Muchas de las fotos de este blog son de Ramiro Sisco con la comunidad Pilagá, en Las Lomitas, provincia de Formosa, Argentina.
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lunes, 11 de octubre de 2021

QUÉ HACER CON EL MIEDO

 


    “Uno de los errores más terribles que podemos cometer mientras estudiamos, como alumnos o maestros, es retroceder frente al primer obstáculo con que nos enfrentamos, no asumir la responsabilidad que nos impone la tarea de estudiar...”
Paulo Freire
                                    

Texto del educador y filósofo Paulo Freire, publicado en el año  1993,  en el libro "cartas a quem ousa ensinar" 

Creo que el mejor punto de partida para este tema es considerar la cuestión de la dificultad, la cuestión de lo difícil y el miedo que provoca.

Se dice que alguna cosa es difícil cuando el hecho de enfrentarla u ocuparse de ella se convierte en algo penoso, es decir, cuando presenta algún obstáculo. «Miedo», según la definición del Diccionario Aurélio, es un «sentimiento de inquietud frente a la idea de un peligro real o imaginario». Miedo de enfrentar la tempestad. Miedo de la soledad. Miedo de no poder franquear las dificultades para finalmente entender un texto.

Siempre existe una relación entre el miedo y la dificultad, entre el miedo y lo difícil. Pero en esta relación evidentemente se encuentra también la figura del sujeto que tiene miedo de lo difícil o de la dificultad. El sujeto que le teme a la tempestad, que le teme a la soledad o teme no conseguir franquear las dificultades para entender finalmente el texto, o producir la inteligencia del texto.

En esta relación entre el sujeto que teme y la situación u objeto del miedo existe además otro elemento constitutivo que es el sentimiento de inseguridad del sujeto temeroso. Inseguridad para enfrentar el obstáculo. Falta de fuerza física, falta de equilibrio emocional, falta de competencia científica, ya sea real o imaginaria, del sujeto.

La cuestión que aquí se plantea no es negar el miedo. Aun cuando el peligro que lo genere sea ficticio, el miedo en sí, sin embargo, es concreto. La cuestión que se presenta es la de no permitir que nos paralice o nos persuada de desistir fácilmente, de enfrentar la situación desafiante sin lucha y sin esfuerzo.

Frente al miedo, sea de lo que fuera, es preciso que primeramente nos aseguremos con objetividad de la existencia de las razones que nos lo provocan. En una segunda instancia, si éstas existen realmente, que las comparemos con las posibilidades de las que disponemos para enfrentarlas con probabilidades de éxito. Y por último, que pensemos qué podemos hacer para, si éste es el caso, aplazar el enfrentamiento del obstáculo y volvernos más capaces de hacerlo mañana.

Con estas reflexiones quiero subrayar que lo difícil o la dificultad están siempre relacionados con la capacidad de respuesta del sujeto que, frente a lo difícil y a la evaluación de sí mismo en cuanto a la capacidad de respuesta, tendrá más o menos miedo o ningún miedo o miedo infundado o, reconociendo que el desafío sobrepasa los límites del miedo, se hundirá en el pánico. Éste es el estado de espíritu que paraliza al sujeto frente a un desafío que reconoce sin ninguna dificultad como absolutamente superior a cualquier intento de respuesta: tengo miedo de la soledad y me siento en pánico en una ciudad asolada por la violencia de un terremoto.

Aquí me gustaría ocuparme solamente de las reflexiones en torno al miedo de no comprender un texto de cuya inteligencia precisamos en el proceso de conocimiento en el que estamos insertos en nuestra capacitación. El miedo paralizante que nos vence aun antes de intentar, más enérgicamente, la comprensión del texto.

Si tomo un texto cuya comprensión debo trabajar, necesito saber: a] si mi capacidad de respuesta está a la altura del desafío, esto es, del texto que debe ser comprendido; b] si mi capacidad de respuesta es menor, o c] si mi capacidad de respuesta es mayor.

Si mi capacidad de respuesta es menor, no puedo ni debo permitir que mi miedo de no entender me paralice y que, considerando mi tarea como imposible de ser realizada, simplemente la abandone. Si mi capacidad de respuesta es menor que las dificultades de comprensión del texto, debo tratar de superar por lo menos algunas de las limitaciones que me dificultan la tarea con la ayuda de alguien, y no sólo con la ayuda del profesor o la profesora que me indicó la lectura. A veces ésta exige alguna convivencia anterior con otro que nos prepara para un paso posterior.

Uno de los errores más terribles que podemos cometer mientras estudiamos, como alumnos o maestros, es retroceder frente al primer obstáculo con que nos enfrentamos, no asumir la responsabilidad que nos impone la tarea de estudiar, como se impone cualquier otra tarea a quien deba realizarla.

Estudiar es un quehacer exigente en cuyo proceso se da una sucesión de dolor y placer, de sensación de victoria, de derrota, de dudas y alegría. Pero por lo mismo estudiar implica la formación de una disciplina rigurosa que forjamos en nosotros mismos, en nuestro cuerpo consciente. Esta disciplina no puede sernos dada ni impuesta por nadie —sin que eso signifique desconocer la importancia del papel del educador en su creación—. De cualquier manera, o somos sujetos de ella, o ella se vuelve una mera yuxtaposición a nuestro ser. O nos adherimos al estudio como un deleite y lo asumimos como una necesidad y un placer o el estudio es una pura carga, y como tal, lo abandonamos en la primera esquina.

Cuanto más asumimos esta disciplina tanto más nos fortalecemos para superar algunas amenazas que la acechan y que acechan, por lo tanto, a la capacidad de estudiar eficazmente.

Una de esas amenazas, por ejemplo, es la concesión que nos hacemos a nosotros mismos de no consultar ningún instrumento auxiliar de trabajo como diccionarios, enciclopedias, etc. Deberíamos incorporar a nuestra disciplina intelectual el hábito de consultar estos instrumentos a tal punto que sin ellos nos resulte difícil estudiar.

Huir frente a la primera dificultad es permitir que el miedo de no llegar a un buen fin en el proceso de inteligencia del texto nos paralice. De ahí a acusar al autor o a la autora de incomprensible existe sólo un paso.

Otra amenaza al estudio serio, que se transforma en una de las formas más negativas de huir de la superación de las dificultades que enfrentamos y ya no del texto en sí mismo, es la de proclamar la ilusión de que estamos entendiendo, sin poner a prueba nuestra afirmación.

No tengo por qué avergonzarme por el hecho de no estar comprendiendo algo que estoy leyendo. Sin embargo, si el texto que no estoy comprendiendo forma parte de una relación bibliográfica que es vista como fundamental, hasta que yo lo perciba y concuerde o no con que es realmente fundamental debo superar las dificultades y entender el texto.

No es exagerado repetir que el leer, como estudio, no es pasear libremente por las frases, las oraciones y las palabras sin ninguna preocupación por saber hacia dónde ellas nos pueden llevar. 

Otra amenaza para el cumplimiento de la tarea difícil y placentera de estudiar, que resulta de la falta de disciplina de la que ya he hablado, es la tentación que nos acosa, mientras leemos, de dejar la página impresa y volar con la imaginación bien lejos. De pronto, estamos físicamente con el libro frente a nosotros y lo leemos apenas maquinalmente. Nuestro cuerpo está aquí pero nuestro gusto está en una playa tropical y distante. Así es realmente imposible estudiar.

Debemos estar prevenidos para el hecho de que pocas veces un texto se entrega fácilmente a la curiosidad del lector. Por otro lado, no es cualquier curiosidad la que penetra o se adentra en la intimidad del texto para desnudar sus verdades, sus misterios, sus inseguridades, sino la curiosidad epistemológica —la que al tomar distancia del objeto se «aproxima» a él con el ímpetu y el gusto de descubrirlo—. Pero esa curiosidad fundamental no es suficiente. Es preciso que al servirnos de ella, que nos «aproxima» al texto para su examen, también nos demos o nos entreguemos a él. Para esto es igualmente necesario que evitemos otros miedos que el cientificismo nos ha inoculado. Por ejemplo, el miedo de nuestros sentimientos, de nuestras emociones, de nuestros deseos, el miedo de que nos echen a perder nuestra cientificidad. Lo que yo sé, lo sé con todo mi cuerpo: con mi mente crítica, pero también con mis sentimientos, con mis intuiciones, con mis emociones. Lo que no puedo hacer es detenerme satisfecho en el nivel de los sentimientos, de las emociones, de las intuiciones. Debo someter a los objetos de mis intuiciones a un tratamiento serio, riguroso, pero jamás debo despreciarlos.

En última instancia, la lectura de un texto es una transacción entre el sujeto lector y el texto, como mediador del encuentro de ese lector con el autor del texto. Es una composición entre el lector y el autor en la que aquél, esforzándose con lealtad en el sentido de no traicionar el espíritu del autor, «reescribe» el texto. Y resulta imposible hacer esto sin la comprensión crítica del texto, que por su lado exige la superación del miedo a la lectura y que se va dando en el proceso de creación de aquella disciplina intelectual de la que he hablado antes. Insistamos en la disciplina referida. Ella tiene mucho que ver con la lectura, y por lo tanto con la escritura. No es posible leer sin escribir, ni escribir sin leer.

Otro aspecto importante, y que desafía aún más al lector como «recreador» del texto que lee, es que la comprensión del texto no está depositada, estática, inmovilizada en sus páginas a la espera de que el lector la desoculte. Si fuese así definitivamente, no podríamos decir que leer de manera crítica es «reescribir» lo leído. Por eso es que antes he hablado de la lectura como composición entre el lector y el autor, en la que el significado más profundo del texto también es creación del lector. Este punto nos lleva a la necesidad de la lectura también como experiencia dialógica, en la que la discusión del texto realizada por sujetos lectores aclara, ilumina y crea la comprensión grupal de lo leído. En el fondo, la lectura en grupo hace emerger diferentes puntos de vista que, exponiéndose los unos a los otros, enriquecen la producción de la inteligencia del texto.

Entre las mejores prácticas de lectura que he tenido dentro y fuera de Brasil yo citaría las que realicé coordinando grupos de lectura sobre un texto. 

Lo que he observado es que la timidez frente a la lectura o el propio miedo tienden a ser superados, y se liberan los intentos de invención del sentido del texto y no sólo de su descubrimiento. 

Obviamente, antes de la lectura en grupo, y como preparación para ella, cada estudiante realiza su lectura individual. Consulta tal o cual instrumento auxiliar. Establece esta o aquella interpretación de uno u otro de los fragmentos de la lectura. El proceso de creación de la comprensión de lo que se lee va siendo construido en el diálogo entre los diferentes puntos de vista en torno al desafío, que es el núcleo significativo del autor. 

Como autor, yo estaría más que satisfecho si llegara a saber que este texto provoca algún tipo de lectura comprometida, como aquellas en las que vengo insistiendo a lo largo de este libro, entre sus lectores y lectoras. En el fondo, ése debe ser el sueño legítimo de todo autor, ser leído, discutido, criticado, mejorado, reinventado por sus lectores.

Pero volvamos un poco a este aspecto de la lectura crítica según el cual el lector se hace o se va haciendo igualmente productor de la inteligencia del texto. El lector será tanto más productor de la comprensión del texto cuanto más se haga realmente un aprehensor de la comprensión del autor. Él produce la inteligencia del texto en la medida en que ella se vuelve conocimiento que el lector ha creado y no conocimiento que le fue yuxtapuesto por la lectura del libro.

Cuando yo aprehendo la comprensión del objeto en vez de memorizar el perfil del concepto del objeto, yo conozco al objeto, yo produzco el conocimiento del objeto. Cuando el lector alcanza críticamente la inteligencia del objeto del que habla el autor, conoce la inteligencia del texto y se transforma en coautor de esta inteligencia. No habla de ella como quien sólo ha oído hablar de ella. El lector ha trabajado y retrabajado la inteligencia del texto porque ésta no estaba allí inmovilizada esperándolo. En esto radica lo difícil y lo apasionante del acto de leer. 

Desdichadamente, lo que se viene practicando en la mayoría de las escuelas es llevar a los alumnos a ser pasivos con el texto. Los ejercicios de interpretación de la lectura tienden a ser casi su copia oral. El niño percibe tempranamente que su imaginación no juega: es algo casi prohibido, una especie de pecado. Por otro lado, su capacidad cognoscitiva es desafiada de manera distorsionada. El niño nunca es invitado, por un lado, a revivir imaginativamente la historia contada en el libro; y por el otro, a apropiarse poco a poco del significado del contenido del texto. 

Ciertamente, sería a través de la experiencia de recontar la historia, dejando libres su imaginación, sus sentimientos, sus sueños y sus deseos para crear, como el niño acabaría arriesgándose a producir la inteligencia más compleja de los textos.

No se hace nada o casi nada en el sentido de despertar y mantener encendida, viva, curiosa, la reflexión conscientemente crítica que es indispensable para la lectura creadora, vale decir, la lectura capaz de desdoblarse en la reescritura del texto leído. 

Esa curiosidad, que el maestro o la maestra necesitan estimular en el alumno, contribuye decisivamente a la producción del conocimiento del contenido del texto, que a su vez se vuelve fundamental para la creación de su significación. 

Es muy cierto que si el contenido de la lectura tiene que ver con un dato concreto de la realidad social o histórica o de la biología, por ejemplo, la interpretación de la lectura no puede traicionar el dato concreto. Pero esto no significa que el estudiante lector deba memorizar textualmente lo leído y repetir mecánicamente el discurso del autor. Esto sería una «lectura bancaria», en la que el lector «comería» el contenido del texto del autor con la ayuda del «maestro nutricionista».

Insisto en la importancia indiscutible de la educadora en el aprendizaje de la lectura, indicotomizable de la escritura, a la que los educandos deben entregarse. La disciplina de mapear temáticamente el texto, que no debe ser realizada sólo por la educadora sino también por los educandos, descubriendo interacciones entre unos temas y otros en la continuidad del discurso del autor, el llamado de la atención de los lectores hacia las citas hechas en el texto y el papel de las mismas, la necesidad de subrayar el momento estético del lenguaje del autor, de su dominio del lenguaje, del vocabulario, lo que implica superar la innecesaria repetición de una misma palabra tres o cuatro veces en una misma página del texto. 

Un ejercicio de mucha riqueza del que he tenido noticia alguna vez, aunque no se realice en las escuelas, es el de posibilitar que dos o tres escritores, de ficción o no, hablen a los alumnos que los han leído sobre cómo produjeron sus textos, cómo trabajaron la temática o los desarrollos que envuelven sus temas, cómo trabajaron su lenguaje, cómo persiguieron la belleza en el decir, en el describir, en el dejar algo en suspenso para que el lector ejercite su imaginación, cómo jugar con el pasaje de un tiempo al otro en sus historias. En fin, cómo los escritores se leen a sí mismos y cómo leen a otros escritores. 

Es preciso, ya finalizando, que los educandos, al experimentarse cada vez más críticamente en la tarea de leer y de escribir, perciban las tramas sociales en las que se constituyen y se reconstituyen el lenguaje, la comunicación y la producción del conocimiento.
 
Paulo Freire


 

domingo, 4 de noviembre de 2018

IDENTIDAD de GÉNERO y NORMALIDAD






La identidad de género alude a la percepción subjetiva que un individuo tiene sobre sí mismo en cuanto a su propio género, que podría o no coincidir con sus características sexuales; este, puede considerarse como el sexo psicológico o psíquico y se constituye en uno de los tres elementos de la identidad sexual junto a la orientación sexual y el rol de género, ​ ─relacionándose «con el esquema ideoafectivo de pertenencia a un sexo»─ por lo que sería la expresión individual del género.​


Identidad sexual es la percepción subjetiva y privada que un individuo tiene sobre su patrón de atracción sexual y romántica.​ La identidad sexual está estrechamente relacionada con el comportamiento sexual y la orientación sexual, sin embargo, la identidad se refiere a la concepción de los individuos sobre sí mismos, el comportamiento a los actos sexuales llevados a cabo por los individuos y la orientación a la pauta de atracción sexual y romántica hacia otras personas según su sexo o género.​ Es decir, es posible que haya personas a pesar de que objetivamente mantienen relaciones sexuales con personas de su mismo sexo, puede que no se identifiquen sexualmente como gais, lesbianas o bisexuales.​

Históricamente se ha tendido a asumir que sólo las personas pertenecientes a minorías sexuales experimentaban el proceso de construir su identidad sexual, sin embargo, otros modelos contemporáneos consideran que es un proceso universal y que la identidad sexual se encuadra dentro de un campo teórico más amplio que incluye el proceso de construcción de la propia identidad...





Cuando una mujer nace en un cuerpo cuyos genitales son masculinos y, posteriormente, quiere "transicionar" se dice que es una mujer transexual; en el caso de los hombres, el término que se usa es el mismo. Una persona transexual es, pues, una persona que nació con unos genitales con los que no se siente identificada.

Cuando una persona nace con los genitales con los que realmente se siente identificados, se habla de una persona cisexual. Por ejemplo, una mujer que se siente identificada con los genitales con los que nació, o un hombre al que le sucede lo mismo.

Hay un punto importante, no todas las personas transexuales tienen que "transicionar" para ser mujer u hombre. Una mujer es mujer, independientemente de los órganos sexuales que tenga. Porque el hecho de ser mujer va mucho más allá de tener vagina.

Dentro de la identidad sexual, hay varios conceptos que, ahora también son fluctuantes. El primero de ellos, y con el que estamos más relacionados, es la orientación sexual. Esta hace referencia a la atracción sexual que alguien puede sentir; por ejemplo, si solo siente atracción por personas del sexo contrario, será heterosexual. Si siente atracción por personas del mismo sexo, será homosexual, mientras que si siente atracción por una persona sin tener en cuenta su identidad sexual o de género, será bisexual.

Y es aquí también donde entra en juego la identidad de género que, pese a poder confundirse con la identidad sexual, va mucho más allá. La identidad de género hace referencia a la percepción que una persona puede tener sobre sí misma en cuanto a su propio género, y esta podría coincidir con la percepción de su identidad sexual, pero también podría no hacerlo.

Género y sexo biológico, dos conceptos diferentes

El sexo biológico es aquel que se ve claramente representado en nuestros genitales, hasta ahí todo claro. Pero, entonces, ¿qué es el género? Pues el género sería, entonces, el conjunto de características que cada sociedad asigna a hombres y mujeres. Según la Organización Mundial de la Salud, el género hace referencia a "los roles socialmente construidos, comportamientos, actividades y atributos que una sociedad considera como apropiados para hombres y mujeres". Es decir, que mientras que el sexo es algo biológico, el género es social, algo que los seres humanos hemos construido y en torno al cual hemos edificado todas nuestra cultura.

Por ejemplo, en la cultura Occidental hablamos únicamente de dos géneros: hombre y mujer. Y ahí reside el problema que podríamos tener luego al tratar de diferenciar identidad de género e identidad sexual, porque creemos que al existir solo dos tipos de genitales distintos, solo hay dos identidades de género. Pero nada más lejos de la realidad. Si entendemos la identidad de género como un amplio espectro donde mujer está a un extremo y hombre está al otro, ya podremos ver que en medio quedan multitud de identidades de género igual de válidas.





Cisgénero

Cisgénero (abreviado cis- o ci-, para simplificar) es un neologismo y tecnicismo de origen alemán propio del campo interdisciplinario de los estudios de género, término que es utilizado para hacer referencia a aquellos individuos cuya identidad de género coincide con el sexo de su etapa de gestación. Lo opuesto a cisgénero es denominado transgénero.
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El neologismo y tecnicismo cisexualidad fue introducido en 1991 por el psiquiatra y sexólogo alemán Volkmar Sigusch para establecer que, ya que hay transexuales, debe haber cisexuales y que la suposición común de la evidente existencia de coincidencia entre género sexual e identidad sexual no es tan evidente...


Transgénero 

El término transgénero hace una referencia a las personas cuyas identidades de género son diferentes del sexo​ o el género que se les asignó al nacer.
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El término se aplica, en general, al estado de la identidad de género, que no se corresponde con el género asignado (la identificación biológica de si se es hombre o mujer en función de los cromosomas o genital). También se aplica a una variedad de individuos, conductas y grupos que suponen tendencias que se diferencian de las identidades de género binarias (hombre o mujer).
Porque las personas no experimentan sus géneros de la misma manera, otros conceptos e identidades, 
el término también se puede referir a:
  • "Persona cuya identidad no se conforma sin ambigüedades a las normas convencionales de género masculino o femenino, pero que las combina o se encuentra entre ellas."​
  • Personas con un género natural definido, pero que tienen disforia en su identidad de género.
  • "La no identificación con, o no presentación como, el género que a uno le fue asignado al nacer."
Un individuo transgénero puede poseer características que normalmente se asocian a un determinado género, identificarse de otra manera dentro de los género binarios o identificarse con un género no-binario, una mezcla de ambos o ningún género. Se les llama identidades transgénero a los términos que se relacionan con la expresión sexual que presenta discordancia entre la identidad de género, el sexo biológico o mejor dicho los naturales géneros tradicionales...


Intersexualidad

La intersexualidad es una variación orgánica por la cual un individuo presenta discrepancia entre su sexo y sus genitales, poseyendo por tanto características genéticas y fenotípicas propias de varón y de mujer, en grado variable.

​Puede poseer, por ejemplo, una abertura vaginal, la cual puede estar parcialmente fusionada, un órgano eréctil (entre pene y clítoris) más o menos desarrollado y ovarios o testículos, los cuales suelen ser internos.

Es una cuestión principalmente externa. Es un error común pensar que un intersexual es "hombre y mujer a la vez". Es imposible que una persona tenga el sistema reproductor para la gestación de un feto, exclusivo de las mujeres, y a la vez tenga la capacidad de generar semen con espermatozoides, capacidad exclusivamente de los hombres. La intersexualidad se caracteriza por una ambigüedad genital dentro de una escala de severidad y se puede empezar a manifestar en cualquier momento desde el nacimiento hasta la adultez...


Género fluido

Se entiende que un individuo es de género fluido cuando no se identifica con una sola identidad de género, sino que circula entre varias. Comúnmente se manifiesta como transición entre masculino y femenino o como neutralidad, sin embargo puede comprender otros géneros, e incluso puede que se identifique con más de un género a la vez.

Las personas que se identifican como de género fluido pueden sentir el cambio de identidad a largo o a corto plazo; entre años, meses, días, etc. También puede ser asociado o confundido con el genderqueer...


Género no binario

Género no binario, también conocido como genderqueer, es un término que designa a las identidades de género que no se asimilan en los espectros de los géneros binarios (masculino y femenino) y que están fuera de la cisnormatividad, pudiendo manifestarse como un abanico de géneros alejados de los géneros binarios.1​ El término no debe confundirse con el término queer, que designa a cualquier tipo de minoría sexual que entre bajo los parámetros de las identidades LGBTI...




Teoría Queer

La teoría queer es un conjunto de ideas sobre el género y la sexualidad de las personas que sostienen que los géneros, las identidades sexuales, y las orientaciones sexuales, no están esencialmente inscritos en la naturaleza humana, sino que son el resultado de una construcción social, variando en cada sociedad.

Rechaza la clasificación de los individuos en categorías universales y fijas, como: varón, mujer, heterosexual, homosexual, bisexual o transexual; pues, considera que están sujetas a restricciones impuestas por una cultura en la que la heterosexualidad es obligatoria; así como la heteronormatividad y el heteropatriarcado. Estas categorías serían ficticias y esconderían un número enorme de motivaciones políticas apoyadas por la sexología, una ciencia que no ha sido totalmente teorizada.

Contra el concepto clásico de género que parte de la distinción a partir de la "heterosexualidad natural" aceptada como normal (en inglés straight, es decir "recto"), contraria a lo "anómalo" (en inglés queer o "retorcido"); consideraría que todas las "identidades sexuales" son igualmente anómalas, incluida la heterosexualidad.
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Critica las clasificaciones socio-sexuales de la historiología, psicología, filosofía, antropología y sociología tradicionales, basadas habitualmente en el uso de un solo patrón de segmentación paternalista —sea de clase social, de género, de etnia o de nacionalidad poscolonial— y sostiene que las identidades sociales, condicionadas por la naturaleza sexual, se elaboran de manera más compleja como intersección de múltiples grupos, corrientes y criterios.

En América Latina han surgido corrientes que han cuestionado la coherencia de los principales referentes de la teoría queer estadounidense y europea, por la aparente reproducción de una contradicción al cuestionar muchos de los mecanismos normalizadores que combatirían, dado que imponen globalmente la expresión inglesa queer para referirse a toda la diversidad sexual, desde una posición elitista y académica, sin significado político.​

Además, en el caso del colectivo LGBTI, del que han salido la mayoría de referentes de la teoría queer, históricamente esta comunidad ha tenido una condición marginal o periférica; pero al afirmar que todos las deseos sexuales humanos son igualmente singulares se desmiente esta condición periférica y se invisibiliza la discriminación a la que se enfrentan las personas LGBTI cuando son percibidas como marginales, promoviendo así una institucionalización que es en algunos puntos acorde con el discurso heteronormativo/patriarcal.

Respalda la plasticidad de la naturaleza sexual humana, en la que el sexo no se entiende en términos morales, sino en términos de erotismo, posición jerárquica o responsabilidad social. El concepto de identidad sexual (hetero-, homo-, bi- o transexual) estaría mistificado; resultando ficticio y limitante, al considerar a cada ser humano más diverso que cada categoría por sí misma, debiendose calificar en su lugar cada acto, fantasía o deseo puntual.

Más recientemente, nuevos aportes queer surgidos del diálogo Sur-Sur, están proponiendo líneas de reflexión autónomas sobre la misma cuestión...

CONTINUARÁ...





LEA TAMBIÉN:  







Testo yonqui

→ Beatriz Preciado pone en escena una profunda reflexión acerca del lugar (subalterno) de las mujeres en las sociedades occidentales y una documentadísima investigación de cómo llegamos al punto en que nos encontramos actualmente.

Pero también, y aquí lo explosivo de esta obra, es la propuesta de una matriz novedosa para pensar el momento histórico que habitamos y que Preciado bautiza de manera sugestiva: Era Farmacopornográfica. Luego de los regímenes esclavista e industrial, alrededor de los años setenta se pone en marcha un nuevo tipo de "gubernamentalidad del ser vivo" (en términos de M. Foucault): la regulación de los cuerpos. En este sentido, Preciado se aboca a reconstruir una genealogía de las transformaciones de la industria del último siglo, haciendo foco en la gestión política y técnica del cuerpo, del sexo y de la sexualidad, que según sus auspicios será el área de negocios más importante de este nuevo milenio. Dicho de otro modo, Preciado entiende que resulta hoy filosóficamente pertinente llevar a cabo un análisis sexopolítico de la economía mundial.

Esa es la tarea que se impone en Testo yonqui y de la cual sale completamente airosa. Desde el punto de vista genérico, Testo yonqui es un ensayo; dual, poroso, en constante transformación. Género abierto y definido por su falta de clausura, es la perfecta expresión –a nivel textual– de las ideas de la autora a nivel político. Ensayo profundamente comprometido con las causas "de género", pero también "ensayo corporal", protocolo de autointoxicación a base de testosterona sintética...



Dra. Sayak Valencia


→ Entrevista a Caro Gero
le médique que obtuvo el DNI sin indicación de sexo
Cambiar El Mundo desde el Propio Cuerpo







LEA TAMBIEN...
















domingo, 21 de septiembre de 2014

CARTA A PAPÁ Y MAMÁ





Mi hija de 9 empezó a practicar Taekwon-do no hace mucho, está recontenta, y hoy, día de la Primavera, participó de su primer torneo haciendo salto en alto, formas y combate. Recibió su primera medalla y se sintió feliz. Nosotros brillamos de emoción.

Unos días antes, nos dieron el programa del torneo que organiza la escuela Pyong Ahn: en la contratapa hay una carta abierta que llama a la reflexión a padres y madres. Podemos aplicar los conceptos y sentimientos de la carta a cualquier disciplina, con hijos, hijas, padres y madres protagonizando la escena que cada uno imagine...





lunes, 16 de diciembre de 2013

PROHIBIDO NO LEER (30 AÑOS DE DEMOCRACIA)








–Mamá, ¿cuál era tu libro favorito cuando eras como yo?

–Uno que estaba prohibido y que mi mamá sacó de la biblioteca.

–¿Por qué?

La última pregunta de Mateo quedó dando vueltas en la cabeza de Ariadna Arizabalo. Cuando se produjo el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, tenía nueve años, la edad que hoy tiene su hijo. A partir de ese breve diálogo surgió el tema que Ariadna convertiría en un documental. Ya tenía la historia que quería contar.

«Prohibido NO leer» es el corto de 26 minutos que ganó el concurso "30 Años de Democracia", convocado por la Secretaría de Cultura de la Nación –a través del Centro de Producción e Investigación Audiovisual (CePIA)– y la Televisión Pública, que lo estrenó la semana pasada. "Tiene dos líneas: por un lado, se narra la historia de vida de Paulino Guarido, un maestro de primer grado, y por el otro, la de los libros infantiles prohibidos por la última dictadura cívico-militar", resume Ariadna.

Su libro favorito, aquel que su madre le había negado presa del terror de aquellos años, era Un elefante ocupa mucho espacio, de Elsa Bornemann. Son quince cuentos escritos en 1975 que hablan de la libertad, la amistad, la solidaridad, la justicia, y que por eso fueron censurados por la dictadura genocida. Su autora pasó a integrar la lista de autores prohibidos. Mucho tiempo después, en 2003, el libro fue reeditado en el marco del Plan Nacional de Lectura del Ministerio de Educación de la Nación. Pero esa es otra historia.

Ariadna cuenta la de Paulino, "un maestro que en un período oscuro de nuestra historia y con sólo 20 años, puso en riesgo su vida, porque no quiso privar a sus alumnos de la fantasía, la belleza y la imaginación de esos cuentos. Quizá porque esos libros eran una de las pocas alegrías a las que podía acceder en esos tiempos un pibe humilde de una escuela humilde de Laferrere." En su infancia, Paulino era fanático de dos autoras, y en especial de tres cuentos: Un elefante ocupa mucho espacio, de Bornemann, La planta de Bartolo y La torre de cubos, de Laura Devetach, otra escritora perseguida por el Proceso.

"Esos cuentos estaban prohibidos. Entonces, como otros maestros, Paulino les cambió el nombre y empezó una pequeña resistencia." Hasta que lo chupan el 19 de julio de 1978. Estuvo once días en el centro clandestino de detención El Vesubio, después lo liberaron, "según dice él, para desparramar el terror en la sociedad".

Para contar la historia de Paulino, Ariadna buscó el testimonio de Laura Devetach, que le dedicaba una reedición de La torre de cubos, de 1984, "a todos los maestros que a pesar de la prohibición, siguieron rodando este libro". El nexo entre ambos, idea original del documental, se extendió. "Me enteré que había un grupo de alumnos de Paulino que lo tenía muy presente", cuenta Ariadna. Así llegó a Luján Di Pasca, hoy maestra de primer grado de la Escuela Número 22 de Isidro Casanova, y que a la hora de premiar a sus alumnos, en vez de ponerles una carita feliz, les pone un Paulinito. "Así cerramos ese triángulo Paulino-Laura-Luján, y organizamos un encuentro que se ve en el film".

Ariadna se pregunta "dónde están las semillas o los cimientos para construir una sociedad mejor", y se contesta: "En los maestros, en el almacenero que te fía porque no llegás con las monedas, en lo más básico de la sociedad, en sus valores: la solidaridad y el pensar en el otro. Esos valores se han bastardeado mucho y el individualismo se coló en todos lados. Hay que reconstruirlos. Para esto necesitamos maestros como Paulino, para preparar a los chicos para que sobrevivan a este mundo. Para que no los pasen por arriba. Paulino estudió para ser maestro no por vocación sino por convicción, porque cree en la educación como una herramienta de cambio."

La documentalista destaca la importancia de que esos libros, antes prohibidos, hoy sean accesibles para todos. Un grupo de entusiastas, reunidos en la Asociación Civil La Grieta y la Biblioteca Popular La Chicharra, organizó una muestra itinerante para la que consiguieron las ediciones originales de los libros prohibidos. "Que esta clase de literatura llegue a pibes humildes, es mérito del Estado, de esta década ganada sobre todo en este aspecto, el cultural", reflexiona Ariadna.

Lleno de emoción, sorprendido de ser el protagonista de esta historia, aparece Paulino, se reencuentra con Ariadna en los pasillos de la TV Pública, para el estreno, y asegura: “Tenemos que valorar mucho estos tiempos que son complejos pero hermosos para vivirlos. Los avasallamientos que pasamos como sociedad, están muy presentes aún, son muy recientes. Pero es maravilloso no tener prohibiciones para contar estos cuentos hermosos. Tenemos la obligación de que ningún chico se vea privado de ellos." En el epílogo del documental, se lo ve rodeado de chicos, en La Matanza. También están sus antiguos alumnos. Y Paulino lee, les lee La planta de Bartolo. En libertad.

La resistencia de Paulino

"Esos cuentos estaban prohibidos. Entonces, como otros maestros, Paulino les cambió el nombre y empezó una pequeña resistencia", explica Ariadna Arizabalo.













El miércoles 11 de diciembre a las 20.30, se emitió por la TV Pública "Prohibido no leer", uno de los trabajos ganadores del Concurso Federal de Documentales para Televisión "30 Años de Democracia" —organizado por la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación, a través del Centro de Producción e Investigación Audiovisual (CePIA) y Radio y Televisión Argentina (RTA), a través de la Televisión Pública—.

Bajo la dirección de Nicolás Carreras y la producción de Hernán Belón –de la casa productora Ariadna Arizabalo–, el documental relata la historia de aquellos libros infantiles prohibidos por la dictadura que, a pesar de haber sido censurados, resistieron. Gracias al compromiso y la valentía de muchos maestros, autores y editores, 30 años después, siguen luchando por los mismos ideales, ocupando un lugar de privilegio en la literatura argentina y, sobre todo, en las mesitas de luz de una nueva generación de chicos lectores.

El concurso de documentales se realizó con motivo del cumplimiento del trigésimo aniversario de la recuperación de la democracia en la Argentina. Por ello, se invitó a participar a productores audiovisuales de todo el país a presentar proyectos sobre acontecimientos de estos treinta años que consideraran relevantes tanto a nivel nacional como regional o local.

Sobre un total de 170 proyectos recibidos de 16 provincias, fueron elegidos 10 ganadores, cuyos productores recibieron el financiamiento total para su realización.

El jurado, encabezado por el historiador Felipe Pigna y conformado por los realizadores Hernán Khourian, Pablo Alejandro Faro, Gustavo Fontán y la productora Patricia Susana Landau, tuvo a su cargo la selección de estas diez historias que narran hechos cruciales, algunos poco difundidos, otros directamente olvidados, de las últimas décadas de la historia argentina.




domingo, 25 de agosto de 2013

ELOGIO DE LA LECTURA








La lectura debe ser uno de los actos más dignos y libertarios de la experiencia humana. Es acaso la única posibilidad en la que el ser humano, sin mover un dedo siquiera, adquiere la maravillosa facultad de volar de una región a otra, de entrar a una botella como un genio libanés o de hablar con el burro bíblico de Ballan. Es confiar en la dilatación fantástica de la realidad. Pero también la lectura nos permite explorar las complejidades reales de La vida de las hormigas de Maeterlinck o nuestro pasado histórico en la pluma insigne de Guamán Poma de Ayala o, para estar más a tono con los tiempos, descubrir el mundo futuro en la ciencia ficción de Ray Bradbury.

Porque la lectura es y debe ser un camino al conocimiento y a la imaginación. En la escuela se nos dice y repite que leamos por nuestro bien; que el contacto de nuestros ojos con los trazos misteriosos en el papel -el lienzo, la pantalla o el escenario, según sea el caso- nos provee de información, amplía nuestro vocabulario y nos dota de una cultura necesaria para el medio social. Esos consejos, sin duda, son buenos y serían cabalmente acertados si nuestros profesores agregaran a sus exhortaciones: la lectura ofrece, por sobre todo, una forma intensa de disfrute.

El viejo maestro que fue Borges recomendaba que "la lectura debe ser considerada no como una carga, sino como una fuente de felicidad". Sabiduría que no debiera olvidarse en las escuelas. No bastan las admoniciones, sobre todo si se cree que la lectura sólo debe enseñar y por lo tanto debe leerse pese a todo. Importa poco si el profesor conoce el texto o no, si el estudiante ha sido suficientemente motivado o no. Como existirá siempre el "instrumento pedagógico" del castigo -casi escuchamos la ordenanza de leer para mañana Platero y yo, bajo pena de un cero bien redondo-, la práctica mecánica de la lectura puede estar garantizada. Pero su enorme provecho será desperdiciado.

En una nota periodística poco conocida, García Márquez refiere algunas situaciones de "cómo los profesores de literatura pervierten a sus alumnos". Cuenta cómo a su hijo Gonzalo los profesores lo confundían y martirizaban, sometiéndolo a arbitrarios cuestionarios de lectura sobre una novela que, para colmo, era El coronel no tiene quien le escriba. García Márquez reseña los disfuerzos en los que han caído, cuando se lee en la escuela, las evaluaciones de lectura. Aunque, claro está, casi no se lee en las escuelas.

No sólo importa la lectura, sino que debe recobrarse su ejercicio como una actividad de placer y libertad. En el texto mencionado de García Márquez, él sugiere que un curso de literatura debiera limitarse a ofrecer una buena guía de lectura. ¿Pero quién puede garantizar que sea una buena guía de lectura? Sin duda, el profesor. Para lo cual los profesores -y no sólo de literatura- deberían emprender una cruzada en favor de una lectura multidisciplinaria que enriquezca al estudiante y que respete sus intereses.

En un cuento titulado "Como y por qué odié los libros para niños", Bryce nos explica divertidamente -aunque incomoda, porque lo sentimos cercano- lo aburrido que son la mayoría de libros infantiles (y juveniles) que circulan y que la exigencia, bajo presión y castigo, de consumir esas lectura terminan por lograr el efecto contrario en los pequeños y jóvenes lectores: rechazar la lectura. De ahí la vigilancia que deben tener los profesores, pues un "Libro de lectura" no asegura que complazca intelectualmente ni emocionalmente a un estudiante. Puede asegurarse, sin embargo, que en las últimas décadas la literatura infantil ha experimentado una evolución extraordinaria y es tarea del profesor estar al tanto.

Dedicar a la lectura un tiempo diario, como una gimnasia que modela nuestros músculos, es indispensable en la formación de futuros ciudadanos para un país mejor. Durante ese tiempo -treinta minutos puede ser el periodo sugerido-, los estudiantes tendrán la oportunidad de sumergirse en mundos posibles elegidos voluntariamente, y también de indagar en la realidad para conocer mejor del medio y de sí mismo. Elegir el libro es ya el comienzo de una postura crítica que el buen lector, en el curso de su aventura, no abandonará.

El escritor pedagogo Daniel Pennac nos ilumina y nos alienta en su libro Como una novela -nunca sabremos, por su heterodoxia, a qué género pertenece-, al presentarnos un escenario escolar poblado de una galería de estudiantes radicalmente enemigos de toda forma de civilización. Estamos en la barbarie de los países altamente industrializados. En ese ambiente, el lector guiado por una prosa notable -voz múltiple, referentes actuales, variadas técnicas- es testigo línea a línea, como la terca gota que horada la piedra, de la sana erosión que va ganando en la dura coraza de sus alumnos, por obra y gracia de unas palabras impresas salidas del mágico alfabeto.


Jorge Eslava, Lima, 2004










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