Muchas de las fotos de este blog son de Ramiro Sisco con la comunidad Pilagá, en Las Lomitas, provincia de Formosa, Argentina.

domingo, 25 de marzo de 2012

¿Y LA EDUACACIÓN PÚBLICA?








Aquella centenaria imagen de la escuela pública como pilar de la patria hoy parece un póster viejo de Billiken. La atomización, los cierres de cursos y la creciente migración de alumnos hacia escuelas privadas son sólo algunos de los estigmas más visibles que hacen de este antiguo y fundamental espacio de formación ciudadana, un sistema que hoy no parece ofrecer otro valor más que la gratuidad.

En el medio, una nueva generación de docentes busca su lugar entre el mandato histórico, las condiciones de enseñanza y la necesidad de actualizar los marcos de un debate urgente. Para saber qué significa hoy la educación pública y conocer sus retos, hablamos con un grupo de jóvenes docentes y padres comprometidos con un mismo y complejo interrogante:

¿hacia dónde va la escuela pública?


Manuel Sacco es docente de 6º grado de la escuela Nº 11. Como tantos otros, llegó a la docencia persiguiendo las miguitas de pan de su vocación y de esa convicción trazada por generaciones enteras y que asegura que la escuela pública es la garante de una enseñanza ligada a la integración, la solidaridad y los valores democráticos. Cuando le preguntamos por qué es necesaria, nos responde: “La escuela pública es el compromiso con el futuro de la Nación, aunque suene grandilocuente”. Manuel tiene 32 años, de modo que pertenece a una generación que descree de la grandilocuencia como herramienta de validación del discurso. Más bien lo contrario: supone, como muchos, que las grandes frases sugieren significaciones obsoletas que poco tienen que ver con una realidad más permeable. Como el angustiante mensaje del albañil inglés Roger Waters, el teacher ya no tiene que ser un rebaje del autoritarismo, una figura gritona recortada en las sombras de la disciplina. El mundo, afortunadamente, cambió, y, así todo, aquel viejo proyecto laico, libre y gratuito que dio forma a la Argentina moderna -el futuro de la Nación-, sobrevive todavía en los deseos y las motivaciones de Manuel y de tantos otros jóvenes que, año tras año, insisten en dedicar su vida a la enseñanza.

Sin embargo ese futuro no siempre tiene el mismo presente. Según un informe reciente, hoy el 37,5% de la matrícula de primer grado en la Argentina se dirige directamente a la escuela privada. Al inicio del proceso democrático, esa cantidad llegaba a aproximadamente el 17%. Si nos centramos en la Ciudad de Buenos Aires, el número es aún más imponente: el 48% de su matrícula corresponde a instituciones privadas. Mientras todos los años egresan jóvenes docentes que como Manuel buscan consagrar su vida al gran guardapolvo blanco, y en una primera capa de sentido la escuela pública parece una joya a preservar por todos, lo cierto es que cada vez son más los padres que deciden llevar a sus hijos a la privada y ese discurso de defensa se revela como una isla en un mar de resignaciones, intereses y valores mutantes. En ese contexto, surge la pregunta: ¿cuál es el valor de la escuela pública hoy?

La conciencia que regula el mundo

“Para mí la escuela pública es la posibilidad de vivir en una sociedad mejor”, asegura Gabriela Ulloa de 34 años, profesora del Nicolás Avellaneda y el Mariano Acosta, dos míticos colegios porteños. Gabriela es Licenciada de Ciencias de la Educación de la UBA, y hace poco menos de dos años decidió dedicarse de lleno a la docencia en escuelas medias. “Estudié en escuela pública y me formé también ahí. En la escuela pública se vive la política, la diversidad y el conocimiento con libertad”, resume.

Sin embargo esos valores que destacaron durante largas décadas a la pública hoy parecen insuficientes. La semana pasada, luego de que Macri anunciara el cierre de 221 cursos y dijera que la escuela pública porteña estaba “en decadencia”, el periodista y amigo de la casa Gerardo Fernández, publicó un memorable post en su blog Tirando al Medio. “Estamos en un problema estructural gravísimo y lo peor es que, salvo la gratuidad, no pareciera haber otro elemento que lleve a una familia a anotar a sus hijos en la escuela pública”, posteó Gerardo quien, como padre, participa también de la cooperadora del Liceo 9. “Hay muchos padres que se preguntan en qué me beneficia a mí la escuela pública. Y la verdad es que esa escuela que muchos idealizamos no existe en los hechos. El concepto se ha desvalorizado y eso es grave porque además hoy nos cuesta mucho interpelar con el discurso de defensa de la escuela pública. Hoy está muy instalado el falso concepto de que la escuela privada es mejor”, agrega.

Ese corrimiento de sectores medios o incluso populares no excluidos a escuelas privadas, provocó y fue provocado por cambios significativos y muchas veces ignorados dentro de la escuela pública. Hoy ésta parece estar destinada sólo a aquellas familias que la eligen por cierta afinidad o porque “no les queda otra”, validando el desinterés de sectores que en otros momentos supieron nutrirla. El hecho de que las escuelas privadas (o “Escuelas Públicas de Gestión Privada”) reciban financiamiento estatal de entre el 40% y el 100%, “para garantizar la igualdad en el acceso”, según reza la ley nacional del 91, acabó por alentar la segregación -opuesta al valor integrador de lo público-, en la medida en que hoy la escuela estatal parece ser solamente un lugar destinado a aquellos que no pueden pagar los costos de la privada, en muchos casos, no mucho más altos que los gastos de una cooperadora, e invirtiendo así el valor del acceso equitativo a la educación. En el caso de la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, los subsidios aumentaron en más del 150% en los últimos 4 años, pasando de 600 a 1500 millones de pesos para este ciclo lectivo 2012. “Hoy nosotros competimos directamente con la escuela privada”, afirma Manuel. “Y lo hacemos en condiciones desiguales, porque la privada tiene muchos más beneficios que nosotros”.

Hacia adentro

Pablo Seckel tiene 32 años y es docente en tres colegios de adultos de gestión pública ubicados en La Boca, Villa Luro y la Villa 21-24. Conocedor de los bemoles de una zona y de un tipo de escuela donde los problemas se amplifican, Pablo considera que el vaciamiento de la educación pública acabó por poner también al docente en el centro de la discusión. “Yo creo que los docentes tenemos algo de culpa. La escuela pública durante los ’90, si bien es cierto que fue vaciada, también explotó en cantidad de gente. Nunca hubo tanta gente en una escuela como en esa década, porque la escuela era el único espacio de contención que quedó en muchos lugares. Eso hizo que entrasen un montón de docentes mal formados, mal preparados, que vinieron a sumarse a las malas condiciones de laburo”, asegura.

Al otro lado del Puente Avellaneda, los problemas también existen. “Yo creo que hace falta mayor compromiso de los docentes y de los directivos, además de una política de gobierno que sea acorde para incentivar a los chicos a que vuelvan a la escuela”, asegura Estela Quiñones. Estela tiene 27 años y trabaja en dos colegios privados de González Catan y en la EPB nº 163 de Gregorio de Laferrere. La Provincia de Buenos Aires observa también una fuerte migración: allí la matrícula privada ya supera el 30%. “Hay mucho del rol del docente, del ausentismo, de esto de que el pibe no tiene clase y por eso los padres eligen mandarlo a un privado. Pero eso es también una política estatal bastante facilista porque hay muchos docentes muy buenos y muy comprometidos con su vocación. Yo creo que hay que buscar la manera de que desde todos los ámbitos los pibes vuelvan a la pública”, reflexiona.

“Las escuelas de la Ciudad están muy fragmentadas -ejemplifica Pablo-. Lo que me pasa a mí, por ejemplo, es que voy a a un colegio por dos horas, después voy al otro por tres horas, y después voy al otro por otras cinco, entonces también cuesta mucho que el docente se comprometa con una escuela. Imaginate que hay docentes que tienen diez escuelas, ¿en cuál te quedás para hacer el acto?, ¿con cuál decidís ir de excursión con los pibes?, porque si vas de excursión con una tenés que faltar a las otras. Entonces todo eso hace que haya cierta decepción o descreimiento hacia la escuela pública”.

Padres fundadores

Las condiciones de trabajo, la formación y la presencia en las aulas parecen ser banderas que, junto al reclamo salarial, enarbolan muchos de estos jóvenes docentes. “Desde el 2005 empezó a ocurrir algo muy importante y es el surgimiento de varias asambleas de maestros autoconvocados”, afirma Manuel. “En general son maestros jóvenes que participan, y que no pertenecen ni a gremios ni a partidos. Algunos están de acuerdo con los paros y otros no. Se habla mucho entre los compañeros acerca de la repercusión de los paros. Entonces se buscan otras medidas, como hacer volanteadas en una plaza, con los mismos padres, o hacer cortes rápidos de calle, o festivales. Yo veo un compromiso muy fuerte de muchos docentes jóvenes”, señala.

Estos nuevos mecanismos de integración y lucha, además, comienzan lentamente a empujar a un actor relevante pero en general autoexcluido: los padres. “Todos dicen que la educación es un problema de todos y sin embargo las únicas voces autorizadas parecen ser la de los docentes y las autoridades”, reclama Fabio Wasserman, integrante de “Familias x la escuela pública”, un grupo de padres de más de veinte escuelas de la Ciudad, que se reúnen a discutir, consensuar actividades y aportar su mirada al problema. “La escuela pública, en ciertos aspectos, viene en decadencia por políticas públicas”, asegura Wasserman. “Pero lo que tenemos que repensar también es el lugar que ocupa el docente. Todavía en la década del 90, cuando fue lo de la Marcha Blanca, quedaba esa cosa de que el docente tenía un lugar muy importante, que lo sigue teniendo en algún punto, aunque en términos generales es una característica que ha perdido. Y eso tiene que ver con condiciones laborales, con el lugar que tiene la educación, con muchas más cosas que, incluyen lo salarial, pero que lo exceden absolutamente. Hay que poner todo en juego”, asegura.

Ciclo

La pregunta, entonces, genera demasiadas respuestas, ejemplos, soluciones. Gerardo Fernández señala: “Hoy la escuela pública se desvalorizó por muchas cuestiones. ¿Y sabés cuál es el problema? Que todos estos problemas que tenemos, si no los empezamos a trabajar nosotros, los que queremos la escuela pública, los va a trabajar Macri”. Fabio, por su parte, agrega: “Hay muchas escuelas donde se da la inversa y crece la matrícula. ¿Entonces por qué no ver las experiencias de estos lugares? El Ministerio de Educación de la Ciudad tiene muchos recursos, por qué no los ponen a trabajar para ver qué pasa, para apoyar donde ese crecimiento no se da, -muchas veces por estigmatización, porque muchas escuelas quedan como que son de los pobres-, ver cómo se trabaja ahí, porque si no la lógica es: nosotros ofrecemos esto, si alguien no lo agarra, es porque elige otra cosa, entonces como no lo elige, lo tenemos que cerrar. Esa sería la lógica, una oferta y demanda, la educación así es un servicio, y para nosotros la educación es un derecho, no un servicio. Es un derecho recontra consagrado”.

“Creo que en la actualidad a partir de la Ley Nacional de Educación se resuelven algunos problemas y se generan otros”, aporta Gabriela. “En la escuela tradicional algunos quedaban excluidos de la escuela y era así. Con la política de educación inclusiva los chicos y adultos que nunca fueron a la escuela, entran y el problema se presenta porque la escuela no está acostumbrada a enseñarles a todos. Hoy la escuela tiene que pensarse distinta, tiene que incluir otras lógicas. Está acostumbrada a chicos que se portan bien, que se sientan, que tienen carpeta y que cuando los retas cambian su comportamiento. Si me preguntas a mí te digo que es progresivo a la época anterior, aunque muchos colegas no lo vean. Porque la escuela de antes era “mejor” pero había muy pocos adentro”.

Repetir la moraleja sarmientina del docente “pilar de la patria” resulta por lo menos inapropiado y una forma de desconocer las transformaciones complejas de una sociedad. Pero, no obstante, es precisamente esa nueva generación de maestros, convencidos aún de la importancia de la escuela pública, la que permite abordar con otros ojos la problemática de un sistema donde ya no parece haber conceptos grandilocuentes pero si un futuro a preservar. “No es sólo mejorar los salarios de los docentes sino también las condiciones de contratación”, sugiere Pablo. “Que uno pueda estar en el colegio y ser un referente para los pibes. No tenerte tres horas y después que no te encuentren nunca más hasta la próxima clase. Que te puedan ver”.







1 comentario:

  1. Anónimo26/3/12 0:08

    Todo està hecho para favorecer a la escuela privada con subsidio, desde que, ahì casi no hay paros y los problemas de ausentismo se resuelven sin dejar de dar clases, hasta los chicos que no son buenos alumnos y la privada no les renueva la matrìcula y van a la del estado. Por què no plantear que cosas suman en la privada y empezar a pedirlas (ej Nataciòn) Me alegra que los docentes se lo planteen. Lola

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