tres fueron llevados al centro clandestino El Vesubio, en Ricchieri y General Paz. Allí Pablo fue torturado delante de su madre y ella violada frente a él para obligarla a firmar la escritura de su casa en favor de los secuestradores, según relata Lila Pastoriza, que convivió con Pablito en la ESMA, cuando llegó desde el Vesubio. “No te preocupes, tanto no me dolió”, la consoló Pablo cuando Lila se desesperó con su relato.
“Era un chico vivaz, con su carita de pibe travieso, sus pecas junto a la nariz, sus ojos de chispazos, su cuerpo esmirriado, y lamentaba no haberse podido despedir de su madre cuando dejó el Vesubio. Alguna noche despertaba lloroso y yo trataba de consolarlo, ‘soñé con mi mamá’ me decía, mientras esperaba que lo lleven con su padre, que no era militante político y que desde afuera hacía gestiones para salvarlo”, recuerda Lila.
“Pablo era bueno para el ajedrez, y el mayor Durán Sáenz, jefe del Vesubio y uno de sus peores verdugos, lo obligaba a jugar con él largas partidas. Repartía mate cocido y a veces llevaba los tachos con orín de otros prisioneros. A la noche le ponían cadenas, y a pesar de que era un niño, lo torturaron mucho,” cuenta Hugo Luciani, sobreviviente del Vesubio.
Pablito estuvo más de un mes en la ESMA hasta que fue “trasladado”. Poco antes disfrutó una cuchara de dulce de leche con que alguien lo convidó por debajo de la capucha que cubría su cabeza. Con ese sabor y con la promesa del guardián que lo llevaba de la mano, Pablo Míguez dejó el centro clandestino creyendo que lo liberaban. Nunca, nadie, lo volvió a ver.
Navidad
Diana Iris García era psicóloga recibida en la Universidad de la Plata y militaba en Montoneros. Estaba de novia con Miguel Coronato Paz, hijo del recordado guionista de radio y TV que hizo reír al país durante la década del sesenta con personajes como “Felipe”, protagonizado por Luis Sandrini, o La Revista de Dringue, con Dringue Farías. A Miguel lo secuestraron en febrero de 1977 y a ella unos meses antes, el 15 de octubre de 1976, en la esquina porteña de Córdoba y San Martín. Diana pudo gritar su nombre y algunos testigos hicieron trascender el operativo, que fue reflejado por Radio Colonia y el diario La Razón.
Su hermana Célica y sus padres comenzaron a buscarla en comisarías, cuarteles, hospicios y llegaron hasta las puertas de la propia Escuela de Mecánica de la Armada. Allí adentro estaba Diana y allí la mataron, pero de eso se enteraron años después, por el testimonio de algunos sobrevivientes.
Entre las tantas audiencias que pidieron, consiguieron una con Monseñor Emilio Graselli, secretario castrense y capellán del Ejército, quien prometió ayudarlos. Y lo hizo a su modo.
La familia de Diana García recibió en diciembre del 77 una tarjeta navideña que decía: “El respeto a los derechos humanos es el camino más seguro hacia la paz. Sin ausencias, sin angustias, sin odios”. Y para terminar: “Es el anhelo de los argentinos para cristalizar el propósito enunciado por el presidente teniente general Jorge Rafael Videla”. La firmaba el Cardenal Raúl Francisco Primatesta, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina.
Célica García llevó esa postal cuando declaró en el juicio ESMA, en mayo de 2013, y la mostró a los jueces. Un dibujo acompañaba al texto, era un pino navideño rodeado por fantasmales siluetas humanas. “Esto fue lo que mi madre recibió para que tengamos una Navidad feliz”, dijo Célica, mientras sostenía la tarjeta en sus manos para que todos pudieran mirarla.
Adopción*
En setiembre de 1976, en Mar del Plata, una patota policial irrumpió en la casa donde vivían G, su marido R y sus tres hijos pequeños. Rompieron todo, robaron todo y secuestraron a R.
Algunos se fueron con él a buscar al hermano de G y a su cuñada, mientras otros se quedaron de guardia en la casa esperando la llegada de más militantes. La vigilia se hacía larga y los guardias se aburrían, así que decidieron violar a G para acortar las horas: la pusieron sobre la mesa de la cocina y mientras le apoyaban un arma en la cabeza, se turnaron para abusar de ella. “Durante horas hicieron lo que quisieron conmigo”, dijo G cuando le tocó declarar en el juicio, muchos años después.
Veinte días más tarde, golpeado y torturado, R volvió a su casa, y dos meses después se enteraron que G estaba embarazada. “No quiero ese bebé –dijo R–, es hijo de una violación, es hijo de torturadores, de asesinos, no lo quiero”. G, empecinada con la vida, decidió llevar adelante su embarazo, pero cuando nació el niño lo entregaron en adopción, lo que significó también el fin del matrimonio.
G nunca pudo resignarse a la ausencia de ese niño que, aunque fuera hijo del horror, había crecido en su vientre. Muchos años después, junto a sus tres hijos, que conocían la existencia de un hermano, comenzaron su búsqueda.
El, desde la otra punta, y sabiendo que era adoptado, también caminaba hacia el encuentro. Facebook hizo el milagro de cruzarlos y treinta y cinco años después G se abrazó con su hijo.
El muchacho es tan parecido a R que ni siquiera hacía falta el ADN para confirmar que ese chico, ahora un hombre, criado en otra familia, no era hijo de la violación. Era hijo de ellos dos: de R y de G.
Treinta y cinco años después G recuperó a su hijo, en cambio nunca pudo recuperar a su hermano y su cuñada, que fueron ferozmente torturados y asesinados en el centro clandestino La Cueva, de Mar del Plata, según supo por testimonios de algunos sobrevivientes.
Albareda
Ricardo Albareda era Subcomisario de la policía de Córdoba y era, también, miembro del aparato de inteligencia del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) en la provincia.
Albareda se había recibido de Ingeniero en Comunicaciones en la Universidad Nacional de Córdoba y el clima político de los años setenta lo marcó para siempre, sellando su compromiso militante por encima de su brillante carrera policial, a la que parecía predestinado por tradición familiar: su padre y sus dos hermanos también eran policías.
Con acceso directo a la frecuencia de la radio policial, Albareda salvó cientos de vidas desviando los operativos, distrayendo a las patrullas con objetivos falsos o avisando a sus compañeros del ERP cuáles eran los allanamientos programados, para que tuvieran tiempo de escapar antes que llegaran las fuerzas represivas.
“Su condición de policía lo aislaba de cualquier actividad política que no fuera esa función esencial: salvar la mayor cantidad de vidas posibles. No tenía funcionamiento en células y no asistía a ninguna reunión para compartir ideas, discutir o abrazarse con quienes eran sus verdaderos compañeros de ruta. El vivía rodeado de asesinos y torturadores a los que despreciaba, pero con los que debía compartir horas y uniforme. No fue sencilla su vida, en esa contradicción permanente entre militante y policía”, recuerda uno de los pocos compañeros que sobrevivieron y que lo trataron en aquel entonces.
Casi nadie supo en esos años de la existencia de Albareda, ni de su trascendente tarea de salvar vidas arriesgando la propia. El no dormía con el enemigo, él vivía con el enemigo y no se despegaba nunca de su handy, porque cualquier distracción suya era una condena a muerte para sus compañeros. Así vivió Ricardo Fermín Albareda hasta el 26 de setiembre de 1979, cuando le faltaban días para ser ascendido a Comisario y a jefe de Comunicaciones de la policía cordobesa.
Esa noche fue secuestrado por la patota del D2 (Informaciones de la policía cordobesa) y llevado al centro clandestino de detención “Casa de Hidráulica”, frente al lago San Roque, en un paisaje bucólico y tan sereno que podía escucharse el canto de los pájaros y el ruido del agua. Un infierno en el paraíso.
Allí fue asesinado Albareda, según confesó ante los jueces, el 28 de octubre de 2009, el ex policía Ramón Roque Calderón:
“He visto cosas que la mente humana no puede creer. Pedro Telleldín (jefe de la D2) y los policías Hugo Cayetano Britos y Américo Pedro Romano llegaron con Albareda, que estaba de uniforme y esposado, lo ataron a una silla con alambres, le arrancaron las insignias, le dieron una golpiza salvaje y enseguida Telleldín sacó una navaja y le dijo a Albareda: ‘Usted camina por el peso de las bolas. Se las voy a cortar’. Y le cortó los testículos”. Luego le contaron los otros policías que “Telleldín le introdujo los testículos en la boca a la víctima y se la cosió, pero antes pusieron música muy fuerte para tapar los gritos desesperados de Albareda. Mientras el subcomisario se de-sangraba, los torturadores se sentaron a comer un asado. Antes de irse, cargaron el cuerpo en un auto como una bolsa de papas y nos ordenaron que limpiáramos la sangre con lavandina. Con los hermanos Alberto y Hugo Carabante, que eran mis compañeros de guardia, cumplimos la orden y nos fuimos a dormir.”
* Fuente: Putas y guerrilleras, de Miriam Lewin y Olga Wornat, publicada por Editorial Planeta.
lunes, 16 de diciembre de 2013
PROHIBIDO NO LEER (30 AÑOS DE DEMOCRACIA)
–Mamá, ¿cuál era tu libro favorito cuando eras como yo?
–Uno que estaba prohibido y que mi mamá sacó de la biblioteca.
–¿Por qué?
La última pregunta de Mateo quedó dando vueltas en la cabeza de Ariadna Arizabalo. Cuando se produjo el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, tenía nueve años, la edad que hoy tiene su hijo. A partir de ese breve diálogo surgió el tema que Ariadna convertiría en un documental. Ya tenía la historia que quería contar.
«Prohibido NO leer» es el corto de 26 minutos que ganó el concurso "30 Años de Democracia", convocado por la Secretaría de Cultura de la Nación –a través del Centro de Producción e Investigación Audiovisual (CePIA)– y la Televisión Pública, que lo estrenó la semana pasada. "Tiene dos líneas: por un lado, se narra la historia de vida de Paulino Guarido, un maestro de primer grado, y por el otro, la de los libros infantiles prohibidos por la última dictadura cívico-militar", resume Ariadna.
Su libro favorito, aquel que su madre le había negado presa del terror de aquellos años, era Un elefante ocupa mucho espacio, de Elsa Bornemann. Son quince cuentos escritos en 1975 que hablan de la libertad, la amistad, la solidaridad, la justicia, y que por eso fueron censurados por la dictadura genocida. Su autora pasó a integrar la lista de autores prohibidos. Mucho tiempo después, en 2003, el libro fue reeditado en el marco del Plan Nacional de Lectura del Ministerio de Educación de la Nación. Pero esa es otra historia.
Ariadna cuenta la de Paulino, "un maestro que en un período oscuro de nuestra historia y con sólo 20 años, puso en riesgo su vida, porque no quiso privar a sus alumnos de la fantasía, la belleza y la imaginación de esos cuentos. Quizá porque esos libros eran una de las pocas alegrías a las que podía acceder en esos tiempos un pibe humilde de una escuela humilde de Laferrere." En su infancia, Paulino era fanático de dos autoras, y en especial de tres cuentos: Un elefante ocupa mucho espacio, de Bornemann, La planta de Bartolo y La torre de cubos, de Laura Devetach, otra escritora perseguida por el Proceso.
"Esos cuentos estaban prohibidos. Entonces, como otros maestros, Paulino les cambió el nombre y empezó una pequeña resistencia." Hasta que lo chupan el 19 de julio de 1978. Estuvo once días en el centro clandestino de detención El Vesubio, después lo liberaron, "según dice él, para desparramar el terror en la sociedad".
Para contar la historia de Paulino, Ariadna buscó el testimonio de Laura Devetach, que le dedicaba una reedición de La torre de cubos, de 1984, "a todos los maestros que a pesar de la prohibición, siguieron rodando este libro". El nexo entre ambos, idea original del documental, se extendió. "Me enteré que había un grupo de alumnos de Paulino que lo tenía muy presente", cuenta Ariadna. Así llegó a Luján Di Pasca, hoy maestra de primer grado de la Escuela Número 22 de Isidro Casanova, y que a la hora de premiar a sus alumnos, en vez de ponerles una carita feliz, les pone un Paulinito. "Así cerramos ese triángulo Paulino-Laura-Luján, y organizamos un encuentro que se ve en el film".
Ariadna se pregunta "dónde están las semillas o los cimientos para construir una sociedad mejor", y se contesta: "En los maestros, en el almacenero que te fía porque no llegás con las monedas, en lo más básico de la sociedad, en sus valores: la solidaridad y el pensar en el otro. Esos valores se han bastardeado mucho y el individualismo se coló en todos lados. Hay que reconstruirlos. Para esto necesitamos maestros como Paulino, para preparar a los chicos para que sobrevivan a este mundo. Para que no los pasen por arriba. Paulino estudió para ser maestro no por vocación sino por convicción, porque cree en la educación como una herramienta de cambio."
La documentalista destaca la importancia de que esos libros, antes prohibidos, hoy sean accesibles para todos. Un grupo de entusiastas, reunidos en la Asociación Civil La Grieta y la Biblioteca Popular La Chicharra, organizó una muestra itinerante para la que consiguieron las ediciones originales de los libros prohibidos. "Que esta clase de literatura llegue a pibes humildes, es mérito del Estado, de esta década ganada sobre todo en este aspecto, el cultural", reflexiona Ariadna.
Lleno de emoción, sorprendido de ser el protagonista de esta historia, aparece Paulino, se reencuentra con Ariadna en los pasillos de la TV Pública, para el estreno, y asegura: “Tenemos que valorar mucho estos tiempos que son complejos pero hermosos para vivirlos. Los avasallamientos que pasamos como sociedad, están muy presentes aún, son muy recientes. Pero es maravilloso no tener prohibiciones para contar estos cuentos hermosos. Tenemos la obligación de que ningún chico se vea privado de ellos." En el epílogo del documental, se lo ve rodeado de chicos, en La Matanza. También están sus antiguos alumnos. Y Paulino lee, les lee La planta de Bartolo. En libertad.
La resistencia de Paulino
"Esos cuentos estaban prohibidos. Entonces, como otros maestros, Paulino les cambió el nombre y empezó una pequeña resistencia", explica Ariadna Arizabalo.
El miércoles 11 de diciembre a las 20.30, se emitió por la TV Pública "Prohibido no leer", uno de los trabajos ganadores del Concurso Federal de Documentales para Televisión "30 Años de Democracia" —organizado por la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación, a través del Centro de Producción e Investigación Audiovisual (CePIA) y Radio y Televisión Argentina (RTA), a través de la Televisión Pública—.
Bajo la dirección de Nicolás Carreras y la producción de Hernán Belón –de la casa productora Ariadna Arizabalo–, el documental relata la historia de aquellos libros infantiles prohibidos por la dictadura que, a pesar de haber sido censurados, resistieron. Gracias al compromiso y la valentía de muchos maestros, autores y editores, 30 años después, siguen luchando por los mismos ideales, ocupando un lugar de privilegio en la literatura argentina y, sobre todo, en las mesitas de luz de una nueva generación de chicos lectores.
El concurso de documentales se realizó con motivo del cumplimiento del trigésimo aniversario de la recuperación de la democracia en la Argentina. Por ello, se invitó a participar a productores audiovisuales de todo el país a presentar proyectos sobre acontecimientos de estos treinta años que consideraran relevantes tanto a nivel nacional como regional o local.
Sobre un total de 170 proyectos recibidos de 16 provincias, fueron elegidos 10 ganadores, cuyos productores recibieron el financiamiento total para su realización.
El jurado, encabezado por el historiador Felipe Pigna y conformado por los realizadores Hernán Khourian, Pablo Alejandro Faro, Gustavo Fontán y la productora Patricia Susana Landau, tuvo a su cargo la selección de estas diez historias que narran hechos cruciales, algunos poco difundidos, otros directamente olvidados, de las últimas décadas de la historia argentina.
miércoles, 7 de agosto de 2013
PABLO GERMÁN 109
Las Abuelas de Plaza de Mayo anunciaron la restitución de la identidad de Pablo Germán Athanasiu Laschan, de 38 años, secuestrado en Buenos Aires junto con sus padres -de origen chileno-, detenidos desaparecidos desde 1976 en el marco del Plan Cóndor. Su apropiador está detenido por delitos de lesa humanidad.
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Ahora, en este mismo momento en que estás chupando un mate, la dictadura genocida (esa que contó con el apoyo, la complicidad y la participación de militares, policias, civiles, abogados, jueces, curas y obispos) se ríe de nosotros.
Ahora, en este mismo momento en que estás viajando en colectivo, hay muchos represores y torturadores que burlaron a la justicia cagándose de risa.
Ahora, en este mismo momento en que estás jugando con tu hijo, hay muchos tecnócratas que viven la vida loca, son quienes se robaron todo y deberían estar en cana.
Ahora, en este mismo momento en que estás mirando una peli, hay 400 hombres o mujeres, hijos de desaparecidos, que no saben que no son quienes creen que son, que no conocen su verdadera identidad, que viven una vida falsa. Son NIETOS por recuperar.
Ahora, sí, ahora, en este mismo momento en que estás escuchando a Jorge Lanata y los periodistas de TN hablando de corrupción, libertad de expresión, de miedo e inseguridad, de LA GRIETA que divide a los argentinos, y los políticos opositores se preocupan por ARGEN y TINA, 400 argentinos, más o menos, están perdidos en la mentira genocida que vive, que continúa a pesar de los 30 años de democracia.
Todavía no sabemos quiénes son los padres de Marcela y Felipe Noble Herrera, apropiados irregularmente por Ernestina Herrera viuda de Noble, la dueña de Clarín, el gran lavador argentino.
Hoy, recuperamos un nuevo hijo de desaparecidos, debido a la política de apropiación de bebés que implementó la última dictadura entre 1976 y 1983.
Hoy, somos un poco más felices.
Todavía falta mucho.
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Pablo Germán es hijo del matrimonio chileno integrado por Frida Laschan Mellado y Ángel Athanasiu Jara, y nació el 29 de octubre de 1975. Mientras ambos estuvieron en Chile militaban en el MIR, y cuando llegaron a Argentina lo hicieron en el PRT-ERP.
El 15 de abril de 1976, el matrimonio y su hijo fueron secuestrados en un operativo que fuerzas represivas realizaron en el hotel en el que vivían en la ciudad de Buenos Aires. Pablo Germán fue anotado como hijo propio con fecha de nacimiento 7 de enero de 1976 por un matrimonio con estrecha vinculación al régimen cívico-militar, tan es así que su apropiador hoy se encuentra detenido en el marco de una causa por crímenes de lesa humanidad.
sábado, 15 de junio de 2013
LOS HIJOS DE LA CONTRAOFENSIVA
Analía Argento sale un minuto del comedor de su casa y vuelve con un cuenco de vidrio. Adentro hay caracoles y fragmentos de coral. "Son de la playa Santa María", cuenta. "Los traje de Cuba". Hasta allí viajó la periodista para terminar de dar forma a una historia de la que hasta ahora no se habló: la de unos cincuenta hijos de militantes montoneros que permanecieron en una casa común en La Habana en distintos momentos, entre 1979 y 1982. Ocurrió mientras la organización, desde el exilio, decidía la Contraofensiva. Entre las actividades recreativas de los chicos estaban las visitas a Santa María. De allí, la importancia de esos caracoles para Argento. Un souvenir demasiado humilde, considera, que no sabe si entregar o no a quienes hablaron con ella para su nuevo libro y mucho antes pisaron esa playa algo rocosa mientras esperaban la vuelta de sus padres. La guardería montonera (la vida en Cuba de los hijos de la Contraofensiva) –con edición de Marea– es una investigación impecable que reconstruye, desde la mirada de sus protagonistas, los días en "la isla del Triangulito", como estos chicos nombraban a Cuba, acostumbrados a inventar nombres ficticios para preservar los reales, los que podían ponerlos en peligro.
–¿Cómo surgió este libro?
–Es hermano de De vuelta a casa, mi investigación anterior sobre diez hijos y nietos restituidos. Cuando trabajaba en esa historia, encontré unos hermanitos que habían estado secuestrados en la ESMA, Marcelo y María de las Victorias Ruiz Dameri. Reconstruyendo su historia, me entero de que antes habían estado varios meses en la guardería de Montoneros. ¿Qué es esto de la guardería?, me preguntaba yo. Y sólo encontré un capítulo al respecto en el libro de Cristina Zucker, El tren de la victoria. También fui a ver a Roberto Perdía. Cuando menciono a los dos Ruiz Dameri, él me dijo que quien más podía hablar era su hija Amor, que había estado con ellos en la guardería. Así que Amor fue una de las puertas de entrada a este libro, al igual que Edgardo Binstock, el responsable político de la primera guardería. Lo que decidí fue contar las historias humanas. Con el contexto histórico necesario pero valorizando sobre todo las voces de quienes estuvieron en las guarderías.
–En el libro comentás que en verdad, las guarderías fueron dos.
–Sí, la guardería tuvo dos casas; la primera en Siboney, la segunda en las afueras de La Habana, en Miramar, que estaba también cerca de la oficina de Montoneros y de las escuelas donde se movían los chicos. La primera fue en 1979 y la segunda en 1980, que se prolongó hasta 1982. Algunos chicos estuvieron en las dos casas pero otros no. En cada guardería hubo cuatro adultos como responsables fijos. Los primeros en llegar a La Habana fueron Héctor Dragoevich y Cristina Pfluger, que venían desde España con 12 chicos. Después llega un grupo desde México con Binstock y Mónica Pinus a cargo. En la segunda casa fueron responsables Susana Brardinelli y Estela Cereseto, y llegaron después Hugo Fucek y Nora Patrich.
–¿Por qué eligieron Cuba?
–Porque la cúpula de Montoneros se instaló ahí, luego de advertir que no estaban seguros ni en México ni en Europa porque la dictadura le seguía los pasos. Más allá de que Cuba nunca rompió relaciones con la dictadura –los militares le vendían cereal a Rusia– el gobierno de Fidel colaboraba con movimientos revolucionarios de distintos lugares de América Latina y entonces apoyaban a grupos como Montoneros. Por ser un gobierno de la Revolución y por ser una isla, el acceso era más restringido y también, más seguro. La guardería es la única con sus características que funcionó en el marco de la lucha armada en América Latina.
–¿Por qué la dirigencia montonera decidió abrirla?–Cuando en 1978 toma forma la idea de la Contraofensiva –una decisión difícil, que provocó una escisión profunda al interior de la organización–, se evaluó qué hacer con los chicos. Ya había información de que en Argentina se secuestraba a mujeres embarazadas y a niños, que había tortura y que se podía utilizar a los chicos como rehenes. Si se perdía el control sobre dónde estaban y con quién, se ponía en riesgo a niños y adultos. Por eso se decidió que no quedasen con amigos o familiares. A esto se suma la importancia del concepto de "compañeros". El compañero era familia, era hermano, los chicos les decían "tíos" a quienes los cuidaban. Porque de hecho lo sentían así. Entonces se decidió que los chicos siguieran creciendo con determinados acuerdos ideológicos y que estuvieran al resguardo de las acciones que emprendían sus padres. La idea era dejarlos un tiempo en la guardería, volver a Argentina, y luego regresar por ellos. Estaba el riesgo de vida, obviamente, pero siempre la idea era volver a buscar a los chicos.
–¿Cómo recuerdan la guardería quienes pasaron por ella?
–Para muchos, era una cosa casi secreta como parte de la militancia también secreta de sus padres. Tené en cuenta que a pesar del amparo de la Revolución estaban semiclandestinos porque, por ejemplo, había un embajador argentino en la isla afín a la dictadura. Un denominador común era que muchos chicos se habían acostumbrado a vivir en la clandestinidad. Eso implicaba cambiar de casas, ir y abandonar escuelas, etcétera. En Cuba tenían todo más ordenado: un lugar, amigos, juegos, el cuidado de los tíos. Se celebraban los cumpleaños una vez por mes. Salían de paseo. Iban a escuelas donde les enseñaban lo mismo de lo que les hablaban sus papás. Y podían usar su nombre real aunque en muchos casos tuvieran el apellido cambiado. Podían hablar de sus padres con menos miedo. Por eso cuidan esos recuerdos, a veces difusos porque muchos eran muy chiquitos, como si los llevaran adentro de una cajita de cristal.
–El libro incluye un archivo fotográfico muy interesante.
–Esas fotos son las que cada uno me quiso dar. Muchas se destruyeron cuando llegaban a Argentina, por una cuestión de cuidado. Daniel Sverko era fotógrafo oficial de Montoneros en Cuba, donde había un gran archivo fotográfico y de información que se perdió en una inundación.
–¿Qué sucede en el presente?
–Muchos chicos que pasaron por la guardería siguen siendo grandes amigos, casi hermanos. Algunos regresaron a Cuba para estudiar o porque tienen un especial agradecimiento por la sociedad cubana. Aquí tienen militancia política o en organizaciones sociales. En la mayoría de los casos, no reniegan de las convicciones de sus padres, más allá de las contradicciones y los dolores. Sí cuestionan algunas decisiones puertas adentro, pero siempre defienden la memoria y la lucha de sus padres. Y otra cosa: no se separan de sus hijos, los llevan siempre con ellos.
Documental "La Guardería" - Película Completa
viernes, 17 de mayo de 2013
GERMÁN, ÚLTIMAS VIÑETAS

Una nueva ficción protagonizada por Miguel Ángel Solá, que narra la vida de Héctor Germán Oesterheld desde sus experiencias editoriales, sus creaciones y la lucha por sus ideales, hasta su trágico final.
El hecho de que Germán, últimas viñetas sea un ejercicio ficcional con algún toquecito de humor debería atenuar la tristeza que provoca toda referencia a la desaparición y asesinato de Héctor Germán Oesterheld, sus cuatro hijas, yernos y nietos durante la última dictadura militar. Sin embargo, la miniserie que la Televisión Pública emite de martes a jueves a las 22.30 sensibiliza tanto como los documentales que reconstruyen vida y obra del guionista de El Eternauta...
martes, 26 de marzo de 2013
SOLEDADES

Siempre me ha llamado la atención la capacidad argentina de crear soledades. Monumentales, como cuando se prohibió al peronismo participar en varias elecciones presidenciales. O individuales, hoy en torno de Horacio Verbitsky porque insiste en la verdad de los costados oscuros del papa Francisco cuando todo el mundo, empezando por la señora Presidenta, se los limpia. Como nuestro Premio Nobel de la Paz, que sustituye lo que supo por absoluciones que huelen a rigor mortis de la ética, cualquiera fuere su color. José Luis Mangieri tenía razón: la Argentina es un país de antropófagos. De sí mismos.
Conocí al nuevo Papa cuando era obispo en circunstancias en que yo recurría a todos los medios posibles para saber qué había sido de mi nieta o nieto nacido en cautiverio. Corrían los años ’90. Que había una hija o hijo de mi hijo lo supe en 1978 por el padre Fiorello Cavalli, un jesuita encargado del Cono Sur en la Secretaría de Estado del Vaticano. El padre Cavalli se interesó verdaderamente por el problema y preguntaba a todos los obispos argentinos que llegaban a Roma si sabían algo del tema. Nadie sabía nada.
Con ese antecedente, acepté la propuesta de mi querida y excelente abogada penal Alicia Oliveira, muy amiga de Bergoglio, como lo ha subrayado no hace mucho, de entrevistarlo para exponerle la situación e interesarlo en la averiguación de datos que podrían llevarme a encontrar a mi nieta o nieto. Nos recibió en la Catedral muy cordialmente pero, en síntesis, su respuesta fue que no podía hacer nada. Refiero el hecho porque es verdad lo que el ya arzobispo Bergoglio declaró ante la Justicia argentina: que yo había ido a verlo para que me ayudara a encontrar a la hija o hijo de mi hijo, su único legado. En esa audiencia judicial señaló también que había hecho gestiones con ese fin y que me había comunicado que no obtuvo resultados. Lo primero no me consta, lo segundo no es cierto. Nunca volví a ver al arzobispo Bergoglio y por ninguna vía supe de sus presuntas gestiones ni de su falta de éxito.
Narro este episodio no por su importancia, sino porque es cierto lo que nuestro Premio Nobel de la Paz dijo en 2005. Habló de la ambigüedad de Bergoglio y rogó al Espíritu Santo que no lo eligieran Papa en ese conciliábulo cardenalicio. Bueno. El tiempo pasa con su escoba de olvidar y algunos la agarran. No es difícil barrer los recuerdos que las circunstancias tornan molestos.
martes, 16 de octubre de 2012
INFANCIA CLANDESTINA en tiempos del 7/D

Hay que ir a ver la película de Benjamín Ávila. Después hay que llorar hasta que no queden lágrimas. Después gritar con toda la voz y el alma: “Vivan los compañeros”.
Después hay que recordar y recordarse de dónde venimos todos. Los de un lado y los del otro.
Infancia clandestina es como Naranjo en flor. Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y, al fin, andar sin pensamientos.
Los dolores de entonces, abonaron estos tiempos de ahora.
No tenerlo en claro, es volver al país que niega el pensamiento, la diversidad y la hora de los pueblos.
No verlo así, es hacer un culto al olvido y a la desmemoria, que es peor que el olvido.
En ese digno film está una buena parte de esta generación de sobrevida, de sobremuerte, de sobrenada, que recuperó su identidad el día que un presidente llamado Néstor Kirchner dijo en su acto de bautismo que él era parte de esa generación diezmada y que éramos hijos y nietos de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.
Qué me van a hablar de amor.
El 7/D está en pleno desarrollo, como diría un maravilloso programa de Telesur.
No es casual que en este país del 7/D se remuevan todas las capas geológicas de nuestra conciencia nacional y que una película argentina conmueva a decenas de miles de hombres y mujeres que la van a ver.
Es que en tiempos del 7/D, se agitan todos los fantasmas para que no se consume el sueño eterno de la democracia que es recuperar la palabra y la pluralidad de voces.
El enemigo de la República, de la cosa pública, de la cosa de todos y de todas, bloquea la designación de jueces constitucionales en el Consejo de la Magistratura y en simultáneo mueve otras fichas en una corporación que le es amiga y familiar, la corporación judicial y designa jueces de mentirita llamados técnicamente “jueces subrogantes”.
La trampa está tendida por el Grupo Clarín. Ya no hay golpes cuarteleros. Ni falta que les hace. Ahora hay golpes de comité y buffet de abogados bien remunerados. Te cantan truco con un siete de copa.
De nada vale para ellos que haya una Ley votada por amplia mayoría en el Parlamento. De nada valen las cientos de organizaciones que a lo largo y ancho del país se hayan movilizado para elaborarla a cuatro y doscientos manos.
De nada vale que una Presidenta elegida por el voto popular la haya promulgado en menos que canta un gallo para compensar en tiempo perentorio lo que de valor tenía y tiene esa Ley en contenido histórico y cultural.
De nada vale que la Corte Suprema haya dicho Basta y le pusiera un tope para el 7 de diciembre de este año.
De nada valen las formas que hacen a una República como la nuestra.
Para ellos sólo vale el dinero y el poder de dictaminar con fajos de tapas y editoriales mal escritas, lo que se les venga en ganas dictaminar. El poder es eso. El poder es Clarín y sus miles de tentáculos.
Amanece por el diario en papel, sigue por TN y Twitter con una o dos de sus estrellas, continúa por la radio bien llamada “Mitre” y culminan a toda orquesta con ex sindicalistas combativos, con tigres de papel picado, con antiguos y nuevos derechosos y con los eternos culposos que se suman al tropel. Total, un minuto de fama bien vale tirar la honra a los perros.
Todo hedor perecerá.
Más tarde o más temprano la verdad y la justicia se abren paso.
Las desbaratadas y ya resueltas maniobras insurrectas de prefectos y gendarmes estafados por sus ex jefes, así lo demuestran.
También es una buena noticia saber que el afán destituyente no siempre está en el hecho sublevado y sus actores de reparto, sino en la interpretación mediática y monopólica que los grandes medios hacen de esos hechos.
Ése es un aprendizaje colectivo que habrá que ahondar en este tiempo del 7/D.
Fue la semana de la victoria de América Latina con Hugo Chávez reelegido Presidente de la hermana Venezuela.
Se frotaban las manos los virreyes y alcahuetes pensando que Capriles ganaría y que si así no fuera, encabezaría un despelote de grandes proporciones hasta incendiar Caracas. Nada de esto sucedió.
Ganó Chávez; y Capriles asumió decentemente su derrota mucho antes que lo hicieran, incluso, los opositores y los showman televisivos de la pampa húmeda.
América latina sigue siendo una barca que navega a siete nudos en dirección de los vientos que soplan suavemente sobre el continente.
El eje de rotación de estas tierras se corrió el día que Kirchner, Chávez y Lula le dijeron “No al Alca” y a partir de allí, andá a cantarle a George Bush.
Con esta victoria venezolana, la contraofensiva neoliberal ha fracasado, dice Carlos Zannini; y le sobran razones para estar contento. Pero luego se pone serio y dice que aquí, en la Argentina, el poder monopólico corporativo representado en Clarín, prefiere mil veces sabotear a un gobierno popular antes que cumplir con la legislación. Y advierte que si así ocurriera, no vendrán sólo por Cristina; vendrán por los trabajadores, por la Asignación Universal por Hijo, por el Matrimonio Igualitario.
Vendrán por la buena gente de este pueblo soberano.
La derecha no descansa nunca en su afán restaurador del coloniaje y la muerte.
Quizá con eso alcance para convencerse que estar unidos y solidarios, más que una consigna, es un imperativo de la Historia.
Claro que lo mejor aún está por venir.
Pero debemos ser conscientes de que lo peor no pasó todavía. Procurarán que caigamos en la provocación una y mil veces. Que perdamos la calma. Que nos fracturemos. Que nos desanimemos.
Pero aquí no se rinde nadie, Moreira.
Este largo día del 7/D nos costó una vida entera.
Ya estaban ellos y nosotros cuando secuestraron 500 pibes y desaparecieron 30 mil compatriotas y encarcelaron a decenas de miles y exiliaron otro miles y quebraron el espinazo del país industrial bajo el mando del comandante en jefe, José Alfredo Martínez de Hoz.
Ya estaban ellos y nosotros cuando robaron Papel Prensa para fortalecer las bases del monopolio mediático.
Con una brutal diferencia: ellos eran la dictadura y nosotros, el pibe de Infancia clandestina.
A ese país ya no volvemos. Nunca más. Y nunca Menos.
sábado, 7 de julio de 2012
LA FAMILIA

La mayoría de los niños nacidos en cautiverio clandestino durante la dictadura fueron entregados a familias de apropiadores, y una minoría fue entregada en adopciones sinceras. La gran mayoría de los niños nacidos en los centros clandestinos no fueron devueltos a sus verdaderos familiares. Todas las mujeres que fueron secuestradas embarazadas fueron mantenidas con vida en condiciones infrahumanas hasta el parto e incluso fueron torturadas. La gran mayoría de las secuestradas que dieron a luz en los centros clandestinos, posteriormente fueron asesinadas.
Esa secuencia, en la que se apuntan las pocas excepciones a la regla, sólo se puede enumerar porque hubo un plan sistemático para ponerla en marcha. Por esa razón, las condenas por el plan sistemático por la sustracción de niños durante la dictadura tienen una carga simbólica que va más allá de los otros juicios que se están llevando a cabo. No hay una escala para medir las violaciones a los derechos humanos, pero este caso resume a la mayoría.
Las condenas certificaron que hubo un plan y un sistema para producir bebés como si fuera ganado y al mismo tiempo trofeo preciado en el mercado negro de una matanza inconfesable.
Después que nacía el niño, asesinaban a la madre y el bebé era destinado a los que estaban anotados en una selecta lista integrada en su mayoría por represores que habían colaborado en la desaparición de los padres de esos niños. Estaba concebido que esos niños-trofeo fueran condenados a amar a los asesinos de sus verdaderos padres cuyas memorias estaban obligados a odiar. Ese era un premio al soldado victorioso y al mismo tiempo castigo de los derrotados.
Recuerdo viviente de la victoria sobre un enemigo al que le amputaban, ya después de muerto, hasta la posibilidad de continuarse en sus hijos. De esta manera, los apropiadores conformaban la familia. Es una idea de familia.
Pueden agregarse muchas cosas sobre este dispositivo montado por la dictadura, pero la mayoría está dicha. Es una escena que no tolera la hipocresía. No hay en ese relato un sujeto que llegó de Marte, un actor desconocido. Ni siquiera resulta extraño el armado de ese sentido común con el que se quiso naturalizar la aberración, un sentido común que fue hegemónico hasta muchos años después de la dictadura. Podría decirse, incluso, que fue parte de una intensa disputa en el plano de la justicia y lo simbólico, por lo menos desde 1996, cuando las Abuelas presentaron la denuncia, y 1998, cuando empezaron las actuaciones, hasta esta semana en que se conocieron las condenas.
Porque ese relato aberrante encontró un espacio relevante en el seno de la sociedad, anidó en una de sus instituciones de poder, fue inducido por un contexto civil empresario y político, y estimulado por un factor eclesiástico y mediático. No hay una sociedad ajena, hay una sociedad involucrada, protagonista.
Pero también es cierto que en el seno de esa misma sociedad estaba la fuerza que podría llevar esos delitos a la Justicia. Era una sociedad que llevaba en su seno el impulso hacia el plan sistemático de sustracción de bebés y también la fuerza contraria, la que resistiría, la que finalmente podría llevarlo a la Justicia luego de muchos años de esfuerzos, la mayoría de ellos en minoría y soledad.
La condena que se conoció esta semana fue la expresión de que en esa disputa social, cultural-mediática, política y legal, se desplegó finalmente a partir del 2003, cuando se anularon las leyes de impunidad, en un ámbito nacional donde adquirió preeminencia la pulsión de vida, la fuerza que resistió y que está mayormente representada por las Abuelas, por las Madres y por los Hijos, frente a la pulsión de muerte que está representada en los represores.
Abuelas, Madres e Hijos son los nombres que forman una familia. No una familia en el sentido conservador de la tradición y el orden, sino en el sentido del amor, del vínculo capaz de vencer a la muerte porque pone a un otro por encima del mismo ser. En ese sentido de familia, de solidaridad profunda, esta sociedad encontró la fuerza para redimirse frente a otro impulso contrario con base autoritaria o de soluciones represivas.
Ha sido, en última instancia, la confrontación de dos ideas de familia: la que fue desplegada en las plazas y en las calles por las Abuelas, las Madres y los Hijos y la practicada en los estados mayores de la represión, asistidos por jerarquías eclesiásticas y empresarias: una familia montada sobre la destrucción de otras familias que une a sus miembros sobre la base del predominio de la fuerza jerárquica con que fueron sustraídos y agregados los bebés. Nadie tiene el derecho de condenar a un niño a amar a los asesinos de sus padres.
Esos dos conceptos de familia actúan también como metáforas de la comunidad. Conforman valores sobre los cuales se construyen las relaciones entre los seres humanos.
Por eso, en las condenas se expresa una sociedad que salda sus lacras y en ese contexto constituyen a la Justicia como acción reparadora. Pero ojo, más que para las víctimas directas, la reparación es esencialmente para la sociedad en su conjunto, que de esa manera puede reafirmar caminos de “nunca más” un plan como el que fue juzgado. Por supuesto, las víctimas directas también se benefician de esa acción reparadora porque los incluye en términos de ciudadanía, les da verdad y les devuelve identidad. Pero el daño de fondo, con su drama de ausencias y lealtades irremediablemente antagónicas, es muy grande y es irreparable.
Todos los contenidos de este juicio tienen reminiscencias de cuestiones que ya son conocidas. Pero en este caso, por los hechos extremos de las situaciones planteadas y porque además la sociedad ya ha tenido mucho tiempo para reflexionar sobre ellos, aparecieron con claridad algunas de las trampas con que la dictadura dejó minado al país cuando se retiró.
En el discurso que leyó Videla en su defensa, asombrosamente el ex dictador usó los mismos recursos que había usado cuando estaba en el poder. Y es asombroso porque no intentó renovarlo, fue el mismo, calcado de aquel en el que se refirió a los desaparecidos.
Pese a todas las evidencias, por un lado negó que hubiera un delito y por supuesto negó también haberlo cometido. Pero fue más allá porque si por un lado oculta un horror que es imposible blanquear, por el otro, lo justificaba. Videla dijo que no hubo un plan sistemático de robo de bebés cuando él se desempeñó como presidente de facto del país. Y además dijo que las embarazadas eran guerrilleras que usaban sus embarazos como escudos para evadir a las fuerzas represivas. No hubo lo que hubo, pero estaría bien que lo hubiera habido. Oculta el horror, pero al mismo tiempo lo justifica.
Esa negación deja constancia de que los militares fueron conscientes de la gravedad de los delitos que estaban cometiendo. Fueron tan conscientes que nunca se atrevieron a asumirlos en forma pública. Son tan graves que son imposibles de justificar abiertamente, por eso los niegan. Niegan que hayan existido, de la misma manera que los neonazis niegan la existencia de los campos de concentración del nazismo. Pero al mismo tiempo los justifican en el caso de que hubieran ocurrido. Esa modalidad de secuestro, desaparición, tortura y asesinato en la clandestinidad, de ocultar el horror, pero al mismo tiempo justificar lo oculto, tiene muchas causas. En principio, el principal motivo fue la cobardía de los mismos represores, que no estaban dispuestos a asumir la responsabilidad por los actos que cometían y por lo tanto abandonaron a su suerte a los cuadros de menor jerarquía que fueron los culpables directos.
Pero más allá de los motivos, la consecuencia fue un discurso de terror profundo. Se le puede tener miedo a muchas cosas, pero lo que produce más terror es la amenaza de lo desconocido, porque en ese desconocido, cada quien mete a lo que más miedo le tiene. Así era Videla hablando de los desaparecidos, sugiriendo un horror oscuro pero inexorable como una condena divina o castigo natural a determinadas acciones. Durante muchos años la sociedad recibió ese mensaje de horrores ocultos pero justificados, horrores que le podían suceder a cualquiera, un mensaje de castración. Se puede reclamar, pero no se puede actuar en función de ese reclamo. Cuando alguien, organización o individuo, actúe para lograr la satisfacción de ese reclamo se pone en un lugar de riesgo intolerable. Lo testimonial es aceptado, pero la acción política para la transformación o el cambio es duramente penalizado.
Ese discurso de castración echó raíces muy profundas en la sociedad, que quedó atrapada en él hasta muchos años después de la dictadura, durante los cuales primaron gobiernos conservadores, izquierdismos testimoniales y progresismos impotentes.
lunes, 28 de mayo de 2012
MICAELA LISOLA CONTRA LA CENSURA

La familia de la adolescente sanjuanina de 16 años, denunció que: la estudiante fue sancionada con 24 amonestaciones en el colegio privado en el que termina sus estudios secundarios por “hablar de la última dictadura, por querer que sus compañeros sepan que, de haber vivido en esa época, ellos podrían haber sufrido los crímenes que muchos otros jóvenes de entonces sufrieron”, contó la mamá de la chica, Belén Icazatti.
Las autoridades del establecimiento educativo, que depende de la Universidad Católica de San Juan, se negaron a remover la sanción, por lo que la mamá denunció el hecho ante la delegación local del INADI y presentó un expediente en el Ministerio de Educación provincial.
“No obtuvimos respuestas, pero es necesario que den marcha atrás con este castigo que le impusieron a mi hija, que es discriminatorio y no tiene más sentido que el de amedrentar a los demás adolescentes, de meterles miedo para que no pongan en práctica su memoria respecto de los derechos humanos”, dijo Belén Icazatti.
Era la mañana del viernes 23 de marzo. Al momento de la “reflexión” ante la bandera argentina, del que todos los estudiantes del Colegio Monseñor Audino Rodríguez y Olmos de San Juan deben participar, Micaela Lisola pidió la palabra.
“Quería hacer referencia al Día de la MEMORIA, contar brevemente qué había pasado el 24 de marzo de 1976 e invitar a sus compañeros a la marcha que el día siguiente se iba a hacer en la ciudad. Y la directora le dijo que no, que mejor hablara de la marcha del Día del Niño por Nacer que se realizaría el domingo siguiente en contra del aborto”, recordó ante este diario Belén Icazatti, la mamá de Micaela, y encargada de reconstruir la historia de censura que sufrió.
Micaela Lisola es representante de los colegios privados en el Centro de Estudiantes Unidos Secundarios (CEUS), aceptó esa propuesta. Subió al escenario y realizó la invitación a la marcha antiabortista, pero no bien acabó de mencionarla “sintió que le estallaba el corazón”, aseguró la madre “con las mismas palabras” que se lo contó la chica. No pensó mucho en las consecuencias y cumplió su propósito original. Habló de la dictadura, de los desaparecidos, de los robos de bebés, de las muertes e invitó a la marcha por el Día de la Memoria. “Les dijo a los chicos, que son cerca de 600, que lo que pasó les podría haber pasado a ellos si vivieran en esa época y leyó una frasecita que le había escuchado decir a un nieto recuperado: Sin memoria no hay identidad y sin identidad no hay Justicia”, detalló Icazatti.
Según el relato de la mujer, fue entonces que personal directivo del colegio “se le acercó y le pidió el micrófono y Micaela se lo negó porque le dijo que tenía derecho a hablar. Tras insistencias de parte de ellos, lo entregó y se bajó del escenario”.
“En el colegio no suelen hablar de estos temas. Es muy de derecha y conservador”, calificó Icazatti a la institución. Sin embargo, los hechos no terminaron allí. Icazatti contó que a su hija la llevaron a dirección, en donde le pidieron que se retractara.
“Micaela se negó a disculparse porque sintió que le habían faltado el respeto. Entonces le plantearon la Teoría de los 2 demonios respecto de la última dictadura y la retaron con que no era quién para hablar de esas cosas, que era chica y que no sabía lo que había pasado”, explicó la mamá.
Esa tarde leyó en el cuaderno de comunicaciones de su hija la notificación sobre la sanción que las autoridades del colegio le habían aplicado “por desobedecer” las indicaciones de la directora de no mencionar el Día de la MEMORIA.
Tras pedir sin éxito a las autoridades que retiren la sanción, Icazatti radicó una denuncia por discriminación ante el INADI de San Juan y presentó una carta ante el Ministerio de Educación provincial que generó el expediente número 300-03899-I-2012.
“Se trata de un acto discriminatorio y, además, de amedrentamiento al resto de los chicos. Todos tienen la mirada puesta en lo que le pasó a Micaela y la reacción de la escuela. Por eso nosotros lo consideramos una sanción disciplinadora para meter miedo. Es muy grave.”
POST SCRIPTUM
Le levantan las amonestaciones a la alumna censurada
viernes, 13 de abril de 2012
ASESINOS DE ESTETOSCOPIO Y PICANA

Una organización de derechos humanos estima que 1.200 profesionales de la salud actuaron durante la última dictadura cívico militar.
El tipo decidía la duración y el voltaje de la picana en la sala de torturas. Si hacía falta, podía hacer maniobras de reanimación para que los detenidos siguieran siendo interrogados. Al periodista Jacobo Timerman llegó a sostenerle la lengua para que no se ahogara mientras lo torturaban. Sus tareas no terminaban allí: también supervisaba los partos clandestinos de los centros que regenteaba Ramón Camps, su jefe, y hasta se ocupaba de entregar a los recién nacidos a familias “occidentales y cristianas”.
La ex detenida Adriana Calvo lo reconoció en democracia. Denunció que la hizo parir en un auto, atada de pies y manos, y que luego la obligó a limpiar la placenta y el piso de la sala en la que la colocaron al llegar al centro clandestino.
El médico Jorge Antonio Bergés, de él se trata, fue uno de los más grandes asesinos de la dictadura. No fue el único, claro.
Según un informe de la ONG «Médicos con Memoria», “no menos de 800 médicos militares y civiles y unos 200 enfermeros participaron de manera directa en el terrorismo de Estado”.
La entidad les suma a esta cifra a psicólogos y profesionales en maternidades y morgues judiciales, subiendo el número a “alrededor de 1.200 profesionales de la salud”. “Podríamos comparar –aseguran– la real dimensión de lo ocurrido en nuestro país con lo ocurrido y el papel de los médicos alemanes durante el gobierno de la Alemania nazi”.
«Médicos con Memoria» es un espacio que integran médicos, enfermeros, psicólogos, bioquímicos. “Trabajamos con organismos de derechos humanos de Córdoba y de Buenos Aires y organizaciones médicas de Uruguay, Chile, y la Asociación Médica Mundial”, dice a Miradas al Sur Carlos Ferreyra, uno de sus integrantes.
Ferreyra es un cirujano cordobés. Fue parte del Sindicato de Sanidad Ferroviaria entre el ’79 y el ’76. En paralelo, participaba de organizaciones universitarias y comunitarias. Un mes después del golpe, le aplicaron la Ley de Prescindibilidad como consecuencia de sus actividades gremiales. Lo separaron de sus cargos y de su trabajo. Luego siguieron las amenazas de muerte y el largo camino al exilio en Inglaterra.
Siete años como refugiado. Allí trabajó en su profesión y denunció lo que pasaba en la Argentina. También vivió y trabajó varios años en España. “Entendemos que más de 3.000 trabajadores de la salud fueron detenidos, la mitad de ellos están desaparecidos. Y el exilio encontró a más de 20.000 profesionales e investigadores de la salud argentinos que nunca más regresaron a la Argentina”.
“El Estado terrorista impuso su poder político-militar en todo el sector salud, con acciones sobre sus estructuras, programas y recursos humanos. Todos los ministros de Salud provinciales, municipales, los decanos de las facultades de Medicina, los directivos de obras sociales y hospitales sindicales fueron designados por sectores cívico-militares golpistas. Había un plan preelaborado al golpe, con intervenciones inmediatas, de mediano y largo plazo. La prioridad era eliminar del lugar de trabajo a los dirigentes sindicales. Eso se realizó en menos de un mes. Luego, el exterminio físico por secuestro y desaparición”, analiza Ferreyra.
–¿Cómo participaron los profesionales de la salud en la represión?
–Muchos médicos, enfermeras y psicólogos participaron en la asistencia médica directa de decenas de miles de detenidos en todos los hospitales públicos, universitarios y sindicales del país. La habilitación se bajaba desde los ministerios. La logística se hacía desde el centro de detención, coordinada por el oficial militar médico que llevaba el servicio o la cátedra en el hospital. Y los médicos del servicio, así como los residentes y agregados, todos participaron de la atención de estos compañeros secuestrados. Desde hacer pruebas de laboratorio hasta intervenciones quirúrgicas, incluyendo la realización de partos a detenidas embarazadas. Estos pacientes ingresaban en condiciones de absoluta seguridad, habitualmente por la noche, con soldados armados que se apostaban a las puertas de las salas de guardia, quirófanos, salas de internación. Los pacientes, la mayoría esposados y atados a las camas o camillas, algunos embozados. Un oficial no médico ordenaba a los médicos llevar adelante sus intervenciones, con su presencia en el sitio.
–¿Ejemplos de esta coordinación en el área de salud?
–Hemos detectado que en la Maternidad Nacional de Córdoba se hicieron más de 200 partos en esas condiciones. Con la asistencia de muchos médicos, que en aquellos años eran agregados o residentes. En esos médicos y en esas enfermeras está la información de esos 200 o más bebés que nacieron en esa maternidad clandestina. Y hay otras 30 maternidades en el país que actuaron clandestinamente. Otro ejemplo: el hospital provincial de Córdoba. Su morgue, de sólo seis plazas, llegó a tener en varios períodos de la dictadura cientos de cadáveres, puesto que la dictadura utilizó esos lugares para ocultar su faena humana. Para desembarazarse de tantos cuerpos se abrieron fosas clandestinas. Los médicos y las enfermeras de aquellos tiempos lo saben. Más de quince hospitales públicos actuaron como morgues clandestinas.
Para Ferreyra, el Estado terrorista también se concentró en desmantelar el sector público de la salud, “en consonancia con los requerimientos establecidos por los grupos concentrados de la salud del mundo y de Argentina”.
“En dos décadas el modelo neoliberal se instaló en la Argentina, primero a sangre y fuego, y luego destruyendo las relaciones económicas y corporativas, los colegios médicos y otras organizaciones. Esas áreas están hoy más interesadas en su propia existencia y la de sus dirigentes, a través de la realización del negocio de la salud, que en la construcción de un sistema de salud que recupere esa mística perdida y le devuelva al Estado su obligación y responsabilidad de cuidar la salud de los argentinos”.
El médico Ferreyra considera que el número de médicos procesados o detenidos es “aún muy pequeño en comparación al universo de médicos identificados o mencionados, por encima de 100, en las causas judiciales que por terrorismo de Estado se están llevando”.
“Hay otros 100 más identificados por sus víctimas o familiares. Además de los 30 que están en proceso, la mayoría, médicos castrenses. Sólo hay unas veinte condenas, y la mayoría no está firme”.
–¿Considera que están en el mismo nivel los médicos que actuaron de manera ilegal por miedo, y aún así fueron cómplices, con los médicos que participaron activamente de la represión?
–No somos una organización de la Justicia. Somos profesionales que queremos traer de nuevo la mística de la vida y la salud a nuestra profesión. El terrorismo de Estado destruyó esa mística desde el miedo. No puede haber salud si no hay compromiso. Al hacer el Juramento Hipocrático, nos comprometimos por la vida. No hay nada mas alejado de ese juramento que instrumentar una prestación en una persona que es rehén, que está atada, cautiva. Todos los médicos que participaron prestando sus servicios en hospitales públicos actuaron en complicidad, y no merecen nuestro respeto como pares. Han roto su juramento y no se han arrepentido en estos largos 36 años. Por supuesto, hay casos de crueldad infinita realizados por médicos y enfermeros, como los que administraron el pentotal antes de los vuelos de la muerte. Pero para nosotros todos los que participaron son torturadores, no importa la escala. Y no pueden formar parte de la medicina argentina. Por eso, «Médicos con Memoria» siempre pide perdón a la sociedad: perdón por la vergüenza de que una minoría de torturadores empañe esta profesión de vida, que tiene como misión precisamente trabajar contra el sufrimiento. Buscamos que las organizaciones médicas asuman sus responsabilidades y rompan el pacto de silencio. Sólo así comenzaremos a recuperar lo perdido.
Conferencia sobre el genocidio cultural
Los próximos días 13, 19, 26 y 27 de abril se desarrollarán las conferencias sobre “El genocidio cultural”, “La quema de libros por los Estados terroristas” y “Reparación nacional del libro, su autor y su editorial”.
Las jornadas se llevarán a cabo en la ciudad de Córdoba, organizadas por el espacio abierto Arde la memoria.
Para mayor información: ardelamemoria@gmail.com o (0351) 152 375 464.
lunes, 2 de abril de 2012
MALVINAS Y LOS PIBES



Hoy es feriado, tenés tiempo. No hay excusas. Largá el diario, la compu, la tele, y ponete con tu pibe, con la nena, con toda la familia, a pensar en Malvinas.
Empezá a explicarles, y que ellos te cuenten, qué significan esas islas, qué fue la guerra de 1982, la dictadura cívico militar, los desaparecidos, la destrucción del aparato productivo nacional, la deuda externa, la apropiación de nuestras riquezas por parte de las corporaciones transnacionales en alianza con la oligarquía local, la pérdida de la soberanía económica en manos del FMI y la banca internacional...
Malvinas no son dos pedazos de tierra vacía en medio del Atlántico sur, son un remedo trágico de la dictadura y el genocidio, de los falcon verdes y los pibes estaqueados en la nieve y el horror.
Malvinas fue el grano de pus que explotó en la cara de los cobardes generales Leopoldo Fortunato Galtieri y Mario Benjamín Menéndez, pero la infección siguió...
Aunque bajó la fiebre represiva, condicionó a la joven democracia enferma, tuvo unos picos de fiebre y grave recaída carapintada, le dieron el alta muy débil, con mucho neoliberalismo, y casi que se muere en 2001...
Y recién ahora se está recuperando, tomando fuerza, vigor soberano, independencia económica, justicia social. Nuestra Democracia recuperó a sus amigos de suramérica, que tenía olvidados, y ya no está más sola.
Malvinas nos enseña, nos recuerda, que a los pibes y pibas hay que cuidarlos, son el futuro, el presente y la historia...
miércoles, 1 de febrero de 2012
LA VERDAD TE HACE LIBRE

«Soy Ezequiel Rochistein Tauro y anteriormente era Vázquez Sarmiento».
Ezequiel está casado, es abogado, aunque durante un tiempo estudió Economía, como lo había hecho su padre biológico. Es hijo de María Graciela Tauro y del “Hippie” Jorge Daniel Rochistein, dos militantes de Montoneros desaparecidos el 15 de mayo de 1977.
Ezequiel nació en la ESMA. Su historia se conoció en septiembre de 2010, cuando después de diez años de intentos, la Justicia terminó de confirmar los datos de su filiación.
Él no quiso hacerse el ADN cuando se lo ofreció la jueza María Servini de Cubría y luego Rodolfo Canicoba Corral. Ezequiel, para entonces, era abogado civil de la Fuerza Aérea, el arma de su apropiador. Después de idas y vueltas, Canicoba ordenó un allanamiento en su casa. Se llevaron ropa que era de un amigo. Al final, terminó entregando prendas más personales, obligado, en el despacho del juez. Recién ahora, a mediados de diciembre, pidió la rectificación del documento de identidad.
Ayer, en la sala de audiencias del juicio por el plan sistemático de robo de bebés, habló corto. Y poco. Apretado. Cuando le preguntaron qué significó después de todo para él saber quién era, dijo: «Fue como sacarme varias mochilas de encima; la verdad, es complicado, pensás que sos una persona, pero sin embargo sabés que te tira para otro lado. Yo lo estoy procesando. Pero la verdad es que fue liberador...»
lunes, 9 de mayo de 2011
COMPLICIDAD Judicial en el ROBO de NIÑOS

La Justicia comenzó a meterse en un terreno hasta ahora poco explorado, más bien eludido, en las investigaciones sobre apropiación de hijos de desaparecidos: el de las adopciones con las que se intentó dar aspecto de legalidad a la entrega de niños nacidos en cautiverio o arrancados a sus padres secuestrados durante el terrorismo de Estado.
Es una pista que inevitablemente lleva también a indagar en la responsabilidad de los jueces que intervinieron en cada caso y que pone al descubierto cómo actuaron algunos de ellos que aún están en funciones.
El juez federal Norberto Oyarbide analiza ocho cajas de expedientes penales y tutelares sobre chicos supuestamente abandonados entre 1976 y 1983, que tramitaron en los tres juzgados de menores porteños. La Corte Suprema bonaerense está haciendo un relevamiento de guardas y trámites de adopción durante la dictadura, y ya informó a Abuelas de Plaza de Mayo sobre la existencia de 15 mil expedientes que servirán para cotejar información. La jueza de San Isidro Sandra Arroyo Salgado analiza legajos de 15 adopciones que tramitó la misma jueza que intervino en las de Marcela y Felipe Noble Herrera.
“Tenemos la expectativa de poder detectar el blanqueo de apropiaciones mediante mecanismos de adopción. La posibilidad de encontrar un nieto en esa búsqueda existe y es alta. De los 104 casos resueltos, el 30 por ciento fueron chicos robados por procedimientos de guarda y adopción”, señaló Alan Iud, abogado de Abuelas, a Página/12. A la vez advirtió que hasta ahora pocos jueces se han decidido a avanzar contra sus pares envueltos en esos trámites irregulares. “Sólo en Santa Fe se llegó a procesar al juez Luis Vera Candiotti por supresión de identidad”, agregó.
- Adopciones express
Simón Riquelo recuperó su identidad en 2002, cuando se comprobó que era hijo de Sara Méndez, uruguaya, secuestrada el 13 de julio de 1976 en su casa de Belgrano, en Buenos Aires, por un operativo conjunto del Plan Cóndor. A ella la trasladaron al centro clandestino de detención Automotores Orletti. A Simón, que tenía sólo veinte días, se lo llevaron. “No se preocupe, señora –le dijeron los hombres de civil, después de molerla a golpes–, al niño no le va a pasar nada, porque no es una guerra contra los niños.” Sara buscó a su hijo incansablemente, y lo encontró 26 años después. Se lo habían dado en adopción a Osvaldo Parodi, un subcomisario que habría estado vinculado con su propio secuestro, igual que el ex agente de la SIDE Eduardo Ruffo. El policía obtuvo en menos de un mes la guarda definitiva del chiquito.

¿Quién se la dio? El entonces juez de menores Gustavo Mitchell, actual integrante de la Cámara de Casación Penal.
El año pasado, un grupo de querellantes en la causa sobre el plan sistemático de apropiación de hijos de desaparecidos, encabezadas por María Isabel Chorobik de Mariani, fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, decidió denunciar penalmente al juez Gustavo Mitchell junto con la Secretaría de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires y la Fundación Anahí. En el pedido de juicio político ante el Consejo de la Magistratura también se presentó Hebe de Bonafini. Analizaron qué había hecho el juez al recibir la denuncia del abandono de Riquelo, hallado en teoría en la puerta del Sanatorio Norte –cerca de la casa de Sara– y cómo lo entregó a Parodi. No se hizo “la más mínima medida de investigación tendiente a localizar a los padres o la familia del menor secuestrado, y todo ello frente a la infinidad de hábeas corpus que en aquella época se presentaban”, decía la denuncia, que le tocó al juez Oyarbide, y que también pedía que se incautaran los expedientes penales y tutelares vinculados con supuestos abandonos de niños durante la última dictadura.
Oyarbide optó por empezar de la manera más amigable y mandó un oficio en el que pide en buenos términos la documentación a sus colegas de los juzgados de menores. Con este método recopiló unos cuarenta, que están en pleno análisis. El abogado Alejo Ramos Padilla, que representa a Chicha Mariani, querellante, le dijo a Página/12 que en un conjunto de expedientes de abandono de niños tramitados por Mitchell pudo observar el mismo mecanismo: “Llegaba la denuncia de abandono de los bebés, en ascensores, alguna iglesia, en un hall, donde fuera. En cuestión de horas o unos días el juez disponía hasta la guarda definitiva. La guarda provisoria a veces la daba en veinticuatro horas. Tenemos visto un expediente donde dos agentes de Coordinación Federal (centro clandestino de la Policía Federal) llevan un chiquito de dos días de vida al Hospital Elizalde. Pero el juzgado no realiza ninguna medida para ver de dónde salió ese chico o qué pasó con sus padres. Ni en éste ni en ningún trámite de los que pudimos ver”, advirtió Ramos Padilla. En el caso de Riquelo, agregó, en la primera foja hay una declaración de un policía de la comisaría 33ª, Vicente Caccaviello, que figura como quien encuentra al bebé. Sin embargo, cuando declaró en la causa contra Ruffo, dijo que ignoraba los hechos y que, si lo hubiera hallado él, obviamente “lo recordaría”.
- Estela
Hace dos semanas, durante el juicio sobre apropiación de menores, la titular de Abuelas, Estela Carlotto, contó ante el Tribunal Oral Federal 6 (TOF6) una anécdota escalofriante. Cuando buscaba a su nieto en 1978 –relató– acudió a la Casa Cuna porque sabía que había allí una beba cuyos datos y fecha de nacimiento podían coincidir con los del bebé que había dado a luz su hija Laura durante su cautiverio, después del cual fue asesinada. La beba, le dijeron, sólo había estado dos días ahí, pero Estela pudo ver los papeles que decían que el juez era el juez Gustavo Mitchell. Intentó que la atendiera, pero él le mandó un mensaje a través de un emisario: “El doctor dice que se cuide; por lo que usted hace podría aparecer en una zanja”. Años más tarde, Carlotto supo a través de ex detenidas que su nieto era varón. Todavía lo busca. Su reciente testimonio dio lugar a que el TOF6 derivara denuncias al juzgado de Oyarbide y al Consejo.
El abogado Ramos Padilla había hecho una presentación que incluía ese mismo relato de la presidenta de Abuelas publicado en el libro Botín de guerra, donde además decía que en la Casa Cuna a la nena la llamaban María Julieta. Ramos Padilla sostiene que es Julieta Treviño, a quien Mitchell dio en guarda para su adopción a unos parientes suyos, también “en forma expeditiva”. Además, el abogado había cuestionado a su vez a dos funcionarios judiciales que fueron secretarios de Mitchell durante la dictadura. Uno de ellos, José Allevato, lo sucedió más tarde al frente del juzgado. Con el menemismo fue director de Asuntos Jurídicos de la SIDE. El otro, José Martínez Sobrino, integra el TOF6 que lleva adelante el juicio por robo de hijos de desaparecidos, pero por esta denuncia quedó afuera del caso.
- Jueces y jueces
Desde que Carlotto volvió a poner el tema en el tapete, la causa de Oyarbide recuperó envión. Por lo pronto ella está citada para dar testimonio este miércoles, dijeron allegados a la causa. Abuelas se presentó como querellante. Pero además, el juzgado resolvió mandar oficios para chequear la nómina de todos los jueces y secretarios que estuvieron al frente de los juzgados de menores durante el terrorismo de Estado. Mitchell, por su parte, hizo una presentación en la que dice que entre 1976 y 1983 habrá tramitado unas cuatro denuncias de bebés que eran denunciados como “NN”, abandonados, al año.
También se presentó, de manera espontánea y con un escrito, la actual jueza federal María Servini de Cubría, que fue jueza de menores todo el período investigado. “Quiero aventar toda sospecha sobre mi actuación como magistrado en las causas en las que se involucraba a menores abandonados, tanto durante la dictadura militar, como en los gobiernos civiles constitucionales que lo precedieron y sucedieron en mi gestión de juez”, dice. “Arbitré todos los medios entonces a mi alcance para dar con los familiares de los niños encontrados y cuando pude dar con los mismos, dispuse su inmediata entrega”, agrega. Servini cuenta dos casos de bebés que aparecieron con cartelitos, uno que decía que era hijo de un miembro de Montoneros, y otro que decía su nombre, Emiliano Hueravilo. En ambos casos encontró a los abuelos con solicitadas en los diarios. Más allá de su autodefensa, Servini le avisa a Oyarbide que debería encontrar en la caja fuerte de su ex juzgado algunos expedientes que podrían dar pistas fuertes sobre apropiaciones de hijos de desaparecidos. “Ordené resguardar las actuaciones de mayor relevancia en el ámbito más seguro y reservado”, informa, con lo que deja en evidencia que los jueces sabían perfectamente de dónde podían venir esos chicos que aparecían como por arte de magia y terminaban en hospitales pediátricos.
El expediente a cargo de Oyarbide todavía está en sus inicios. “Es una investigación necesaria”, remarcó el abogado Iud. Del mismo modo, contó que el año pasado le pidieron a la Corte bonaerense un relevamiento de expedientes de adopción en la provincia de Buenos Aires, con la intención de tener datos sistematizados y accesibles sobre posibles jóvenes apropiados para cotejar con su propia información. En una acordada, ese tribunal resolvió revisar archivos y libros de mesa de entradas y, luego, al menos 15 mil expedientes.
En Capital, Ramos Padilla dice que muchos expedientes tutelares fueron destruidos, quemados, ya en democracia con la excusa de falta de espacio. Sin embargo, agrega Iud, había una acordada de la Corte Suprema que ordenaba preservarlos.
La semana pasada, la jueza Arroyo Salgado, en el contexto de la causa sobre el origen de Marcela y Felipe Noble Herrera, dispuso relevar 15 expedientes de menores anotados como “NN” que tramitaron en el juzgado de Ofelia Hejt (fallecida), la misma jueza que los entregó como hijos adoptivos a la dueña de Clarín.
Ramos Padilla sostiene que el expediente que instruye Oyarbide es “la demostración, a partir de Mitchell, de la complicidad judicial, que aún existe, con el sistema perverso establecido para consolidar la apropiación de niños, mediante el robo de su historia, su origen, su identidad y la entrega a los apropiadores a través de un marco de supuesta legalidad judicial”.
jueves, 17 de marzo de 2011
DERECHOS HUMANOS Y AMENAZAS

La directora de la Escuela 1 Antonio Dellepiane, del barrio porteño de Villa del Parque, sufrió amenazas telefónicas en el colegio y en su domicilio, en las que fue llamada "terrorista" por su enseñanza de derechos humanos, y recibió el apoyo de los ministros de Educación nacional, Alberto Sileoni, y porteño, Esteban Bullrich.
Ambos ministros participaron de una reunión con supervisores, directivos, docentes y personal no docente de la escuela, y se comsensuó "informar a los ministerios de Seguridad y de Justicia de la Nación sobre lo sucedido para que avance la investigación".
La directora Silvia Beatriz Avagnina fue quien recibió las amenazas, incluso de muerte, en reiteradas oportunidades, "a través de llamados telefónicos tanto en el colegio como en su domicilio particular".
A pesar de las amenazas, la docente asegura que está decidida a continuar con el proyecto educativo. “Los derechos humanos nos atraviesan en todos los actos de nuestra vida. Aquí estoy y voy a seguir trabajando por lo que sé hacer que es ser maestra, siempre luché con mucho amor para que los chicos salieran adelante”.
Hace 31 años que Silvia Beatriz Avagnina es docente. Fue maestra en escuelas de la villa 20 de Lugano y la 21-24 de Barracas, en una experiencia que recuerda como de las mejores. En estos momentos, trabaja en la recuperación de la historia institucional del colegio Dellepiane.
Está realizando un documental, junto a sus alumnos, utilizando herramientas del periodismo de investigación. “Buscamos saber por qué el vínculo de la escuela con la comunidad ha sido tan fuerte en estos años”, señala. Sobre la currícula aclara que la escuela no se ha movido de lo que prescribe la ley. Y destaca la respuesta de los alumnos a partir del aprendizaje de temas vinculados con los derechos humanos.
“En una excursión que hicimos al Parque de la Memoria, los alumnos se acercaron a las placas con los nombres de los desaparecidos y las acariciaban”, recuerda. En el marco de los festejos por el Bicentenario, la escuela organizó una muestra donde los chicos hablaban con sus padres sobre un documental basado en la historia de un joven que quería conocer su historia. Esa experiencia, según la docente, buscaba que la comunidad conociera cuáles eran los pasos a seguir para aquellas personas con edad para ser hijos de desaparecidos y con dudas sobre su identidad.
Entre las amenazas, la directora recibió la advertencia para que "dejen de enseñar temas de terrorismo" y para que "dejen de lavar los cerebros de los chicos". Además, se refirieron a la directora como "terrorista" y le advirtieron que la "matarán a ella y a sus hijos".
La semana pasada, ante estos hechos, comenzó a intervenir la cartera educativa porteña a través de Ana María Ravaglia, subsecretaria de Inclusión Educativa, y el supervisor escolar del Distrito Escolar 17.
"La profesora Avagnina recibe atención, contención y asesoramiento de la dirección de Atención y Asistencia a la Víctima de la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Ciudad", a cargo de Edgardo Berón.
Además, se abrió una causa en la que interviene la Fiscalía Nacional en lo Criminal de Instrucción número 38, de la Ciudad.

Alberto Sileoni manifestó que "es necesario defender y preservar a Silvia y a toda la comunidad de esta escuela".
El ministro sostuvo que "el objetivo de las intimidaciones que está recibiendo Silvia de manera personal y la institución en general es quebrantar la voluntad de los educadores de trabajar en las aulas temas vinculados a los derechos humanos" y, en ese sentido, les pidió que "no claudiquen, porque no están solos".
La Ley de Educación Nacional 26.206, sancionada en 2006, establece en su artículo 92 que, entre otros temas, "formará parte de los contenidos curriculares comunes a todas las jurisdicciones el ejercicio y construcción de la memoria colectiva sobre los procesos históricos y políticos que quebraron el orden constitucional y terminaron instaurando el terrorismo de Estado".
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