Muchas de las fotos de este blog son de Ramiro Sisco con la comunidad Pilagá, en Las Lomitas, provincia de Formosa, Argentina.
Mostrando entradas con la etiqueta democracia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta democracia. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de octubre de 2021

QUÉ HACER CON EL MIEDO

 


    “Uno de los errores más terribles que podemos cometer mientras estudiamos, como alumnos o maestros, es retroceder frente al primer obstáculo con que nos enfrentamos, no asumir la responsabilidad que nos impone la tarea de estudiar...”
Paulo Freire
                                    

Texto del educador y filósofo Paulo Freire, publicado en el año  1993,  en el libro "cartas a quem ousa ensinar" 

Creo que el mejor punto de partida para este tema es considerar la cuestión de la dificultad, la cuestión de lo difícil y el miedo que provoca.

Se dice que alguna cosa es difícil cuando el hecho de enfrentarla u ocuparse de ella se convierte en algo penoso, es decir, cuando presenta algún obstáculo. «Miedo», según la definición del Diccionario Aurélio, es un «sentimiento de inquietud frente a la idea de un peligro real o imaginario». Miedo de enfrentar la tempestad. Miedo de la soledad. Miedo de no poder franquear las dificultades para finalmente entender un texto.

Siempre existe una relación entre el miedo y la dificultad, entre el miedo y lo difícil. Pero en esta relación evidentemente se encuentra también la figura del sujeto que tiene miedo de lo difícil o de la dificultad. El sujeto que le teme a la tempestad, que le teme a la soledad o teme no conseguir franquear las dificultades para entender finalmente el texto, o producir la inteligencia del texto.

En esta relación entre el sujeto que teme y la situación u objeto del miedo existe además otro elemento constitutivo que es el sentimiento de inseguridad del sujeto temeroso. Inseguridad para enfrentar el obstáculo. Falta de fuerza física, falta de equilibrio emocional, falta de competencia científica, ya sea real o imaginaria, del sujeto.

La cuestión que aquí se plantea no es negar el miedo. Aun cuando el peligro que lo genere sea ficticio, el miedo en sí, sin embargo, es concreto. La cuestión que se presenta es la de no permitir que nos paralice o nos persuada de desistir fácilmente, de enfrentar la situación desafiante sin lucha y sin esfuerzo.

Frente al miedo, sea de lo que fuera, es preciso que primeramente nos aseguremos con objetividad de la existencia de las razones que nos lo provocan. En una segunda instancia, si éstas existen realmente, que las comparemos con las posibilidades de las que disponemos para enfrentarlas con probabilidades de éxito. Y por último, que pensemos qué podemos hacer para, si éste es el caso, aplazar el enfrentamiento del obstáculo y volvernos más capaces de hacerlo mañana.

Con estas reflexiones quiero subrayar que lo difícil o la dificultad están siempre relacionados con la capacidad de respuesta del sujeto que, frente a lo difícil y a la evaluación de sí mismo en cuanto a la capacidad de respuesta, tendrá más o menos miedo o ningún miedo o miedo infundado o, reconociendo que el desafío sobrepasa los límites del miedo, se hundirá en el pánico. Éste es el estado de espíritu que paraliza al sujeto frente a un desafío que reconoce sin ninguna dificultad como absolutamente superior a cualquier intento de respuesta: tengo miedo de la soledad y me siento en pánico en una ciudad asolada por la violencia de un terremoto.

Aquí me gustaría ocuparme solamente de las reflexiones en torno al miedo de no comprender un texto de cuya inteligencia precisamos en el proceso de conocimiento en el que estamos insertos en nuestra capacitación. El miedo paralizante que nos vence aun antes de intentar, más enérgicamente, la comprensión del texto.

Si tomo un texto cuya comprensión debo trabajar, necesito saber: a] si mi capacidad de respuesta está a la altura del desafío, esto es, del texto que debe ser comprendido; b] si mi capacidad de respuesta es menor, o c] si mi capacidad de respuesta es mayor.

Si mi capacidad de respuesta es menor, no puedo ni debo permitir que mi miedo de no entender me paralice y que, considerando mi tarea como imposible de ser realizada, simplemente la abandone. Si mi capacidad de respuesta es menor que las dificultades de comprensión del texto, debo tratar de superar por lo menos algunas de las limitaciones que me dificultan la tarea con la ayuda de alguien, y no sólo con la ayuda del profesor o la profesora que me indicó la lectura. A veces ésta exige alguna convivencia anterior con otro que nos prepara para un paso posterior.

Uno de los errores más terribles que podemos cometer mientras estudiamos, como alumnos o maestros, es retroceder frente al primer obstáculo con que nos enfrentamos, no asumir la responsabilidad que nos impone la tarea de estudiar, como se impone cualquier otra tarea a quien deba realizarla.

Estudiar es un quehacer exigente en cuyo proceso se da una sucesión de dolor y placer, de sensación de victoria, de derrota, de dudas y alegría. Pero por lo mismo estudiar implica la formación de una disciplina rigurosa que forjamos en nosotros mismos, en nuestro cuerpo consciente. Esta disciplina no puede sernos dada ni impuesta por nadie —sin que eso signifique desconocer la importancia del papel del educador en su creación—. De cualquier manera, o somos sujetos de ella, o ella se vuelve una mera yuxtaposición a nuestro ser. O nos adherimos al estudio como un deleite y lo asumimos como una necesidad y un placer o el estudio es una pura carga, y como tal, lo abandonamos en la primera esquina.

Cuanto más asumimos esta disciplina tanto más nos fortalecemos para superar algunas amenazas que la acechan y que acechan, por lo tanto, a la capacidad de estudiar eficazmente.

Una de esas amenazas, por ejemplo, es la concesión que nos hacemos a nosotros mismos de no consultar ningún instrumento auxiliar de trabajo como diccionarios, enciclopedias, etc. Deberíamos incorporar a nuestra disciplina intelectual el hábito de consultar estos instrumentos a tal punto que sin ellos nos resulte difícil estudiar.

Huir frente a la primera dificultad es permitir que el miedo de no llegar a un buen fin en el proceso de inteligencia del texto nos paralice. De ahí a acusar al autor o a la autora de incomprensible existe sólo un paso.

Otra amenaza al estudio serio, que se transforma en una de las formas más negativas de huir de la superación de las dificultades que enfrentamos y ya no del texto en sí mismo, es la de proclamar la ilusión de que estamos entendiendo, sin poner a prueba nuestra afirmación.

No tengo por qué avergonzarme por el hecho de no estar comprendiendo algo que estoy leyendo. Sin embargo, si el texto que no estoy comprendiendo forma parte de una relación bibliográfica que es vista como fundamental, hasta que yo lo perciba y concuerde o no con que es realmente fundamental debo superar las dificultades y entender el texto.

No es exagerado repetir que el leer, como estudio, no es pasear libremente por las frases, las oraciones y las palabras sin ninguna preocupación por saber hacia dónde ellas nos pueden llevar. 

Otra amenaza para el cumplimiento de la tarea difícil y placentera de estudiar, que resulta de la falta de disciplina de la que ya he hablado, es la tentación que nos acosa, mientras leemos, de dejar la página impresa y volar con la imaginación bien lejos. De pronto, estamos físicamente con el libro frente a nosotros y lo leemos apenas maquinalmente. Nuestro cuerpo está aquí pero nuestro gusto está en una playa tropical y distante. Así es realmente imposible estudiar.

Debemos estar prevenidos para el hecho de que pocas veces un texto se entrega fácilmente a la curiosidad del lector. Por otro lado, no es cualquier curiosidad la que penetra o se adentra en la intimidad del texto para desnudar sus verdades, sus misterios, sus inseguridades, sino la curiosidad epistemológica —la que al tomar distancia del objeto se «aproxima» a él con el ímpetu y el gusto de descubrirlo—. Pero esa curiosidad fundamental no es suficiente. Es preciso que al servirnos de ella, que nos «aproxima» al texto para su examen, también nos demos o nos entreguemos a él. Para esto es igualmente necesario que evitemos otros miedos que el cientificismo nos ha inoculado. Por ejemplo, el miedo de nuestros sentimientos, de nuestras emociones, de nuestros deseos, el miedo de que nos echen a perder nuestra cientificidad. Lo que yo sé, lo sé con todo mi cuerpo: con mi mente crítica, pero también con mis sentimientos, con mis intuiciones, con mis emociones. Lo que no puedo hacer es detenerme satisfecho en el nivel de los sentimientos, de las emociones, de las intuiciones. Debo someter a los objetos de mis intuiciones a un tratamiento serio, riguroso, pero jamás debo despreciarlos.

En última instancia, la lectura de un texto es una transacción entre el sujeto lector y el texto, como mediador del encuentro de ese lector con el autor del texto. Es una composición entre el lector y el autor en la que aquél, esforzándose con lealtad en el sentido de no traicionar el espíritu del autor, «reescribe» el texto. Y resulta imposible hacer esto sin la comprensión crítica del texto, que por su lado exige la superación del miedo a la lectura y que se va dando en el proceso de creación de aquella disciplina intelectual de la que he hablado antes. Insistamos en la disciplina referida. Ella tiene mucho que ver con la lectura, y por lo tanto con la escritura. No es posible leer sin escribir, ni escribir sin leer.

Otro aspecto importante, y que desafía aún más al lector como «recreador» del texto que lee, es que la comprensión del texto no está depositada, estática, inmovilizada en sus páginas a la espera de que el lector la desoculte. Si fuese así definitivamente, no podríamos decir que leer de manera crítica es «reescribir» lo leído. Por eso es que antes he hablado de la lectura como composición entre el lector y el autor, en la que el significado más profundo del texto también es creación del lector. Este punto nos lleva a la necesidad de la lectura también como experiencia dialógica, en la que la discusión del texto realizada por sujetos lectores aclara, ilumina y crea la comprensión grupal de lo leído. En el fondo, la lectura en grupo hace emerger diferentes puntos de vista que, exponiéndose los unos a los otros, enriquecen la producción de la inteligencia del texto.

Entre las mejores prácticas de lectura que he tenido dentro y fuera de Brasil yo citaría las que realicé coordinando grupos de lectura sobre un texto. 

Lo que he observado es que la timidez frente a la lectura o el propio miedo tienden a ser superados, y se liberan los intentos de invención del sentido del texto y no sólo de su descubrimiento. 

Obviamente, antes de la lectura en grupo, y como preparación para ella, cada estudiante realiza su lectura individual. Consulta tal o cual instrumento auxiliar. Establece esta o aquella interpretación de uno u otro de los fragmentos de la lectura. El proceso de creación de la comprensión de lo que se lee va siendo construido en el diálogo entre los diferentes puntos de vista en torno al desafío, que es el núcleo significativo del autor. 

Como autor, yo estaría más que satisfecho si llegara a saber que este texto provoca algún tipo de lectura comprometida, como aquellas en las que vengo insistiendo a lo largo de este libro, entre sus lectores y lectoras. En el fondo, ése debe ser el sueño legítimo de todo autor, ser leído, discutido, criticado, mejorado, reinventado por sus lectores.

Pero volvamos un poco a este aspecto de la lectura crítica según el cual el lector se hace o se va haciendo igualmente productor de la inteligencia del texto. El lector será tanto más productor de la comprensión del texto cuanto más se haga realmente un aprehensor de la comprensión del autor. Él produce la inteligencia del texto en la medida en que ella se vuelve conocimiento que el lector ha creado y no conocimiento que le fue yuxtapuesto por la lectura del libro.

Cuando yo aprehendo la comprensión del objeto en vez de memorizar el perfil del concepto del objeto, yo conozco al objeto, yo produzco el conocimiento del objeto. Cuando el lector alcanza críticamente la inteligencia del objeto del que habla el autor, conoce la inteligencia del texto y se transforma en coautor de esta inteligencia. No habla de ella como quien sólo ha oído hablar de ella. El lector ha trabajado y retrabajado la inteligencia del texto porque ésta no estaba allí inmovilizada esperándolo. En esto radica lo difícil y lo apasionante del acto de leer. 

Desdichadamente, lo que se viene practicando en la mayoría de las escuelas es llevar a los alumnos a ser pasivos con el texto. Los ejercicios de interpretación de la lectura tienden a ser casi su copia oral. El niño percibe tempranamente que su imaginación no juega: es algo casi prohibido, una especie de pecado. Por otro lado, su capacidad cognoscitiva es desafiada de manera distorsionada. El niño nunca es invitado, por un lado, a revivir imaginativamente la historia contada en el libro; y por el otro, a apropiarse poco a poco del significado del contenido del texto. 

Ciertamente, sería a través de la experiencia de recontar la historia, dejando libres su imaginación, sus sentimientos, sus sueños y sus deseos para crear, como el niño acabaría arriesgándose a producir la inteligencia más compleja de los textos.

No se hace nada o casi nada en el sentido de despertar y mantener encendida, viva, curiosa, la reflexión conscientemente crítica que es indispensable para la lectura creadora, vale decir, la lectura capaz de desdoblarse en la reescritura del texto leído. 

Esa curiosidad, que el maestro o la maestra necesitan estimular en el alumno, contribuye decisivamente a la producción del conocimiento del contenido del texto, que a su vez se vuelve fundamental para la creación de su significación. 

Es muy cierto que si el contenido de la lectura tiene que ver con un dato concreto de la realidad social o histórica o de la biología, por ejemplo, la interpretación de la lectura no puede traicionar el dato concreto. Pero esto no significa que el estudiante lector deba memorizar textualmente lo leído y repetir mecánicamente el discurso del autor. Esto sería una «lectura bancaria», en la que el lector «comería» el contenido del texto del autor con la ayuda del «maestro nutricionista».

Insisto en la importancia indiscutible de la educadora en el aprendizaje de la lectura, indicotomizable de la escritura, a la que los educandos deben entregarse. La disciplina de mapear temáticamente el texto, que no debe ser realizada sólo por la educadora sino también por los educandos, descubriendo interacciones entre unos temas y otros en la continuidad del discurso del autor, el llamado de la atención de los lectores hacia las citas hechas en el texto y el papel de las mismas, la necesidad de subrayar el momento estético del lenguaje del autor, de su dominio del lenguaje, del vocabulario, lo que implica superar la innecesaria repetición de una misma palabra tres o cuatro veces en una misma página del texto. 

Un ejercicio de mucha riqueza del que he tenido noticia alguna vez, aunque no se realice en las escuelas, es el de posibilitar que dos o tres escritores, de ficción o no, hablen a los alumnos que los han leído sobre cómo produjeron sus textos, cómo trabajaron la temática o los desarrollos que envuelven sus temas, cómo trabajaron su lenguaje, cómo persiguieron la belleza en el decir, en el describir, en el dejar algo en suspenso para que el lector ejercite su imaginación, cómo jugar con el pasaje de un tiempo al otro en sus historias. En fin, cómo los escritores se leen a sí mismos y cómo leen a otros escritores. 

Es preciso, ya finalizando, que los educandos, al experimentarse cada vez más críticamente en la tarea de leer y de escribir, perciban las tramas sociales en las que se constituyen y se reconstituyen el lenguaje, la comunicación y la producción del conocimiento.
 
Paulo Freire


 

lunes, 16 de diciembre de 2013

PROHIBIDO NO LEER (30 AÑOS DE DEMOCRACIA)








–Mamá, ¿cuál era tu libro favorito cuando eras como yo?

–Uno que estaba prohibido y que mi mamá sacó de la biblioteca.

–¿Por qué?

La última pregunta de Mateo quedó dando vueltas en la cabeza de Ariadna Arizabalo. Cuando se produjo el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, tenía nueve años, la edad que hoy tiene su hijo. A partir de ese breve diálogo surgió el tema que Ariadna convertiría en un documental. Ya tenía la historia que quería contar.

«Prohibido NO leer» es el corto de 26 minutos que ganó el concurso "30 Años de Democracia", convocado por la Secretaría de Cultura de la Nación –a través del Centro de Producción e Investigación Audiovisual (CePIA)– y la Televisión Pública, que lo estrenó la semana pasada. "Tiene dos líneas: por un lado, se narra la historia de vida de Paulino Guarido, un maestro de primer grado, y por el otro, la de los libros infantiles prohibidos por la última dictadura cívico-militar", resume Ariadna.

Su libro favorito, aquel que su madre le había negado presa del terror de aquellos años, era Un elefante ocupa mucho espacio, de Elsa Bornemann. Son quince cuentos escritos en 1975 que hablan de la libertad, la amistad, la solidaridad, la justicia, y que por eso fueron censurados por la dictadura genocida. Su autora pasó a integrar la lista de autores prohibidos. Mucho tiempo después, en 2003, el libro fue reeditado en el marco del Plan Nacional de Lectura del Ministerio de Educación de la Nación. Pero esa es otra historia.

Ariadna cuenta la de Paulino, "un maestro que en un período oscuro de nuestra historia y con sólo 20 años, puso en riesgo su vida, porque no quiso privar a sus alumnos de la fantasía, la belleza y la imaginación de esos cuentos. Quizá porque esos libros eran una de las pocas alegrías a las que podía acceder en esos tiempos un pibe humilde de una escuela humilde de Laferrere." En su infancia, Paulino era fanático de dos autoras, y en especial de tres cuentos: Un elefante ocupa mucho espacio, de Bornemann, La planta de Bartolo y La torre de cubos, de Laura Devetach, otra escritora perseguida por el Proceso.

"Esos cuentos estaban prohibidos. Entonces, como otros maestros, Paulino les cambió el nombre y empezó una pequeña resistencia." Hasta que lo chupan el 19 de julio de 1978. Estuvo once días en el centro clandestino de detención El Vesubio, después lo liberaron, "según dice él, para desparramar el terror en la sociedad".

Para contar la historia de Paulino, Ariadna buscó el testimonio de Laura Devetach, que le dedicaba una reedición de La torre de cubos, de 1984, "a todos los maestros que a pesar de la prohibición, siguieron rodando este libro". El nexo entre ambos, idea original del documental, se extendió. "Me enteré que había un grupo de alumnos de Paulino que lo tenía muy presente", cuenta Ariadna. Así llegó a Luján Di Pasca, hoy maestra de primer grado de la Escuela Número 22 de Isidro Casanova, y que a la hora de premiar a sus alumnos, en vez de ponerles una carita feliz, les pone un Paulinito. "Así cerramos ese triángulo Paulino-Laura-Luján, y organizamos un encuentro que se ve en el film".

Ariadna se pregunta "dónde están las semillas o los cimientos para construir una sociedad mejor", y se contesta: "En los maestros, en el almacenero que te fía porque no llegás con las monedas, en lo más básico de la sociedad, en sus valores: la solidaridad y el pensar en el otro. Esos valores se han bastardeado mucho y el individualismo se coló en todos lados. Hay que reconstruirlos. Para esto necesitamos maestros como Paulino, para preparar a los chicos para que sobrevivan a este mundo. Para que no los pasen por arriba. Paulino estudió para ser maestro no por vocación sino por convicción, porque cree en la educación como una herramienta de cambio."

La documentalista destaca la importancia de que esos libros, antes prohibidos, hoy sean accesibles para todos. Un grupo de entusiastas, reunidos en la Asociación Civil La Grieta y la Biblioteca Popular La Chicharra, organizó una muestra itinerante para la que consiguieron las ediciones originales de los libros prohibidos. "Que esta clase de literatura llegue a pibes humildes, es mérito del Estado, de esta década ganada sobre todo en este aspecto, el cultural", reflexiona Ariadna.

Lleno de emoción, sorprendido de ser el protagonista de esta historia, aparece Paulino, se reencuentra con Ariadna en los pasillos de la TV Pública, para el estreno, y asegura: “Tenemos que valorar mucho estos tiempos que son complejos pero hermosos para vivirlos. Los avasallamientos que pasamos como sociedad, están muy presentes aún, son muy recientes. Pero es maravilloso no tener prohibiciones para contar estos cuentos hermosos. Tenemos la obligación de que ningún chico se vea privado de ellos." En el epílogo del documental, se lo ve rodeado de chicos, en La Matanza. También están sus antiguos alumnos. Y Paulino lee, les lee La planta de Bartolo. En libertad.

La resistencia de Paulino

"Esos cuentos estaban prohibidos. Entonces, como otros maestros, Paulino les cambió el nombre y empezó una pequeña resistencia", explica Ariadna Arizabalo.













El miércoles 11 de diciembre a las 20.30, se emitió por la TV Pública "Prohibido no leer", uno de los trabajos ganadores del Concurso Federal de Documentales para Televisión "30 Años de Democracia" —organizado por la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación, a través del Centro de Producción e Investigación Audiovisual (CePIA) y Radio y Televisión Argentina (RTA), a través de la Televisión Pública—.

Bajo la dirección de Nicolás Carreras y la producción de Hernán Belón –de la casa productora Ariadna Arizabalo–, el documental relata la historia de aquellos libros infantiles prohibidos por la dictadura que, a pesar de haber sido censurados, resistieron. Gracias al compromiso y la valentía de muchos maestros, autores y editores, 30 años después, siguen luchando por los mismos ideales, ocupando un lugar de privilegio en la literatura argentina y, sobre todo, en las mesitas de luz de una nueva generación de chicos lectores.

El concurso de documentales se realizó con motivo del cumplimiento del trigésimo aniversario de la recuperación de la democracia en la Argentina. Por ello, se invitó a participar a productores audiovisuales de todo el país a presentar proyectos sobre acontecimientos de estos treinta años que consideraran relevantes tanto a nivel nacional como regional o local.

Sobre un total de 170 proyectos recibidos de 16 provincias, fueron elegidos 10 ganadores, cuyos productores recibieron el financiamiento total para su realización.

El jurado, encabezado por el historiador Felipe Pigna y conformado por los realizadores Hernán Khourian, Pablo Alejandro Faro, Gustavo Fontán y la productora Patricia Susana Landau, tuvo a su cargo la selección de estas diez historias que narran hechos cruciales, algunos poco difundidos, otros directamente olvidados, de las últimas décadas de la historia argentina.




miércoles, 11 de diciembre de 2013

VIVA LA DEMOCRACIA








Es imposible no escribir obviedades frente a las imágenes de saqueo de los últimos días. Es difícil soportar con estoicismo la enunciación de todos los prejuicios sociales y raciales habidos y por haber sobre la estigmatización de los pobres. Nadie, excepto aquellos adictos a las tropelías discursivas de los esquizoprofetas como Jorge Lanata o Elisa Carrió, puede creer en la espontaneidad y la desesperación de aquellos que protagonizaron los saqueos en los últimos días.

Sin embargo, abundaron los ejemplos que sirven continuar con la lógica de "asado con parqué": en una farmacia se llevaron todos los anteojos de sol pero dejaron las leches en polvo y las leches maternas; desvalijaron una ferretería para comer bulones, se robaban los plasmas y las computadoras; y la lista continúa.

Lo peor es que muchos de esos discursos son ciertos. No hubo mayorías famélicas como en 1989 o 2001. Hubo, sí, brigadas saqueadoras con acompañamiento del lumpenaje estructural dispuesto a cualquier cosa. Con cinismo alguien podría decir que cambiaron las demandas históricas de los saqueadores: antes iban por comida, ahora por los artefactos para el hogar. Bueno, después de todo, algo similar le ocurrió a la clase media, que hace una década reclamaba trabajo y, hoy, poder ahorrar en dólares. No es poca cosa el cambio.

Pero si hay algo que los saqueos ponen otra vez en discusión es el rol del Estado. Allí, donde un gobernador se va de viaje, y el aparato represivo legal se rebela, muchos argentinos muestran su peor cara. Cuando el Estado desaparece, emerge el saqueo.

Como en los años 90 ocurrió con la clase dirigente y las empresas públicas, por ejemplo. Como se registró en Córdoba con la malísima gestión de José Manuel de la Sota y las deficiencias en su negociación con la fuerza policial que, evidentemente, se le fue de las manos. No es para menos. La cordobesa es una de las pocas fuerzas de seguridad que se mantiene intacta desde la dictadura militar y no ha sido sometida siquiera a intentos de purgas como sí ocurrió con la Bonaerense –lo que no significa que la Bonaerense sea ejemplo de nada, claro–.

Una policía con todos los vicios heredados del dominio de Luciano Benjamín Menéndez, una clase política que tejió fuertes vínculos políticos y una red de negocios sucios con ella, y una integración social regresiva con bolsones de extrema pobreza en una de las provincias más ricas del país conforman buenas razones para comprender lo que ocurre en esa región por estos días.

El otro factor es temporal: diciembre es temporada de saqueos. O al menos es así desde los últimos 15 años. Hacia fin de año se producen las manifestaciones de sectores predemocráticos que intentan jaquear al sistema político utilizando mano de obra que forma parte de la infraestructura de la pobreza que el Estado todavía no ha podido integrar definitivamente. Por eso la irradiación del conflicto a las fuerzas de seguridad de Neuquén, de Santa fe y de otras provincias.

Hablando de saqueos, casualmente, a los principales medios se les pasó por alto cotidianamente el accionar verdaderamente mafioso de los empresarios agropecuarios que no liquidan dólares de exportaciones acumulando granos en silo bolsas presionando sobre la necesidad de divisas del Estado.

Es que a veces, mientras las cámaras de televisión enfocan a los "negritos" con plasmas en las manos se olvidan de enfocar a los millonarios sojeros que aprietan a todos los argentinos especulando con el tipo de cambio para ganar muchísimo más dinero con el mismo esfuerzo y a costa de la devaluación del salario de millones de argentinos. ¡Ah, qué buenos tiempos los de la Junta Nacional de Granos cuando el Estado tenía herramientas para poner en jaque a los especuladores de la Sociedad Rural y la Carbap! Y es obvio: a más Estado menos saqueo.

De más está decir que a falta de fuerzas armadas que puedan jaquear las democracias latinoamericanas, son las policías, a través de reclamos salariales aparentemente justos, las que desestabilizan –no exagero con supuestos golpes de Estado– a los gobiernos democráticos.

Porque no se trata de derrocamientos directos, se trata de desgaste, de esmerilamientos, de intentos de legitimación de un gobierno para marcarle paso, cercarle las salidas. No es lo mismo ganar seis pesos por dólares que ocho. Sobre todo en un total de 8000 millones dólares por ejemplo. Todo eso, claro, a costa del bolsillo de millones de argentinos.

Pero es cierto que no son tiempos para este tipo de reclamos. Volvamos al clima conciliador que nos envuelve y nos convoca para llevar adelante una etapa nueva dentro del proceso político que se inició en 2003.

Aun a riesgo de que más de uno de nosotros podamos sentirnos como granaderos después de la batalla de Ayacucho, habrá que reconocer que este nuevo estado de situación será un poco menos romántico que la épica a la cual convocó el kirchnerismo en los últimos cinco años. Por esa razón algunos de esos veteranos granaderos se verán invitados a dar un paso al costado para que otros puedan reconstruir y hacer comprender los nuevos tiempos políticos.

Pero seguramente, este nuevo momento en el proceso histórico convoque a otras épicas un poco menos rimbombantes pero no por eso menos heroicas: defender los ahorros del Estado, la acumulación de divisas, la edificación de la infraestructura necesaria para el desarrollo industrial, la búsqueda de inversiones extranjeras, la construcción de puentes y caminos.

Claro que muchos granaderos se sentirán más ensoñados con las cargas de caballería de Riobamba o de Chacabuco que con la construcción de puentes; pero es posible sea en los tiempos de moderación donde se constituya hegemonía, convocando a sectores más amplios. Total, la política es dinámica y no es posible estar todo el tiempo sable en mano.

Esta semana se cumplirá 30 años de democracia. No es poca cosa para una sociedad como la argentina. Y siempre hay dicotomías para entretenerse. Por ejemplo se me ocurre una: los que trabajan contra los que saquean y especulan, por ejemplo. Aunque pensándolo bien, esa haya sido la antinomia más importante de los últimos 200 años en nuestro país. Y esa pelea no tiene descanso ni cuartel, aunque disimulemos un poco unos y otros.

Por lo demás, feliz día de la democracia para todos y todas.
















miércoles, 30 de octubre de 2013

AUNQUE NO LE GUSTE A CLARÍN LA 26.522 ES CONSTITUCIONAL







Cuatro años debió esperar la sociedad argentina para que el Poder Judicial declarara la plena vigencia de todos y cada uno de los artículos de la ley audiovisual, promulgada en octubre de 2009 con el propósito de asegurar la diversidad y el pluralismo de la comunicación por esos medios y “fortalecer una democracia deliberativa”, sin “voces predominantes” que asordinen a otras. El fallo firmado ayer ratifica que, aunque el gobierno no siempre lo advierta, la Corte Suprema sigue siendo uno de los grandes activos de este período democrático.
 
Con ser extensa e injustificada, esta dilación es apenas una parte mínima de una deuda mayor. Hoy, 30 de octubre, se cumplen 30 años de las elecciones presidenciales que pusieron fin a la última, cruel y extensa dictadura cívico militar. Ninguno de los gobiernos que se sucedieron durante un cuarto de siglo fue capaz de modificar a favor del interés general el restrictivo decreto firmado en su ocaso por Videla, porque los poderes fácticos condicionaron la institucionalidad republicana con la inmensa capacidad de presionar y corromper que ejercen sin pudor, como si fuera un intocable derecho adquirido.

Contra esto se rebeló sin éxito Alfonsín (sobre la base de un dictamen del Consejo para la Consolidación de la Democracia) y simuló hacerlo De la Rúa, con un proyecto de ley que llegó al Congreso y allí quedó para siempre. Sólo Menem consiguió enmendar aquel decreto, porque su proyecto no era la ampliación de derechos colectivos, sino la mayor concentración del poder mediático, que le dio impulso porque lo beneficiaba. La crisis de fin de siglo favoreció que la deliberación democrática ganara espacio sobre los intereses que resistían el cambio. Este itinerario describe bien el de la democracia argentina, que recién entonces pudo plantearse la liberación de los condicionamientos salvajes que la dejaron exánime.

Aquellos proyectos fallidos fueron retomados en la última década por la Coalición para un Radiodifusión Democrática (integrada por tres centenares de organizaciones sociales, sindicales y civiles), que los reformuló en una propuesta de 21 puntos.

El gobierno nacional los tomó como insumo para elaborar un anteproyecto que, durante varios meses de 2009, fue discutido en dos docenas de foros que se realizaron en distintos puntos del país. Con los aportes formulados en esos encuentros, el Poder Ejecutivo completó la redacción del proyecto que envió al Congreso. Fue la primera ley anotada artículo por artículo, desde el Código Civil del siglo XIX. Pero mientras aquel código fue obra de un solo hombre (Decreto/Ley de Radiodifusión 22.285), cuyo proyecto se aprobó sin debate, a libro cerrado, la ley audiovisual del siglo XXI fue una creación colectiva. Luego de los foros, cada cámara legislativa escuchó durante semanas a todos los interesados que tenían algo para decir y a raíz de esos planteos introdujo numerosos cambios en el texto que, al cabo de ese intensísimo proceso participativo, fue sancionado con amplias mayorías, imposibles de alcanzar sin el apoyo de distintos partidos políticos...
  



.1
Cuatro años después la ley está completa

En una de las decisiones más trascendentes y esperadas de la historia judicial de los últimos 30 años, la Corte Suprema declaró constitucional la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (Ldsca) y defendió su esencia antimonopólica como camino para “el fortalecimiento de la libertad de expresión y del derecho a la información de todos los individuos”.

Así, no sólo le señaló al Grupo Clarín que esos derechos por los que reclamaba no se encuentran afectados, sino que cuenta con la vigencia de una norma (que reconoce como amplia y largamente debatida) que es capaz de garantizarlos plenamente. “No se ha acreditado que el régimen de licencias ponga en riesgo su sustentabilidad económica”, afirma la sentencia. A la vez, reconoce al Estado la facultad de regular el mercado de medios donde –postula– no hay derechos adquiridos sobre las licencias, lo que no quita que si una empresa prueba en el futuro que sufrió un daño patrimonial producto de su adecuación al nuevo esquema pueda reclamar un resarcimiento. Según el fallo, el plazo de desinversión de un año está cumplido, por lo que el multimedios deberá acatarlo.

Cuatro de los siete jueces de la Corte fallaron a favor de la validez constitucional de toda la ley. Ellos son el presidente, Ricardo Lorenzetti; la vice, Elena Highton de Nolasco, Raúl Zaffaroni y Enrique Petracchi. Este grupo puso el foco en que los límites a “la cantidad de licencias y registros” permite garantizar el objetivo de “regular el mercado de medios audiovisuales para promover la diversidad y la pluralidad de voces y evitar que se consoliden prestadores en posiciones dominantes que distorsionen el mercado”.

Otros dos jueces, Juan Carlos Maqueda y Carmen Argibay, avalaron la restricción al número de licencias, pero consideraron que una vez concedidas conllevan un derecho adquirido hasta su vencimiento. Ese fue un nudo del debate interno. Para Carlos Fayt, toda la ley es inconstitucional.

Así, la mayoría de cuatro respaldó los cuatro artículos que el Grupo Clarín cuestionaba: el 41 es el que ata la transferencia de licencias a la autorización estatal; el 45 limita las licencias de televisión y radio; el 48 establece que la explotación de una licencia no implica un derecho adquirido; el 161 fija el plazo de desinversión de un año. Argibay y Maqueda declaran la inconstitucionalidad del 48. La jueza además cuestionó la obligación de desinvertir en un año y reclamó flexibilidad. Cuando se inicie la aplicación efectiva, surgirán nuevos pleitos, sea por el plan de desinversión o por el supuesto daño patrimonial. Clarín ya anunció también la opción de recurrir a tribunales internacionales.
Un largo camino

Desde 2009, la Corte intervino cuatro veces en el caso y siempre convalidó, aunque con acotaciones, la continuidad de la medida cautelar que eximió a Clarín de desinvertir. Desde principios de año, y ya enseguida después de que la Cámara en lo Civil y Comercial declaró la inconstitucionalidad de los puntos antimonopólicos de la ley, todo parecía indicar que había cuatro votos a favor de la constitucionalidad en la Corte, aunque el de Petracchi estaba rodeado de misterio. Después se vino encima el proceso electoral. La minoría suprema más contraria a la Ldsca, con respaldo de Lorenzetti, apostó a posponer el fallo bajo la suposición de que incidiría en las elecciones. Hace quince días, Petracchi entregó su voto. Fue el primero, y se quejó al presidente: “Doctor, esto hay que sacarlo”. Los supremos discutieron y, al final, ese día pactaron que firmarían la sentencia en el acuerdo posterior a las elecciones. Se tejieron teorías de todo tipo y versiones que hablaban de una decisión salomónica. Pero el fallo es contundente y, por su cariz y contenido, podría leerse como un refuerzo a la gobernabilidad.

Lorenzetti y Highton fueron los únicos que hicieron un voto conjunto, que encabeza la sentencia, cuyos términos comparte el resto de la mayoría. Regular el régimen de licencias, dicen, es una facultad del Congreso. La libertad de expresión, remarcan, es de gran entidad. Dice el fallo mayoritario: “Los medios de comunicación tienen un rol relevante en la formación del discurso público, motivo por el cual el interés del Estado en la regulación resulta incuestionable”. Y agrega, citando la Declaración sobre Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana, que “tienen un innegable poder en la formación cultural, política, religiosa, de todos los habitantes. Si estos medios son controlados por un reducido número de individuos, o bien por sólo uno, se está, de hecho, creando una sociedad en donde un reducido número de personas ejercen el control sobre la información y, directa o indirectamente, la opinión que recibe el resto de las personas. Esta carencia de pluralidad en la información es un serio obstáculo para el funcionamiento de la democracia...”

Para promover la libertad de expresión, dice la Corte, el Estado puede sancionar normas que “organicen y distribuyan de manera equitativa el acceso de los ciudadanos a los medios masivos”. La Ldsca, según el tribunal, establece reglas que no están dirigidas a afectar a nadie en particular, sino que pone límites para todos los titulares de licencias por igual. Evalúa que Clarín no demostró que estuviera afectada la libertad de expresión ni “en riesgo su sustentabilidad económica”. Los límites a la concentración de licencias tampoco le impiden “alcanzar una dimensión de significativa importancia en el mercado audiovisual”.

Con una vuelta de tuerca el voto de Petracchi acota que es inadmisible decir que “sólo una economía de escala como la que posee actualmente” Clarín le garantiza “la independencia suficiente como para constituir una voz crítica, que no esté condicionada a la concesión de subsidios estatales o a la pauta oficial”. Hay muchos medios pequeños o medianos, dice, que la tienen y, al revés, grandes conglomerados de medios que pueden ser condescendientes con el gobierno de turno. El voto mayoritario asegura que el espíritu de la Ley de SCA es coherente con el derecho de los consumidores a la información y con la defensa de la competencia.



.2
Punto por punto

La mayoría suprema justifica “las restricciones al derecho de propiedad” del Grupo Clarín, que “no ponen en riesgo su sustentabilidad y sólo se traducen en eventuales pérdidas de rentabilidad”. Lo explican así:

- Por empezar, el fallo dice que acotar el número de licencias de radio y televisión permite “la participación de un mayor número de voces” y “mayor diversidad de opiniones”. Luego precisa que “la limitación del 35 por ciento de abonados aparece justificada ya que cualquier operador podría prestar el servicio a más de un tercio del mercado” y a su vez “el límite de 24 licencias (de cable), en tanto permite alcanzar un porcentaje del mercado similar (32,7 por ciento), tampoco se muestra irrazonable.

- Está justificada la restricción a diez licencias de radio. El espectro radioeléctrico es finito y admite mayor regulación.

- Define como “coherente” impedir acumular una licencia de cable y una de televisión abierta en una misma área.

- La ley de medios no implica un caso de “expropiación ni de revocación actos administrativos”, sino un “sistema de desinversión”. Clarín alegaba que no se le podía aplicar sobre licencias otorgadas o prorrogadas, como sucedió con el decreto 577, que estableció en algunos casos el vencimiento en 2017. Según los jueces las relaciones jurídicas son modificables.

- Aunque los jueces encontraron confuso el artículo 48, dijeron que “el titular de una licencia no tiene un derecho adquirido al mantenimiento de dicha titularidad frente a normas generales de desmonopolización o defensa de la competencia, que modifiquen el régimen”. Eso no impide –aclaran– que “quien considerase afectado su derecho de propiedad pudiera reclamar daños y perjuicios”. El modo de protección posible es la indemnización.

- La Corte avala que las licencias son intransferibles, aunque prevé como excepción que el Estado puede autorizarla si pasaron cinco años desde su adjudicación y es necesario para la continuidad del servicio.

- Señala que tampoco hay razones para declarar inconstitucional el artículo 161, que estableció el plazo de un año para desinvertir, y aclara que ese vencimiento se produjo el 28 de diciembre de 2011 y, pasados casi dos años, “resulta plenamente aplicable a la actora”, o sea Clarín.
La dimensión cultural

El voto de Zaffaroni remite en sus argumentos centrales a favor de la constitucionalidad de la ley a los de Petracchi, pero agrega a todo el análisis una dimensión más, la cultural. “Ningún Estado responsable puede permitir que la configuración cultural de su pueblo quede en manos de monopolios oligopolios”, dice, después de explicar que “los medios audiovisuales tiene una incidencia decisiva en nuestros comportamientos, en los miedos, en los prejuicios, en toda la vida de relación de los humanos”, hasta “determinan los propios proyectos existenciales de la población”. “La homogenización de nuestra cultura a través de la monopolización de los medios audiovisuales sería la destrucción de nuestro pluralismo, como lo es cualquier uniformización, por definición antípoda de la igualdad republicana y democrática.”

“Por ende –avanza Zaffaroni– no se discute” en este caso “una cuestión meramente patrimonial, dado que el derecho de propiedad queda a salvo en caso de probarse daños emergentes de actos ilícitos del Estado; tampoco se agota la discusión en torno de los derechos de información ni de expresión que, por otra parte, no están lesionados por esta ley. Lo que en el fondo se discute –apelando a tesis descartadas hace más de un siglo en su país de origen– es si se deja o no la configuración de nuestra cultura librada a la concentración de medios en el mercado. Jurídicamente, permitirlo sería una omisión inconstitucional, porque lesionaría nuestro derecho a una identidad cultural”.






.3
El futuro y lo acumulado

De nuevo, todo indica que la brega administrativa será a cara de perro y para nada sencilla. Los funcionarios concernidos deberán mantenerse serenos y firmes. Al mismo tiempo, recobra vigencia un desafío para el Gobierno. Es dedicar mejores afanes a todo el “espacio extra Clarín” que habilitó la Ley de SCA. Faltan regulaciones, faltan medidas concretas para el sector sin fines de lucro, faltan mayores incentivos a los medios comunitarios. Fortalecido por el fallo, el Gobierno deberá ponerse al día, con medidas que pudo y debió implementar antes.

En el contexto abierto ahora, con dos años de mandato presidencial por delante, crecen la significación y el potencial de las mayorías propias en el Congreso.

“Ganó el Gobierno” braman o hasta denuncian los medios hegemónicos y los dirigentes políticos que le hacen de comparsa. La carátula del expediente y la realidad expresan que quien defendía derechos colectivos es el Estado. Perdieron los poderes fácticos, la concentración económica...







miércoles, 9 de octubre de 2013

MENTIRA LA VERDAD





La novela de Umberto Eco titulada El cementerio de Praga le sirve de pretexto a Carlos Valle para preguntarse si la gente cree solamente lo que ya sabe y asegura que, con una estructura mediática concentrada, la mentira se ha erigido como un recurso normal y aceptable...



¿Por qué Umberto Eco ha escrito El cementerio de Praga, novela, plagada de traiciones y ambiciones de poder sin límites? ¿Está tratando de hacer un paralelismo con el tiempo presente? ¿Es de alguna manera un subterfugio para hacer críticas hondas que encuentran en la fórmula ficción-historia real un camino para obturar la resistencia de los prejuicios? Aun sin conocer la respuesta de Eco, se puede inferir que nada de lo que se narra está alejado de los días presentes.

Simonini es el audaz embaucador y falsificador de documentos carente de todo escrúpulo, que relata esta historia ilustrada con hechos de la Europa de fines del siglo XVIII. Este sórdido personaje va creciendo a medida que incrementa sus relaciones y sus urdidas traiciones. Fabula historias que destruyen famas y crea nuevos enemigos que llegan a poner en peligro la estructura social.

Los recuerdos de sus fechorías tienen muy marcadas connotaciones religiosas exaltadas en el relato. Las descripciones de sus tejes y manejes, las sórdidas conspiraciones para lograr sus fines, las extrañas ceremonias religiosas sacadas a la luz acentúan la influencia de estos grupos en la estructura y funcionamiento de buena parte de la sociedad europea. “Los hombres nunca hacen el mal de forma tan completa y entusiasta como cuando lo hacen por convencimiento religioso.”

La influencia que se atribuye a estos grupos tiene enormes dimensiones. El título de la obra se centra en lo que se cuenta como una conjura de cierto cónclave internacional de rabinos cuyas decisiones y alcances van variando según se cuente la historia, y de quién pretenda sacar rédito de la misma. Simonini reflexiona que la validez de las intenciones de dominación tiene su base en que “la gente cree sólo lo que ya sabe, y ésta era la belleza de la Forma Universal del Complot”.

La tendencia relativista que ha inundado a la consideración de toda idea o tradición ha perfeccionado la preponderancia de la ficción como instrumento para erigir dioses, destruir fundamentos, fantasear situaciones y proyectar miedos e inseguridades. “Es preciso que las revelaciones sean extraordinarias, perturbadoras, novelescas. Sólo así se vuelven creíbles y suscitan indignación.”

La creciente y cada vez más concentrada estructura mediática ha permitido que algunos de estos “cementerios de Praga” hayan prendido en el corazón de la sociedad. Como pensaba Michel Foucault, el poder moderno se esparce en la sociedad y la somete porque mayormente la consiente. Así, el tema de la seguridad en el mundo se enmarca en la lucha contra fuerzas explícitamente demonizadas, lo que acentúa la aceptación de mayores medidas de prevención que comprende el control de la sociedad.

Por eso, la mentira se ha erigido como un recurso normal y aceptable. Hay políticos que ofrecen aquello que saben no van a poder o querer otorgar. Los medios tuercen las historias, cortan y editan las imágenes y las declaraciones. No hacen falta hoy Simoninis con la habilidad de fraguar documentos. El lenguaje de los medios ha ido instaurando instrumentos de sospecha sobre hechos o antecedentes junto a determinados calificativos para denostar o fabricar héroes. Los poderes dominantes instruyen a los medios sobre acontecimientos bélicos o la situación de las finanzas y su alcance. La ficción se ha erigido en la pauta cierta e indiscutible.

La historia de los Simoninis modernos constata reiteradas y cada vez mayores felonías que han llegado a ser como una espiral que se aleja cada vez más de la realidad como una ficción sin retorno. La historia de la humanidad ha seguido su curso y la espiral también parece seguir un camino ineludible. La resignación a los poderes que subyugan es una tentación muy grande que intentará acrecentarse mientras haya un Simonini a su servicio.

Simonini, como todo truhán, acumula traición tras traición. Según la ocasión, cambia de amo a quien servir. Cuando busca la oportunidad de liberarse le fuerzan a hacer una última asistencia. Como en los códigos mafiosos, se trata siempre de algo grave, difícil de llevar a cabo y sin retorno. El complot termina fagocitándose a sus propios protagonistas.

Para enfrentar a los Simoninis de este tiempo, la sociedad democrática tiene que crecer y desarrollarse poniendo a la comunicación al servicio de comunidades libres, pacíficas y justas. Es así que puede trabajar para el pleno ejercicio de los derechos de comunicación, desarrollar su cultura, dar lugar a la voz de los acallados y desenmascarar los falsos ídolos impuestos por el poder de la ficción. Mientras permanecemos en tinieblas la irrupción de la luz suele ser, antes que nada, una herida punzante. Pero, quien quiera ver aprenderá muy pronto el saludable poder curativo y creador de su presencia.




Comunicador.
Ex presidente de la 
Asociación Mundial para las Comunicaciones Cristianas
(WACC).









jueves, 8 de agosto de 2013

TODO SOBRE LAS P.A.S.O.







1. ¿Qué son las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO)?
Se trata de una elección nacional, abierta, simultánea y obligatoria. Las elecciones primarias son un método de selección de candidaturas para cargos públicos electivos nacionales y de habilitación de partidos y alianzas para competir por tales cargos.

2. ¿Qué se vota?
Se votarán listas de precandidatos. Se renueva un tercio de la Cámara de Senadores Nacional (24 cargos) y 127 diputados nacionales, en todas las provincias y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Son un total de 24 senadores que incluyen a las provincias de Tierra del Fuego, Entre Ríos, Salta, Neuquén, Chaco, Río Negro; Santiago del Estero y Ciudad de Buenos Aires.

3. ¿Cómo afectan las PASO la oferta electoral de octubre?
Los frentes con más de una lista armarán una boleta única para octubre en función de los resultados de la primaria. El resto presenta listas únicas.

4. ¿Compiten los mismos en las dos elecciones?
Sólo pueden presentarse en octubre las listas que logren más del 1,5% de los votos emitidos. Las listas internas de un mismo frente deben sumarse.

5. ¿Se puede cortar boleta?
Sí. Se pueden hacer combinaciones entre las listas de un mismo frente o entre boletas de distintos frentes, pero siempre se debe optar por una sola opción por categoría de voto.







6. ¿Quiénes votan en las elecciones primarias?
Todos los argentinos que tengan 16 años o más a la fecha de la elección nacional tienen el derecho a votar en las PASO.

Esto significa que quienes tengan 15 años y cumplan los 16 hasta el mismo cuarto domingo de octubre del año en que se celebren Elecciones Nacionales, también serán incluidos en el padrón y estarán habilitados a votar este domingo.

7. ¿Con qué documento se puede votar?
Con la Libreta de enrolamiento o libreta cívica (siempre y cuando no se haya gestionado el DNI), con el DNI libreta verde, con el DNI libreta celeste, con la Tarjeta del DNI libreta celeste y con el nuevo DNI tarjeta.

8. ¿Qué pasa si ya voté en las internas de un partido?
En las primarias, la selección de candidatos no queda reservada exclusivamente a las preferencias de quienes estén afiliados a un partido político en particular, sino que se amplía a las de todos los ciudadanos inscriptos en el padrón electoral nacional.

9- ¿Qué hago si no puedo ir a votar?
La inasistencia al sufragio debe justificarse, en caso de enfermedad, causas de fuerza mayor o distancia geográfica, dentro de los sesenta días de celebrarse la elección, presentando los correspondientes certificados ante la Justicia Electoral con competencia electoral de su distrito. No se aplicará una multa pero en elecciones pasadas hubo quienes faltaron sin justificativo y tuvieron problemas para hacer trámites

10- ¿Qué pasa si soy autoridad de mesa y no me presento?
La justicia electoral puede fijar condenas. En elecciones anteriores se abrieron cientos de causas contra quienes no justificaron su ausencia.



Dónde consultar padrones

Pueden consultarse en www.padron.gov.ar. También en el celular, con la aplicación "Padrones 2013" o llamando al 0800-999 PADRON (7237)



Horarios para votar

Las mesas de votación estarán abiertas entre las 8 y las 18. Se calcula que los primeros resultados se conocerán a partir de las 23.







miércoles, 19 de junio de 2013

UNOS POCOS O TODO EL PUEBLO







Para superar los efectos sociales dramáticos provocados por el Crack del ’29, Franklin Delano Roosevelt lanzó el New Deal (el Nuevo Pacto), un programa de reconstrucción nacional que incluyó la creación de decenas de nuevos organismos públicos, un formidable incremento del gasto social y una inédita defensa de la intervención y regulación estatal en la economía, desconocidos hasta entonces por los estadounidenses.

El ambicioso plan, basado en la generación de redes de seguridad social, una nueva mirada sobre la propiedad privada y el fomento expreso del mercado interno para reactivar un país devastado, rompió con el consenso político previo de la sociedad, cuestionó las bases mismas de la religión laica (el individualismo) que la animaba hasta la catástrofe y condenó abiertamente al filantropismo (única idea empresaria para enfrentar la pobreza) como insuficiente para rescatar a los condenados a la miseria y la desocupación.

Roosevelt se convirtió así en el líder de la reconstrucción material y moral de los Estados Unidos. Fue presidente desde 1933 hasta 1945. Obtuvo cuatro reelecciones. Hay una frase, con la que animaba a sus compatriotas todas las noches en interminables alocuciones radiales, que se hizo famosa, "lo único que debemos temer es al temor mismo", y otra que lo pinta de cuerpo entero: "En la vida hay algo peor que el fracaso: el no haber intentado nada".

Fue amado por su pueblo y odiado por las corporaciones. Su más implacable enemigo, sin embargo, no fue la polio, que lo dejó postrado siendo joven, sino la Corte Suprema de Justicia, que atacó todas y cada una de las reformas basadas en un centenar de leyes que desafiaban el viejo orden legal vigente. Fue la pelea entre el viejo orden y el nuevo. El viejo, había llevado al país al callejón sin salida del desastre y la depresión. El nuevo, el de Roosevelt y el New Deal, puso a los Estados Unidos a liderar el mundo en apenas dos décadas, nos guste más o menos lo que luego hizo Estados Unidos con ese liderazgo.

El fallo de la Corte Suprema de ayer, que sepultó la elección popular de consejeros a la Magistratura, tiene tanto de corporativo como de cortoplacista. Es probable que tenga un efecto búmeran para sus integrantes, que son sin duda gente inteligente pero no por eso infalibles. Puestos a elegir, decidieron la peor salida. El kirchnerismo sale beneficiado porque logró que la Corte se muestre como garante de un viejo orden legal, surgido en lo peor del neoliberalismo que explotó por los aires en 2001, que no da respuestas a la sociedad en este tiempo histórico que le toca vivir, después de una crisis monumental. Los discursos republicanistas, la independencia de poderes cacareada, la idea del contrapoder del Ejecutivo como todo propósito de la judicatura, ponen a los supremos lejos, muy lejos de los problemas y los enfados de la gente común con un sistema de justicia anacrónico; y muy cerca, desgraciadamente, de los poderes fácticos que se expresan con verba redencionista a través de sus propios diarios.

Si había alguna duda, los supremos presididos por el abogado de Rafaela y eterno reelecto hasta el 2030 Ricardo Lorenzetti, ayer la disiparon por completo: los jueces no pueden democratizar la justicia, porque piensan de un modo aristocrático y se perdieron una década de cambios irreversibles en la sociedad argentina. No quieren que el voto popular recorte ninguno de sus privilegios. Pasará a la historia el fallo, pero no por lo que ellos presuponen: pasará a la historia como la respuesta de una corporación desesperada al intento de un gobierno elegido en las urnas de hacerles pagar el impuesto a las ganancias, a que publiquen sus DD JJ en Internet, a que hagan públicos sus fallos, a que admitan que la Argentina cambió y no tolera castas ni familias que se crean por encima del conjunto social.

Una pena: se esperaba de esta Corte, la que impulsó Néstor Kirchner, mucho más que esto. En breve se sabrá si la decisión tomada en tiempo récord, festejada por algunos jueces y abogados que añoran la toga, es el primer paso a un escenario de gravedad institucional con pronóstico reservado o es sólo un traspié. Estos mismos jueces son los que decidirán en horas sobre la constitucionalidad de la Ley de Medios, donde todo el sistema de justicia le ha dado casi 4 años al Grupo Clarín S.A. para que se burle del gobierno democrático y sus leyes con artilugios e interpretaciones que rozan lo ridículo, cuando no lo desfachatado.

¿Cómo solucionó Roosevelt su problema con la Corte? Dijo que iba a ampliar su número y ganó las elecciones en 1936. No hizo falta ninguna reforma extra. De golpe, la mayoría de cinco miembros que votaban contra el New Deal pasaron a votar a favor. Claro, eran jueces que querían interpretar el cambio de época sin espíritu corporativo. Roosevelt tuvo suerte. A Cristina le cuesta un poco más. Como casi siempre sucede con las mujeres. Pero da la impresión de que no la conocen o no terminan de conocerla. Ese es el Talón de Aquiles del fallo cortesano.







domingo, 28 de abril de 2013

31 A 0










Al aproximarse dos fechas clave (la del fallo definitivo sobre la ley audiovisual, la de las elecciones), tanto la oposición mediática como sus apéndices políticos entraron en un estado de sobreexcitación. Su propósito es minar, corroer, derruir a un gobierno que está capeando la peor crisis global en ochenta años con preservación del empleo, pese a la desaceleración brusca del crecimiento. La oposición mediática pasa el test de las expectativas racionales: el diario La Nación goza de una medida cautelar por la que desde hace diez años no paga impuestos que la AFIP estima en 280 millones de pesos y el Grupo Clarín arriesga su desmembramiento de aplicarse la ley audiovisual. La Cámara Civil y Comercial declaró inconstitucionales las cláusulas que interesan al Grupo: aquellas que obligan a elegir entre una licencia de televisión abierta o una por suscripción y que sólo permiten una señal de contenidos a quien opere una licencia de cable. Esto le permitiría conservar Canal 13, Cablevisión, TN y todas sus señales deportivas, artísticas y de entretenimiento. Además, su diario insignia padece una merma constante de ejemplares. Según el portal “Diario sobre Diarios”, las ventas de Clarín vienen en caída libre desde hace siete años y en 2012 fueron inferiores a las de 1960, cuando la Argentina tenía la mitad de habitantes que hoy. La Nación ha logrado mejorar el promedio semanal, gracias a su tarjeta de descuentos que se obtiene con el dominical, estrategia que ahora está implementando también Clarín, con su tarjeta 6-7-8. Perdón, 365.

La oposición política es más desconcertante, porque sus intereses no son económicos sino electorales y el camino elegido ya ha probado su ineficacia. Los gritos, los insultos, los botellazos, los manotones sobre el micrófono y la renuncia a debatir los proyectos no son prueba de fortaleza sino de impotencia. Es el camino que el radicalismo sigue desde la Convención Constituyente de 1949, que abandonó airado, privándose de discutir cuestiones de fondo, en las que su plataforma electoral no era antagónica a la del peronismo. Lo continuó en 1989 y 2001, con las renuncias de Alfonsín y De la Rúa a la presidencia, y en 2009, cuando la Cámara de Diputados votó la ley audiovisual. Si la UCR no logró destruir la República cuando gobernó, más improbable resulta que lo consiga ahora. La exasperación llegó al extremo de convocar a impedir que sesionara el Congreso (Elisa Carrió) o, en el modo más ambiguo de un buen abogado, a que el pueblo movilizado impidiera la sanción de los proyectos oficiales (Ricardo Gil Lavedra). Si en el Senado los bloques minoritarios discutieron en el recinto el contenido de las leyes, en Diputados casi todos los discursos fueron invectivas desmelenadas contra el gobierno y sus propósitos diabólicos, cuyo destinatario no eran las pocas bancas ocupadas sino las pantallas de televisión y posibles demandas de inconstitucionalidad posteriores, como también ocurrió con la ley audiovisual.

Estimulados por haber podido poner el pie en la movilización del 18 de abril, los dirigentes partidarios opuestos al gobierno convocaron a movilizarse sobre el Congreso durante el debate y montaron una carpa en la Plaza, con la explícita intención de reproducir el clima de 2008, cuando se discutieron las retenciones móviles. Con ser numerosa, la plaza del 18 mostró una disminución respecto de las convocatorias de septiembre y noviembre de 2012, que tal vez se deba a la insatisfacción que los protestones sienten también respecto de la oposición política. Patricia Bullrich se atribuyó su organización, anunció su candidatura presidencial y en un alarde de coherencia se abrazó hasta con Hugo Moyano. La cita sobre el Congreso, en cambio, fue un fiasco completo. En el mejor momento no pasó de un par de miles y terminó en el ridículo cuando una voluntaria de 19 años contó que la habían dejado sola durante toda la noche, sin alimento, abrigo ni posibilidad de ir al baño.

En cualquier caso, el saldo de aquellas tres movilizaciones, en las que los únicos lesionados fueron los periodistas agredidos a golpes por manifestantes, en un caso desde atrás, contrasta con las que sucedieron al finalizar el gobierno radical, en las que la represión ordenada desde la presidencia provocó 31 muertos en la Capital. La misma violencia descontrolada aplicó el viernes la policía brava de Maurizio Macrì contra trabajadores, enfermos psiquiátricos y periodistas en el Hospital Borda de Barracas, sin mandato judicial, como se encargó de precisar el tribunal a cargo, cuya tarea simplificó el gobierno al demoler la construcción en litigio. Para ello, Macrì desconoció una medida cautelar vigente, por lo cual fue sancionado y sumará una nueva causa judicial, y se introdujo de lleno en el reino del revés al acusar a “un grupo violento” por el estropicio que hicieron sus canas, con atuendo y actitud de desembarcar en una aldea afgana poblada de talibanes. Macrì y su vicejefe María Vidal, dijeron con una impavidez envidiable que la policía sólo se defendió. Entre los heridos estuvo Pepe Mateos, el mismo reportero que en 2002 documentó el asesinato de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán en Avellaneda, pero cuyas imágenes no fueron divulgadas por Clarín hasta que este diario publicó las que había registrado Sergio Kowalewski, un fotógrafo colaborador de organismos defensores de los derechos humanos. Además de herirlo en la cara lo tumbaron en el suelo, lo esposaron a la espalda y se lo llevaron a los empujones. Entre el deseo expresado por el radical Ernesto Sanz, de que la economía vaya mal para que mejoren sus chances electorales, y la demostración de Macrì sobre cómo tratar con la protesta social y la prensa, queda claro qué le esperaría al país si los republicanos que exploran fórmulas de unidad desplazaran del gobierno a los autoritarios que vienen por todo. Esa es la única cuenta en la que la oposición vence con comodidad y, si se permite la palabra, por paliza: 31 muertos a 0.















miércoles, 24 de abril de 2013

LOS JUECES DE LA INJUSTICIA






Se ha dicho críticamente, en reiteradas oportunidades, que los cambios producidos en distintos ámbitos de la administración pública no tienen reflejo en el Poder Judicial de la Nación. Si bien es cierto que existen numerosos jueces que han demostrado su compromiso con las políticas de Memoria, Verdad y Justicia, no es menos cierto que la renovación necesaria de nombres manchados, algunos con sangre y otros de corrupción, aún no ha llegado de manera transformadora. Mucho menos se produjo cambio alguno en las estructuras y menos en las leyes. En este punto vengo sosteniendo desde hace tiempo que hace falta una profunda actualización de la legislación que acompañe y dinamice el proceso transformador que se inició en 2003.

Cuanto menos ha llegado la hora de poner fin al carácter feudal de un sector de la justicia que, sensible al poder económico hegemónico, actúa por sí, sin tener en cuenta ni el derecho ni los intereses de los ciudadanos.

La falta de transparencia y su carácter vitalicio de un grupo con poder que no rinde cuentas se ha constituido en una estructura de castas que intenta eternizarse.

Para la salud de la democracia se debe poner fin a la consecuente actitud de estos sectores que favorecen, en general, a las corporaciones económicas concentradas y, en particular, al grupo monopólico de medios de comunicación con el único fin de interrumpir el avance del proyecto nacional y popular.

El fallo de la Sala II de la Cámara Federal en lo Civil y Comercial en la causa en la que se intenta impedir la plena vigencia de la Ley de Servicios Audiovisuales es una muestra irrefutable de la utilización de la justicia en beneficio de los interés del Grupo Clarín, que otorgó prebendas a los miembros de este mismo tribunal como ha sido, entre otras cosas, el conocido viaje a Miami de sus integrantes.

Ha costado mucho en vidas y en esfuerzo llegar a construir una Argentina con futuro y equidad. Estamos en el camino correcto y esto es lo que más preocupa a la oposición nostálgica del pasado que, desesperada por el apoyo popular, intenta por cualquier medio evitar lo que ya presupone, un nuevo triunfo electoral en octubre de este año.

La recuperación moral, ética y económica llevada primero por Néstor Kirchner y ahora por Cristina Fernández de Kirchner es solida, y sus pilares son las políticas de Derechos Humanos, no sólo de reparación histórica, sino que tienen como premisa fundamental la eliminación de la desigualdad y la construcción de una sociedad con posibilidades para todos los ciudadanos. Para esto, el acceso a la información veraz, plural e independiente de los intereses de las corporaciones es fundamental.

Para continuar avanzando y profundizando los cambios en nuestro país es indispensable una justicia realmente independiente, y para que esto suceda debe ser aprobado el proyecto de democratización de la justicia impulsado por el gobierno nacional.









sábado, 20 de abril de 2013

CACEROLEROS SIN SU "CAPRILES"







La presidenta Cristina Fernández viajó a Caracas con los ecos de los cacerolazos. Allá como aquí, la sociedad está partida en dos. De un lado están quienes desean profundizar las trasnformaciones y del otro quienes las resisten. El chavismo y el kirchnerismo tienen no pocas peculiaridades, pero se emparentan al dividir claramente las aguas del centro hacia la izquierda y del centro a la derecha. Cuanto más densas son las transformaciones, mayores son las resistencias. Felizmente, el enfrentamiento no tiene aún aquí la violencia que estalló en Venezuela, tras las disputadas elecciones.

Pero la gran diferencia es que mientras la oposición venezolana tiene a un Henrique Capriles que fue capaz de disciplinar la acción del antichavismo, en la Argentina ese liderazgo no aparece. La ausencia de un referente que sintetice el clamor de los caceroleros quedó anteayer al desnudo por tercera vez, cuando miles de personas expresaron en las calles su rechazo al gobierno con reclamos heterogéneos y hasta con visiones encontradas. Coinciden en rechazar el modelo kirchnerista, pero no logran generar una propuesta alternativa. En realidad, no consiguen pasar de la queja a la política. En consecuencia, frente a la "mitad" kirchnerista no hay otra "mitad", sino varios fragmentos.

"¡Únanse!", fue la mayor demanda que recibieron los dirigente que participaron de la marcha del jueves. No parece distinto al reclamo que recibía Carlos "Chacho" Álvarez antes de constituir la Alianza que terminó en un estrepitoso fracaso. Y parece difícil de satisfacer.

Las alianzas contra natura, como las de Elisa Carrió con Fernando Pino Solanas, pueden durar una elección, pero no aguantan una acción común. ¿Qué podrían decidir juntos ambos dirigentes políticos si debieran resolver el futuro de los ferrocarriles o las retenciones a las exportaciones de soja? Carrió defiende la actividad privada y Solanas siempre soñó con trenes estatales. Ella no quiere retenciones y él las prefiere escalonadas. La diputada Victoria Donda puede consolidar una cooperativa electoral con Prat-Gay, pero difícilmente puedan ponerse de acuerdo en materia de Derechos Humanos o en la política exterior hacia América Latina.

El escenario montado en Plaza de Mayo para el jueves quedó vacío, como un mudo testigo de la imposibilidad de que un referente pudiera dirigirse a esa masa heterogénea. A diferencia de las marchas anteriores, hubo una gran presencia de dirigentes opositores. Pero ninguno puede sintetizar claramente la demanda cacerolera que, por otra parte, sigue teniendo agenda mediática y contenido antipolítico. Como lo apuntó el periodista Luis Bruchstein, tal vez el único orador en ese escenario podría haber sido Jorge Lanata. Contando cómo provocó un escándalo mediático internacional con dos fuentes muy poco confiables, que se autoincriminaron y se desdijeron dos días después, podría haber desatado una ovación.

Pese a haber alentado la protesta, el dirigente al que el oficialismo trata como principal adversario, Mauricio Macri, ni siquiera pudo salir a la calle. Más que unir, su figura divide. Un par de meses atrás, León Gieco dijo, desde un óptica progresista, que Macri "es una piedra en el zapato". Pero también es un estorbo para una alianza opositora.

El socialista Hermes Binner se ha corrido tanto a la derecha que tras afirmar que hubiera votado a Capriles, para mayor desencanto de muchos de sus compañeros, ahora condenó al populismo por las muertes en Venezuela, aunque los muertos fueron chavistas. Binner puede confluir con la UCR a nivel nacional, pero no llega a tragarse el sapo de Macri. Mucho menos se lo fumarían los diputados de la Unidad Popular, Claudio Lozano y Víctor de Genaro, quienes tampoco se fuman a Carrió, ni aprueban las alianzas de Donda.

Parece coherente. No es sano para la política que en favor de una idílica unidad se provoque un rejunte variopinto. La diversidad no es sólo un síntoma de desunión motivado en las perversas pretensiones personales, como lo percibe buena parte de la ciudadanía, sino la expresión de la pluralidad de ideas. ¿Qué pueden hacer juntos el Momo Benegas, Cecilia Pando, Raúl Castels, el rabino Bergman y Pino Solanas, más que oponerse?

Una parte de la derecha peronista no tiene pruritos con Macri, pero otros sueñan con que Daniel Scioli dé el salto. No obstante, el gobernador espera su turno con paciencia oriental y sólo lo daría si quedara claro que Cristina Fernández no será candidata. Prefiere esperar la elección de octubre, que medirá el estado de ánimo de los argentinos con mayor fidelidad que las nutridas manifestaciones caceroleras.

Si a los matices ideológicos se suman las pretensiones personales, se concluye que es difícil que cuaje la demanda de unidad opositora. Los argentinos llegarán entonces a la elección de octubre con una "mitad" unificada en el FPV y otra "mitad" partida en al menos tres fragmentos.

El kichnerismo contiene en su seno evidentes contradicciones, pero su éxito reside precisamente en haber amalgamado distintas tradiciones políticas en una fuerza que, con seguridad, será la que obtenga la mayor cantidad de votos en octubre a nivel nacional. Obviamente, no alcanzará el 54 por ciento de Cristina Fernández, pero con 15 puntos menos le alcanza. De nada valdrá que en la vereda de enfrente se hagan sumas que indiquen, como lo hizo Carrió en 2009, que la oposición fue la ganadora porque más de la mitad votó por opciones antikirchneristas.

El gobierno apareció entonces derrotado porque logró menos bancas y porque su jefe perdió en la estratégica Provincia de Buenos Aires, pero el FPV fue la fuerza más votada. La oposición intentó luego una acción coordinada en el Congreso con el llamado Grupo A, pero fracasó al no poder impulsar proyectos comunes. Al igual que los caceroleros se unieron contra el oficialismo, pero no superaron el "Son todos chorrros" o "Son todos vagos" y fueron castigados en 2011. La "mitad" antikirchenerista no es la mitad, sino varios fragmentos.

Es fácil coincidir en clamar por "una Justicia independiente". Pero después hay que precisar lo que significa esa consigna. Hay una cosa cierta: pocos argentinos deben creer que la justicia funciona razonablemente y no merece cambios. En vísperas del cacerolazo, la Cámara Civil y Comercial declaró inconstitucional un artículo de la Ley de Medios que perjudica a un grupo económico concentrado. ¿Es independiente esa justicia ? ¿O requiere cambios como cree el gobierno? Para comenzar, el kirchnerismo tiene propuestas y las lleva adelante en el Parlamento.

Seguramente, la reforma no modificará totalmente el perfil aristocrático del Poder Judicial. Pero salvo que crea que no hay nada que cambiar, la oposición podría empezar a escuchar el reclamo de "la gente" con una propuesta propia para transformar la justicia. Sería construir la unidad en la acción. Algo mucho más productivo que lanzar consignas altisonantes como las que refieren a un "golpe institucional" o a que "preparan la impunidad". Con títulos para los medios, se puede alcanzar buena repercusión, pero los caceroleros seguirán huérfanos.








Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...