Muchas de las fotos de este blog son de Ramiro Sisco con la comunidad Pilagá, en Las Lomitas, provincia de Formosa, Argentina.
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lunes, 24 de diciembre de 2012

Caperucita, Blancanieves, Pulgarcito







Llego aquí y el país está envuelto en una fiesta. Doscientos años de la aparición de los Cuentos Infantiles y Hogareños de los hermanos Grimm. Sí, algo para festejar, para alegrarse, para llevarles flores a esos dos bondadosos hermanos que concibieron nada menos que escribir cuentos para niños. Y los escribieron. Y estarán siempre en el recuerdo de todos.

Me acuerdo cuando mi padre nos trajo un libro con el increíble título y hermosos dibujos: Cuentos para niños. No podíamos creer. Desde ese día comencé a soñar, a mirar el mundo con otros ojos. Tenía siete años y vi que se me abría otro paisaje distinto en la vida. El de la imaginación, el de los sueños. Que había otro mundo. Que existían hadas, bosques, sueños, fantasías, que era posible navegar con la imaginación por todos lados y visitar todos los lugares escondidos. Personajes para soñar, para imitar. De pronto allí, la bondad descrita, el triunfo de los débiles: Caperucita Roja, Pulgarcito, la Cenicienta, la Bella Durmiente..., la Madre Nieve, el Sastrecillo valiente... Vuelven a mí los personajes que me acompañaron en los sueños de toda la infancia.

Fue la mejor escuela. Y también recuerdo cuando mi padre me llevó a la biblioteca de Belgrano por primera vez. Había una habitación con libros de cuentos para niños... Ahí estaban también los de Andersen, los de Perrault... No lo podía creer. Recorrer las tapas con los ojos sorprendidos y la boca que no podía cerrar de pura sorpresa. “Ya no es necesario jugar”, me dije, con un libro de ésos bastaba y sobraba para pasarla bien, gozar, jugar con los personajes y, principalmente, soñar. Esos libros me hicieron aprender a soñar. Sí, y lo dicen los hermanos Grimm en el prólogo de su libro en los Cuentos para niños: “Toda poesía legítima tiene valor cuando demuestra que no puede ser sin estar relacionada con la vida. Porque ella se ha originado en esa vida y regresa de nuevo hacia ella. Como las nubes hacia su lugar de nacimiento luego de que han regado la tierra”.

Así de profundos eran. Como en su búsqueda de los cuentos infantiles. Se basaron en todas las leyendas que contaban las abuelitas en los lugares más alejados. Querían salvar así una tradición que podría perderse con el tiempo. Y ahí quedaron. Hace doscientos años, en 1812, apareció la primera edición de sus Cuentos para niños y salieron 900 ejemplares a la luz. Mientras tanto se han traducido a 170 idiomas y es sin duda uno de los libros más editados en la historia del ser humano.

Los hermanos Grimm nacieron en 1785 y 1786 en Hanau, una pequeña ciudad en el estado de Hesse, en Alemania. Y son autores también del primer diccionario de esa lengua.

En su ciudad natal se levanta un artístico monumento a la memoria de ellos en la plaza central. Feliz una ciudad que tiene un monumento nada menos que a los autores de un libro de cuentos para niños y no a un hombre con armas o a alguien que usó del poder para llegar a la fama. Un ejemplo para aprender. Porque además, como reconocimiento a quienes nos trajeron desde chicos personajes para soñar, divertirnos o aprender, se ha diseñado en este país un circuito verdaderamente extraordinario: “La ruta de los cuentos alemanes”. Se parte desde Bremen, donde en el centro de la ciudad se representan cuentos de esos autores. De allí a las ruinas del castillo de Everstein, donde se representa el cuento La Cenicienta. Y de allí se pasa por doce lugares escenarios de esos relatos, donde se van representando los más conocidos cuentos de los hermanos Grimm. Hasta llegar a Hanau, su lugar de nacimiento, donde se termina con un festival del cuento infantil.

Mismo en la ciudad de Hanau se proyecta construir un museo llamado El mundo de los hermanos Grimm, en el cual se expondrán todos los ecos mundiales que tuvieron sus cuentos, los dibujos en interpretaciones distintas de sus personajes, los iconos, estatuillas, las diversas ediciones mundiales de sus libros. Va a ser un centro verdadero, además, de la literatura infantil y de todos sus progresos y distintas direcciones artísticas que tomaron sus personajes desde que fueron creados.

–Buenos días, Caperucita Roja –la saludó el Lobo.

–Muchas gracias, Lobo.

–¿A dónde va, tan temprano ya afuera, Caperucita?

–Voy a visitar a mi abuelita.

–¿Qué llevas debajo del delantal?

–Torta y vino, ayer nosotras amasamos y ahora tengo que llevárselos a la abuela enferma y débil para que se mejore y se ponga fuerte...

Así comienza el diálogo entre Caperucita y el Lobo que terminará cuando el Lobo le responde a la pregunta de ella: “¿Por qué tienes una boca tan grande?”, nada menos que con estas palabras: “Para comerte mejor”.

Pero en todos los cuentos de los Grimm triunfarán finalmente siempre los más débiles y los más inocentes, dejándonos una moraleja.

En nuestro recuerdo van desfilando. La Cenicienta, El Sastrecillo valiente, El Gato con botas, Hänsel y Gretel, La Bella durmiente, Blancanieves y los siete enanitos, La zorra y los gansos... y tantos otros.

Günther Grass, el Premio Nobel de Literatura, ha escrito un libro inolvidable, pleno de cariño y admiración. Se llama Las palabras de los Grimm, y lleva este subtítulo: “Una declaración de amor”. Y termina su libro describiendo la Alemania derrotada después de 1945. Todo es destrozo y ruina, dolor, el resultado de la estupidez humana que nada ha aprendido a pesar de sus experiencias, guerras perdidas, millones de jóvenes muertos, madres desoladas, niños que nos miran. Un paseo final que pueden dar un siglo y medio después esos dos sabios hombres llamados los hermanos Grimm. Con sus cuentos infantiles y sus metáforas bien escondidas pero siempre presentes. Hubiera sido por demás mordaz si en ese escenario se hubiesen encontrado los hermanos Grimm con el filósofo Kant, llevando éste en sus manos un ensayo sobre “La Paz eterna”. Y después de ello decidieran hacer una visita de consulta a Freud.

Y volvemos a remarcar los cuentos infantiles. Ahí están las semillas de las ilusiones y de la curiosidad. Para que crezca una planta bien verde y de coloridas flores. Escuelas con los nombres de los hermanos Grimm y sus personajes. Caminos para entrar en los sueños. Pensar más en los niños, en el futuro. Blancanieves nos espera, Caperucita Roja nos trae ilusiones, Pulgarcito nos muestra sonriente los lados de la bondad y el participar, el Gato con botas no se hace ya el mandón sino que recorta pedacitos de pan para las lauchitas, la Bella durmiente nos habla de lo que puede significar el amor eterno.

Soñar, por lo menos, los domingos al atardecer.



(desde Bonn, Alemania)

miércoles, 18 de enero de 2012

GALEANO EN CASA DE LAS AMÉRICAS





Eduardo Galeano, escritor y periodista uruguayo, junto a Roberto Fernández Retamar, presidente de la Casa de las Américas, durante la presentación del Jurado del Premio Casa, en su edición 53, en La Habana, Cuba, el 16 de enero de 2012...

Tras pronunciar las emotivas palabras de inauguración del Premio Casa de las Américas 2012, Eduardo Galeano hizo una tregua con su agenda y cedió algunos minutos a la prensa:

“Es una visita muy cortita, lamentablemente. Me hubiera gustado haberme quedado más tiempo pero pude reencontrarme con viejos amigos, que nos seguimos queriendo como si el tiempo no hubiera pasado, y también pude recorrer más a fondo a La Habana, que es un placer aparte. Ya lo había hecho antes, en compañía de EusebioLeal, ‘El Creador’ y esta vez pude confirmar que se merece un capítulo del Génesis para sustituir al de la Biblia, porque Dios hizo al mundo en una semana, pero este en pocos años ha hecho La Habana Vieja, que no es ‘moco de pavo’.

Se merece un texto sagrado que reconozca la labor creadora de ese loco lindo que con tropical locura ha hecho el hermosísimo barrio de La Habana, que parecía condenada a la ruina, y que él la levantó y con ese impulso creador que tiene logró multiplicarla, descubriendo la energía que yo no sabía que contenía. Eso fue lo más alentador que encontré, aparte de lo de siempre que es la Casa de las Américas, que como dije en esas palabritas recientes, también es mi casa.


I
Cuba está viviendo un período, más que un momento, un período apasionante de cambios.

Creo que eran cambios que la realidad fue incubando, que no nacieron como Atenea de la cabeza de ningún dios, nacieron de la energía acumulada por una sociedad que es capaz de cambiar, y esa es la prueba de que está viva. Es evidente que se había llegado por un camino que tuvo su sentido y fue impuesto por las circunstancias, porque la Revolución Cubana hizo lo que pudo y no lo que quiso; a raíz del bloqueo y mil y una formas de límites impuestos desde afuera al desarrollo de su energía creadora, hasta llegar a los días de ahora, intentando heroicamente comunicarme por Internet desde el hotel donde estoy.

“Percibo una indudable buena voluntad de todos por ayudarme pero hemos chocado siempre con los problemas derivados de una de las formas de bloqueo, el bloqueo de las comunicaciones, que rara vez se menciona pero es muy importante. Entonces, me he topado con ese cartelito de ‘You want to enter from a forbidden country’, ‘Usted quiere entrar desde un país prohibido’. Yo pensé, ‘que orgulloso estoy de ser casi compatriota de los habitantes de ese país prohibido’, porque el asunto está en preguntarse, ‘¿prohibido por quién?, ¿prohibido por qué?’. Quizás prohibido porque a pesar de todas sus contradicciones y dificultades sigue siendo un ejemplo de dignidad nacional para los otros países, a veces ninguneados, pobres, pequeños, que no tienen derecho al patriotismo porque el patriotismo es el privilegio de los países mandones, de los ricos, de los poderosos, que son los que juzgan a los demás y dictan sentencia. También prohibido por el peligroso ejemplo de la solidaridad, porque Cuba ha sido y sigue siendo capaz de practicar, a pesar de sus condiciones de vida muy difíciles. Yo creo que esos dos contagios han puesto tantas trabas, tantos palos en las ruedas de los procesos de cambio que esta Revolución necesita llevar adelante y que de ahí viene lo de ‘forbidden country’, ‘país prohibido’. Si es por eso yo también quiero ser prohibido, como el país donde estoy.


II
Espejos intenta recuperar el arcoíris terrestre

“Mañana voy a leer algunos fragmentos, relatos cortos de un libro que se va a publicar ahora en Cuba, que debería haber salido ya pero los imprenteros no cumplen; en ningún país del mundo cumplen. Muy buena gente, a mí me apasiona el oficio de impresor. Si hubiera nacido en otras vidas hubiera querido ser Gutenberg, o alguno de los chinos que precedieron a Gutenberg, porque el arte de la impresión me enloquece y la he practicado desde siempre en Montevideo, en Buenos Aires, en otros lugares. Pero a pesar de que reconozco y quiero a los profesionales de la impresión, también sé por experiencia que nunca cumplen, entonces si te dicen octubre habría que precisar de qué año, porque nunca está claro, y parece que el libro no está listo. Ojalá lo esté para mañana.

“Se llama Espejos; es nada menos que una tentativa de escribir una historia universal con el mundo visto desde el ojo de una cerradura, a través de pequeñas historias, historias chiquitas que no hacen caso de las fronteras del mapa ni del tiempo, y que intentan contribuir a la recuperación del arcoíris terrestre. Yo soy de los que creen que el arcoíris terrestre es más bello y deslumbrante que el arcoíris celeste, pero estamos ciegos de esos colores, esos colores que nos demuestran que somos más de lo que nos dicen que somos, porque cargamos una herencia de mutilaciones, que viene de la época colonial y sigue viva; mutilaciones universales, como por ejemplo, el machismo, el racismo, el militarismo y otros ismos que nos dejan ciegos de nosotros mismos. Este libro intenta recuperar esos colores, esos fulgores.

“Después voy a leer algunos pedacitos de otro libro que todavía no se ha publicado pero que va a salir espero que en marzo en España, Uruguay, Argentina y México. Se llama Los hijos de los días, y se parece bastante a Espejos, está guiado por la misma intención de recuperación del arcoíris terrestre, pero tiene una estructura diferente. Es como un calendario, y a cada día corresponde una historia que puede haber ocurrido en cualquier año y en cualquier lugar del mundo, pero de ese día. Entonces se mezclan cosas que ocurrieron doscientos años antes de Cristo con cosas que ocurrieron el año pasado. A cada día corresponde una historia, y se llama Los hijos de los días porque yo había guardado desde hacía años algunas cosas que escribí cuando estaba en Guatemala, hace muchos años, allá por el año 66 o 67, y tienen que ver con la cultura maya, que es deslumbrante; es una cultura donde el tiempo funda el espacio. Yo había intentado hacer una síntesis de lo que había escuchado en las comunidades para ver si alguna vez podía ayudar a que el mundo se asomara a esas cosas. Por cierto, es una cultura muy manipulada por quienes la han usado de mala manera, no los mayas, sino los que la han usado para vender horóscopos falsos o para vender miedo, con toda esta historia de que los mayas dijeron que en el 2012 se acaba el mundo; es un disparate total, nunca ningún maya dijo semejante cosa.

Yo había tomado algunas anotaciones, algunas síntesis y las guardé. Ahora una de ellas sirve de introducción a este libro, y dice algo como esto:

“Y los días se echaron a caminar, y ellos, los días, nos hicieron a nosotros. A nosotros los hijos de los días, los averiguadores, los buscadores de la vida.”



III
Roque fue asesinado por ser como era

Roque fue mi amigo y para mí ese es un nuevo capítulo de la historia universal de la infamia (refiriéndose a la reciente exoneración de los culpables del asesinato de Roque Dalton), a la cual tanto ha contribuido y sigue contribuyendo nuestra América Latina. Lamentablemente, otro capítulo más que agregar a los muchos que nuestros amos han ido redactando, y en el caso de Roque es un escándalo. Roque fue asesinado por ser como era, un tipo con un evidente, notorio, sentido del humor y del amor, muy ‘jodón’, muy divertido, y era absolutamente incapaz de obediencia. Fue asesinado por algunos de sus compañero de la guerrilla de El Salvador, que para mí son criminales, porque creo que son tan criminales los revolucionarios que matan para castigar la discrepancia como los militares que matan para perpetuar la injusticia.”



IV
No queremos morir ni de hambre ni de aburrimiento

“Se ha trabajado en la búsqueda de la unidad que es un camino que se pueda discutir, diría que es imprescindible unirse en un mundo en el que hay que saber defenderse y solo unidos nos podemos defender, pero a sabiendas de que son procesos muy complejos, porque el motor de la vida es la contradicción. Queremos una unidad latinoamericana sin desconocer que América Latina es también un espejo de las desigualdades del mundo, y muchas veces esas desigualdades se proyectan de mala manera entre los países latinoamericanos. No se trata de que el Norte es malo y el Sur es bueno; los dos tienen contradicciones y si no entendemos o tratamos de comprender esas contradicciones no las podremos superar para construir una síntesis diferente. Las contradicciones existen, por eso es tan difícil que nos pongamos de acuerdo en cosas tan obviamente necesarias, como esta iniciativa de Hugo Chávez que es el Banco del Sur y cuesta llevarla adelante justamente por esas contradicciones que hay entre los países más poderosos y más débiles dentro del propio espacio latinoamericano.

Pero a la contradicción no hay que tenerle miedo, es el motor de la vida; somos contradictorios, por eso estamos vivos. Esa unión de diversidades es compleja, pero será la única manera de reconocernos a nosotros mismos en todas nuestras infinitas posibilidades de creación y de cambio, a partir del reconocimiento de la diversidad, a partir de la celebración de la cantidad de mundos que el mundo contiene, que es lo mejor que el mundo tiene, y lo mejor que nosotros tenemos. Por suerte somos diversos; más de un iluminado en un debate público me decía ‘qué tanta América Latina, ni América Latina. ¿Qué tiene que ver un argentino con un haitiano?’. Y yo lo miraba con lástima, con pena. Pobre hombre, el no sabe que lo mejor que te puede ocurrir es ser diverso, y nuestra gran virtud es que contenemos todos los colores, los olores del mundo en América Latina, en la diversidad latinoamericana. Si no estaríamos condenados a aceptar lo que el sistema nos obliga a obedecer, ‘a ver, elige, ¿de qué quieres morir, de hambre o de aburrimiento?’. Yo creo que tenemos que contestar, ‘no queremos morir, ni de hambre ni de aburrimiento’.






V



viernes, 13 de enero de 2012

SUPERHOMBRES CALVOS, MUTANTES y Afines






A pesar de que muchos esperaban que él, que había indagado nuestro origen, dijera algo acerca del futuro de la humanidad, Darwin siempre fue muy prudente. Apenas sobre el final de El origen del hombre admitió que “podemos tener esperanzas de alcanzar un destino aun más elevado en un remoto porvenir”.

Más dispuesto a opinar estaba en cambio su colega Russel Wallace, quien por sus convicciones socialistas confiaba en el progreso moral, y por sus creencias espiritistas soñaba con el desarrollo futuro de nuevas facultades mentales.

Fue el propio Wallace quien esbozó una polémica con la madre de la Teosofía, Mme. Blavatsky. La profetisa rusa decía estar en condiciones no sólo de anticipar el futuro del homo sapiens sino de hablar del Superhombre que nacería en América, y hasta del ser que le sucedería antes de que acabara el presente ciclo cósmico.

A pesar de la cautela de Darwin y Wallace, a fines del siglo XIX la idea del Superhombre ya estaba circulando por toda Europa, y Nietzsche no era el único en hablar de eso. Si la evolución aparecía como un proceso de creciente complejidad y conciencia que venía desde los protozoarios, no había razón para suponer que el hombre no seguiría evolucionando.

Mientras que Darwin y Wallace no preveían cambios físicos radicales en el hombre, H.G. Wells se lanzó a imaginarlos, para lo cual no hizo más que extrapolar las tendencias de la vida civilizada.


EL ENANO CABEZON

Wells fue quien creó el modelo más popular de “hombre del futuro”. Desde entonces no han hecho más que imitarlo, y han recurrido a él a la hora de imaginar a los extraterrestres. Ocurre que éstos siempre fueron pensados como sobrehumanos, por su capacidad para viajar por el espacio. Pero hoy que estamos en condiciones de hacerlo nadie diría que nos hayamos superado demasiado.

Cuando escribió El hombre del año Un Millón (1893), Wells pensaba que la tendencia al sedentarismo, junto a la reducción del trabajo y la actividad física, iría acentuándose, y estaría acompañada por una creciente actividad intelectual.

El prototipo de Wells tenía una enorme cabeza ovoide y un rostro apenas esbozado. Por sus condiciones artificiales de vida apenas haría uso de la nariz, las orejas y la boca, pero tendría ojos prominentes, desarrollados gracias al estudio. Entre otros vestigios animales habría perdido el vello corporal y el pelo.

Desde entonces fue inevitable que casi todos los superhombres de ficción fueran calvos. De hecho, ya hay mucha gente que ha comenzado a afeitarse la cabeza, y aunque se nota cierta tendencia a hipertrofiar la oreja y el dedo, por el uso del celular, no hay que temer otras cosas, porque la gente dedica más tiempo a endurecer los glúteos que a ejercitar el cerebro.

Dotado de gran cabeza y manos diestras, el hombre de Wells tenía un cuerpo que difícilmente podría sostenerlo, con sus flojos músculos y sus piernas de pájaro. Para resolver el problema, Wells hizo que viviera sumergido en tanques llenos de nutrientes, como una suerte de feto senil, quizás atendido por legiones de robots.

En Los primeros hombres en la Luna (1901), Wells pareció ironizar sobre sus propias especulaciones. Diseñó una sociedad de “insectos” con cuerpos especializados como herramientas, dirigidos por algunos desmesurados cerebros, que sólo vivían para el conocimiento puro. En La máquina del tiempo (1895) había imaginado algo peor: la especie podía dividirse en dos, una hebefrénica y la otra bestial, pero ambas estériles.

En cierta medida, la paleontología permite especular sobre el futuro del hombre, en cuanto nos muestra cómo evolucionan el índice cefálico o las circunvoluciones cerebrales. Con todo, los pueblos “originarios” de América y Oceanía estuvieron muchos milenios aislados, sin que nunca se volvieran una especie distinta. Hoy, la tendencia globalizadora hace que cada vez haya menos islas Galápagos donde las mutaciones puedan prosperar, y si algo cabe esperar es la homogeneización racial.

La gran mayoría de los cambios observables a escala histórica no depende de la selección natural sino del desarrollo técnico. Un niño nacido durante alguna de las glaciaciones estaba sometido a los duros desafíos de la selección natural, pero un minusválido actual suele crecer protegido de las inclemencias, con el alimento asegurado y sostenido por la medicina. Desde que existe la civilización urbana, la selección natural y las mutaciones genéticas juegan un papel evolutivo menor, puesto que la tecnología permite sobrevivir a muchos inviables biológicos. Pero, a diferencia de lo que piensan los racistas y los eugenistas, muchos de aquéllos pueden tener valiosas capacidades. Librado a las fuerzas de la naturaleza, Steven Hawking nunca hubiera sobrevivido, pero la tecnología le ha permitido vivir y desplegar toda su inteligencia.

Hace medio siglo, Sir Peter Medawar opinó que ya no había que esperar cambios físicos en el hombre, salvo para el caso del cerebro, que interactúa con el medio y responde a sus desafíos.

Quizá Medawar estaría pensando en alguna variante del enano de Wells, pero no tuvo en cuenta la naciente revolución informática. Con ella hemos aprendido a pensar que el cerebro puede contar con un entorno de prótesis electrónicas que le permitan acceder a una información ilimitada, con una velocidad de procesamiento que excede la del cerebro mismo. Quizá nos espere un futuro de cyborgs o de robots, como sostienen los “transhumanistas”. Son los que ven como inevitable la convergencia de la manipulación genética, la robótica, la inteligencia artificial y la nanotecnología.

Los escritores de ciencia ficción se apropiaron de este tema, no siempre con éxito. Cuando Frederik Pohl imaginó su Homo Plus (1976), diseñado para adaptarse a las condiciones de la vida en Marte, apenas le salió una cruza de gárgola con vampiro. Más audaz, pero menos riguroso, James Blish concibió un plan para colonizar planetas extrasolares con seres humanos modificados, en la novela Semillas estelares (1957). Al poner en escena hombres microscópicos que convivían con amebas y paramecios, creó un entorno sugestivo, pero no se le ocurrió que las moléculas no pueden achicarse indefinidamente. Algo parecido le ocurrió a Ursula K. Le Guin en la novela Nueve vidas (1969), donde imaginó una “familia” de clones, pero los hizo de ambos sexos, como si fueran mellizos.


DE FEDERICO A CHARLY

Uno de los superhombres más mentados fue el Übermensch de Nietzsche, aunque su autor jamás lo pensó como un salto de orden biológico. Según los exégetas de Nietzsche, el Superhombre no era un individuo, ni una especie, sino una suerte de símbolo de lo que podía llegar a ser el hombre liberado de ataduras morales, a imagen y semejanza de su autor.

En su tiempo, sin embargo, no lo veían así, y había muchos que veneraban a Nietzsche como el numen de esa eugenesia de triste memoria.

Uno de sus admiradores era el inglés Alfred Orage, un dirigente de la Sociedad Teosófica que era tan devoto de Nietzsche que solía viajar con sus obras como único equipaje. Orage sostuvo que el Superhombre descendía de un personaje literario creado por Bulwer Lytton, el autor de Los últimos días de Pompeya. El protagonista de la novela Zanoni se llamaba Mejnour y era un mago inmortal que tenía por lema “lograr que el hombre supere a la humanidad”. El ocultista Lytton era uno de los maestros de Blavatsky y de Rudolf Steiner. Wagner, que era amigo de Nietzsche, había compuesto una ópera en base a uno de sus libros.

Lo que a todos les parecía casi obvio era que, más allá del aspecto físico, el próximo paso en la evolución humana sería un ser dotado de inteligencia superior. Era una idea inquietante, porque en ese caso corríamos el riesgo de ser tratados como monos. Ser demasiado inteligente podía ser un problema, hasta para el Superhombre.

Uno de esos genios superhumanos de la literatura fue tratado por el inglés John Beresford en La maravilla de Hampdenshire (1911). Bastante perverso, a los ocho años ya había superado a los adultos y se aprestaba a dominarlos mediante la hipnosis.

Más convincente (por lo menos para los que habían leído a Nietzsche) fue ese Juan Raro (1935) que le debemos a otro inglés, Olaf Stapledon. Juan era un genio telépata que emprendía una carrera criminal para transgredir todas las normas y reunirse con sus semejantes. Cuando lograba encontrarlos, se iban todos a una isla del Pacífico y, tras aniquilar a los nativos, construían una comunidad utópica. Al fin acababan suicidándose en masa mediante una explosión nuclear para no rendirse a las potencias europeas.

Una variación sobre este tema fue Sirio (1944), donde Stapledon imaginó un perro mutante que alcanzaba el nivel de la inteligencia humana, sólo para sentirse profundamente infeliz.

Flores para Algernon, de Daniel Keyes (1959), llevada al cine como Charly en 1968, también jugaba con el drama de la inteligencia. Un retrasado mental era sometido a un tratamiento que le permitía alcanzar y superar una inteligencia normal. Pero en su mejor momento descubría que el proceso comenzaba a revertirse y volvía a hundirse en la oscuridad.

Lo más original que se le había ocurrido a Stapledon era pensar que los superhombres mutantes podían ser locos, deformes, marginados, miembros de las razas oprimidas, que serían tratados como freaks en cualquier sociedad. El tema lo retomó Theodore Sturgeon en una celebrada novela, Más que humano (1953). Aquí, el Superhombre no era un individuo sino un grupo de niños sin familia, que en conjunto funcionaban como una gestalt. Su autor los había dotado generosamente de facultades paranormales.


LOS MUTANTES

Quizá los mutantes más famosos de la ciencia ficción sean los de Van Vogt y Kuttner.

Slan (1940), de A.E. van Vogt, siempre fue elogiada como una parábola del racismo, la discriminación y la intolerancia. Sin negarle algún mérito de ese orden, a poco de empezar la novela naufraga en uno de esos culebrones interplanetarios que eran la especialidad de su autor. Estos mutantes han surgido espontáneamente, a pesar de que todos creen que fueron engendrados por el sabio S. Lann (de ahí, slan). Son calvos, telépatas y fácilmente reconocibles porque tienen antenas. Se mueven entre la autoestima y el despotismo. Mientras unos son perseguidos como alimañas por los humanos, otros conspiran para someterlos; pero hay un grupo que se muestra más conciliador. Al fin resulta que casi todo el mundo es slan.

Mutante (1945-1953), de Henry Kuttner, es otra historia de telépatas calvos, frutos de una mutación causada por una guerra atómica que ha diezmado a la humanidad. Ellos también discuten acerca de qué hacer con nosotros, si abrazarnos o aniquilarnos. Todo desemboca en una guerra, que por suerte ganan los buenos.

Superman, el más famoso de los superhumanos, no era de acá sino del mítico Krypton, y había llegado en una navecilla parecida al canasto de Moisés. En cierto modo encarnaba el sueño del inmigrante exitoso.

Siegel y Schuster, sus autores, habían leído mucha ciencia ficción e hicieron que su personaje diera grandes saltos, como lo permitía una gravedad menor a la de su mundo. Pero a los dibujantes les era más cómodo hacerlo volar y la decisión la tomaron ellos, por incongruente que fuera.

La primera versión de Superman databa del año 1933. Este superhombre era calvo y telépata, como cabía imaginar, pero muy malvado. Aspiraba a dominar el mundo, como ese Übermensch petiso que llegó al poder en ese mismo año.

El hijo de los Kent al principio era medio zurdo y hasta un poco violento. Luchaba contra empresarios deshonestos y políticos corruptos, demolía conventillos apestosos y evitaba linchamientos. Más adelante, los editores le inculcaron el código moral que podía haberle dado una familia de granjeros, allá en Smallville. Desde entonces fue un boy scout intachable, que tenía prohibido cualquier exceso.

Tuvo más suerte que Batman, porque no encontró un revisionista que empañara su virtud. Toda la maldad (¡y la calvicie!) la heredó Lex Luthor, uno de esos villanos arquetípicos que no le pueden faltar a un héroe profesional.

Tal como vienen las cosas, no hay que hacerse demasiadas ilusiones con los superhombres.







miércoles, 4 de enero de 2012

EL LIBRO DE LOS PLAGIOS






Todo catálogo, por más incompleto y breve que sea, podría funcionar como una máquina de “casos”. Aunque el autor suministre un puñado de pistas sobre esa frontera tan imprecisa, móvil y escurridiza que se extiende entre la copia y la intertextualidad, las luces y sombras que se proyectan en los precarios recintos de las interpretaciones son ondas expansivas cuyas significaciones distan de cristalizar en fórmulas infalibles.

El libro de los plagios (Ediciones LEA), un ensayo inédito de Juan-Jacobo Bajarlía, avanza hacia el centro de los textos que, sin escamotear la polémica, devienen en referencia de tan peliaguda materia. Habrá lectores que tal vez vociferen un par de improperios o mascullen el asombro cuando, luego del irónico prólogo, se desayunen con la primera “sentencia” de plagio.

El poema 16 de (Pablo) Neruda, en 20 poemas de amor y una canción desesperada (1924) –afirma Bajarlía, siguiendo la acusación de Volodia Teitelboim–, es un calco del poema 30 de El jardinero, de Rabindranath Tagore.

La lupa del narrador, poeta, ensayista, periodista y dramaturgo se posa en otra evidente similitud. No ahorró sarcasmo el poeta chileno Vicente Huidobro a la hora de señalar la “influencia” que había tenido en su plagiario: Guillermo de Torre, “un crítico irrelevante y de mala fe, que no pudo roer la gloria que le cupo a Huidobro como introductor de la imagen en la poesía castellana y como padre de la revolución poética en la época del vanguardismo”.

El jugoso inédito de Bajarlía –“zoólogo de la monstruosidad”, según lo calificó Leopoldo Marechal– cuenta con un estudio preliminar de Elsa Drucaroff. Publicado 7 años después de la muerte de su autor, a los 90 años, en agosto de 2005, el libro analiza “casos” que no siempre ingresan mecánicamente en la órbita del plagio.

En la payada de Fierro con Moreno, por ejemplo, contenida en La vuelta de Martín Fierro, de José Hernández, la expresión “la ley es tela de araña (...) / pues la ruempe el bicho grande / y sólo enrieda a los chicos” es semejante a una conversación entre Solón y Anarcasis. El autor postula que “el valor metafísico de la expresión ‘tela de araña o telaraña’ es antiquísima”; acá hay intertextualidad, aunque la duda se despliega sobre si Hernández la tomó del Solón de Plutarco o del Solón de Diógenes Laercio.

Donde no hay nicho para la vacilación, en cambio, es en el poema de Neruda. Recién en la edición de 1937 y en las posteriores adosó una escueta aclaración, “especie de autoabsolución”: “Este poema es una paráfrasis del poema 30 de El jardinero de Rabindranath Tagore”. A confesión de una parte, en este caso no se relevan las pruebas. “Tú eres la nube crepuscular del cielo de mis fantasías. / Tu color y tu forma / son los del anhelo de mi amor. / Eres mía, eres mía, y vives en mis sueños infinitos”, se lee en el comienzo del poema de Tagore.

La “paráfrasis” nerudiana resulta un plagio evidente en opinión de Bajarlía: “En mi cielo al crepúsculo eres como una nube y tu color y forma son como yo los quiero. / Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces / y viven en tu vida mis infinitos sueños”.

Este vademécum bajarliano rastrea las definiciones más importantes que apuntan al carozo de la cuestión. “Plagiar significa desnudar a uno para vestirse con sus palabras, entrar en el cuerpo de otro para tomar sus órganos pensantes”, gatilla en el primer párrafo del prólogo. “Plagiar es saltar por la ventana para saquear la casa, robarle el alma a su dueño, pactar con el Diablo.”

Aparentes “saqueos” no resisten la prueba de la “blancura” por donde se los examine. En el último capítulo de El libro de los plagios se revisa la acusación contra Gabriel García Márquez. Un colombiano, Luis Cova García, publicó una “requisitoria lamentable” en El Espectador, de Bogotá, el 11 de mayo de 1969, titulada “¿Coincidencia o plagio?”, en la cual pretendía que Cien años de soledad era una transposición de La búsqueda de lo absoluto, de Honoré de Balzac. Luego de diseccionar con una certera erudición los cinco principales puntos del impugnador –los “herrores”, como los bautiza Bajarlía–, concluye: “Insistir en este tema para pretender un plagio indica una dislexia. O bien poner las tinieblas del revés, como decía Rabelais”.

Las Memorias de Giovanni Giacomo Casanova de Seingalt fascinaron tanto a Ramón del Valle Inclán que copió párrafos de esa obra en su Sonata de primavera (1904). Bajarlía polemiza con el crítico Julio Casares, quien califica el procedimiento del dramaturgo, novelista y poeta español como “imitación del fondo”. Y transcribe una parte de los párrafos “asaltados a mano armada”.

“Mi palabra y mi fe no deben seros sospechosas, puesto que ningún vil interés me trae a vuestra presencia. Solamente una poderosa inspiración me impulsa a hablaros (...)”, se lee en Casanova.

“Mi palabra y mi fe no deben seros sospechosas, puesto que ningún vil interés me trae a vuestra presencia. Solamente me guía poderosa inspiración”, transcribe, groseramente, Valle Inclán. Al menos en este tramo citado, como en otros que cada lector/a podrá chequear en la página 54 del ensayo de Bajarlía, queda claro que no lo guiaba la mentada inspiración.

El capítulo sobre las acusaciones de plagio contra el semiólogo italiano Umberto Eco entabla un diálogo inmediato con el estudio preliminar de Drucaroff. La escritora y crítica literaria recuerda que las obras literarias son “una por una” y “si hay o no plagio, también”. “La teoría literaria muestra cómo algo que no fue literatura sino el relato real de sus orígenes para todo un pueblo (La Ilíada y La Odisea) es leído como literatura siglos después; Erich Auerbach lee la Biblia como literatura, mientras que para millones de personas es un texto sagrado; las amenazas de muerte a Salman Rushdie por escribir sus Versos satánicos muestran cómo algo que cierta formación social lee como novela (literatura) es entendido como palabra no ficcional por otros, y por eso hasta se consideran con derecho de castigar del modo más extremo a su autor”, subraya Drucaroff.

No exento de una entonación socarrona, y como si anticipara las argumentaciones de quienes defendieron a Sergio Di Nucci en 2007 –“un caso de plagio obvio y vergonzante que sacudió al campo intelectual argentino”, evoca Drucaroff, cuando el jurado del concurso Sudamericana-La Nación revocó el premio a Bolivia construcciones por tener 30 páginas copiadas casi literalmente de Nada, la novela de Carmen Laforet–, Bajarlía afirma que hay una excusa para el plagio que se llama intertexto.

“Este es válido en la medida en que, en estos tiempos, de alguna manera, se lo hagamos saber al lector –aclara–. No existiendo este requisito, cualquiera sea su forma, hay plagio, y no es imprescindible que sea literal.” No obstante la aclaración, considera que existe intertextualidad con los modelos literarios que el semiólogo italiano eligió para trabajar en El nombre de la rosa y El péndulo de Foucault. Aunque “falta el estudio riguroso para emitir un juicio definitivo”, admite Bajarlía, impulsor del vanguardismo en el país que formó parte del movimiento de Arte Concreto–Invención junto con Edgar Bayley, Gyula Kósice y Tomás Maldonado, entre otros, autor de policiales que publicó con el seudónimo de John J. Batharly, Historias de monstruos (1969), Los números de la muerte (1972) y El endemoniado Sr. Rosetti (1977).

Hay más intertextualidades inventariadas entre Albert Camus y Sarmiento, entre Dante y el Juicio final musulmán. Y una “copia ambigua”, que tal vez sea materia para debatir al interior de El libro de los plagios. El periodista Bernard Diederich, corresponsal de la revista Time, acusó a Mario Vargas Llosa de plagio. En La fiesta del Chivo, novela de ficción basada en la dictadura del dominicano Rafael Leónidas Trujillo y en la conspiración para asesinarlo, publicada en 2000, el escritor peruano habría utilizado partes de Trujillo: la muerte del Chivo, investigación que el periodista publicó en 1978. A pesar de que Bajarlía reconoce que el Premio Nobel de Literatura tomó elementos de Diederich, texto que Vargas Llosa nunca ha negado conocer, pondera que “sólo un auténtico genio de la literatura”, como el autor de La tía Julia y el escribidor, podría haber mejorado el original, “añadiendo la sal y pimienta de su imaginación y su oficio como hombre de letras de indiscutible calidad...”.

Como adivinando las conjeturas que dejan abiertas los puntos suspensivos en sus lectoras y lectores póstumos, agrega: “Pero no hubiera estado de más que hubiese incluido un agradecimiento especial al periodista que recopiló con tanto trabajo los datos de los que se ha servido para dar forma a su obra de arte”.






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