Muchas de las fotos de este blog son de Ramiro Sisco con la comunidad Pilagá, en Las Lomitas, provincia de Formosa, Argentina.
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sábado, 11 de enero de 2014

EL PARARRAYOS








Eldo Avila, principal referente en el país en la investigación de descargas eléctricas, explica que los rayos buscan los lugares más altos: un edificio, un árbol o una persona. “También van a elegir el agua, porque es conductora.”


En la Argentina, las tormentas con descargas eléctricas son frecuentes en los veranos. “Todos los veranos tenemos este tipo de tormentas peligrosas. Se puede hacer algo, educar en seguridad, porque la gente tiene que saber un poco más, tener real dimensión de lo peligrosa que puede ser una tormenta así en un lugar abierto, descampado”, señala Eldo Avila, profesor de la Facultad de Matemática, Astronomía y Física de la Universidad Nacional de Córdoba, e investigador del Conicet. En diálogo con Página/12, Avila explicó algunos mecanismos de los fenómenos de electricidad atmosférica y señaló los cuidados que cualquiera puede tomar fácilmente ante la eventualidad de tormentas que “entre noviembre y marzo son normales en nuestro país”. Pero advirtió que “la presencia de pararrayos en una playa no garantiza seguridad”.

En el verano, dijo el especialista, “se forman nubes que tienen desarrollo vertical, es decir, una altura mayor que en el invierno”. Eso incide en su peligrosidad, en lo que a actividad eléctrica se refiere: “Cuanto más altas son las nubes, más peligrosas resultan porque pueden desarrollar granizo, precipitaciones intensas, vientos muy fuertes y descargas eléctricas. Todo viene como en un combo”. Son nubes que se forman “con altas temperaturas y con mucho vapor de agua”.

Estas nubes pueden producir dos tipos de descargas eléctricas, advierte Avila. “Una es el relámpago, que es una descarga que ocurre dentro de la nube, entre una región y otra de la nube, que se conectan eléctricamente y se ve esa línea luminosa. El relámpago es una carga eléctrica que se neutraliza pero nunca llega a tierra. No es peligrosa.” Por el contrario, “la descarga peligrosa es cuando se conecta una región de la nube con la superficie de la tierra: el rayo. Baja muchísima carga eléctrica en décimas de segundo”. Avila grafica: “No hay ninguna máquina hecha por el ser humano que pueda transportar la carga eléctrica que transporta un rayo en ese tiempo”. Se trata de una energía que podría alcanzar los 30 mil amperes en un instante, cuando “cualquier artefacto eléctrico doméstico consume, en promedio, un amper”. “El canal de un rayo, que es esa línea que se ve cuando baja la descarga, tiene una temperatura de 5 mil grados centígrados. Donde pega, destruye”, agrega el especialista.

Si la descarga eléctrica de la nube va a liberarse sobre otra nube o en la superficie terrestre, no puede predecirse. “La nube descarga donde le conviene. Pero esa bajada no es continua, sucede como en cámara lenta. Cuando está a 30, 40, 50 metros de la tierra, el rayo detecta lo más puntiagudo de la superficie, porque eso es lo que tiene el potencial eléctrico más alto, y el rayo, que tiene potencial eléctrico alto, también es atraído por eso. En un lugar muy llano, como en la zona de la pampa, un árbol es una punta. En un campo sin árboles, una persona es una punta”. Sin embargo, si lo más alto del terreno se encuentra más distante del lugar donde puede descargar la nube, el rayo caerá sobre algo de menor altura pero más cercano. “Si a punto de tocar superficie, tiene una persona cerca y un pararrayos a 100 metros, va a elegir a la persona.”

Por ello, en las ciudades los pararrayos son eficaces, pero en lugares llanos y despejados como una playa no funcionarían. “La presencia de un pararrayos no garantiza seguridad, por eso llenar la playa de pararrayos no serviría más que para arruinar el lugar.” En las ciudades, es diferente “porque hay edificios y lo más probable es que caiga sobre un edificio, y la persona que está dentro está protegida”.

Las descargas eléctricas de las nubes, además, privilegian caer sobre objetos metálicos, pero no pequeños, como la cajita metálica que puede haber en una carpa de la playa, sino “algo metálico de un volumen importante, como las casillas que hay en Córdoba para esperar los colectivos urbanos”. El rayo también “va a elegir el agua, porque el agua es conductora. Si una persona está en una pileta y un rayo cae cerca, lo va a afectar, lo puede dañar seriamente. No hace falta que el rayo te caiga encima para que te dañe”.

Avila señala que “lo mejor es protegerse dentro de una construcción de mampostería”. Bajo techo, “no hay que estar cerca de las ventanas si las ventanas tienen aberturas metálicas, porque si un rayo descarga en la construcción, esa carga se va a conducir por toda la estructura metálica que tenga la casa, sean cañerías o aberturas metálicas”. En caso de que la tormenta arrecie puertas afuera, en un descampado sin construcciones cercanas, “lo menos malo es un automóvil”. “El auto, si bien es metálico, cuenta con el efecto aislante de las ruedas, que son de goma. Entonces, si hay una persona dentro del auto cuando le pega un rayo, y si esa persona no está tocando la chapa, se puede salvar. La electricidad se desparrama por el metal.”









Rayos: "Puede reducirse el porcentaje de víctimas"

Las tormentas eléctricas constituyen el fenómeno natural que más muertes produce en promedio por año en Argentina, llegando a medio centenar de víctimas. Pero este saldo podría reducirse significativamente utilizando dispositivos "no muy costosos", una especie de "sensores de relámpagos y detectores de nubes con continuidad empleando webcam o cámaras similares", ubicados en las estaciones meteorológicas que monitorean las tormentas en tiempo real.

"Los países desarrollados ya cuentan con detectores que alertan la llegada de relámpagos. Esto debería ser obligatorio en nuestro país. Entonces, con toda esta información y, por supuesto, conectado con Defensa Civil y el Servicio Meteorológico Nacional, se podría tener un dato muy fehaciente sobre la influencia de estos fenómenos en un determinado lugar", asegura el director del Área de Física de la Atmósfera y Radiación Solar del Instituto de Física de Rosario, Rubén Piacentini.

Según el investigador rosarino, los dispositivos equipados con sensores de relámpagos y con cámaras de registro continuo de imágenes permiten seguir las nubes, anticipando la detección de aquellas tormentas que se desarrollan muy rápido y que los radares sólo pueden registrar en intervalos de unos diez minutos. En particular, los sensores de relámpagos no son de carácter obligatorio en lugares de alta concurrencia en Argentina, como sucede en Europa y Estados Unidos.

Una vez implementado este sistema, la tecnología permitirá que la información llegue a las personas directamente, por ejemplo, a través del celular o de los medios de comunicación masivos, en forma de advertencia.

"Lo que nosotros aconsejamos es que en lugares donde hay mucha concentración de gente, como canchas de futbol, piscinas, y en la playa, se pongan sensores de alerta para que la gente pueda resguardarse en aquellos sitios protegidos con pararrayos", recomienda Piacentini.

En el último año se registraron alrededor de 50 muertos en todo el país por la caída de rayos. "Yo creo que se puede reducir este porcentaje cuanto mayor sean los sistemas de protección, porque se trata del fenómeno natural que más muertes produce en promedio por año", asegura el director del Área de Física de la Atmósfera y Radiación Solar del Instituto de Física de Rosario.

Consultado acerca de las medidas preventivas, el investigador aseguró que la mejor protección ante los relámpagos es un automóvil, porque tiene una estructura metálica y en su interior el campo eléctrico es constante, dado que el principal problema es la diferencia de potencial.

"Una persona parada es como si tuviera los dos pies como dos enchufes en la tierra cuando cae un rayo, entonces se genera una diferencia de potencial en el suelo entre un pie y el otro y eso, si está muy cerca de donde se descargó el rayo, le puede ocasionar graves lesiones y hasta la muerte", explica.

Otra recomendación es mantener las piernas juntas con las manos en los oídos para evitar lesiones auditivas, alejarse de las rejas, puertas y ventanas, evitar lugares altos y espacios abiertos, y no utilizar teléfonos fijos, entre otros consejos.






miércoles, 8 de enero de 2014

PAÍS CIENCIA








Convergencia entre ciencia y sociedad para la inclusión. La plataforma País Ciencia busca acercar la investigación científica a los colegios y barrios con el objetivo de despertar la vocación por la ciencia en los jóvenes. El proyecto, asociado al Conicet, es una experiencia de democratización del conocimiento.

DIALOGO CON CLAUDIO FERNANDEZ, DIRECTOR DEL LABORATORIO MAX PLANCK DE ROSARIO...



–Cuénteme ¿a qué se dedica?

–Soy doctor en Química biológica, dirijo el Laboratorio Max Planck de Biología Estructural, Química y Biofísica Molecular de Rosario. Soy director de la primera plataforma tecnológica de diseño y descubrimiento de fármacos en fase preclínica de Latinoamérica. Dirijo también un doctorado internacional organizado entre la Universidad Nacional de Rosario y la Universidad de Göttingen, en el área de la Biomedicina y Biociencias Moleculares. Göttingen es una ciudad alemana de 120 mil habitantes; su universidad tiene la impresionante cifra de 46 premios Nobel asociados. Allí fui jefe de grupo hasta el año 2005. El último Premio Nobel de Medicina es de la Universidad de Göttingen. Ellos son nuestros socios.

–¿Cuándo volvió usted al país?

–En 2004 y 2005, junto a otros argentinos, lideramos una línea de trabajo que dio lugar a significativos avances en el área de enfermedades neurodegenerativas, en particular la vinculada con el mal de Parkinson. Mi trabajo científico fue repatriado en el año 2006, a través de la adquisición del primer espectrómetro de resonancia magnética nuclear de alto campo para nuestro sistema científico, que fue el segundo equipo en su tipo en ser instalado en la región.

–Y además está trabajando en un plan de comunicación de la ciencia del Conicet.

–Estamos avanzando con un proyecto para la creación de una plataforma orientada a la socialización de la ciencia llamada País Ciencia. Su objetivo es generar igualdad de oportunidades y despertar vocaciones científicas. Es un proyecto que, asociado al Conicet y otros organismos nacionales, proyectará a nivel nacional una experiencia de comunicación pública de la ciencia y democratización del conocimiento nacida en el municipio santafesino de Granadero Baigorria, donde funciona el Centro de Estímulo al Desarrollo del Conocimiento (Cedec), que es el modelo. Los otros actores involucrados son la Universidad Nacional de Rosario, la Subsecretaría de Gestión de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación de la Nación y el Ministerio de Planificación Federal de la Nación.

–¿Qué tiene pensado hacer? La inclusión de la ciencia tiene muchas corrientes... y hay cosas con las que nadie sabe qué hacer, por ejemplo: la matemática.

–Vamos a coordinar acciones entre escuelas, universidades, organismos de ciencia y tecnología, y el conjunto de la sociedad. Será una herramienta educativa, inclusiva, que se ocupará de promover la socialización del conocimiento, así como de fomentar la creación de una red de centros o nodos territoriales. Queremos generar instancias de reflexión en torno del conocimiento científico situado en su contexto territorial. Hasta ahora muchas de las acciones de comunicación pública de la ciencia se han generado en el marco de pensar la relación “ciencia y sociedad” bajo los parámetros de la hipótesis del déficit cognitivo. Mi postura es tratar de desmitificar el rol del científico y pensar el conocimiento como un bien social.

–Entiendo. Yo trato de hacer las entrevistas acá en un café para sacar al científico del laboratorio, porque el científico muchas veces cuando habla lo hace para sus colegas, entonces acá no tiene el código del laboratorio. La ciencia no es sólo ciencia, la ciencia es filosofía y es historia de la ciencia. Hay que saber de dónde venimos...

–Eso queremos con este programa, que los investigadores y comunicadores de la ciencia expliquen a la sociedad de manera amena. Comparto, es necesario poner en valor todo lo que se hace desde el año 2003 en ciencia y tecnología en nuestro país. La política de Estado de ciencia y tecnología es concreta y tiene un correlato social. Es necesario que se la valore porque no alcanza con que la defendamos los científicos desde el laboratorio. Se va a defender en tanto y en cuanto la gente sepa respecto del valor del conocimiento científico, sus impactos y beneficios. Para eso es fundamental comunicar, concientizar y ampliar la cultura científica de la gente.

–Yo dirigí ocho años el Planetario de la ciudad de Buenos Aires. Nuestra postura era: la ciencia es propiedad de todos. Pero cuando decíamos todos, decíamos todos. Por eso hicimos un planetario para ciegos, para sordos, hicimos cafés científicos, fuimos a las villas. La idea era: como es de todos, es también para los que no pueden venir.

–Ahí está la clave, en que nosotros como investigadores nos acerquemos. Esa es la génesis del proyecto. Queremos conversar sobre ciencia en todos los barrios y localidades. Ahí uno como investigador científico toma conciencia de la realidad. En la villa, al chico no le importa que le expliques el principio de Bernoulli. Quieren saber, por ejemplo, cómo se hacen las plantas de potabilización de agua. Allí se toma conciencia de para quién estás trabajando, porque la ciencia y la tecnología no se agota en una proteína en un tubo de ensayo. Sólo se realiza cuando es orientada a un fin colectivo y es apropiada por la gente.

–Entiendo. También es mucho lo que se consigue cuando se les muestra un telescopio, una bacteria con un microscopio...

–Nosotros escuchamos lo que nos piden los chicos y los docentes en las escuelas de las villas. Ellos quieren aprehender un conocimiento que impacte en su calidad de vida. Sin dudas representa una superación de la comunicación de la ciencia como colección de anécdotas o datos curiosos. Estamos pensando en proyectos que enseñan a desarrollar, por ejemplo, una planta potabilizadora de agua, o cómo hacer que la basura, que contiene un alto porcentaje de materia orgánica, pueda generar biogás o biocombustible. Una parte del programa que estamos desarrollando consiste en generar fondos semilla, lo necesario para que esa escuela pueda concretar un proyecto con investigadores del Conicet.

–¿Cuál estima que será el efecto de este plan?

–Son múltiples, el chico de la villa va a tener una vivencia transformadora vinculada al conocimiento científico. Va a conocer que existen instituciones de ciencia y tecnología, conformadas por personas que trabajan de científicos. Y a los investigadores los invitamos a salir de su territorio habitual porque el laburo lo tienen que hacer en la villa.

–¿Y usted qué les dice?

–Los invito a participar y que dejen atrás sus prejuicios. Les digo que hay que desacralizar la ciencia y hacer entender que la ciencia no es para genios. De nada sirve pasar seis meses dando conferencias en el exterior, si acá la gente no entiende el quehacer científico tecnológico. Para que la sociedad se interese, se informe, pregunte, entienda y valore, hay que educar incluso a los investigadores. Hay que invitarlos a salir del laboratorio, porque mayoritariamente salen formados en su disciplina y tienen cierta lejanía con la sociedad. El desafío es, como ha dicho la propia presidenta de la Nación, que en las universidades nacionales la matrícula sea en un gran porcentaje de hijos de trabajadores, y que se reciban. Para eso hay que generar una escuela de científicos con compromiso social.

–¿Ya tienen armado el programa de acciones?

–Sí, el programa, además del componente de comunicación pública de la ciencia, tiene otro que son las pasantías científicas para que los estudiantes vengan a nuestros laboratorios de investigación científica u otros organismos públicos a hacer actividades, porque el problema que estamos teniendo es que, independientemente del estrato social, los jóvenes están desinformados y se pierden vocaciones. Nosotros perdemos muchas vocaciones en el último y anteúltimo año de la secundaria, porque los chicos no saben para dónde seguir. El programa pretende vehiculizar esas vocaciones. Hay que ir al encuentro de estos estudiantes, yo creo que eso es parte del rol del científico.

–¿Qué más piensan hacer?

–Vamos a brindar cursos de capacitación para los docentes de escuelas secundarias, vamos a dar capacitación a investigadores para enseñarles a hacer comunicación pública de la ciencia. Vamos a generar contenido audiovisual, vamos a tener una plataforma web con módulos virtuales, con contenidos para que puedan ser utilizados en las escuelas por los chicos directamente, y vamos a tener un laboratorio móvil para poder llegar a los lugares más lejanos. Es un proyecto que ataca el problema de la brecha entre ciencia y sociedad en forma integral, y que además tiene actores que tienen que ver con la generación de política científica, generación de política educativa y el territorio. Tenemos muchas expectativas de poder replicar a nivel federal el éxito que este proyecto ha tenido en Santa Fe y Buenos Aires.











sábado, 26 de noviembre de 2011

VALENCIA: la historia argentina hecha historieta







Hace unos meses comenzó en el portal de Educ.ar una historieta por entregas sobre los últimos 100 años de la Argentina.

El trabajo, que bien podría remitirnos a Maus, aquella genial obra de Art Spiegelman sobre el nazismo, fue diseñado principalmente para trabajar en las aulas y reúne con altura a cuatro experiencias distintas: Martiniano, su guionista, es de tradición peronista; Ezequiel, su dibujante, militaba en el trotskismo; Javier Trímboli, uno de los asesores históricos, se formó en la Federación Comunista y hoy simpatiza con el kirchnerismo; Julia Rosemberg, también del campo de la Historia, trabaja para distintos lugares del Estado.

De esta junta nació Valencia, la historia de un inmigrante y su familia, desde 1910 al 2010, contada con sinceridad y contradicciones. Lo que sigue es una charla con dos de sus responsables.




¿Cuál es la génesis de Valencia?

Martiniano Cardoso (guionista): Yo venía con Ezequiel con la idea de hacer algo histórico. Justo estaba de vacaciones en España y me encuentro con una amiga, Laura Marés, que es gerenta de Educ.ar. En ese momento, sin tener muy claro todavía lo que quería, le dije que tenía una historia, la de una familia a través de los doscientos años de la Argentina. Y le dije que lo tenía a Javier Trímboli, pero él no lo sabía. Laura me dijo que le interesaba, que estaba bueno para los chicos, así que llegué a Buenos Aires y le dije a Javier que lo había comprometido con un trabajo. Lo llamé a Ezequiel y nos juntamos los tres. Decidimos que iban a ser cien años, porque doscientos era un número enorme y ya el Siglo XIX tiene un montón de ribetes que hacen más compleja una historia. En ese momento se sumó Julia al equipo. Fuimos a Educ.ar y dos gerentas de ahí, Patricia Pomiés y Mayra Botta, nos abrieron la puerta de una manera fantástica.

¿Con qué línea decidieron trabajar? ¿Tomaron como modelo alguna historieta educativa?

Martiniano: Los modelos que habíamos visto con Ezequiel sobre historieta educativa digamos que eran muy lavados. Nosotros, los cuatro, dijimos: queremos hacer algo totalmente diferente, queremos que tenga ideología, que tenga fuerza, contar desde algún lado a la clase obrera, desde otro lado a las clases medias, que no sea neutral. Javier decía en las reuniones una cosa muy piola: hay que hacer foco en los hechos, tratar de sacar a la superficie cosas que no estén tan claras. Y para serte sincero, nosotros pensamos que Educ.ar nos iba a poner alguna traba… Y nada. No nos bajaron ni una línea.

Ezequiel Rosingana (dibujante): Es que una visión objetiva tampoco existe. Estamos haciendo un laburo que tiene calidad gráfica y literaria y, a la vez, tiene una lectura política. Para nosotros es importante que los chicos empiecen a pensar la historia de otra manera. Hay hechos que nunca hubiéramos pensado que formarían parte de un material de estudio de acceso a los chicos.

¿Relacionan directamente este momento histórico con la posibilidad de publicar una historieta de estas características o creen que en otro momento también se podría haber hecho?

Martiniano: Hay un antecedente importante en los 70, la versión de El Eternauta de (Alberto) Breccia y Oesterheld… Hay una tradición política. Pero es verdad que el tiempo histórico que estamos viviendo tiene una relación con que nosotros podamos hacer una historieta así. Indudablemente, Valencia es producto de este tiempo, de este tiempo político.

¿Cómo es el proceso de armado de cada capítulo?

Martiniano: Yo dividí los ocho capítulos temporalmente. Me junto con Javier y con Julia y discutimos cosas que pueden ser interesantes para cada uno. Julia hace un informe y a partir de eso yo decido hacer foco en algunas cosas. En el primer capítulo, por ejemplo, incluimos el incendio al circo de Frank Brown, un payaso que era inglés y que lo disfrutaban las clases populares. Como te decía, la idea es no ser tan abarcativos, hacer foco sobre cosas que no están tan a la luz.

Ezequiel: En ese sentido, para mí lo fundamental es que el personaje central muchas veces no es el protagonista, termina siendo testigo de los hechos y eso le da carnadura, humanidad. Digamos que somos bastante enemigos del héroe en el sentido americano del término, el hombre que todo lo puede. Y Valencia es un tipo que está en el medio, se va encontrando en diferentes etapas de la historia argentina. Es víctima, testigo y protagonista, pero no termina de ser el centro de la historia. Porque la de Valencia es la historia de mucha de las familias nuestras y por eso mucha gente se ha sentido emocionada. Tocamos un tema sensible, que es el origen inmigrante de muchos de nosotros.

¿Qué antecedentes podrían marcar en Valencia?

Ezequiel: Yo creo que en Valencia conviven tranquilamente los personajes más clásicos de Oesterheld, que para mí es la historieta más humana. Creo que es en esa línea que nosotros estamos trabajando. Humildemente, ¿no?

Martiniano: Digamos que nosotros no tenemos mucho que ver con lo nuevo que hay en historieta. En una época el comic argentino tenía una voluntad mucho más masiva, más de narrar, de llegar a todo el mundo. Después de Fierro, del primer Fierro, eso se terminó, desapareció. En los 90 entró mucho comic americano y la nueva generación empezó a mirar demasiado a Europa, a hacer un comic estrictamente autoral que a mí y a Ezequiel no nos gusta. A nosotros nos gusta la historia clásica. Mi formación es el comic estadounidense. Sí me gusta Oesterheld, el viejo comic argentino, Trillo… Lo nuevo a mí no me representa. Porque la voluntad nuestra es que nos lea la mayor cantidad de gente posible. Somos enemigos de las historias de culto, para pocos, de elite. Para mí, lo más rescatable del comic estadounidense es la voluntad de narrar a todo el mundo, que acá se perdió.

Ezequiel: Sí, y agregaría que hay una especie de valoración tardía de la historieta como género. Yo siempre hablo de la antropología de la historieta, como si fuera una pieza de museo que ahora se prestigia porque fue, pasó. Nosotros venimos a rescatarlo, hacemos historieta porque no queremos que muera como medio de expresión. E historieta con ribetes históricos que transcurran acá, yo creo que desde el año 80, 80 y pico, desde la primera época de Fierro que no se hacía. No con el trato estético y todo lo que le estamos poniendo. La mayoría de los dibujantes para poder sobrevivir tenemos que laburar afuera. Este es mi primer trabajo publicado acá en 10 años, gracias a que pudimos hacerlo con el Estado, sino yo tengo que seguir trabajando afuera (y tengo que seguir haciéndolo, obviamente). Pero nos genera un enorme placer poder contar hechos históricos maravillosos de la Argentina, narrar la Semana Trágica, contar el 17 de octubre…

Y con algunas licencias muy divertidas, como la tetona de la que se enamora Rodrigo Valencia en la fuente de Plaza de Mayo…

Ezequiel: (risas) Esa en la parte sexy para los jóvenes, es parte de mi imaginación. Lo que pasa es que desde muy chico que estudio y siempre me dijeron: vos tenés que dibujar minas con buenas tetas. Creo que los chicos me lo van a agradecer.

¿Ya tienen noticias de cómo se está recibiendo la historieta en las escuelas?

Martiniano: El otro día me contaba Patricia Pomiés que en la Cumbre de la Unasur le mostró Valencia a gente de Venezuela, de Brasil, de Chile y que flasheaban por cómo hacía cuajar Historia con conciencia crítica. Sabemos también por las redes sociales y diarios de internet de Catamarca, de Tucumán, que la están usando, que se la está fomentando como herramienta para enseñar Historia.

¿Qué se viene para el tercer capítulo?

Martiniano: El peronismo. En un informe que me trajo Julia encontré algo sobre un concurso de belleza, la reina de la primavera de los trabajadores. Lo organizaba el Partido Laborista para el 1 de mayo. Antes del discurso de Perón elegían a la más linda de las obreritas.

Ezequiel: Lo más interesante es partir de esos hechos concretos mínimos, porque están entrelazados con hechos históricos de los grandes. Pero los mínimos son los que te pintan la época, ahí está lo más interesante, incluso incluimos en este capítulo las vacaciones en Mar del Plata, los hoteles sindicales, para que uno pueda palpar en lo cotidiano dónde cambian las cosas. Porque sino son fechas, si no cambia la realidad, el hecho histórico no te cambia. Que se elija a la reina de los trabajadores habla de quién predominaba en la sociedad. Esos hechos puntuales son el mayor hallazgo que tienen ellos a la hora de pasarme el guión.

En la web, la historieta incluye en algunas partes sonido y movimiento. Parecería por momentos que tiene ganas de ser dibujo animado. ¿Adónde ponen el límite?

Martiniano: Bueno, eso está en desarrollo. Nos gustaría hacer un dibujo animado de Valencia. En la página, Matías Salinas, que es el diseñador, es quien pone los efectos, pero la idea fue de Mayra y Patricia.

Ezequiel: El límite está en los tiempos, creo que funcionaria con muchísimo más.

Ustedes laburaron juntos en otra historieta muy distinta a Valencia, Odio y rencor (que se puede leer en Terra). ¿Cómo fue el pasaje?

Martiniano: Odio y rencor es un laburo más personal, fue el primero que hicimos con Ezequiel y retrata los 90. Yo crecí en esa década, fui adolescente, y la historieta está teñida por una suerte de desesperación; es rabiosa, los 90 son una década maldita. Juan Terranova, un escritor que me gusta mucho, decía una cosa que está buena: que la generación de los 70 tuvo la búsqueda del ideal; la generación intermedia, que es la de la democracia, tiene como un encuentro fallido con el alfonsinismo, y la que llega después, que sería la mía, la de Ezequiel, llegó tarde a la revolución pero demasiado rápido a la fiesta menemista. Esta historieta es mi visión de la fiesta menemista, basada en mis propios recuerdos. Me gusta el desencanto que tiene. Es la narración de la tristeza, de la decadencia de las clases media altas de los 90.

Ezequiel: Odio y rencor tiene una rabia y una violencia contenida que va mucho más allá de lo que expresa. Generó muchísima adhesión. Además, en esta época en que pareciera ser que la corrección política se ha oficializado, Odio y rencor es muy divertida porque es incorrecta. El protagonista dice cosas que, en general, hasta nosotros repudiamos, pero es divertido. Hace comentarios ácidos sobre muchas cosas… Godard, el nuevo cine argentino. Es repulsivo y a mí me agrada, porque me parece interesante meter el dedo. Es una hermosa historieta y es más política de lo que parece.

Con este laburo, ambos pasan a formar parte de un proyecto político, incluso Ezequiel, que venís del trotskismo. ¿Cómo lo viven?

Ezequiel: Con contradicciones, claro. Yo vengo de militar en el MST, apoyé a Solanas… es complejo. Por un lado, a mí me seducía mucho la idea de contar un período histórico de la Argentina, eso vale oro. Por el otro, yo no soy parte del gobierno, al contrario, entonces me produjo varias contradicciones que las tuve que resolver, como profesional. Esta posibilidad no la tuve en los años que milité en la izquierda, por ejemplo. Esto tiene que ver con la época, al contrario de otros gobiernos, este tiene una política hacia la cultura. Y en ese marco podemos estar haciendo una historieta. No sé… metiendo banderas rojas, que yo creo que en otro momento en la educación argentina no hubiera sido posible. ¡En la historieta cantan la Internacional!

Martiniano: Hace no mucho hubo una discusión entre Beatriz Sarlo y Magdalena Ruíz Guiñazú sobre que existían ciertos grupos culturales por la caja que tenía el kirchnerismo. Yo invertiría esa idea. Hay un montón de gente a la que este gobierno le dio la posibilidad de construir un relato. Ezequiel que dice esto: a pesar de no simpatizar con este gobierno, este gobierno me permite hacer Valencia. Yo sí suscribo, soy kirchnerista, peronista, y veo que hay como cierta construcción del contra-relato que me parece súper piola. En este contexto nosotros pensamos Valencia. Yo era un descreído de la política, había vivido los 90. Y a partir de la 125 sentí que había algo en juego que en la Argentina nunca había sido puesto en juego. Ese es el nacimiento del relato para mí. Fue el momento en el que yo, políticamente, me paré en algún lado, por primera vez en mi vida. Entonces, lo que para Sarlo es la caja, para nosotros es el contra-relato. Hay un montón de gente que simpatiza con sus políticas culturales a las cuales el gobierno le dijo: ¿Ustedes creen? Bueno, trabajen desde su lugar. Y lo loco es que Ezequiel tiene otra visión y, no obstante, nosotros armamos nuestro relato que es Valencia.

Veremos qué pasa en los últimos capítulos, porque la historieta termina en el Bicentenario.

Martiniano: Sí (risas), yo también lo quiero ver. Pero tratamos de no quedarnos cómodos en ningún lado, y ese es el gran aporte de Javier. El padre de Rodrigo Valencia, por ejemplo, ve al peronismo como una amenaza, supongo que cuando lleguemos a los 60 van a aparecer las familias de clase media que repudiaban al peronismo cuyos hijos se convierten al peronismo.

Ezequiel: En el fondo no deja de ser una historia de relaciones humanas, ahí esta lo fundamental. Llegamos al punto donde entroncamos con Oesterheld y con Trillo, la mejor tradición de la historieta argentina: que es una historia de relaciones humanas. Eso para nosotros es enriquecedor. Lo fundamental es haber evitado el trazo grueso de los personajes, el papel de Pedro es el papel de gran parte de la izquierda argentina en los años 40, en el fondo no es mala fe, al tipo lo que le pasa es que no comprende al peronismo y se para con la visión eurocentrista. Ve al peronismo como una continuación de Mussolini, Hitler y demás elementos nacionalistas pro-Eje. Si logramos transmitir esas dificultades ahí es donde ganamos, donde gana la historieta y donde gana el que la lee.

¿A qué le dicen ni a palos?

Ezequiel: A los que empapelan sus propiedades con la piel de los laburantes, a los que piensan que todo tiene precio, a los que se venden por monedas. Le digo ni a palos a la mentira, la hipocresía y la estupidez, valores actuales de la decadencia occidental y cristiana.

Martiniano: A contar historias que solo le interesen a 50 tipos.







Valencia: la historia argentina hecha historieta

Se trata de un desarrollo interactivo sobre diferentes momentos históricos –desde el Centenario al Bicentenario argentino– a través de la historia de una familia: los Valencia.

La saga consta de 8 capítulos –de publicación mensual, ya están disponibles dos capítulos– y reúne diferentes materiales y recursos para trabajar en la escuela.

Material elaborado por el portal educ.ar y Conectar Igualdad.


Se puede acceder a la historieta interactiva en
http://historiavalencia.educ.ar/.


Valencia es impulsada por el portal educ.ar y Conectar Igualdad. Con guión de Martiniano Cardoso y dibujos de Ezequiel Rosingana, la historieta contó con el asesoramiento histórico de Javier Trímboli y Julia Rosemberg, y fue animada por Matías Salinas. Coordinaron el proyecto Cecilia Sagol, Mayra Botta y Mara Mobilia.





sábado, 5 de marzo de 2011

EDUARDO GALEANO




Desempeñó todo tipo de oficios. Fue mensajero, peón en una fábrica de insecticidas, cobrador, taquígrafo, cajero de banco, diagramador, dibujante, redactor y director de diarios.

Eduardo Galeano es considerado como uno de los más destacados escritores de la literatura latinoamericana.

Los primeros escritos son reportajes de corte político en los que la realidad aparece continuamente golpeada por las circunstancias y en el que refleja una escritura de urgencia, de denuncia, que retrata la cotidianidad de unos tiempos difíciles con una escritura situada siempre en primera línea de los hechos que vertebran el presente.

Eduardo Galeano se consagra en 1971, con su obra Las venas abiertas de América Latina, que ha sido traducida a más de 20 iidomas y que condena la opresión de un continente a través de páginas brutalmente esclarecedoras que se sumergen en la amargura creciente y endémica de la América toda.

Junto al Galeano periodista empezó a aparecer el Galeano narrador invadido en un contexto político y social que no puede eludirse y es el marco central en el que respiran sus historias.





En 1986 con su obra, la Memoria del fuego, hay una recuperación del pasado indigenista, en el que la odisea de las dos Américas se centra en los hechos más cotidianos, componiendo una trilogía febril e incisiva, apoyada en la rigurosidad de las fuentes y en la que se entrecruzan crónicas históricas con pinceladas del presente, siempre en busca de un futuro más justo.

La memoria del fuego está estructurada en torno a pequeñas vivencias cotidianas que es en donde encuentra Galeano la verdadera grandeza del ser humano, la intrahistoria es el Universo en el que caminan las obras del escritor uruguayo, al margen de grandes gestas y de sucesos grandilocuentes, que se apartan del hombre de a pie y del verdadero devenir de los acontecimientos históricos. Son, en palabras de Galeano: "historias pequeñas, pero no minimalistas".

Joan Manuel Serrat toma prestado un fragmento de una de estas historias de la Memoria del fuego para ilustrar, a modo de presentación en sus recitales, el tema Che Pykasumi, que el cantautor interpreta en lengua guaraní.

Un año antes de la publicación de El siglo del viento, y una vez terminada la dictadura uruguaya, regresa a Montevideo y tres años después firma El libro de los abrazos, de contenido más sutil y poético.

El mismo año de El libro de los abrazos aparece Nosotros decimos no. Ya para 1992 publica Ser como ellos y otros artículos y, un año después, Las palabras andantes, recopilación de cuentos y reflexiones ilustrados por el artista brasileño José Francisco Borges.





El propósito de Galeano en los 90 siguió siendo el mismo que le había impulsado en las otras décadas: palpar la realidad y luego plasmarla en un libro.

Como respiro, muestra su pasión por el fútbol y lo reivindica desde la literatura, al modo que también hará Javier Marías, en un libro titulado El fútbol a sol y sombra.

En 1998, Galeano ofrece en Patas arriba. La escuela del mundo al revés, otro de esos libros de denuncia que no edulcoran el presente, ni rehuyen de sus sombras.

Galeano es un ejemplo de coherencia en una obra que sirve siempre de guía a la hora de definir un continente como el de América Latina.





La obra del escritor uruguayo nos convoca a mirar qué pasado se ha levantado y qué futuro se deja para los descendientes, establece un frente común contra la pobreza, la miseria moral y material, la hipocresía de un mundo que sigue abriendo cada vez más distancias entre los que tienen y los que no tienen, lejos del presente en el que el hombre es visto como una mercancía y en el que parece que no hay lugar para las utopías.




viernes, 4 de marzo de 2011

"Las murgas molestan porque reclaman"





Reportaje de Ana Laura Cleiman al escritor argentino Pacho O’Donnell...


–¿Cuál es la importancia que tienen las murgas y su significado como expresión popular?

–El carnaval, que está en distintos lugares y culturas, constituye un lapso de tiempo de permisividad y descontrol. En algunos sitios se produce una especie de uniformidad, en la que las clases sociales y las situaciones de poder económico no se distinguen. Incluso, en algunos lugares es costumbre el nombramiento de un preso como gobernador. Los carnavales parecerían derivar de las bacanales, unas celebraciones de vino, sexo y descontrol que se hacían en honor a los dioses del vino: Dionisio, en Grecia, y Bacco, en Roma.

–¿Y particularmente en la Argentina?

–En nuestro país es una fiesta que, lamentablemente, ha sido golpeada en su esencia popular. Esto se ve muy claramente en el poco estímulo al maravilloso carnaval del noroeste, el más auténtico del país. Es celebrado con más fuerza el de las provincias del Litoral, que no es más que una réplica del brasileño. El del noroeste, en cambio, es extraordinario en su música, que es propia, y en sus rituales definidos, pero no casualmente ha quedado oscurecido.

–Buenos Aires es otro caso diferente...

–En Buenos Aires se manifiesta en los corsos. Sarmiento, que importaba de todo, vio un desfile en Italia. Allí, corso significa avenida, y es ahí en donde se hacían los desfiles. Fue él quien promovió el primer corso: era un festejo a la italiana. La murga es una expresión popular que estuvo apagada durante muchos gobiernos, tanto dictatoriales como democráticos, y no tuvieron el lugar que hoy se les da para manifestarse. La murga tiene su especificidad en la coreografía, la música, las letras. Los personajes tradicionales del carnaval son respetados: Momo, Pierrot, Colombina. Y, en general, la característica de los carnavales es la manifestación de los reclamos de la gente hacia la autoridad.

–Por eso han sido callados en distintos momentos de la historia...

–Algunas veces este reclamo se hace directamente, y muchas otras a través de la sátira y la ironía, características típicas. Por eso son molestos. Porque además de tener una parte vinculada al descontrol, siempre deben ser manifestaciones de protestas y reclamos de los sectores populares.

–En el contexto actual, ¿cómo analiza que el carnaval vuelva a ser feriado nacional?

–Que ahora recupere el reconocimiento que se le había negado tiene que ver con que este es un Gobierno con un fuerte sesgo nacional y popular. Por eso es natural que se reivindiquen manifestaciones de sectores marginales y de trabajo. Es lógico que suceda en este contexto.

–¿De qué manera cree que esta medida influirá en el desarrollo de las murgas?

–Por la misma represión que han sufrido, las celebraciones de corsos y murgas en Buenos Aires están atravesando una etapa de recomposición. Han salido de muchos años de oscuridad y ahora se les ofrece una posibilidad de crecimiento y desarrollo. Como pasó con el carnaval uruguayo, que creció en sus expresiones musicales y poéticas.


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