Muchas de las fotos de este blog son de Ramiro Sisco con la comunidad Pilagá, en Las Lomitas, provincia de Formosa, Argentina.
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martes, 20 de noviembre de 2012

¿POR QUÉ HACEN PARO?




Es verdad: los chicos no se equivocan. Tienen la intuición fresca, la mirada alerta. Los adultos, al paso de los años, fuimos perdiendo esas capacidades. Ayer, durante la conferencia de Prensa, mi hija pequeña los vio en la tele y dijo como al pasar: «tienen cara de mentirosos...»

Hoy, me preguntó por qué unos señores con bombos y gorritos no dejaban pasar a la gente que quería ir a trabajar, por qué rompieron vidrieras de negocios abiertos y con público, por qué no pasaban los colectivos, por qué... por qué...




El Banco Mundial, cuyos técnicos no son muy amigables con la heterodoxia económica del Gobierno, acaba de difundir un estudio donde informa que en esta década, a pesar de la inflación y de cualquier otra penuria que se pueda alegar, la clase media se duplicó en Argentina. De la misma manera se señala que Argentina ha sido el país de la región donde más creció la calidad de vida de sus habitantes. En diez años, el coeficiente de Gini pasó de 0,55 a 0,38.

En ese contexto se produce el paro nacional convocado por sectores tan disímiles como la CTA de Pablo Micheli, la CGT Azul y Blanca de Luis Barrionuevo, el Pollo Sobrero (del Partido Izquierda Socialista) y la CGT de Hugo Moyano. No tienen la misma historia ni la misma cultura gremial ni siquiera los mismos candidatos y se han odiado entre ellos. La única razón en común es que en política son opositores al gobierno nacional.

Gran parte de la nueva clase media proviene del progreso de los salarios de los trabajadores en blanco en estos años y un ejemplo son los mismos camioneros. Seguramente parte del mérito lo tendrá Moyano. Pero en mayor medida habría que asignárselo a una estrategia económica que ha priorizado el consumo y el mercado interno. De lo contrario, habría menos camioneros y con salarios más bajos, aun cuando Moyano fuera el mejor gremialista del planeta. Lo mismo sucede con muchos otros gremios.

El problema más grave, en todo caso, no está en los trabajadores en blanco, sino en la gran cantidad que sigue trabajando en negro, que no están muy considerados en la convocatoria al paro.

Y existe otra consideración que no figura entre las preocupaciones de la convocatoria, que es la crisis de la economía mundial, sobre todo de las economías centrales y de Brasil. Eso quiere decir que esos países dejan de comprar lo que producimos y tratan de vender lo que producen ellos. Si Argentina no puede vender lo que produce, se cierran fuentes de trabajo. Y si Argentina aumenta sus compras en el exterior, también estará cerrando fuentes de trabajo en Argentina.

Desde el año pasado, la presión más fuerte de la crisis es para que crezca el desempleo. Sin embargo, el desempleo no aumentó y pese al peligro tan fuerte, ese tema está en la cabeza de pocos argentinos. La convocatoria al paro ni menciona la defensa de las fuentes de trabajo. La razón de que el peligro de desempleo no sea visto como un problema inminente está en una política que priorizó el mercado interno con grandes inversiones en obras públicas, subsidios y planes anticíclicos. Si no fuera por esa razón, en este momento habría gran cantidad de trabajadores sin trabajo.

El paro centra su convocatoria en el Impuesto a las Ganancias y en que las escalas salariales más altas también reciban el salario familiar. Son reivindicaciones legítimas que engloban a los sectores que están mejor en términos relativos. Pueden ser polémicos, pero no son reclamos desaforados, encajan sin desentonar en una mesa de negociación. Incluso las dos organizaciones que no se sumaron al paro, la CTA de Yasky y la CGT de Caló, también reclaman la suba del mínimo no imponible.

La que aparece desfasada no es la reivindicación, sino la realización de un paro nacional en un año de crisis económica, a un gobierno que viene desarrollando políticas que han favorecido a los trabajadores. Hay un desfase entre los reclamos y el contexto en que se dan. Y lo único que puede explicar ese desfase es la política. Por motivos opuestos, esa razón aparece con más claridad en las corrientes que encabezan Micheli y Barrionuevo, que por izquierda o derecha han sido opositores. Moyano trata de preservar una imagen de gremialismo combativo para justificar su actual oposición al Gobierno.

Pero el pensamiento gremial verdadero habría tomado en consideración el contexto, porque de lo contrario, lo combativo de una medida de fuerza termina favoreciendo a intereses opuestos a los trabajadores al buscar el desgaste de un gobierno que está tomando medidas para mantener las fuentes de trabajo.

viernes, 16 de noviembre de 2012

LOS NIÑOS DE GAZA



























Frente a los mortíferos bombardeos del Estado de Israel a los pobladores de Gaza, es muy significativo saber cómo es vista por sus niños la imposible situación cotidiana. 

Los dibujos fueron censurados en Estados Unidos...



Una exposición prevista en el año 2011 y censurada por la presión que ejercieron grupos pro israelíes al Museo de Arte para Niños de Oakland, en Estados Unidos, nos muestra la visión que tienen los pequeños palestinos sobre el conflicto en Gaza.

La actividad era organizada por la Alianza de Oriente Medio para la Infancia (MECA) y el MOCHA pero grupos pro Israel en la bahía de San Francisco supieron ejercer presión para silenciar el arte de los niños palestinos. Los dibujos rodaron desde entonces por Internet hasta que la web palestinalibre.org los publicó.

Nosotros los recopilamos ahora que está de nuevo la tensión vigente en la franja de Gaza, una verdadera prisión al aire libre.

Estamos seguros que los niños israelíes también tienen su visión sobre lo que sucede, pero no se ve ninguna iniciativa en la red para que los pequeños expresen su visión, acá recogemos la de los palestinos, que fue censurada.

En cualquier enfrentamiento bélico, siempre los más inocentes se llevan la peor parte, pero en el caso de Palestina es evidente y público que las secuelas de lo vivido nunca saldrá de la cabeza de los pequeños afectados.

En última instancia, si el Estado de Israel está tan seguro de su argumento y de estar enfrentando a terroristas, ¿Por qué hay grupos que censuran estos dibujos? Acaso la censura y el silencio a la voz palestina ¿no favorece que ese pueblo se exprese de otra forma?





viernes, 2 de septiembre de 2011

CANDELA Y LA TELEVISIÓN




La desaparición y el posterior asesinato de Candela Rodríguez volvieron a poner en debate el rol de los medios de comunicación. Nuevamente, la televisión mostró su voracidad para correr más de la cuenta detrás de la noticia, que durante los últimos diez días ocupó buena parte de los noticieros y de las señales informativas.

La “necesidad” de mantener el tema en pantalla a toda costa, aun cuando no había ningún tipo de información nueva que aportar, derivó en que en la última semana infinidad de versiones nunca confirmadas se lanzaran al ruedo mediático, con más liviandad que responsabilidad. El afán por la primicia, la búsqueda de audiencia, nunca son buenos consejeros para el periodismo televisivo, que ante cada caso policial de resonancia social suele resignar prudencia para ingresar en aguas peligrosas. La espectacularización televisiva, entonces, termina confundiendo el foco: la búsqueda de la verdad periodística es reemplazada por el menester comercial del rating.

Sin ponderar la real incidencia que las coberturas mediáticas pueden tener en la resolución de un caso policial de repercusión social, ya que se trata de una tarea imposible de cuantificar en términos objetivos, nadie puede soslayar el rol que la televisión tiene a la hora de difundir/ reflejar/construir (tache lo que no corresponda) la realidad. En ese contexto de mediatización audiovisual, una noticia amplificada en continuado bajo los parámetros del show televisivo condiciona la opinión pública. Y también funciona como una olla de presión, desvencijada, cuyo caldo formado de osadas opiniones vertidas e imágenes oportunas, no siempre colabora con la investigación policial y judicial. Incluso, en ocasiones, la puede interferir seriamente.

Más allá de las particularidades de cada caso, y de cada noticiero y canal, la mecánica televisiva se suele reeditar ante nuevos hechos policiales que toman estado público. Y el debate sobre el papel que jugaron (juegan) los medios apenas se esboza, tímida y periféricamente. No deja de sorprender que en tiempos en los que el periodismo político atraviesa una de sus crisis más importantes y reveladoras de su historia, el periodismo televisivo policial sigue indemne repitiendo viejos vicios. En la TV, parece, nadie se hace cargo de recoger el guante.

Esa falta de responsabilidad y premura profesional que, en general, se observa en la cobertura de casos como el de Candela, debería llamar a la reflexión de periodistas, gerentes de noticias y propietarios de medios. La reiteración de prácticas que afectan, o pueden hacerlo, el desarrollo de una investigación exige a esta altura la elaboración de un protocolo de acción que fije al periodismo televisivo ciertas pautas generales a la hora de cubrir un hecho no finalizado, que transcurre en el tiempo. Ese estatuto periodístico para casos excepcionales, como secuestros o desapariciones, debería para su cumplimiento ser redactado y consensuado entre todos los gerentes de noticias de cada canal de TV abierta y TV por cable. Un manual universal en el que se acuerde aquello sobre lo que se puede y lo que no se debe mostrar. Incluso, ese protocolo podía fijarse con el asesoramiento de las fuerzas de seguridad y/o de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA).

La elaboración de esa suerte de estatuto periodístico podría, en caso de concretarse, poner a los medios al servicio de la comunidad, bajo un paraguas de interés común y real por la rigurosidad periodística. Yendo un poco más lejos, e incluso como complemento de lo anterior, tal vez ha llegado el momento en que los noticieros y las señales informativas sean exceptuadas de las mediciones de audiencia. O, en todo caso, dado el interés comercial que los propietarios de los medios tienen, otra buena opción sería que se evalúe el rating de señales informativas y noticieros, pero que las cifras sean confidenciales. Es decir: que la AFSCA o el organismo al que le corresponda legisle la prohibición de que el rating de los servicios informativos se pueda difundir públicamente.

La puesta en marcha de un estatuto de acción consensuado por la industria televisiva ante casos que continúan con el correr de los días, sumada a la idea de que el rating deje de ser un (perverso) condicionante periodístico, ayudarían a que noticieros y cadenas de noticias quiten la competencia de foco, para centrarse únicamente en la búsqueda de la verdad y la rigurosidad informativa. Sólo así, en este estado de cosas, la información podrá volver a constituirse en un bien social al servicio de la comunidad.





sábado, 21 de mayo de 2011

EN LA CIUDAD DE LA FURIA





¿Cómo funciona la estigmatización de los jóvenes en los casos de violencia de masa?

El asesinato del joven Matías Jano Fernández devolvió al escenario mediático un clásico de todas las épocas estivales: la violencia de los jóvenes en los boliches.

La fórmula es siempre la misma: una tragedia, un conjunto de casos forzadamente similares y, ya se sabe, “los jóvenes y las drogas y el alcohol”, “los jóvenes violentos”, “los jóvenes sin límites”.

De postre, la infaltable exigencia de “más policía”. Miradas al Sur consultó con un experto en psicología infanto-juvenil para intentar desentramar una cuestión sensible que, como ovillo informativo, fija la responsabilidad en los jóvenes y propone soluciones igual de facilistas, más parecidas a negocios que a una misión de paz.

“Una acción violenta o una reacción hostil, y hasta un hecho criminal, tienen un contexto y una historicidad. No se trata de hechos aislados. Todos, desde el más intrascendente hasta uno de gravedad, como el homicidio, se desarrollan en una trayectoria subjetiva. Nada es fortuito. Los hechos ocurren así porque las condiciones están dadas para que el protagonista del hecho de violencia pueda desplegarla”, afirma Fernando Osorio.

El trío que esperaba con el bate de béisbol a Matías en la puerta de Fantástico, en el día de su vigésimo cumpleaños, venía a dirimir una rencilla anterior. El caso de Micaela Ferreyra sucedió en un tiroteo en la puerta de la casa de alguien a quien ella y los tiradores que llevaba conocían del barrio.

En cambio, los medios recurren a la culpabilización faciloide; la ecuación es boliche = violencia espontánea. Este fin de semana, el diario Clarín agrupa en una nota firmada por Candelaria Schamun diez hechos delictivos relacionados con alguna disco, agitando los fantasmas de la fórmula. Es más, ninguno de los hechos que se citan en la nota –que también replica el diario digital Infobae– tuvo su origen en los locales bailables. “No existe una violencia juvenil diferenciada de la violencia social general, son los medios masivos de comunicación que generan opinión pública y delimitan así los acontecimientos para hacerlos comerciales”, le dice a Miradas al Sur Osorio, que se especializa en violencia infantil, juvenil y en las escuelas. Para Osorio, en la actualidad se experimenta violencia social a secas. Tiene como protagonistas a diversos grupos etarios. “En todo caso, los jóvenes reproducen la misma falta de valor en la vida que les han enseñado los adultos del entorno.”

La historicidad de las subjetividades de la abrumadora mayoría de los relevamientos periodísticos muere en el consumo de drogas y alcohol, y en la falta de “seguridad” estatal, pero en la puerta de los locales. Pero la violencia no nació ahora ni es una circunscripción específica de los jóvenes.

Desde que era chiquitito.

Lo más importante como sociedad, reflexiona Osorio, es “reconocer que para que se construya un sujeto perturbardor del entorno social, es condición sine qua non que proceda de un entorno de crianza altamente perturbador también”.

“Un niño o un joven es perturbador porque ha sido perturbado primero”, define el especialista.

En general, la violencia se padece en los primeros años de vida, lo que consolida un modo de relacionarse con el mundo.

El autor de Violencia en las Escuelas y Usos y Abuso de Drogas, explica que aún está muy presente esa vieja conocida de la cultura argentina que es el “sálvese quien pueda”, desarrollada entre los últimos estertores del último gobierno militar, retomada durante la nefasta década de los ’90 y que aún persiste.

Sus características fundamentales serían “el individualismo, la falta de cooperación y de solidaridad; con la superficialidad y la banalidad como valores; la imagen y la estética como objetivos de vida a alcanzar, la degradación de la autoridad parental y jurídica y, por sobre todas las cosas, la falta de futuro cierto... Queda despojado el niño o el joven de toda referencia y entonces ya no tiene nada que perder, así sea la vida propia y mucho menos la ajena. Ya no alcanza con insultar o pelearse. Se mata porque la vida no tiene valor”.

Días atrás, el especialista en Derecho Penal (UBA) Marcos Salt le decía a Verónica Ocvirk, del periódico Tiempo Argentino, que “antes que poner plata en cárceles, tal vez sería mejor invertir en clubes”.

En consonancia, Osorio agrega “la falta de políticas públicas” como uno de los factores perturbadores responsables de los sujetos perturbadores de hoy.

“La presencia concreta de las políticas públicas en los últimos ocho años no pueden modificar rápidamente los estragos que provocó la intromisión inaudita del narcotráfico en los ’90”, ejemplifica.

También remarca la necesidad de mantenerlas en el tiempo, porque “actualmente hay una familia transformada, deconstruida y vulnerada por esa falta de contención social durante tantos años. En ese sentido, la Asignación Universal por Hijo cubre un mínimo porcentaje de esa contención y, aunque sea poco, es un gran paso, totalmente inédito en la historia de nuestro país”.

Al final, la supuesta crispación no era avivada por los grupos sociales, militantes o sindicales, sino que más bien lo es por las incertidumbres, sensaciones de crisis y de no pertenencia, que es la especialidad de los mismos medios que siguen estigmatizando a los jóvenes.

“La desarticulación de lo social de la política neoliberal se ve también en los modos en que se manifiesta la violencia entre conciudadanos. Una violencia extrema, con una conducta sin códigos, un sujeto desleal, injurioso, hipócrita, individualista y traidor”, concluye Fernando Osorio.

“La violencia que se experimenta hoy aquí sucede en muchos lugares del mundo, y se conoce como violencia de masa, no tiene objetivos claros, es pura violencia, puro enfrentamiento de unos con otros, ya no hay ideales revolucionarios para mejorar el mundo, y ni siquiera funcionan como grupo, camaradas, ni equipos”
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