Femicidios e impunidad: "Guarda, que soy memoria de las pibas..."
Muchas de las fotos de este blog son de Ramiro Sisco con la comunidad Pilagá, en Las Lomitas, provincia de Formosa, Argentina.
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viernes, 12 de febrero de 2021
miércoles, 15 de abril de 2020
FEMINICIDIOS DURANTE LA CUARENTENA
América Latina en emergencia: la pandemia de violencia machista recrudece con la pandemia sanitaria...
martes, 17 de septiembre de 2019
NOMBRAR PARA NO OLVIDAR
Nombrar hasta el hartazgo. Claudia y Clara, Johana y Melina, Micaela y Laura, Soledad y Navila. Nombrar...
sábado, 14 de septiembre de 2019
NO ES NO, EN LA CAMA TAMBIÉN
Las relaciones cara a cara entre un hombre y una mujer permiten pensar en una relación sexual consentida...
miércoles, 29 de mayo de 2019
28M - MUJERES x el ABORTO LEGAL
- → El proyecto contempla algunas modificaciones al que se votó en el 2018. Martes 28 de mayo, el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso de la Nación fue el escenario de la nueva presentación del proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito.
- → Es la octava vez, un año después de que por primera vez el debate llegara al recinto. La elección de la fecha no es casual: el #28M es el Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres. Se cumplen, además, 14 años de la primera presentación, en 2007.
- → El proyecto contempla algunas modificaciones al que se votó el año pasado, y la expectativa está puesta en conseguir más de 70 firmas de apoyo de legisladores, el máximo conseguido hasta entonces...
“Venimos a este Congreso fortaleciendo la democracia, a exigir un derecho que es prioritario para la políticas públicas, porque es una cuestión de salud –porque ponemos el cuerpo y nuestras vidas–, de derechos humanos –porque no pueden seguir gestando y pariendo niñas violadas–, y también, de justicia social. Por eso estamos aquí”, fundamentó la abogada salteña Mónica Menini, en representación de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, en la presentación –la octava consecutiva– del nuevo proyecto de Interrupción Voluntaria de Embarazo (IVE) en la Cámara de Diputados.
Mientras, afuera, en los alrededores del Congreso pero también en más de 100 ciudades del país –y en otros continentes– los pañuelos verdes volvían a extenderse para reclamar la despenalización y legalización del aborto en la Argentina, en múltiples y simultáneos pañuelazos. La diputada Victoria Donda, de Somos, se comprometió a que sea debatido y obtenga otra vez media sanción este año en la Cámara Baja, y se esperanzó con que haya recambio en el Senado, tras las elecciones, y parafraseando a Charly García agregó: “muchos dinosaurios que están en esa cámara el año que viene van a desaparecer”.
“La política no le tiene miedo a debatir ni siquiera en un año electoral a un tema como este”, refrendó la radical Brenda Austin, mientras, Romina del Plá, del Frente de Izquierda, reveló la muerte de otra mujer, de 32 años, el sábado, en la localidad bonaerense de Pacheco, al intentar abortar en su casa.
La iniciativa volvió a la Cámara baja con la firma de 70 diputadas y diputados de un amplio arco político, muchos de los cuales estuvieron ayer en la conferencia de prensa que se hizo en la Sala 2 del anexo C, la misma en la que se llevaron adelante las audiencias informativas, en el marco del debate legislativo durante 2018. Pero a diferencia del año pasado, donde se escucharon voces a favor y en contra, ayer estuvo repleta de activistas con un solo color, el verde, no solo en pañuelos, también en vestidos, remeras, camisas, tapados.
Hubo activistas de todas las edades, muestra de la transversalidad generacional del reclamo, llegadas incluso desde distintas provincias, reflejo de que se trata de una demanda federal. ¡”Aborto legal, en el hospital”! se empezó a cantar para calentar la sala. “Anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”, siguieron los cánticos. Estuvieron las pioneras como Martha Rosenberg y Nina Brugo, las más jóvenes como Ofelia Fernández, periodistas feministas, intelectuales como Doras Barrancos y Claudia Piñeiro, integrantes del colectivo de Actrices Argentinas como Muriel Santa Ana, Thelma Fardin, Carla Peterson, Luisa Kuliok, Julieta Ortega y Griselda Siciliani, entre tantas mujeres y otras identidades que vienen militando desde hace años o más recientemente por la despenalización y legalización del aborto.
La presentación se transmitió por el streaming de la Campaña. En pantalla gigante, en la misma sala se pudo ver el pañuelazo que abrazó al Congreso y el que se hizo en Tierra del Fuego. Se eligió el 28M para la presentación del nuevo proyecto por coincidir con el décimo segundo aniversario de la Campaña y ser, al mismo tiempo, el Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres.
“Las calles entraron al Congreso, nunca dejamos las calles, nunca dejamos los barrios, activamos en red con las socorristas, con profesionales de la salud, con docentes, con las cátedras de abortos de universidades públicas de Argentina”, señaló la abogada salteña, Mónica Menini, de la Campaña, y destacó el apoyo latinoamericano a la lucha argentina, y el respaldo en el país al reclamo de los movimientos de derechos humanos y Lgbttiq.
Marta Alanís, de Católicas por el Derecho a Decidir, agradeció el apoyo de periodistas y de las más jóvenes. En la conferencia de prensa, donde se alternaron voces de diputadas y referentes de la Campaña de distintos puntos del país, Donda, quien encabeza una vez más con su firma el proyecto, celebró con alegría la cantidad de gente en las calles con el pañuelo verde “como si se estuviera debatiendo y recién lo estamos presentando al proyecto”, dijo. Y agregó: “Nos comprometemos a que tenga media sanción, este año, que es electoral”. “Clandestinidad o ley es la elección que tienen que hacer los candidatos y candidatas”, desafió.
Desde la Campaña se reclamó educación sexual integral para decidir y anticonceptivos para no abortar, como plantea el lema de esta articulación de más de 800 organizaciones de todo el país.
A su turno, Austin, señaló: “Este es el punto de reunión entre la marea verde y la institucionalidad, es el espacio donde se conquistan los derechos”. Y continuó: “También es un día importante porque es la primera vez que se está presentando en un año electoral. Y vale mucho por dos razones, porque hemos demostrado esa capacidad de dejar de lado nuestras diferencias” y porque “a veinte días del cierre de listas, con el temor que están queriendo instalar”, se ha llegado “al número de firmas que se llegó”. Del Plá, del FIT, marcó la necesidad de la separación entre Iglesia y Estado y propuso que se haga una consulta popular vinculante para discutir la despenalización y legalización del aborto.
Mónica Macha, de Unidad Ciudadana, señaló la importancia de “recuperar el Ministerio de Salud”, convertido en secretaría tras la discusión del aborto por el presidente Mauricio Macri, para que “esas prácticas –las IVE– sean seguras y gratuitas”. Araceli Ferreyra, del Movimiento Evita, afirmó: “No vamos a seguir aceptando dilaciones en nombre de nadie. La marea verde ya cambió la historia de este país”.
“Yo no quiero que nos digan despenalización sí, legalización no. Esperamos y queremos todos los derechos juntos”, agregó la diputada Carla Carrizo, de Evolución, el espacio que lidera Martín Lous- teau, en alusión a declaraciones del precandidato presidencial Alberto Fernández. Daniel Lipovetzky, del PRO, consideró que “lo más importante es la transversalidad”, que logró el proyecto. “Es una de las claves, superar las divisiones partidarias y ponernos a trabajar por el derecho a las mujeres”.
- → El proyecto tiene las firmas de diputadas y diputados de la mayoría de los espacios políticos con representación parlamentaria, entre otros, Donda, de Somos, Austin (UCR), Mónica Macha (FpV), Romina del Plá (Frente de Izquierda), Cecilia Moreau (Frente Renovador), Carla Carrizo (Evolución), Daniel Lipovetzki (PRO), Araceli Ferreyra (Movimiento Evita), Mónica Schlotthauer (FIT), Nicolás del Caño (FIT), Carolina Moisés (PJ), Daniel Filmus (FpV), Mayra Mendoza (FpV), Silvia Lospennato (PRO) y Hugo Yasky (Unidad Ciudadana).
La conferencia de prensa cerró con un pañuelazo y las diputadas y diputados firmantes salieron a la calle para subir al escenario montado en avenida Rivadavia y Riobamba, y cantar otra vez por el aborto legal.
El texto del nuevo proyecto incluye modificaciones en relación al del año anterior (ver aparte), y fue aprobado a mediados de marzo durante una asamblea plenaria realizada en la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba, a la que concurrieron 190 representantes de todas las provincias. Para su elaboración, una comisión redactora hizo primero un borrador, tomando en cuenta la discusión en el Congreso. Luego de intensos intercambios y con las sugerencias enviadas por las regionales de las distintas provincias, se acordó el texto.
El último proyecto fue aprobado el 14 de junio del año pasado por la Cámara de Diputados por 129 votos a favor y 125 en contra pero rechazado por el Senado el 8 de agosto por 38 a 31 votos.
viernes, 8 de febrero de 2019
ARRIBA LAS TETAS
Tetas que se mueven sin que nada restrinja el movimiento, pezones perceptivos de la lluvia o el calor, y la piel que se deja ver detrás de una sola tela. Tetas dichosas y nada vergonzosas que hacen oídos sordos a la práctica reguladora del uso del corpiño y gozan con la singularidad propia de cada una en marchas, tetazos y vida cotidiana donde cada vez más la autonomía de los cuerpos propone jugar en la liga de la libertad, sin monitoreos de vigilancia para las que quieran caminar por la calle sueltas de cuerpo, hacer topless en la playa, amamantar a sus hijxs en lugares públicos, o marchar y pintárselas en el abrazo colectivo. Basta con recordar a la rectora de la Escuela Nº 12 de Villa Urquiza que retó a una alumna de 18 años por ir al colegio con un vestido de breteles finitos (“No podés venir sin usar sostén”, le dijo), o el operativo policial que impidió a tres mujeres hacer topless en Necochea, o las dos mujeres policía que no dejaron a una madre de 22 años amamantar a su bebé en una plaza de San Isidro, y cómo de inmediato se desataron protestas, sueltas de corpiños y tetazos feministas. Porque después del 3 de junio de 2015, el latido de mujeres, lesbianas, travestis y trans, comenzó a definirse con el signo de una revolución que vino a cambiarlo todo. Una vez más, se trata de la soberanía de los cuerpos y el derecho al disfrute, a andar libres, a amamantar donde sea y a estudiar cómodas, sin nada que apretuje el contorno, las ideas, o las ganas. El uso o no de corpiños, puede implicar tanto una decisión ideológica y política como espontánea, y apelar a la comodidad según gustos personales, pero lo que ya no tiene vuelta atrás es la certeza de que el vínculo con los cuerpos transita por otro camino, uno menos hipócrita.
Lala Brillos es performer, actriz y activista. Vive en Rosario, y condujo el tetazo del 7 febrero de 2017, en el Monumento a la Bandera en repudio al episodio de la playa de Necochea.
Ese, como todos los tetazos de los últimos tiempos fueron actos políticos de cuidado de los cuerpos, por la libertad de mostrarlos y decidir sin condicionamientos. “Contra los tarifazos, los despidos y por la libertad de las tetas de Milagro Sala, que también nos compete por el solo hecho de ser mujeres”, clamaba Lala en la apertura del festival, “cuidamos nuestros cuerpos más que la propiedad privada”, arengaba a la multitud que se había congregado en las escalinatas y explanada del Monumento. Lala conduce el programa de radio Mañana vemos, y en diálogo con Las12, recoge como primera impresión en torno a este tema la felicidad que reinaba un día del verano pasado cuando llegó con sus amigas al parador teta friendly que está en la isla frente a Rosario.
“La libertad se veía en los rostros”, cuenta. Junto a la artista visual uruguaya Viviana Artigas hicieron fotos para la muestra “Mujeres en cuero”: “Comimos en tetas, nos metimos al agua en tetas, hablamos de nuestras tetas y de la posibilidad de exhibirlas permanentemente como lo hacen los hombres. Era la primera vez que nos pasaba algo así”. La muestra estuvo exhibida en el Espacio Abre, de Rosario el año pasado. Dos semanas atrás volvieron a convocarse e hicieron una intervención de madrugada andando en bici en tetas. El mensaje que las convocaba venía del futuro y decía: “Año 2022, las mujeres pueden salir de trabajar a la madrugada en bicicleta e ir en cuero sin ningún tipo de acoso”.
Lala que vive una vida sin corpiño, cierra diciendo que le pareció algo hermoso y que cree que es posible. “Aunque la mirada y el acoso aun existen, en algún momento tendremos el respeto al otrx naturalizado. Andar en cuero también es un privilegio de los varones. ‘Ah, no usas corpiño’, son cometarios de hombres con los que no tengo ningún tipo de diálogo pero que igual comentan”. Como activista busca esa igualdad “hay que darle pelea a la policía de los cuerpos, a la sexualización de la teta que se vende, que se cosifica. Hay que correrla de ese lugar capitalista y verla desde donde proviene el alimento materno más noble hasta un simple hecho de libertad”.
Zuleika Esnal salió sin corpiño en una charla Ted que se viralizó y los comentarios eran “sobre si tenía o no tenía las tetas en su lugar, como si hubiese un lugar donde tenerlas y eso fuese lo importante”, dice. “Yo estaba hablando de una realidad que nos caga a palos todo el tiempo, que nos están asesinando, que no podemos salir tranquilas a la calle, que tenemos que avisar que estamos vivas, y sin embargo era: ‘Mírenla sin corpiño, después quieren que no las violen’. Ahí es cuando digo cuánto nos falta. Pero cuando miremos para atrás, vamos a ver todo lo que estamos haciendo hoy. Cada una tiene que hacer lo que quiera y sienta, sin pedir permiso nunca por eso.”
¿Cómo se resignifican las tetas en esta marea feminista? ¿Qué representa la decisión de dejar de usar corpiño? ¿Es una toma de decisión o un proceso que se da con más espontaneidad? ¿Qué trae aparejado y qué plus aporta? Lara, Julieta, Lule, Vanina y Abril trazan sus historias en las que dejaron de lado el corpiño, o lo usan a veces, y solo si están cómodas.
Lara (21 años, de Avellaneda): –Sinceramente es la primera vez que me detengo a pensar sobre la decisión. Y resalto eso como algo interesante porque soy consciente de mis lecturas feministas de estos últimos años, o al menos la constancia con la que leo y discuto. Creo que fue una decisión bastante espontánea y poco intelectualizada. Ahora me pregunto: ¿Cuándo decidí usarlo? ¿Quién y a qué edad me compró el primero? No puedo responder. Simplemente sucedió. Como suceden todas las cosas que nos construyeron hasta hoy y que ahora estamos tirando.
Julieta (gestora cultural, 24): –Creo que algo que trae la marea feminista en relación a las tetas es diversidad en su representación. Crecimos con una sola manera hegemónica de entender las tetas, grandes, redondas y blancas, básicamente representadas desde un ojo heteropatriarcal. Hoy veo que esto está cambiando, tanto en redes sociales, marchas, incluso en publicidades. Creo que esta representación trae una liberación de la imagen y desde esa liberación es que dejamos de usar corpiño y levantamos la imagen de las tetas como bandera ya sea por placer, exhibición, o símbolo de potencia de nuestras luchas. La imagen colectiva de las tetas se está comenzando a diversificar y ahí es donde podemos empezar a aceptar nuestras tetas tan distintas a aquella imagen hegemónica con la que crecimos. Con el tiempo dejé de usar corpiño porque sentía que no lo necesitaba, por comodidad... pero esta decisión estuvo acompañada por una aceptación de mi cuerpo. Siempre está el familiar o la persona ajena que cuestiona, juzga y pregunta “pero, ¿por qué?”.
Vanina es actriz y cuenta que cuando daba de mamar quería estar en tetas todo el día porque le dolían los pezones con el sólo roce de la ropa. “Cuando daba la teta era febrero y venían a visitarnos amigos que en ocasiones se ponían en cuero en la terraza de mi casa. Con los pezones agrietados, salía a saludarlos poniéndome una remera y muchas veces un doloroso corpiño por si me salía un poco de leche mientras les hablaba. ‘Si tapo eso, lo más natural que las tetas hacen –pensé una de tantas noches en vela con mi bebé– más vale que voy a creer que está bien taparlas cuando sólo son mis tetas y no el almuerzo de alguien’. Hoy casi no uso corpiño, me molesta y como tengo tetas chiquitas no cumple la función de contenerlas. Pero uso remeras cuando tengo calor. Y me lo cuestiono. Pienso en todo lo que del cuerpo aún debe taparse, retenerse, esconderse, con ropa, con excusas, con dolor, con calor. Pienso en el agotamiento emocional que es tener un cuerpo de mujer y andar por la calle, en el trabajo, en todas partes menos en la intimidad, lugar en el que el cuerpo desnudo es realmente la extensión de unx mismx para unx mismx y para le otre. Me dan ganas de quedarme ahí con mi cuerpo, mis tetas, mi culo, mi panza pero más me dan ganas de asomarme de ese lugar y ver que por la calle todas andamos si tenemos ganas o necesidad en tetas también”.
Lule tiene 30 años, es productora, comunicadora y forma parte de Matria, medio colaborativo para la igualdad de géneros. Cuenta que no usa corpiño aunque usó en sus primeros años de teta porque se sentía “más grande”. “Las que usaban corpiño eran las mujeres y cuando sos niña o preadolescente, ser mujer es una especie de meta”, puntualiza. Cuando entró en la secundaria lo abandonó y nunca más. Excepto cuando juega al fútbol, que usa deportivo “porque post lactancia de dos años siento que me puedo autoinfligir un cross de teta”. Dice que nunca fue una toma de decisión políticamente asumida sino por comodidad. Asume que los corpiños le resultan horrendos y que le encanta cómo se ven las tetas, los pezones y la piel.
MARCHAR EN TETAS ES MARCHAR
Muchas pibas dejan remera y corpiño de lado y ponen sus tetas, como ponen su cuerpo, para una lucha común, que las hermana sin igualarlas. Silvia Elizalde, investigadora del CONICET y autora de Tiempo de chicas. Identidad, cultura y poder (Grupo Editor Universitario, 2015), señala que esa desnudez vuelve indisimulable “el espesor real y experiencial de cada quien que grita por sus derechos, en contraposición a una industria cultural que photoshopea los cuerpos hasta hacerlos encajar en su perversa ilusión canonizante y sin carnadura social y política”. Y trae como metáfora el propio bamboleo de las tetas al andar como continuación en el cuerpo de las mujeres de la marea feminista que todo lo sacude y lo transforma, en claro contrapunto –dice– con la inacción estatal y la vista gorda social, eternizadas en la promesa de cambio y la hipocresía.
Fue en un Encuentro Nacional de Mujeres cuando Lara recuerda haberlas conocido realmente porque caminó muchas cuadras sin remera y se pintó el cuerpo con sus amigas. “Me gusta tenerlas sueltas”, dice. “No siento la necesidad de sostenerlas/contenerlas. Incluso me parece erótico que estén libres. Que se luzca su forma con las remeras. Que estén al alcance si las quiero tocar o quiero que las toquen”. A veces se pregunta si por el resto de sus días va a tener que seguir escuchando ‘mirá que se te caen’, ‘ahora porque tenés veinte, a los cuarenta te vas a querer matar’. Pero el feminismo también le enseñó a identificar cuáles son sus preocupaciones y cuáles las de esta sociedad patriarcal. Así que transita otro verano en remera y disfruta de sus tetas, que son de ella y de nadie más.
Elizalde remarca la necesidad de situar en contexto este “ponerle el pecho a las luchas”: “No es lo mismo marchar en tetas entre cientos de otras que también lo hacen como parte de una voluntad colectiva de autodeterminación y despliegue autónomo del cuerpo que hacerlo sola, volviendo a casa luego de la desconcentración”.
Abril es militante de Hagamos lo imposible, vive en Lomas de Zamora y está por cumplir veinte años. Se acuerda abrazada a sus compañeras de colegio en alguna marcha feminista cuando tenía catorce. Muchas andaban en corpiño, otras en tetas, y ella en remera porque así se sentía cómoda. Pero todas abrazadas. A los quince o dieciséis anduvo sin remera ni corpiño en una movilización. “Todas nos cuidábamos de los ojos de afuera. Yo comentaba con los cachetes rojos a mis amigas sobre lo loco que era caminar por pleno centro ¡en tetas! Las calles son nuestras, decíamos”. Descubrían el propio cuerpo y entendían que es para ellas. “Para nuestro disfrute, para nuestra risa, para nuestro orgullo. Nuestro aquelarre es así”, proclama Abril.
¿Y cómo lo vivís hoy?
Abril: –Lo costoso es plantarse a la mirada ajena. Es real que nos miran, que nos juzgan, que nos etiquetan. ¡Y la cantidad de formas que tienen nuestras tetas! Pezones grandes, pezones chicos, pezones parados, tetas caídas, tetas inmensas, tetas chicas, tetas triangulares o redondas, tetas negras, tetas blancas, tetas coloradas, tetas con lunares y andá a saber cuántas cosas más, pero tetas. Lo vivo así, transito momentos, a veces mejor, a veces no tanto. A veces me siento más libre, más fresca, más tranquila. A veces no, entonces agarro algún corpiño que me haga sentir bien. Creo que el horizonte es encontrarse auténtica, cómoda y segura. La decisión es nuestra.
La investigadora adjunta del Conicet, Karina Felitti, tiene un trabajo sobre el uso y no uso del corpiño como acción política que se titula En tetas ¿hay paraíso? La desnudez femenina como arma política. “En algunos espacios feministas e incluso en los círculos de mujeres, el no usar corpiño suele proponerse –explícita o implícitamente– como un símbolo de feminista libertaria, que puede ser complicado de llevar a la práctica para las chicas que tienen mucha teta, que han amamantado, que salen a correr o practican deportes. Por eso, para algunas será más cómodo o liberador no usar corpiño y para otras es más cómodo usarlo”.
¿Cuándo surge la práctica de mostrar las tetas en las marchas?
Karina: –Desde hace unas décadas, el desnudo ha devenido estrategia de protesta feminista. Mostrarse totalmente sin ropas o con el torso descubierto está siendo usado por muchas mujeres, de diferentes edades, naciones, etnicidades, clases, géneros y corporalidades, como un modo de llamar la atención sobre sus reclamos sociales, políticos, económicos, laborales, (no) reproductivos y sexuales. Sabemos que la práctica de mostrar el pecho en una apuesta política no es nueva, basta recordar el cuadro La Libertad guiando al pueblo, de Delacroix, en donde el seno descubierto de la Marianne deviene símbolo de la Revolución Francesa y sus ideales. Como plantea Marilyn Yalom, se trata de un pecho que nutre la nueva etapa de la historia republicana. Lo novedoso es la organización colectiva de tetazos, la confluencia de cientos de mujeres que inscriben en su torso consignas y salen a marchar, y la difusión por las redes de estas acciones.
¿Y qué sucede en las redes con estas prácticas?
–Desde otros lugares de enunciación encontramos mujeres que muestran las cicatrices de sus mastectomías en la red y madres que reclaman poder compartir en Facebook o Instagram sus fotos amamantando o que implementan una micropolítica del pecho en libertad dejando de usar corpiños. Como afirma Rita Segato en Las estructuras elementales de la violencia, el cuerpo de las mujeres es un campo de batalla donde se plantean barreras de control territorial, es bastidor donde se cuelgan insignias y es también un último espacio de soberanía cuando todas nuestras posesiones están perdidas.
¿Cómo aparecen las tetas en las representaciones de la moda?
–Si pensamos en el “pecho sexy” podemos imaginarlo desnudo o insinuado, con muchos ejemplos en la historia del arte que nos ayudan a contextualizar los deslizamientos, y con una vinculación fuerte con la industria de la moda. ¿Qué pensarían de los corpiños con relleno las mujeres que tiraron los suyos en los “basureros de la libertad” que colocaron las feministas de los 60? Muchas mujeres han optado por no usar más corpiño como un signo de libertad ante la duda sobre la posibilidad de ser una mujer liberada y a la vez ajustada por las correas de un corsé. En mi trabajo puse en el centro de la escena las voces de las propias mujeres, sin desconocer las presiones del mercado y sus modelos, y advertí el placer que causa en muchas vestir lencería erótica y cómo esto también generó una nueva oferta. Hay varias diseñadoras con marcas en expansión que se inscriben en prácticas de comercio justo y adhieren al feminismo, tienen a la comodidad como principal emblema, sin renunciar al diseño, la belleza y el erotismo porque no todas las mujeres se sienten cómodas sin un sostén o entienden que el corsé es símbolo de opresión.
Desiree Du Val es la directora creativa de WTTJ, ropa antipatriarcal que se define bajo los hashtags #haceloquetegusta #sevaacaer #macrigato #seraley. Dice que las pibas están visibilizando la hipocresía patriarcal, que reconocen sus cuerpos como propios, emprenden la hermosa tarea de liberarlo a gusto de cada una y cada vez son más las que sacan las tetas a la libertad. Cuenta: “Desde que nos comienzan a salir las tetas, nos las condicionan, opinan y critican, o nos meten en la cabeza que las tetas son parte de esa ‘privacidad femenina’ que deberá ser guardada para el hombre que decida probarlas o consumirlas en un medio de comunicación. No tardan en decirte cómo las tenés que tener, y recibimos permanentemente los límites que nos impone el patriarcado. Y así, nuestras valiosas tetas pasan a ser un objeto más del macabro sistema de consumo. Nos encontramos con hombres que no pueden reprimir la paja por sus cerebros podridos de tanto cosificarnos; claro está que el problema son sus cerebros podridos, no nuestras tetas”. Desiree manifiesta la esperanza de poder algún día subirse al colectivo y que sus pezones parados no sean punto de atracción.
Los emprendimientos feministas de lencería erótica o “ropa para el interior de cada una”, como propone Brilla Gringa, respetan la forma natural del cuerpo, sin aros, ni broches. “Libres pero seguras. Mujer, naturaleza, suelta, húmeda y que truena” reza la oración que las representa.
ElleVanTok, es la tienda de lencería erótica que plantea comodidad para sostener junto con la posibilidad de elegir. Maru, su fundadora, se maravilla con cómo cada vez más mujeres, con cuerpos no hegemónicos, no comerciales, no estereotipados o estereotipables, buscan liberarse, potenciarse, seducirse y seducir. Y arriesga: “En esta revolución de las mujeres y transfeministas no pedimos permiso. Elegimos qué, cómo y con quién, con prendas que se adaptan a diferentes cuerpos y requerimientos de cada una, no al revés. No pretendemos disimular, sino proclamar la independencia”.
Por Laura Rosso
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