Muchas de las fotos de este blog son de Ramiro Sisco con la comunidad Pilagá, en Las Lomitas, provincia de Formosa, Argentina.

miércoles, 15 de abril de 2020

FEMINICIDIOS DURANTE LA CUARENTENA



América Latina en emergencia: la pandemia de violencia machista recrudece con la pandemia sanitaria

El aislamiento aumenta la violencia de género. En España dispusieron que las víctimas puedan ir a hoteles y que estén protegidas las trabajadoras de los centros de acogida. En México aumentaron un 50% las denuncias de violencia y piden fondos para sostener los refugios. En Paraguay piden que se abran centros para que las mujeres puedan pasar la cuarentena igual que se abrieron hoteles para quienes llegaban de Europa.



La pandemia machista recrudece con la pandemia sanitaria. Ya el Coronavirus está en toda América Latina. Las medidas para que la población se quede en casa varían desde aislamiento social obligatorio, recomendaciones para salir lo menos posible, toques de queda a partir de la tarde, divisiones entre varones y mujeres (sin contar a las personas LGTTB y con esquemas sexistas cuestionables) para habilitar días de permiso y restricción y cuarentenas que podrían llegar a extenderse o ser intermitentes.

La violencia de género y los feminicidios ya son una pandemia. Pero ahora crecen por el encierro. La situación es de emergencia y requiere de medidas excepcionales. La violencia doméstica se potencia en la convivencia con un maltratador y en las dificultades para pedir ayuda.


Las llamadas al 144 aumentaron un 60 por ciento, desde la Provincia de Buenos Aires, a partir de la cuarentena.

Por eso, en España el gobierno generó un fondo de ayuda para que las víctimas puedan ir a pasar el aislamiento a hoteles; en México las organizaciones piden fondos para poder sostener los refugios; y en Argentina se tomaron medidas como pedir un “barbijo rojo” para que se brinde ayuda en farmacias.

En algo se parecen la Covid-19 y la violencia machista: es un fenómeno global y afecta a todos los sectores culturales y clases sociales. Pero si las mujeres quedan desamparadas o la policía les dice que no las puede atender, que no las puede proteger o se cortan las redes para pedir ayuda o salir de la violencia en sus propias casas el peligro crece.


En Argentina, el 5 de abril, el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación (MMGyD) aclaró que las mujeres y personas LGBTI+ están exceptuadas de mantener el aislamiento para poder realizar la denuncia o requerir asistencia en situación de violencia por motivos de género. "

Si bien el decreto 297/2020 a través del cual el Poder Ejecutivo dispuso el aislamiento social, preventivo y obligatorio para hacer frente a la situación epidemiológica y mitigar el impacto sanitario de la COVID-19, ya contemplaba esta posibilidad bajo la figura de “motivos de fuerza mayor”, a través de esta normativa se clarifica y protocoliza la disposición con las fuerzas de seguridad que se encuentran realizando los controles de circulación", informaron desde la cartera que conduce Elizabeth Gómez Alcorta.

Pueden aumentar los femicidios, como el de Cristina Iglesias y su hija Ada en Monte Chingolo; pero también las lesiones, violaciones y traumas psicológicos para ellas y sus hijos e hijas se van a multiplicar.

“No se trata solo de un tema de salud pública sino de desigualdad de género. La mayoría de latinoamericanas trabajan en la informalidad y se ocupan, sin recibir remuneración por ello, de los trabajos de cuidados de los que ahora dependemos más que nunca. Además, ahora que se ven obligadas a quedarse en casa, corren un mayor riesgo de sufrir violencia”, señala Asier Hernando, director de programas de Oxfam en América Latina y el Caribe.

La escritora y activista española Coral Herrera Gómez escribió: “En quienes más pienso es en las mujeres que conviven con sus agresores, antes atrapadas por la dependencia económica y la emocional, o las amenazas de muerte de él si decidían separarse, y que ahora están encerradas con ellos sin posibilidad de hablar con su familia o amigas sobre el infierno que están viviendo. Pienso también en sus hijos, hijas y y el miedo que deben de sentir todos ante los estallidos de ira con violencia, el miedo a que un mal golpe mate a su madre”.


Guadalupe tenía 8 años y fue asesinada. Está detenido su primo por el crimen


“Estos días estalla la demanda”, subraya Estela Díaz, Ministra de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la Provincia de Buenos Aires. Y señala que los pedidos de ayuda en casos de violencia de género a la Línea 144 en territorio bonaerense aumentaron un 60 por ciento del 20 al 26 de marzo.

En territorio bonaerense solo hay 2 hogares a cargo del gobierno provincial. Pero alrededor de 56 dependientes de cada municipio. En algunos casos las condiciones de hábitat y de recursos son muy buenas y, en otras,, los lugares están muy deteriorados y brindan una atención deficitaria.

En todo el país hay 120 refugios o establecimientos que pueden albergar mujeres víctimas de violencia y que dependen de las provincias, los municipios u Organizaciones No Gubernamentales (ONG).

El aislamiento es necesario para la salud pero peligroso para las víctimas de violencia de género. En la cuarentena obligatoria aumenta el riesgo para las mujeres que sufren violencia. Pero además se dificultan sus posibilidades de denunciar y el acceso a redes laborales, comunitarias, familiares y amistosas que puedan ayudarlas.

Por eso, los refugios para que puedan ir a vivir (que habitualmente tienen que ser un recurso extremo para que no sean las víctimas las que terminen encerradas y los violentos libres) se hacen imprescindibles.

El efecto Coronavirus demuestra que, si bien no pueden ser la única política pública, los hogares para que vivan mujeres y trans y sus hijos e hijas son insuficientes. Y que, si la situación se extiende, hay que generar espacios de emergencia para que ninguna víctima corra riesgo de vida, sea violada o maltratada mientras dura la emergencia sanitaria.

También se debe exceptuar a las víctimas de violencia de género de la imposibilidad de circular para que no tengan miedo de salir de sus casas, ir a denunciar, pedir ayuda por el temor a ser detenidas por infringir la cuarentena. Y las fuerzas de seguridad deben estar alertadas que no coarten a una mujer que necesita salir de un lugar de riesgo.

Los hogares tienen que ser un recurso de extrema necesidad y cuando ya no hay otras alternativa. Las victimas siempre pueden quedarse en sus casas (aunque sean propiedad del maltratador) que debe ser excluido del hogar o encontrar redes familiares y comunitarias que no las institucionalicen. “Siempre se apunta a la red personal, familiar, comunitaria que pueda acompañar antes que ir a un hogar. Pero estos días se aceleraron casos muy fuertes”, apunta Díaz.










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