Muchas de las fotos de este blog son de Ramiro Sisco con la comunidad Pilagá, en Las Lomitas, provincia de Formosa, Argentina.

viernes, 13 de enero de 2012

SUPERHOMBRES CALVOS, MUTANTES y Afines






A pesar de que muchos esperaban que él, que había indagado nuestro origen, dijera algo acerca del futuro de la humanidad, Darwin siempre fue muy prudente. Apenas sobre el final de El origen del hombre admitió que “podemos tener esperanzas de alcanzar un destino aun más elevado en un remoto porvenir”.

Más dispuesto a opinar estaba en cambio su colega Russel Wallace, quien por sus convicciones socialistas confiaba en el progreso moral, y por sus creencias espiritistas soñaba con el desarrollo futuro de nuevas facultades mentales.

Fue el propio Wallace quien esbozó una polémica con la madre de la Teosofía, Mme. Blavatsky. La profetisa rusa decía estar en condiciones no sólo de anticipar el futuro del homo sapiens sino de hablar del Superhombre que nacería en América, y hasta del ser que le sucedería antes de que acabara el presente ciclo cósmico.

A pesar de la cautela de Darwin y Wallace, a fines del siglo XIX la idea del Superhombre ya estaba circulando por toda Europa, y Nietzsche no era el único en hablar de eso. Si la evolución aparecía como un proceso de creciente complejidad y conciencia que venía desde los protozoarios, no había razón para suponer que el hombre no seguiría evolucionando.

Mientras que Darwin y Wallace no preveían cambios físicos radicales en el hombre, H.G. Wells se lanzó a imaginarlos, para lo cual no hizo más que extrapolar las tendencias de la vida civilizada.


EL ENANO CABEZON

Wells fue quien creó el modelo más popular de “hombre del futuro”. Desde entonces no han hecho más que imitarlo, y han recurrido a él a la hora de imaginar a los extraterrestres. Ocurre que éstos siempre fueron pensados como sobrehumanos, por su capacidad para viajar por el espacio. Pero hoy que estamos en condiciones de hacerlo nadie diría que nos hayamos superado demasiado.

Cuando escribió El hombre del año Un Millón (1893), Wells pensaba que la tendencia al sedentarismo, junto a la reducción del trabajo y la actividad física, iría acentuándose, y estaría acompañada por una creciente actividad intelectual.

El prototipo de Wells tenía una enorme cabeza ovoide y un rostro apenas esbozado. Por sus condiciones artificiales de vida apenas haría uso de la nariz, las orejas y la boca, pero tendría ojos prominentes, desarrollados gracias al estudio. Entre otros vestigios animales habría perdido el vello corporal y el pelo.

Desde entonces fue inevitable que casi todos los superhombres de ficción fueran calvos. De hecho, ya hay mucha gente que ha comenzado a afeitarse la cabeza, y aunque se nota cierta tendencia a hipertrofiar la oreja y el dedo, por el uso del celular, no hay que temer otras cosas, porque la gente dedica más tiempo a endurecer los glúteos que a ejercitar el cerebro.

Dotado de gran cabeza y manos diestras, el hombre de Wells tenía un cuerpo que difícilmente podría sostenerlo, con sus flojos músculos y sus piernas de pájaro. Para resolver el problema, Wells hizo que viviera sumergido en tanques llenos de nutrientes, como una suerte de feto senil, quizás atendido por legiones de robots.

En Los primeros hombres en la Luna (1901), Wells pareció ironizar sobre sus propias especulaciones. Diseñó una sociedad de “insectos” con cuerpos especializados como herramientas, dirigidos por algunos desmesurados cerebros, que sólo vivían para el conocimiento puro. En La máquina del tiempo (1895) había imaginado algo peor: la especie podía dividirse en dos, una hebefrénica y la otra bestial, pero ambas estériles.

En cierta medida, la paleontología permite especular sobre el futuro del hombre, en cuanto nos muestra cómo evolucionan el índice cefálico o las circunvoluciones cerebrales. Con todo, los pueblos “originarios” de América y Oceanía estuvieron muchos milenios aislados, sin que nunca se volvieran una especie distinta. Hoy, la tendencia globalizadora hace que cada vez haya menos islas Galápagos donde las mutaciones puedan prosperar, y si algo cabe esperar es la homogeneización racial.

La gran mayoría de los cambios observables a escala histórica no depende de la selección natural sino del desarrollo técnico. Un niño nacido durante alguna de las glaciaciones estaba sometido a los duros desafíos de la selección natural, pero un minusválido actual suele crecer protegido de las inclemencias, con el alimento asegurado y sostenido por la medicina. Desde que existe la civilización urbana, la selección natural y las mutaciones genéticas juegan un papel evolutivo menor, puesto que la tecnología permite sobrevivir a muchos inviables biológicos. Pero, a diferencia de lo que piensan los racistas y los eugenistas, muchos de aquéllos pueden tener valiosas capacidades. Librado a las fuerzas de la naturaleza, Steven Hawking nunca hubiera sobrevivido, pero la tecnología le ha permitido vivir y desplegar toda su inteligencia.

Hace medio siglo, Sir Peter Medawar opinó que ya no había que esperar cambios físicos en el hombre, salvo para el caso del cerebro, que interactúa con el medio y responde a sus desafíos.

Quizá Medawar estaría pensando en alguna variante del enano de Wells, pero no tuvo en cuenta la naciente revolución informática. Con ella hemos aprendido a pensar que el cerebro puede contar con un entorno de prótesis electrónicas que le permitan acceder a una información ilimitada, con una velocidad de procesamiento que excede la del cerebro mismo. Quizá nos espere un futuro de cyborgs o de robots, como sostienen los “transhumanistas”. Son los que ven como inevitable la convergencia de la manipulación genética, la robótica, la inteligencia artificial y la nanotecnología.

Los escritores de ciencia ficción se apropiaron de este tema, no siempre con éxito. Cuando Frederik Pohl imaginó su Homo Plus (1976), diseñado para adaptarse a las condiciones de la vida en Marte, apenas le salió una cruza de gárgola con vampiro. Más audaz, pero menos riguroso, James Blish concibió un plan para colonizar planetas extrasolares con seres humanos modificados, en la novela Semillas estelares (1957). Al poner en escena hombres microscópicos que convivían con amebas y paramecios, creó un entorno sugestivo, pero no se le ocurrió que las moléculas no pueden achicarse indefinidamente. Algo parecido le ocurrió a Ursula K. Le Guin en la novela Nueve vidas (1969), donde imaginó una “familia” de clones, pero los hizo de ambos sexos, como si fueran mellizos.


DE FEDERICO A CHARLY

Uno de los superhombres más mentados fue el Übermensch de Nietzsche, aunque su autor jamás lo pensó como un salto de orden biológico. Según los exégetas de Nietzsche, el Superhombre no era un individuo, ni una especie, sino una suerte de símbolo de lo que podía llegar a ser el hombre liberado de ataduras morales, a imagen y semejanza de su autor.

En su tiempo, sin embargo, no lo veían así, y había muchos que veneraban a Nietzsche como el numen de esa eugenesia de triste memoria.

Uno de sus admiradores era el inglés Alfred Orage, un dirigente de la Sociedad Teosófica que era tan devoto de Nietzsche que solía viajar con sus obras como único equipaje. Orage sostuvo que el Superhombre descendía de un personaje literario creado por Bulwer Lytton, el autor de Los últimos días de Pompeya. El protagonista de la novela Zanoni se llamaba Mejnour y era un mago inmortal que tenía por lema “lograr que el hombre supere a la humanidad”. El ocultista Lytton era uno de los maestros de Blavatsky y de Rudolf Steiner. Wagner, que era amigo de Nietzsche, había compuesto una ópera en base a uno de sus libros.

Lo que a todos les parecía casi obvio era que, más allá del aspecto físico, el próximo paso en la evolución humana sería un ser dotado de inteligencia superior. Era una idea inquietante, porque en ese caso corríamos el riesgo de ser tratados como monos. Ser demasiado inteligente podía ser un problema, hasta para el Superhombre.

Uno de esos genios superhumanos de la literatura fue tratado por el inglés John Beresford en La maravilla de Hampdenshire (1911). Bastante perverso, a los ocho años ya había superado a los adultos y se aprestaba a dominarlos mediante la hipnosis.

Más convincente (por lo menos para los que habían leído a Nietzsche) fue ese Juan Raro (1935) que le debemos a otro inglés, Olaf Stapledon. Juan era un genio telépata que emprendía una carrera criminal para transgredir todas las normas y reunirse con sus semejantes. Cuando lograba encontrarlos, se iban todos a una isla del Pacífico y, tras aniquilar a los nativos, construían una comunidad utópica. Al fin acababan suicidándose en masa mediante una explosión nuclear para no rendirse a las potencias europeas.

Una variación sobre este tema fue Sirio (1944), donde Stapledon imaginó un perro mutante que alcanzaba el nivel de la inteligencia humana, sólo para sentirse profundamente infeliz.

Flores para Algernon, de Daniel Keyes (1959), llevada al cine como Charly en 1968, también jugaba con el drama de la inteligencia. Un retrasado mental era sometido a un tratamiento que le permitía alcanzar y superar una inteligencia normal. Pero en su mejor momento descubría que el proceso comenzaba a revertirse y volvía a hundirse en la oscuridad.

Lo más original que se le había ocurrido a Stapledon era pensar que los superhombres mutantes podían ser locos, deformes, marginados, miembros de las razas oprimidas, que serían tratados como freaks en cualquier sociedad. El tema lo retomó Theodore Sturgeon en una celebrada novela, Más que humano (1953). Aquí, el Superhombre no era un individuo sino un grupo de niños sin familia, que en conjunto funcionaban como una gestalt. Su autor los había dotado generosamente de facultades paranormales.


LOS MUTANTES

Quizá los mutantes más famosos de la ciencia ficción sean los de Van Vogt y Kuttner.

Slan (1940), de A.E. van Vogt, siempre fue elogiada como una parábola del racismo, la discriminación y la intolerancia. Sin negarle algún mérito de ese orden, a poco de empezar la novela naufraga en uno de esos culebrones interplanetarios que eran la especialidad de su autor. Estos mutantes han surgido espontáneamente, a pesar de que todos creen que fueron engendrados por el sabio S. Lann (de ahí, slan). Son calvos, telépatas y fácilmente reconocibles porque tienen antenas. Se mueven entre la autoestima y el despotismo. Mientras unos son perseguidos como alimañas por los humanos, otros conspiran para someterlos; pero hay un grupo que se muestra más conciliador. Al fin resulta que casi todo el mundo es slan.

Mutante (1945-1953), de Henry Kuttner, es otra historia de telépatas calvos, frutos de una mutación causada por una guerra atómica que ha diezmado a la humanidad. Ellos también discuten acerca de qué hacer con nosotros, si abrazarnos o aniquilarnos. Todo desemboca en una guerra, que por suerte ganan los buenos.

Superman, el más famoso de los superhumanos, no era de acá sino del mítico Krypton, y había llegado en una navecilla parecida al canasto de Moisés. En cierto modo encarnaba el sueño del inmigrante exitoso.

Siegel y Schuster, sus autores, habían leído mucha ciencia ficción e hicieron que su personaje diera grandes saltos, como lo permitía una gravedad menor a la de su mundo. Pero a los dibujantes les era más cómodo hacerlo volar y la decisión la tomaron ellos, por incongruente que fuera.

La primera versión de Superman databa del año 1933. Este superhombre era calvo y telépata, como cabía imaginar, pero muy malvado. Aspiraba a dominar el mundo, como ese Übermensch petiso que llegó al poder en ese mismo año.

El hijo de los Kent al principio era medio zurdo y hasta un poco violento. Luchaba contra empresarios deshonestos y políticos corruptos, demolía conventillos apestosos y evitaba linchamientos. Más adelante, los editores le inculcaron el código moral que podía haberle dado una familia de granjeros, allá en Smallville. Desde entonces fue un boy scout intachable, que tenía prohibido cualquier exceso.

Tuvo más suerte que Batman, porque no encontró un revisionista que empañara su virtud. Toda la maldad (¡y la calvicie!) la heredó Lex Luthor, uno de esos villanos arquetípicos que no le pueden faltar a un héroe profesional.

Tal como vienen las cosas, no hay que hacerse demasiadas ilusiones con los superhombres.







miércoles, 4 de enero de 2012

SI LOS MEDIOS SON MONOPÓLICOS, EL CÍCLOPE ES EL MENSAJE






En “El cíclope” de Eurípides, Sileno describe a los gigantes devoradores de hombres como “hijos del dios marino que no tienen más que un ojo, y presos de uno de éstos somos sus esclavos domésticos”. E informa a Ulises: “Al que servimos le llaman Polifemo”.


Al precio de tu cabeza

Polifemo –como su nombre indica, “el de muchas palabras”– seducía con su limitado punto de vista acerca de la realidad a quienes serían su alimento.

Resulta tan significativo que llamara “Nadie” a Ulises, quien lo vencería cegando su único ojo, como el ninguneo inicial que los ciclópeos medios audiovisuales dedicaron a quienes amenazaban sus monólogos para captura de conciencias.

El encantamiento se debilitó con el desprestigio del anónimo como fuente de información, al ritmo de los ejercicios de deconstrucción de noticias y con las discusiones populares acerca del rol de los medios.

La tarea conjunta de profesionales de la comunicación y artistas supo difundir desde las herramientas ilegales de ciertas operaciones de prensa el uso de disparadores inconscientes que, con total impunidad, utilizan algunos laboratorios de marketing.

El trabajo colectivo produjo uno de los descubrimientos más significativos de los últimos tiempos: si los medios son monopólicos, parafraseando a Mac Luhan, el Cíclope es el mensaje.


Muchos nombres, muchas palabras

Poco a poco, más ideas salieron del claustro, ganaron la calle y enriquecieron el debate. Así quedó en evidencia que tanto la imagen de la tortuga asociada al ex presidente Arturo Illia como las carteras de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner formaron parte de maniobras destituyentes.

Cuando el reconocimiento popular alcanzó la civilizada piel de símbolos y signos lingüísticos (“seguridad”, “el campo”, “patria”), muchos ciudadanos entendieron algunas manipulaciones; otros comprendieron la jerarquización mediática de estupideces y el menoscabo de datos reveladores. Unos pocos profundizaron en sus atávicos registros y cargas emocionales y alcanzaron a detectar las sutiles señales de peligro o placer, capaces de otorgar valor a personajes oscuros.

Importa destacar que se inhabilitaron numerosas respuestas automáticas y, con el estímulo, reapareció un instrumento clave: el pensamiento crítico.

El develamiento no sólo consolida la democracia, también despliega creatividad.


Educación vs. Adoctrinamiento

A diferencia de los adoctrinamientos, la educación desconfía de verdades reveladas, pero sus efectos son más profundos y a largo plazo. Apenas en los inicios de la diversidad mediática, ya es posible apreciar las significativas diferencias entre el relato único, en distintas voces bajo formatos varios, y la auténtica y republicana multiplicación de relatos con opiniones divergentes.

Puesto que las miradas de la ciudadanía recién despiertan y en importantes sectores continúan adormecidas, los próximos tiempos requieren de un delicado ajuste entre la ingeniería de reversa de las pequeñas piezas que se registran a profundos niveles de conciencia y la construcción de nuevos espacios.

La valoración de la existencia de numerosas fuentes informativas propone asumir la responsabilidad de sostener los principios personales y el respeto mutuo.

El análisis serio de las consignas ajustará las mejores intenciones propias y ajenas.


Alfabetización mediática

La educación argentina ha incrementado el número de sus destinatarios y existen numerosos contenidos disponibles en la Radio y Televisión Argentina (RTA), en el Incaa, el Bacua y en programas como “Escuela y Medios” del Ministerio de Educación de la Nación.

Disponemos de una preciosa pedagogía de las respuestas. En palabras de Paulo Freire, aún nos debemos una pedagogía de las preguntas.

Para construirla necesitamos ciudadanos entrenados en el discurso, pero también en la escucha; sin duda, una rara capacitación, dentro y fuera del ámbito de la comunidad escolar.

Para que “Nadie”, “Nunca más” acepte una única mirada, enfrentamos viejos y nuevos desafíos.

Entre los primeros cabe continuar desalentando las omnímodas pretensiones de los cíclopes y profundizar todas las posibilidades y ámbitos de aprendizaje, incluso formal, que conduzcan hacia horizontes cada vez más incluyentes.

También es necesario iniciar debates acerca de las relaciones entre popularidad y calidad de los contenidos y sobre las direcciones adecuadas para establecer lazos solidarios entre la industria cultural y la industria tecnológica nacional.

La libertad, individual y colectiva, siempre ha requerido de convicción democrática, mucho trabajo y buenas dosis de esperanza.




Marta Riskin
Antropóloga UNR

EL LIBRO DE LOS PLAGIOS






Todo catálogo, por más incompleto y breve que sea, podría funcionar como una máquina de “casos”. Aunque el autor suministre un puñado de pistas sobre esa frontera tan imprecisa, móvil y escurridiza que se extiende entre la copia y la intertextualidad, las luces y sombras que se proyectan en los precarios recintos de las interpretaciones son ondas expansivas cuyas significaciones distan de cristalizar en fórmulas infalibles.

El libro de los plagios (Ediciones LEA), un ensayo inédito de Juan-Jacobo Bajarlía, avanza hacia el centro de los textos que, sin escamotear la polémica, devienen en referencia de tan peliaguda materia. Habrá lectores que tal vez vociferen un par de improperios o mascullen el asombro cuando, luego del irónico prólogo, se desayunen con la primera “sentencia” de plagio.

El poema 16 de (Pablo) Neruda, en 20 poemas de amor y una canción desesperada (1924) –afirma Bajarlía, siguiendo la acusación de Volodia Teitelboim–, es un calco del poema 30 de El jardinero, de Rabindranath Tagore.

La lupa del narrador, poeta, ensayista, periodista y dramaturgo se posa en otra evidente similitud. No ahorró sarcasmo el poeta chileno Vicente Huidobro a la hora de señalar la “influencia” que había tenido en su plagiario: Guillermo de Torre, “un crítico irrelevante y de mala fe, que no pudo roer la gloria que le cupo a Huidobro como introductor de la imagen en la poesía castellana y como padre de la revolución poética en la época del vanguardismo”.

El jugoso inédito de Bajarlía –“zoólogo de la monstruosidad”, según lo calificó Leopoldo Marechal– cuenta con un estudio preliminar de Elsa Drucaroff. Publicado 7 años después de la muerte de su autor, a los 90 años, en agosto de 2005, el libro analiza “casos” que no siempre ingresan mecánicamente en la órbita del plagio.

En la payada de Fierro con Moreno, por ejemplo, contenida en La vuelta de Martín Fierro, de José Hernández, la expresión “la ley es tela de araña (...) / pues la ruempe el bicho grande / y sólo enrieda a los chicos” es semejante a una conversación entre Solón y Anarcasis. El autor postula que “el valor metafísico de la expresión ‘tela de araña o telaraña’ es antiquísima”; acá hay intertextualidad, aunque la duda se despliega sobre si Hernández la tomó del Solón de Plutarco o del Solón de Diógenes Laercio.

Donde no hay nicho para la vacilación, en cambio, es en el poema de Neruda. Recién en la edición de 1937 y en las posteriores adosó una escueta aclaración, “especie de autoabsolución”: “Este poema es una paráfrasis del poema 30 de El jardinero de Rabindranath Tagore”. A confesión de una parte, en este caso no se relevan las pruebas. “Tú eres la nube crepuscular del cielo de mis fantasías. / Tu color y tu forma / son los del anhelo de mi amor. / Eres mía, eres mía, y vives en mis sueños infinitos”, se lee en el comienzo del poema de Tagore.

La “paráfrasis” nerudiana resulta un plagio evidente en opinión de Bajarlía: “En mi cielo al crepúsculo eres como una nube y tu color y forma son como yo los quiero. / Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces / y viven en tu vida mis infinitos sueños”.

Este vademécum bajarliano rastrea las definiciones más importantes que apuntan al carozo de la cuestión. “Plagiar significa desnudar a uno para vestirse con sus palabras, entrar en el cuerpo de otro para tomar sus órganos pensantes”, gatilla en el primer párrafo del prólogo. “Plagiar es saltar por la ventana para saquear la casa, robarle el alma a su dueño, pactar con el Diablo.”

Aparentes “saqueos” no resisten la prueba de la “blancura” por donde se los examine. En el último capítulo de El libro de los plagios se revisa la acusación contra Gabriel García Márquez. Un colombiano, Luis Cova García, publicó una “requisitoria lamentable” en El Espectador, de Bogotá, el 11 de mayo de 1969, titulada “¿Coincidencia o plagio?”, en la cual pretendía que Cien años de soledad era una transposición de La búsqueda de lo absoluto, de Honoré de Balzac. Luego de diseccionar con una certera erudición los cinco principales puntos del impugnador –los “herrores”, como los bautiza Bajarlía–, concluye: “Insistir en este tema para pretender un plagio indica una dislexia. O bien poner las tinieblas del revés, como decía Rabelais”.

Las Memorias de Giovanni Giacomo Casanova de Seingalt fascinaron tanto a Ramón del Valle Inclán que copió párrafos de esa obra en su Sonata de primavera (1904). Bajarlía polemiza con el crítico Julio Casares, quien califica el procedimiento del dramaturgo, novelista y poeta español como “imitación del fondo”. Y transcribe una parte de los párrafos “asaltados a mano armada”.

“Mi palabra y mi fe no deben seros sospechosas, puesto que ningún vil interés me trae a vuestra presencia. Solamente una poderosa inspiración me impulsa a hablaros (...)”, se lee en Casanova.

“Mi palabra y mi fe no deben seros sospechosas, puesto que ningún vil interés me trae a vuestra presencia. Solamente me guía poderosa inspiración”, transcribe, groseramente, Valle Inclán. Al menos en este tramo citado, como en otros que cada lector/a podrá chequear en la página 54 del ensayo de Bajarlía, queda claro que no lo guiaba la mentada inspiración.

El capítulo sobre las acusaciones de plagio contra el semiólogo italiano Umberto Eco entabla un diálogo inmediato con el estudio preliminar de Drucaroff. La escritora y crítica literaria recuerda que las obras literarias son “una por una” y “si hay o no plagio, también”. “La teoría literaria muestra cómo algo que no fue literatura sino el relato real de sus orígenes para todo un pueblo (La Ilíada y La Odisea) es leído como literatura siglos después; Erich Auerbach lee la Biblia como literatura, mientras que para millones de personas es un texto sagrado; las amenazas de muerte a Salman Rushdie por escribir sus Versos satánicos muestran cómo algo que cierta formación social lee como novela (literatura) es entendido como palabra no ficcional por otros, y por eso hasta se consideran con derecho de castigar del modo más extremo a su autor”, subraya Drucaroff.

No exento de una entonación socarrona, y como si anticipara las argumentaciones de quienes defendieron a Sergio Di Nucci en 2007 –“un caso de plagio obvio y vergonzante que sacudió al campo intelectual argentino”, evoca Drucaroff, cuando el jurado del concurso Sudamericana-La Nación revocó el premio a Bolivia construcciones por tener 30 páginas copiadas casi literalmente de Nada, la novela de Carmen Laforet–, Bajarlía afirma que hay una excusa para el plagio que se llama intertexto.

“Este es válido en la medida en que, en estos tiempos, de alguna manera, se lo hagamos saber al lector –aclara–. No existiendo este requisito, cualquiera sea su forma, hay plagio, y no es imprescindible que sea literal.” No obstante la aclaración, considera que existe intertextualidad con los modelos literarios que el semiólogo italiano eligió para trabajar en El nombre de la rosa y El péndulo de Foucault. Aunque “falta el estudio riguroso para emitir un juicio definitivo”, admite Bajarlía, impulsor del vanguardismo en el país que formó parte del movimiento de Arte Concreto–Invención junto con Edgar Bayley, Gyula Kósice y Tomás Maldonado, entre otros, autor de policiales que publicó con el seudónimo de John J. Batharly, Historias de monstruos (1969), Los números de la muerte (1972) y El endemoniado Sr. Rosetti (1977).

Hay más intertextualidades inventariadas entre Albert Camus y Sarmiento, entre Dante y el Juicio final musulmán. Y una “copia ambigua”, que tal vez sea materia para debatir al interior de El libro de los plagios. El periodista Bernard Diederich, corresponsal de la revista Time, acusó a Mario Vargas Llosa de plagio. En La fiesta del Chivo, novela de ficción basada en la dictadura del dominicano Rafael Leónidas Trujillo y en la conspiración para asesinarlo, publicada en 2000, el escritor peruano habría utilizado partes de Trujillo: la muerte del Chivo, investigación que el periodista publicó en 1978. A pesar de que Bajarlía reconoce que el Premio Nobel de Literatura tomó elementos de Diederich, texto que Vargas Llosa nunca ha negado conocer, pondera que “sólo un auténtico genio de la literatura”, como el autor de La tía Julia y el escribidor, podría haber mejorado el original, “añadiendo la sal y pimienta de su imaginación y su oficio como hombre de letras de indiscutible calidad...”.

Como adivinando las conjeturas que dejan abiertas los puntos suspensivos en sus lectoras y lectores póstumos, agrega: “Pero no hubiera estado de más que hubiese incluido un agradecimiento especial al periodista que recopiló con tanto trabajo los datos de los que se ha servido para dar forma a su obra de arte”.






martes, 3 de enero de 2012

UNA NUEVA OPORTUNIDAD









Un nuevo año, una nueva oportunidad para soñar, para crear, para creer, para construir, para vivir haciendo todo aquello que nos haga felices, con salud y en libertad.

Brindamos por todas y todos, por la vida, por un país más justo, equitativo, igualitario e inclusivo.

Muy buen año compañeritos.







sábado, 24 de diciembre de 2011

martes, 20 de diciembre de 2011

MALTRATO Y HUMILLACION EN EL JARDIN








¿No pagás? Te quedás afuera... ¿el que sigue...?

Autoridades y docentes del jardín de infantes privado El Abuelito, de la localidad bonaerense de González Catán, partido de La Matanza, retiraron medallas y diplomas de egreso en pleno acto de fin de curso a los niños que adeudaban las últimas dos cuotas del año.

“Lo que pasó en ese establecimiento es una aberración que nadie puede tolerar y mucho menos el Estado, que es de quien depende la educación en toda la provincia”, señaló Néstor Ribet, jefe de la Dirección de Gestión Privada bonaerense.

El hecho se produjo el viernes pasado y se dio a conocer ayer, a través de las redes sociales, por un video publicado en YouTube por los padres de los chicos, quienes denunciaron haber recibido “maltrato y humillación”, durante un acto de fin de año.

En la filmación se puede ver a una nena bajando del escenario con una medalla, un diploma y una bolsa con trabajos y, a muy corta distancia, dos docentes “pidiéndole que devuelva esos objetos”.

Ribet repudió la decisión de los directivos del jardín El Abuelito y señaló que se produjo una “violación gravísiva del derecho de los niños, al mezclar cuestiones económicas con educativas”.

“La institución es un emprendimiento privado que no está registrado en el sistema educativo de la provincia de Buenos Aires, ya que es un servicio que se presta con inscripción en un registro que lleva el municipio de La Matanza”.


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Sin embargo, el director de Educación provincial anticipó que “más allá de que esta situación impide que la Dirección de Escuelas intervenga directamente, el tipo de sanción o de acción judicial se va a estudiar de manera conjunta con el municipio local, quienes harán presentaciones a la Justicia, porque las autoridades y docentes del jardín han violentado los derechos de los niños”, precisó Ribet.

“Las posibilidades que manejamos son el cierre del establecimiento, el nombramiento de un persona como interventora en la institución, o bien, la regularización y la incorporación al sistema educativo provincial de este jardín”, explicó Ribet. Y manifestó su intención de “tomar conocimiento en el lugar con las personas a cargo de la situación y con la fiscalía y el municipio de La Matanza”, porque aseguró que “no tiene potestad para actuar en forma individual”.

“El establecimiento de nivel inicial estaba registrado como comunitario, por lo cual no podía cobrarles una cuota de 100 pesos a los alumnos. Es decir que aquí tenemos presente otro tema por el cual investigar a las autoridades”.


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En este sentido, Silvina Gvirtz, directora general de Cultura y Educación bonaerense, ordenó “la urgente investigación sobre la condición de legalidad del establecimiento y la responsabilidad por el atropello moral sufrido”.

“Estoy conmovida y me indignan estas situaciones”, expuso Gvirtz. También señaló que “de los tantos principios que guían la educación, el concepto de bien público es uno de los valores irrenunciables”.



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Por su parte, Alberto Sileoni, ministro de Educación de la Nación, quien fue consultado sobre el hecho, opinó que “la escuela debe ser un escenario transmisor de valores, y si a un niño le ponen como un bonete diciendo que su padre es moroso, se trasgrede un valor fundamental que es el respeto al otro”.

“Trasladan una situación de adultos a un niño. Es por eso que tengo dudas de si la dirección de esa escuela está en condiciones de educar. Eso de sacarle la medalla a una persona se hace en el ámbito militar, para aquellos que son degradados por haber cometido delitos aberrantes”.

Familiares de los niños afectados sostuvieron que les quitaron las medallas y los diplomas y que, además, les retuvieron los certificados de alumno regular.










sábado, 17 de diciembre de 2011

REMEDIOS en KIOSCOS y SUPERMERCADOS




Casi un mes después de su aprobación por la Legislatura porteña, el jefe de Gobierno Mauricio Macri vetó la ley que prohibía la venta de medicamentos en góndolas, kioscos y bares de la Ciudad de Buenos Aires.

La ley 4.015, por la cual se adhería a la normativa nacional que ya rige en los otros 23 distritos del país, habilitaba la venta de medicamentos exclusivamente en farmacias. Hasta última hora de ayer, el veto no había sido publicado, pero fuentes parlamentarias confirmaron que había sido firmado. La noticia despertó protestas de legisladores que habían impulsado la sanción, como Jorge Selser, quien evaluó la medida como “bochornosa”. Por su parte, el presidente de la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA), Ricardo Aizcorbe, repudió la decisión y declaró que “Macri es un vetador serial contra la salud de los vecinos y a favor de la caja de Farmacity”, en referencia a la cadena de tiendas que ofrece medicamentos en góndolas.

Mauricio Macri, jefe de gobierno porteño, dio marcha atrás con una ley aprobada por la Legislatura (ley 4.015). Esa norma adhiere al régimen nacional que restringe la comercialización sólo a las farmacias. Quejas de la Confederación Argentina de Farmacias. La ley que prohíbe, a lo largo de todo el país, la venta de medicamentos en góndolas, kioscos y bares, no podrá ser aplicada en la Ciudad de Buenos Aires, el territorio metropolitano que concentra, en sus 202 kilómetros cuadrados, la mayor cantidad de locales que combinan la venta rápida de productos comestibles, de tocador y farmacia.

Esos comercios, que en su mayoría operan bajo el control de una cadena farmacéutica (FARMACITY), tenían que adecuar su expendio a la Ley porteña 4.015, aprobada por la Legislatura Porteña hace exactamente un mes para garantizar la adhesión de la Ciudad a la Ley Nacional 26.567 / 2009 . Esa norma, desde el 17 de diciembre de 2009, sólo permite, en todo el país, la venta de medicamentos en farmacias y obliga que su expendio sólo sea realizado por profesionales graduados en la materia.

Hasta este viernes, ese sistema iba a regir en la Ciudad, pero el jefe de gobierno Mauricio Macri decidió vetar la norma, con un decreto que, entre otros detalles, establece la preocupación de la gestión PRO, “por la reducción de lugares de expendio que se reducirían con esta ley”. El decreto del veto también se ampara en la Resolución 3.686/11 de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) que, según confió una alta fuente del gobierno porteño, “caracteriza a las especialidades medicinales de venta libre como aquellas que no exigen en la práctica intervención médica y no entrañan peligros para el consumidor, un argumento que retomó la Organización Panamericana de la Salud”.

La decisión de Macri generó varias reacciones y sospechas. La primera fue el repudio de la Confederación Argentina de Farmacias (COFA), cuyo presidente, Ricardo Aizcorbe, en diálogo con Tiempo Argentino, acusó al alcalde reelecto de ser “un vetador serial contra la salud de los vecinos” y de beneficiar a las cadenas de expendio que iban a tener que adecuar su funcionamiento a la nueva ley. La segunda reacción estuvo en boca del senador nacional Daniel Filmus, que impulsó la sanción de la ley 26.567.

“Yo trabajé por esa ley en el Senado y en 2009, cuando fue sancionada, contó con los ocho votos del macrismo. Ahora me pregunto ¿Por qué el PRO vota dentro del Congreso una ley para que sea aplicada en todas las provincias y luego veta su aplicación en la Ciudad?”, exclamó el ex ministro de Educación de Néstor Kirchner.

En síntesis, Mauricio Macri vetó la ley que prohibía vender medicamentos a Kioscos y supermercados, desde el 17 de noviembre pasado; de esta manera, se podrá comprar medicamentos por fuera de las farmacias. La medida -ahora- rige en todo el país, menos en la Ciudad de Buenos Aires.






martes, 13 de diciembre de 2011

AQUELLAS FIESTAS INFANTILES





Algo anda mal. No hay matices, todo se parece demasiado y se repite como una historia circular, una y otra vez. ¿Nos habrán robado la posibilidad de ser originales, auténticos, únicos, en la riquísima diversidad de la vida, siguiendo nuestra idiosincracia, respetando nuestra identidad, en lugar de las ofertas y descuentos?

Hemos perdido la alegría ─en cierta forma─ de hacer las cosas con nuestras propias manos. Quizás, el mercado nos ganó, la modernidad, el progreso, o el neoliberalismo, no sé, pero lo pasado fue mejor, digo, lo de hace algunas décadas. Sí, claro, no hay tiempo, vivimos apurados, y se resuelve más fácil y rápido si alguien lo hace por nosotros, las fiestas de los chicos, los cumpleaños, por ejemplo. Sólo es cuestión de plata, algunos con eso arreglan casi todo.

Atención, está todo listo, premasticado: el salón, el pelotero (o el inflable), la torta, la chica de la puerta que te pide el celular, los animadores desanimados, la música ensordecedora enlatada para chicos (Wachiturros, Disney, Reggaeton, jamás María Elena Walsh o sucedáneos), los chisitos y papas fritas, los panchos, la coca cola (nunca una fruta), la piñata, los souvenirs, la bolsita con caramelos. Todo igual. El año pasado fui a más 20 cumpleaños de 4 y de 5 años. Este años fui a más de 20 cumpleaños de 5 y de 6 años, todos iguales. El año que viene de nuevo.

No, no eran festejos del mismo colegio, ni del mismo jardín, ni de la misma clase social. Es el cumpleaños estándar, el que sale entre 750 a 2.000 pesos, o más. Lo único que hay que hacer es seguir al que cumplió años antes, o buscar precio, entre 2 o tres salones. Dicen que en provincia es más barato que en capital, y los sábados o domingos son más caros que días de semana. Después, según tus pretenciones, podés contratar, mago, animador, contorsionista, lanzallamas, stripper.

Será nostalgia o elección conciente, quién sabe. Yo me quedo con los sanguchitos de pan de viena chiquitos que hacía mi vieja, las pizzetas de la abuela, la pasta flora de mi tía, las rondas y juegos entre los pibes y pibas, la mancha cuerpo a cuerpo, la escondida interminable, rodillas en tierra, afectos y energía cinética multiplicada. Sin computadoras, ni blackberrys, ni joysticks, todo umplugged. Cada fiesta era un tesoro escondido para descubrir. Una sorpresa, como la vida misma.

¿Y si recuperamos la fiesta como intercambio de emociones y regocijo compartidos, y abandonamos el trámite perentorio de seguir la corriente formateada, la manada?

En casa, en el patio, en la terraza, y un poco en la vereda también.

Podrás decir que soy un soñador, pero no soy el único...




domingo, 4 de diciembre de 2011

BAMBÚ JAPONÉS




No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante. También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada, halagándola con el riesgo de echarla a perder, gritándole con todas sus fuerzas: ¡Crece, por favor!

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente.

Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros 7 años, a tal punto que el cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un periódo de solo 6 semanas. La planta crece más de 30 metros.

¿Tardó solo seis semanas en crecer?

No, la verdad es que se tomó 7 años y seis semanas en desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.

Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas y triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

De igual manera es necesario entender que en muchas ocasiones estarémos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo.

Y esto puede ser extremadamente frustrante.

En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés, y aceptar que “en tanto no bajemos los brazos”, ni abandonemos por no "ver" el resultado que esperamos, sí está sucediendo algo dentro nuestro...

Estamos creciendo, madurando.

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice.

Si no consigues lo que anhelas, no desesperes... quizá solo estés echando raíces...



Autor desconocido




sábado, 3 de diciembre de 2011

3 de diciembre - Dia Internacional de la Discapacidad





Hoy es un día para la reflexión..... ¿Cuál es la discapacidad de una gran parte de la sociedad a brindarse, a comprender, a ayudar al que nos necesita, cuál es la discapacidad para decir lo que se siente, para expresar una emoción, para entregarse, para abrirse, para amar? ¿Cuál es la discapacidad que tenemos para ser libres y ser quienes esencialmente queremos ser?

Cuánto tenemos que aprender de aquellos que tienen capacidades diferentes, su actitud de superarse día a día, su paciencia, su tenacidad, su dedicación, su afecto y su capacidad de amar.

Como dice Norberto Levi: "el amor no es una emoción conflictiva sino una calidad de energía, una calidad de interacción, esa interracción que se manifiesta en todos los planos y en última instancia es la que posibilita la vida".

Seamos más solidarios, y dejemos de mirarnos el ombligo.







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