Muchas de las fotos de este blog son de Ramiro Sisco con la comunidad Pilagá, en Las Lomitas, provincia de Formosa, Argentina.
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domingo, 27 de julio de 2014

DEFAULT O NO DEFAULT






Los gobernantes que estuvieron antes (la dictadura, Alfonsín, Menem, De la Rua...) nos dejaron una deuda monstruosa. Los que gobiernan ahora (kirchnerismo) hicieron una reestructuración de la deuda, dijeron: "Miren muchachos no les podemos pagar el 100 % que les debemos, vamos a pagarles mucho menos". Y así fue, el 90 % de los acreedores aceptó la propuesta argentina. Sólo un pequeño porcentaje de especuladores compró los títulos que valían centavos y fueron a los tribunales norteamericanos a reclamar el valor nominal: el 100% de lo que dicen los papelitos. Y un juez dijo: tienen razón los buitres: deben cobrar todo lo que se les debe. ¿Se les debe? Si compraron a 15 y quieren cobrar 1.600...  y sin trabajar. ¿se entiende?

Ahora el gobierno trata de arreglar las cosas pero un juez de Nueva York pateó el tablero: Thomas Griesa...











Analiza Horacio Verbitsky:

Si nada cambia de hoy hasta el miércoles 30, el sistema financiero global, del que las calificadoras, los fondos buitre y los jueces de Wall Street son parte central, dirá que la Argentina no ha cumplido y actuará en consecuencia. ¿Con qué consecuencia? La visión predominante que los hombres de negocios especializados en la venta de información económica transmiten en portales, diarios, radios, revistas y canales de televisión asocia el default con la catástrofe de fin de siglo, una imaginería para cuya creación Paul Singer realizó todos los esfuerzos concebibles e inconcebibles. El gobierno responde que no pasará nada y con él coinciden incluso otros tenedores de bonos argentinos, tanto originales como reestructurados. Aunque no parece que pueda llegarse a alguna conciliación en las próximas 72 horas, la cotización de esos bonos no se derrumbó, una constatación adicional de que es inadecuado el uso del vocablo default para lo que se dirime en estos días.

En realidad, la caída brutal de actividad e ingresos populares no fue efecto sino causa del default de fin de siglo, al cabo de cuatro años de depresión iniciados en 1998. La desaceleración actual lleva pocos meses y no puede compararse con aquel momento. La informalidad sigue siendo alta, pero el desempleo es bajo; los bancos siguen mostrando balances positivos pese a los préstamos orientados a Pymes que el Banco Central les obliga a otorgar a tasas reducidas. No obstante la baja en el precio de la soja, la tendencia recesiva mejorará el saldo comercial, que el año pasado tuvo una caída pronunciada. Se reducirá la importación de productos sofisticados para el consumo de las clases medias, lo cual se parece más a una solución que a un problema. La calificación de la Argentina por el PNUD como país de muy alto índice de desarrollo humano difiere de la degradación de todos los indicadores que se vivía a fin de siglo, luego de 25 años de predominio neoliberal. Las reservas rozan los 30.000 millones de dólares, a los que debe sumarse el convenio de intercambio con el Banco Central de China, por otros 11.000 millones. Esto podría equilibrar las presiones devaluatorias y nuevas medidas de protección del abastecimiento obstruirían una disparada inflacionaria.

El acceso a los mercados voluntarios de capitales está ocluido hace muchos años, lo cual no fue óbice para el crecimiento. Su retroceso en el último año obedece a otras razones, en las que el gobierno está trabajando. La financiación para inversiones privadas será un poco más difícil y onerosa para algunos, pero no para todos. El principal efecto será un incremento en el costo de los seguros para el comercio exterior. Nada agradable, pero tampoco el abismo que vaticinan quienes precisan de él para imponer nuevas condiciones al país y a sus habitantes. A diferencia de las políticas restrictivas del menemismo y de la Alianza, CFK pregona la inyección de más recursos para recuperar el consumo interno, sin temor a las siete plagas con que intentan condicionarla. La primera reacción del ministro de Economía Axel Kicillof cuando la Corte Suprema estadounidense dejó en firme el fallo con la forzada interpretación de la cláusula pari passu fue anunciar la apertura de un nuevo canje, bajo la ley argentina. El juez Griesa replicó prohibiendo a los agentes financieros cualquier paso en esa dirección. Pero esa orden perderá sentido la semana próxima.

En ese momento será posible convocar al nuevo canje, algo que con toda probabilidad será aprovechado por quienes reestructuraron sus tenencias en 2005 y 2010, porque les permitirá volver a cobrar eludiendo el escollo judicial con el que Griesa intentó someter a la Argentina. Ya sin esa vulnerabilidad, si el 85 por ciento de los hold-in aceptara la oferta, la cláusula de acción colectiva que ahora se incluye en toda reestructuración forzaría la aceptación del resto. Así, el arma que hoy apunta al corazón de la Argentina se vería como una inofensiva pistola de juguete. Recién entonces el total de los hold-out (7500 millones de dólares y no sólo los 700 del fondo Elliot) apreciarían la conveniencia de aceptar la negociación justa, equitativa y legal que la Argentina les sigue ofreciendo, salvo que prefieran perder veinte años persiguiendo fragatas, aviones y centrales nucleares fantasma. El reestablecimiento de un mercado local argentino (como ya ocurrió en México, Colombia o Perú) es una posibilidad muy cierta. La velocidad a la que se colocaron los bonos para el acuerdo con Repsol es otro indicio insoslayable.






Ellos lo dicen

La autoridad de Griesa es reverenciada por los mismos políticos y medios argentinos que con razón desmenuzan cada acto procesal de los jueces porteños Norberto Oyarbide o Rodolfo Canicoba Corral. Otro tanto ocurre con la gran mayoría de los políticos de la oposición. Salvo Ricardo Alfonsín y Roberto Lavagna, recomiendan pagar lo que el juez exige sin medir las consecuencias o negociar cualquier solución de apuro que impida un nuevo default. Es decir, beber de un trago la poción mágica que el país ya probó con el megacanje y el blindaje de 2001. Tampoco cuestionan el desempeño errático de Griesa, que en vez de actuar como un juez de quiebra que procura soluciones aceptables para todos los interesados (como una y otra vez postuló la Argentina) desordenó el escenario y terminó sumido en un mar de dudas e indefiniciones.

El record local corresponde a la diputada del Frente Amplio UNEN, Margarita Stolbizer, para quien lo más importante es advertir que el gobierno nacional intenta “malvinizar la situación, instalar una nueva épica y engañar a la gente”. Con una sinceridad que debe agradecerse agregó que “ni el endeudamiento es siempre malo, ni el desendeudamiento es siempre bueno”. Luego de esa confesión sobre aquello que se intenta imponer una vez más a la Argentina, Stolbizer lamentó que “la actitud oficial” afectara “la credibilidad y previsibilidad” del país (como tomador pasivo de propuestas ajenas) y pidió una consulta con las demás fuerzas políticas. Su discurso está emparentado con el de Héctor Méndez. Mientras su salud desmejora a ojos vista, el presidente de la Unión Industrial reclama un “pacto social” para que toda la responsabilidad no recaiga sobre “un jovencito y una señora”, como subestimó al ministro de Economía y a la presidente.

Los mismos dirigentes políticos y económicos que recriminan al gobierno una presunta falta de respeto por el juez compiten por la expresión más despectiva hacia quienes están lidiando hoy con las consecuencias de una deuda que contrajeron otros. Su incongruencia no tiene límites: al mismo tiempo pueden pedir que el gobierno resigne ingresos (disminuyendo o suprimiendo retenciones, como explicaron Massa, Macri, Cobos y Sanz nada menos que en la Sociedad Rural, y excluyendo del impuesto a los ingresos de las personas a los sueldos más altos) y aumente gastos (pagando lo que exigen los fondos buitre y afrontando el riesgo de nuevas exigencias por parte del resto de los acreedores). 

Sin duda los sucesivos gobiernos kirchneristas han cometido errores en su política económica, que hoy lucha con la temida estanflación, y en el manejo del tiempo en la relación con los acreedores de la deuda soberana. Aún así, la distancia que media entre su liderazgo y las conducciones políticas que se anotan para la sucesión es abismal. Por el desconcierto que les provoca la firmeza con que tanto Néstor Kirchner como Cristina Fernández han enfrentado estos desafíos, oscilan entre interpretaciones excluyentes, al estilo de las que caricaturizan Rudy y Daniel Paz en su serie del Señorón de Garcap: un día pueden denunciar indignados que el depósito de la cuota del crédito pendiente en el BONY es parte de un acuerdo secreto con los holdouts, para que se cobren con el embargo de ese dinero, y al siguiente fustigar la presunta irresponsabilidad oficial que “marcha al default por una cartera Louis Vuitton” (sic, Elisa Carrió dixit). Cristina respondió que “no me van a hacer firmar cualquier cosa amenazándome con que el mundo se viene abajo, porque eso yo también lo viví como diputada, cuando nos decían que con el megacanje y el blindaje nos iban a llover los dólares. ¡Qué dólares, nos llovieron piedras, sapos y culebras!”. Agregó que la Argentina no entraría en default y que las calificadoras, los bancos de inversión, los gurúes, los académicos “van a tener que encontrar un nuevo término que refleje que un deudor pagó y alguien bloqueó y no deja llegar ese dinero que es de terceros”.

La confusión

La intención de provocar en forma artificial algo que pueda asimilarse con una nueva moratoria quedó muy clara en las palabras del facilitador designado por Griesa, Daniel Pollack, para quien “el tiempo para que la Argentina evite el default es corto”. No todos comparten esa estrategia en Nueva York. El diario New York Times se refirió esta semana al “confuso caso de los bonos argentinos”. Sin disimular su escaso aprecio por el juez, dijo que Griesa “no supo tomar en cuenta la complejidad de la situación. La audiencia de esta semana dejó en claro que no terminó de entender las transacciones con bonos sobre las que lleva años tomando decisiones”. Recién luego de largos cabildeos con los abogados de las distintas partes, Griesa pareció desentrañar las consecuencias de haber prohibido los pagos a los tenedores de bonos reestructurados con quita. En el camino hacia ese descubrimiento mostró su desconocimiento sobre los hechos más elementales de la causa, como las distintas jurisdicciones y monedas de los bonos para cuyo pago la Argentina hizo el depósito en el agente fiduciario habitual y los problemas que su decisión les genera a los bancos involucrados, en Tokio, Buenos Aires, Nueva York, Londres, Luxemburgo y Bruselas. Griesa se sorprendió cuando le explicaron que los bonos bajo ley argentina cuyo pago había autorizado hacer al Citibank, integraban los canjes de 2005 y 2010, comprendían la cuarta parte del total, estaban emitidos en dólares y sus tenedores repartidos por todo el mundo. Cuando terminó de escuchar la explicación de un abogado dijo que “ahora me parece que si esos bonos son parte del canje, la prohibición de pago ordenada debería incluirlos junto con los otros bonos reestructurados”. Comenta el columnista de finanzas del New York Times Floyd Norris: “Como teatro no está mal, pero es difícil que inspire confianza en el sistema legal estadounidense”. Según el diario estos problemas fueron señalados en los distintos escritos y argumentos presentados tanto a Griesa como a la Cámara de Apelaciones pero no parecen haber sido tenidos en cuenta. “Es asombroso que esto se manifieste recién después de atravesar un recorrido legal tan extenso en la jurisdicción financiera más sofisticada de los Estados Unidos.” Parecería que allí consideran más incompetente al juez que a los representantes argentinos.

¿Un nuevo canje?

Griesa terminó admitiendo que deberá repensar todo de nuevo y según lo que resuelva, el Citibank podría verse “en la disyuntiva de desafiar al juez o desconocer la ley en la Argentina, lo que podría acarrearle consecuencias legales”, sigue el artículo del New York Times. Si en cambio Griesa confirmara la autorización de pago al Citibank, “la Argentina podría explorar una vía para ofrecer un nuevo canje, con bonos emitidos bajo la ley argentina para todos los inversores que aceptaran renunciar a sus bonos emitidos bajo la ley estadounidense. Es probable que el juez trataría de bloquear tal canje”. El artículo concluye describiendo los dilemas del Bank of New York Mellon. “Los fondos de cobertura quieren que el juez le ordene al banco la devolución del dinero a la Argentina. Pero el BONY, temeroso de juicios de los bonistas, quiere conservar el dinero hasta que todo se haya solucionado. A medida que se acerca el miércoles, el juez tiene mucho en que pensar. Habría sido mejor si lo hubiera hecho antes de firmar su resolución o si la Cámara de Apelaciones o la Corte Suprema lo hubieran forzado a hacerlo.” Es triste que para conocer esta evaluación objetiva de las disposiciones adoptadas por el gobierno argentino, sea necesario leer un diario de Nueva York.






lunes, 17 de febrero de 2014

Los CEREBROS detrás de «Precios OK» son ARGENTINOS






Yamila Fraiman y Alejandro Torrado, 24 años, estudiantes de Ingeniería de Sistemas son compañeros en la UBA. Al ver que no se sabía bien cuáles eran los productos dentro de Precios Cuidados, se les ocurrió esta aplicación (app) que ya tiene más de 200 mil descargas. "Le dimos una herramienta de participación a la gente."

Una vez, la mamá de Alejandro estaba haciendo empanadas. Las agarraba de a una, les ponía el relleno, les hacía el repulgue y las acomodaba en la fuente. Alejandro se puso nervioso por la falta de eficiencia del proceso. "¿Por qué no ponés las tapas en hilera, las rellenás todas y después hacés todos los repulgues?", le dijo. Y en cada cosa que mira o estudia, su obsesión es siempre la eficacia.

Alejandro está al lado de una computadora desde que tiene memoria y siempre se la pasó desarmando todo lo que había alrededor para saber cómo funcionaba.

Yamila ganó el año pasado el concurso BA Apps 2013, organizado por el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires con su aplicativo EstacionApp, que sirve para identificar dónde estacionar en esta ciudad, desarrollado para el sistema operativo Android (es el que viene en la mayoría de los celulares inteligentes, diseñado por Google). Desde los cinco años sabe que quiere ser ingeniera de Sistemas –su tío trabaja de eso– y sabe programar desde los 14 años.

En estos días están casi sin dormir, dando notas a medios de todo el mundo. Yamila Fraiman y Alejandro Torrado tienen 24 años y son compañeros de la carrera de Ingeniería de Sistemas de la UBA. El aplicativo que desarrollaron, Precios OK, alcanzó el sexto lugar en el ranking de las aplicaciones gratuitas más usadas de Android.

Además de hablar con periodistas de todo el mundo, se toman unas horas por día para seguir actualizando el software, atendiendo las demandas de los usuarios y mejorándolo en base a las sugerencias del público. Y también para cumplir con sus respectivos trabajos.

Yamila y Alejandro pertenecen a esa generación que empezó a trabajar apenas puso un pie en la facultad. Desde 2003, la industria del software creció en la Argentina más de un 200% y sus exportaciones aumentaron en un 290 por ciento. Eso determinó que las empresas desarrolladoras contrataran estudiantes cada vez más jóvenes. Aun así, la demanda de posiciones a cubrir sigue creciendo y los salarios que reciben son bastante más altos que el promedio de los ingresantes en otras industrias.

"Hoy por hoy, conviene más trabajar en relación de dependencia que largarse como nos largamos con un proyecto propio", dice con sorprendente sensatez Alejandro.

"Pero Precios OK es una carta de presentación, es una excelente primera movida que hicimos", agrega.

"Veníamos con la idea de hacer algún proyecto propio, más allá de nuestros trabajos –explica Yamila– y vimos que había mucha gente que no sabía cuál era el producto con precio cuidado, así que se nos ocurrió desarrollar algo que ayudara a identificarlos."

Los chicos arrancaron de cero, sin contacto con ninguna instancia del gobierno nacional. Eso les jugó en contra, dicen, porque hubo que ingresar una lista de productos a mano. "Si hubiésemos tenido algún contacto, nos habrían pasado la lista y la ingresábamos directamente”, dice Alejandro.

El desarrollo de Precios OK les tomó unos 5 días de trabajo ininterrumpido, casi sin dormir ni comer. Y después, para tener los códigos de barra de los productos, tuvieron que ir al supermercado a escanear uno por uno. “Fue lo que se dice un trabajo a pulmón”, agrega el joven programador.

"Precios OK" fue lanzada el 10 de enero y permite escanear el código de barras de cualquier artículo para saber si forma parte del acuerdo "Precios Cuidados", establecido entre el gobierno nacional y el sector empresario. También permite buscar los artículos por su nombre y ver los comercios adheridos. La gran virtud de este programa es que permite, además, distinguir entre productos con envases similares pero precios diferentes y denunciar a los comercios en los que no se cumple el acuerdo.

“Una vez que empezó el boom de las descargas y la popularidad del aplicativo, se comunicaron con nosotros desde la Secretaría de Comercio, fundamentalmente para ver cómo era el tema de las denuncias”, afirma Alejandro.

Según le contaron a Tiempo Argentino, cuando los chicos le contaron a la Secretaría la cantidad de denuncias que recibían, nadie lo podía creer: eran números mucho más importantes que los que se recibía en el 0800 instalado para ese fin. “Es que es mucho más fácil hacer la denuncia en el momento con el celular que ir a tu casa, llamar al 0800 666 1518, la gente pierde la inmediatez de la bronca que le da que la estén robando”, opina Yamila.

Actualmente, Comercio tiene acceso a la base de datos de las denuncias y recibe de parte de los desarrolladores un resumen diario. Yamila reflexiona que es una herramienta que se puede usar más allá del acuerdo que cada uno tenga con la política de Precios Cuidados. “Si hay un precio más barato, nadie quiere pagar más caro, y esta herramienta te permite saber cuándo estás pagando de más.”

PARTICIPAR Y DARLE ENTER. “Para nosotros, lo fundamental es que le dimos una herramienta de participación a la gente”, sostiene Alejandro. Los datos hablan de una real participación. Precios OK tiene entre 15 y 20 mil descargas diarias y ya tiene más de 200 mil descargas totales. “Es como con las redes sociales, cada uno después la va usando y ve una cosa distinta, que le puede agregar y la vamos haciendo crecer entre todos”.

También sucede que hay personas que disparan su opinión política contra el aplicativo. Yamila cuenta: “Hay gente que en Play Store (el sitio de Google de donde se descarga Precios OK) nos critica o se queja, nos escriben ‘Ustedes se tienen que encargar de controlar los precios y no hacer que los controle la gente’, y yo les contesto ‘¡soy estudiante de ingeniería y programadora de una aplicación, no me puedo encargar de eso!.”

Pero más allá de la forma en que cada uno evalúa dónde y sobre qué ideas polemiza, hay claramente dos tipos de uso de esta herramienta. La primera es individual, lo que habitualmente se llama defensa del propio bolsillo. Y hay una segunda alternativa que tiene que ver con la importancia macro de la ciudadanía controlando a los formadores de precios, que habitualmente no son ni los productores ni los pequeños comercios minoristas.

La transparencia de la cadena de valor tiene en la tecnología y en el control ciudadano una nueva vuelta de tuerca.

La versión para iphone y blackberry


“Aprendí a programar en Android en 15 días para hacer EstacionApp y ahora voy a aprender en menos tiempo a programar para lanzar las versiones iPhone y para Blackberry”, dice Yamila. La explosión de descargas motivó la demanda de usuarios de otros teléfonos inteligentes que también quieren escanear los Precios Cuidados. “Además, tenemos que mejorar varias cosas, la localización del GPS va a ser más estable y le seguimos incorporando funcionalidades que nos sugieren los usuarios”, agrega Alejandro. El aplicativo genera unos ingresos mínimos para los desarrolladores en base a publicidad. Y también tienen en carpeta la posibilidad de armar una empresa propia aunque eso, aseguran, les va a llevar un gran debate y una puesta en claro de qué hacer. “ideas no nos faltan”, dicen casi a coro.








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domingo, 26 de enero de 2014

DINERO Y PODER







Una vez más, como tantas en la historia argentina reciente, la suerte del poder se juega en el campo financiero. Fue así, por ejemplo, en 1975-1976 (rodrigazo y dictadura cívico-militar), 1989 (hiperinflación y ascenso del menemismo) y 2001 (quiebra de la convertibilidad). Lo original del conflicto actual es la potencia del proyecto político que empezó en 2003, el peso estructural de sus acciones y sobre todo, la voluntad de no entregar el timón de las decisiones públicas a los poderosos intereses que fogonean la inestabilidad. 

No fue así en ninguno de los casos mencionados, siempre imperó en ellos la racionalidad de las concesiones a los poderosos a cambio de gobernabilidad; siempre los episodios terminaron con una escalada de decisiones antinacionales y antipopulares, el consecuente aislamiento social del gobierno y su caída (o renuncia anticipada). La repetición cíclica de estas “atmósferas golpistas” permite construir una matriz de cómo y por qué se producen, es decir, qué sectores son los que las impulsan, cuáles son los argumentos, cuáles son los recursos comunicativos en los que se apoyan, cuáles las movidas financieras que organizan. El autor de este comentario no ha desarrollado este ejercicio de investigación, pero con la intuición que provee una larga experiencia, arriesgaría que hay empresas, grupos de empresas y hasta familias y personas que han estado en más de uno de estos episodios.

Nunca como ahora estuvo tan clara la interrelación entre movimientos económicos y fines políticos o, dicho más directamente, el carácter político de las movidas económicas que ocurren. Más en general, la experiencia actual sirve para sacarse de encima la mitología de la economía que nos habla de un dios mercado, equilibrado y autónomo en sus movimientos, sin relación con el dios malo, el Estado, ese que nunca acierta, salvo cuando atiende las demandas del otro dios, el bueno, el mercado. Este catecismo infantil ha inundado definitivamente, creo que nunca tanto como en estos días, a las maquinarias mediáticas que trabajan a tiempo completo contra el Gobierno. Llama la atención que los mismos axiomas que fundaron el proyecto político de la convertibilidad en el menemismo, lo mantuvieron con la Alianza hasta que el proyecto terminó en la ruina económica y política más absoluta, esos mismos axiomas se utilicen para diagnosticar la situación actual y para aconsejar la mejor manera de enfrentarla. Nunca como ahora estuvo tan claro que el fraude realizado en nombre del “saber económico” consiste en disimular el sentido del poder político en cuyo nombre se está hablando. No es el poder político de un partido, ni de una coalición, es (la expresión es de Federico Bernal) el poder político que da en la sociedad capitalista tener a su disposición el más importante recurso que se pueda tener, el dinero.

Gran parte del drama de las democracias modernas, particularmente las del último siglo, tiene que ver con la cuestión de la relación entre dinero y democracia en el capitalismo. Podría decirse que el momento de mayor estabilidad política en el mundo occidental desarrollado nació con un gran pacto político rubricado entre el capital y el trabajo, el que hizo nacer el llamado Estado de Bienestar. El pacto aseguraba legitimación del orden vigente, es decir la propiedad del capital, por parte de los trabajadores, a cambio de la construcción de un entramado de derechos y seguridades sociales a su favor. La estabilidad democrática de los llamados treinta años gloriosos, desde mediados de los cuarenta hasta mediados de los setenta del siglo pasado, no fue “mundial”; no se registró ese fenómeno en varios países de la propia Europa para no hablar de Africa, Asia o América latina. La muy llamativa correlación entre solidez democrática y riqueza de las naciones no se explica fácilmente por la supuesta asociación entre democracia y mercado, como suelen hacerlo los liberales, por lo menos si no agregamos otros fenómenos largamente conocidos, como el neocolonialismo o el imperialismo.

El caso es que ese pacto se está rompiendo de forma gradual y a la vez acelerada, particularmente en territorio europeo. Esa ruptura está produciendo un grave encogimiento del empleo y de las seguridades sociales ofrecidas por los estados. Hasta ahora, los afectados no han roto su propio compromiso con el pacto; siguen reconociendo la democracia, devenida hoy democracia de mercado, desarrollando sus reclamos y protestas en su marco. Visto desde otro lugar, a lo que se está asistiendo es a una creciente colonización de las instituciones políticas por el gran capital. Empezando por una suerte de ocupación fáctica que queda a la vista cuando se averigua la cantidad de grandes financistas que ocupan de modo directo (como si hicieran lobby por ellos mismos) las carteras económicas del gobierno de Estados Unidos y varios de los países más desarrollados. Claro que además de esta forma más vulgar, existe una importantísima red de contactos y asociaciones entre el poder económico concentrado y la política. Para que la política pudiera tomar ese rumbo tuvo que ser arrastrada al reconocimiento de que “no había alternativa”, según la famosa frase de Thatcher; es decir que había que quedarse donde se estaba, en el capitalismo financiarizado, y aprovechar las múltiples ventajas que éste puede dar a políticos (y no sólo a políticos) pragmáticos, sensatos y propensos al “diálogo”.

En nuestro país, el pacto no fue socialdemócrata, como en Europa, sino peronista. A pesar de esa diferencia, su fecha de nacimiento y su proyección en el tiempo son llamativamente paralelas. Ambos proyectos nacieron después de la Segunda Guerra.

Fue a fines de la década del 70 y principios de la del 80 que Thatcher y Reagan impusieron la “autorrevolución del capital” (la expresión es de Julio Godio), que terminó con el capitalismo “protector” y comenzó la era neoliberal en el mundo. Fue a mediados de los 70 cuando el rodrigazo primero y después la dictadura empiezan la demolición de la Argentina peronista, que había sobrevivido a varios gobiernos, civiles y militares, de otras orientaciones, y ponen en escena el primer capítulo de la transformación estructural que consumaría, ironías de la historia, un gobierno surgido de la propia tradición peronista.

Nuestra democracia nació dentro de ese período de transformación de la sociedad, la cultura y la política que dio en llamarse neoliberalismo. Más allá de sus connotaciones en el campo de la economía política, el neoliberalismo tiene como rasgo central el sometimiento de la política a la voluntad del poder económico. Las consecuencias de la vigencia y la radicalización de esas transformaciones de época las muestra una rápida ojeada a la realidad política de la Europa actual. En los últimos años hubo cambios, “alternancias”, en varios de los principales países europeos (Gran Bretaña, Francia, España, Italia) entre el centroderecha y el centroizquierda. Sin embargo, las políticas principales de esos gobiernos no variaron en lo esencial: todos respetan a rajatabla los dictados de la Comisión Europea y el FMI, es decir los de la ortodoxia neoliberal.

En algunos países (Alemania, Italia) gobiernan hoy coaliciones en cuyo interior están los partidos más caracterizados del centroderecha y del centroizquierda. ¿Cómo se hace para sostener que la mayoría popular gobierna –principio mínimo de la democracia– si gane quien gane hace lo mismo y lo hace dejando claramente establecido que es porque así se lo mandan? Se puede hablar de democracia en el sentido de que los ciudadanos votan y entonces la fuente de poder sigue siendo, de una manera muy distante y bastante mitológica, la soberanía popular. Pero no puede ignorarse el abismo que hay entre las fuerzas de producción y articulación política que tiene el gran capital concentrado, por un lado, y, por otro, aquellas con las que puede contar una fuerza con voluntad transformadora ante una sociedad altamente dispersa como son las actuales, a causa, justamente, de la gran transformación productiva, cultural y política que tuvo lugar en nuestra época.

La disputa en la Argentina consiste, en la actual circunstancia histórica, en algo más que tal o cual medida económica, parcial o sectorial. Lo que está en cuestión es quién toma las decisiones. Es decir, quién determina cuáles demandas se atienden y cuáles se postergan, quiénes deben ser beneficiados y quiénes no. Las palabras justificadoras que se usan diferencian a los contendientes: para unos hay que dejar de hacer demagogia irresponsable y hacer lo que la realidad exige. Para otros hay que atender prioritariamente a los más necesitados y recortar los privilegios de los más poderosos. De esta última formulación, la de los partidarios del Gobierno, suele decirse que es un simulacro encubridor del apetito de poder. Quienes afirman eso parecen estar en posesión del atributo de la verdad política, como si ésta pudiera existir al margen y por encima de los intereses y también de los afectos y de los mitos. Pronunciada, como lo ha sido en estos días, con una intensidad inusitada –entre otros por los infalibles economistas que elogiaron la convertibilidad hasta el momento mismo de su colapso–, esa monserga de lo objetivo, lo necesario, lo racional y el saber económico se muestra en su desnuda condición de decorado retórico de un proyecto político que aspira al poder. Que aspira a poner nuevamente la política democrática al servicio de lo más concentrado del capital. De lo que se está hablando, finalmente, es del poder político.







miércoles, 22 de mayo de 2013

FALSEDADES Y CAMBIO DE PARADIGMA






LA FALSEDAD DE LAS CRÍTICAS. El hecho de que muchos argumentos de la oposición se hayan tornado –por su agobiante repetición– en caballitos de batalla, no los provee de certeza. Uno de ellos es: "el mundo nos brinda una excelente oportunidad porque se mantienen altos los precios de la soja". Falso, al menos parcialmente. Porque si bien los precios de la soja se mantienen elevados, en las exportaciones argentinas ha crecido el componente industrial que colocamos en otros mercados aparte de China, y si esos compradores están en crisis disminuyen su capacidad de comprarnos. Por el contrario, necesitan vendernos aquellos productos que, debido a su crisis, no pueden colocar en sus países. Además, ese mayor componente industrial en nuestras ventas, que es inmensamente favorable para mantener nuestros niveles de empleo, requiere que importemos más bienes de capital, de modo que nos exige una concentración mayor en cómo obtener y qué destino darles a nuestras divisas. En paralelo, las firmas extranjeras radicadas en nuestro país no reinvierten aquí en los mismos niveles que lo harían en una situación normal en sus países de origen, sino que se ven compelidas por sus matrices en el exterior para girar una porción mayor de sus utilidades, de modo de acudir en socorro de las mismas, como consecuencia de la crisis que atraviesan. En definitiva, por estos y otros motivos, el mundo no nos sonríe, como pretende la oposición política y sus patrones intelectuales, los golpistas económicos.

De la mano de esto viene otra sentencia mentirosa: "mientras en otros países de la región abundan los dólares baratos, en nuestro país escasean, y por eso se encarecen". Falso. Nuestro país es el primero, exceptuando a los EE UU, en cantidad de dólares por habitante. La pregunta, a partir de ello, es: ¿quién los tiene? ¿a dónde están? Y es aquí donde hay que distinguir entre las cantidades relativamente pequeñas que pueda haber reunido un ahorrista de clase media, y los colosales torrentes de ganancia en dólares que nuestras sucesivas debacles económicas les ha permitido a los grandes conglomerados empresarios; sumado a ello la falta de control y la libertad para girar esos dólares a los circuitos internacionales. Es a esa "libertad de cambio" a la que estos sectores históricamente dominantes quieren retornar, y de ninguna manera a proteger a los pequeños ahorristas a los que usan como pantalla de sus intereses oligárquicos.

Otra de las flagrantes mentiras de quienes propician un golpe de mercado es: "miremos lo bien que está Brasil". Falso. Lamentablemente, Brasil no está bien. Su economía arrastra signos de estancamiento prolongado, caída de la actividad industrial, altas tasas de interés y fuga de divisas. Y esto, que en la comparación nos pone en mejor situación, no es favorable para nosotros. Al ser nuestro principal socio comercial, hubiéramos preferido el repunte de Brasil para incrementar nuestras ventas y bajar la presión de sus industriales para colocar sus productos en nuestro mercado. Las muestras de recuperación que se esperaban de Brasil están tardando en manifestarse más de lo que hubiésemos deseado. El malestar de Brasil se refleja, incluso, en la merma de turistas de ese país hermano, lo cual también perjudica nuestra balanza.

BLANQUEO O INVERSIÓN. Como queda expresado en tramos anteriores de este trabajo, a lo largo de décadas de políticas liberales en materia cambiaria, los argentinos han acumulado dólares en cantidades siderales, y, debido a aquella justificada falta de confianza en nuestra economía, los mantuvieron fuera del circuito formal. Una parte dentro del país, otra parte mucho mayor fuera de él, pero todos fuera de la economía registrada. Esa enorme masa de dólares se integra, pues, en parte, de ahorristas precavidos de mayor o menor envergadura. Y también de grandes evasores, que presionaron durante décadas en favor de dichas políticas de libertad de cambio absolutamente laxas, y se aprovecharon de ellas para girar sus colosales excedentes en dólares a diversas plazas financieras, muchas de ellas non sanctas. Mientras la Convertibilidad mataba a nuestro Estado, a nuestra producción y a nuestros trabajadores, la libertad de cambiar cada peso por un dólar aceleró vertiginosamente ese proceso de acumulación y fuga de grandes capitales, que son quienes ahora presionan para recuperar parte de aquellos privilegios.

La Argentina arrastra, complementariamente con esto, altos niveles de evasión, contra la cual las actuales políticas públicas están luchando trabajosamente. Esto es, una permisividad histórica respecto de los nichos (y cuevas) de ilegalidad. Entonces, si combinamos el factor "colosales tasas de excedentes obtenidos en dólares o convertidos a dólares (gracias al relajamiento de las sucesivas políticas cambiarias)" con el factor "facilidad para operar en el circuito ilegal, o, más simplemente, evasión", esto arroja un resultado económico de enorme circulación rutinaria de moneda extranjera. A tal punto arraigado, que Carlos Menem, aún después del colapso producto de la década de los años noventa, obtuvo el primer lugar en la primera vuelta de los comicios presidenciales de 2003 bajo la consigna de dolarizar lisa y llanamente nuestra economía.

Al haber tantos dólares en plaza, las habituales operaciones informales no encontraban mayores resistencias en el sistema, y de allí que la brecha que siempre existió entre la cotización ilegal del dólar respecto del oficial, resultaba insignificante. Pero, a medida que se fueron imponiendo y generalizando las restricciones para operar y atesorar excedentes en divisas por fuera de lo estrictamente necesario (esto es, las transacciones del comercio internacional), la brecha se fue acentuando, lógicamente, dada la mayor dificultad para obtener dólares con la laxitud a la que los grandes operadores estaban acostumbrados. Y esto fue disparando, progresivamente, la brecha entre la cotización oficial y la ilegal. En definitiva, un mayor control de la evasión más las restricciones cambiarias, angostaron la puerta de ingreso y salida de divisas, convirtiendo las operaciones paralelas en un circuito muy pequeño e irrelevante en términos macroeconómicos, pero, dada la capacidad mediática de sus operadores, políticamente determinador de un clima de malestar en una porción importante de nuestra sociedad.






lunes, 1 de abril de 2013

MAMÁ FUE AL YOPIN









En el centro comercial Pak'n'Save en la ciudad de Wellingron, en Nueva Zelanda, alguien lo vio adentro del auto, solo, dormido, y tomó una foto del bebé y el cartel con un número de celular, en el que se ve el mensaje "Mami está haciendo compras. Llamala si necesito algo".


No importa el lugar, aquí también se consigue. Lo más grave no es el suceso sino la repetición. Es la regla y no la excepción. El sujeto neoliberal llegó para quedarse en la cabeza y el corazón de millones de personas que corren, fatigan, y mueren en pos de adquirir objetos, ropa, más dinero, viajes, todos recursos exteriores para intentar  llenar una vida vacía de sentido. En ese camino se pierden los vínculos y los afectos y hasta la propia subjetividad, el propio ser.

Y una sociedad con esta gente se llena de tilingos y caceroleros que claman por el dólar blu y expresan su odio en las redes sociales. Peligra la democracia cuando campea el individualismo fundamentalista...


martes, 20 de noviembre de 2012

¿POR QUÉ HACEN PARO?




Es verdad: los chicos no se equivocan. Tienen la intuición fresca, la mirada alerta. Los adultos, al paso de los años, fuimos perdiendo esas capacidades. Ayer, durante la conferencia de Prensa, mi hija pequeña los vio en la tele y dijo como al pasar: «tienen cara de mentirosos...»

Hoy, me preguntó por qué unos señores con bombos y gorritos no dejaban pasar a la gente que quería ir a trabajar, por qué rompieron vidrieras de negocios abiertos y con público, por qué no pasaban los colectivos, por qué... por qué...




El Banco Mundial, cuyos técnicos no son muy amigables con la heterodoxia económica del Gobierno, acaba de difundir un estudio donde informa que en esta década, a pesar de la inflación y de cualquier otra penuria que se pueda alegar, la clase media se duplicó en Argentina. De la misma manera se señala que Argentina ha sido el país de la región donde más creció la calidad de vida de sus habitantes. En diez años, el coeficiente de Gini pasó de 0,55 a 0,38.

En ese contexto se produce el paro nacional convocado por sectores tan disímiles como la CTA de Pablo Micheli, la CGT Azul y Blanca de Luis Barrionuevo, el Pollo Sobrero (del Partido Izquierda Socialista) y la CGT de Hugo Moyano. No tienen la misma historia ni la misma cultura gremial ni siquiera los mismos candidatos y se han odiado entre ellos. La única razón en común es que en política son opositores al gobierno nacional.

Gran parte de la nueva clase media proviene del progreso de los salarios de los trabajadores en blanco en estos años y un ejemplo son los mismos camioneros. Seguramente parte del mérito lo tendrá Moyano. Pero en mayor medida habría que asignárselo a una estrategia económica que ha priorizado el consumo y el mercado interno. De lo contrario, habría menos camioneros y con salarios más bajos, aun cuando Moyano fuera el mejor gremialista del planeta. Lo mismo sucede con muchos otros gremios.

El problema más grave, en todo caso, no está en los trabajadores en blanco, sino en la gran cantidad que sigue trabajando en negro, que no están muy considerados en la convocatoria al paro.

Y existe otra consideración que no figura entre las preocupaciones de la convocatoria, que es la crisis de la economía mundial, sobre todo de las economías centrales y de Brasil. Eso quiere decir que esos países dejan de comprar lo que producimos y tratan de vender lo que producen ellos. Si Argentina no puede vender lo que produce, se cierran fuentes de trabajo. Y si Argentina aumenta sus compras en el exterior, también estará cerrando fuentes de trabajo en Argentina.

Desde el año pasado, la presión más fuerte de la crisis es para que crezca el desempleo. Sin embargo, el desempleo no aumentó y pese al peligro tan fuerte, ese tema está en la cabeza de pocos argentinos. La convocatoria al paro ni menciona la defensa de las fuentes de trabajo. La razón de que el peligro de desempleo no sea visto como un problema inminente está en una política que priorizó el mercado interno con grandes inversiones en obras públicas, subsidios y planes anticíclicos. Si no fuera por esa razón, en este momento habría gran cantidad de trabajadores sin trabajo.

El paro centra su convocatoria en el Impuesto a las Ganancias y en que las escalas salariales más altas también reciban el salario familiar. Son reivindicaciones legítimas que engloban a los sectores que están mejor en términos relativos. Pueden ser polémicos, pero no son reclamos desaforados, encajan sin desentonar en una mesa de negociación. Incluso las dos organizaciones que no se sumaron al paro, la CTA de Yasky y la CGT de Caló, también reclaman la suba del mínimo no imponible.

La que aparece desfasada no es la reivindicación, sino la realización de un paro nacional en un año de crisis económica, a un gobierno que viene desarrollando políticas que han favorecido a los trabajadores. Hay un desfase entre los reclamos y el contexto en que se dan. Y lo único que puede explicar ese desfase es la política. Por motivos opuestos, esa razón aparece con más claridad en las corrientes que encabezan Micheli y Barrionuevo, que por izquierda o derecha han sido opositores. Moyano trata de preservar una imagen de gremialismo combativo para justificar su actual oposición al Gobierno.

Pero el pensamiento gremial verdadero habría tomado en consideración el contexto, porque de lo contrario, lo combativo de una medida de fuerza termina favoreciendo a intereses opuestos a los trabajadores al buscar el desgaste de un gobierno que está tomando medidas para mantener las fuentes de trabajo.

jueves, 31 de mayo de 2012

VICTORIA GRANT, LA NENA DE CANADÁ









Ellos y ellas son el futuro, los pibes y pibas del mundo con sus cabezas frescas y sus corazones inmaculados. Es una buena noticia que los jóvenes del mundo nos desplacen porque ya no quieren este mundo que hicimos...

Ella explica "por qué los bancos se enriquecen y nosotros no". Vive en Canadá.

Ella habla del expolio de los bancos gracias a la permisividad de los gobiernos.

"Estamos siendo timados y robados por el sistema bancario y un Gobierno cómplice... ¿se han preguntado alguna vez, por qué los banqueros de las entidades más importantes se están haciendo más ricos mientras que el resto de nosotros no?"

«Mirá el video desde 0, y recuerda dos cosas: uno, la niña tiene 12 años; dos, ella sola ha dado con el progreso y enfasis de la idea, sin ayuda de nadie, y con esa edad... el 99.999999998% de los niños, solo piensan en cosas de niños, que una niña de 12 años, piense en esto, y no sólo eso, sino que ofrece una solucion, es increible...

Esto se aplica a cualquier lugar del mundo capitalista. Hace falta dinero real, sino preguntale a Mariano Rajoy por su idea de comprar deuda de grupo Bankia con deuda del Estado español...»








martes, 13 de marzo de 2012

CARPA DOCENTE FRENTE A LA LEGISLATURA





“Si dicen que cierran cursos para poner más docentes en las escuelas del sur, primero que abran los nuevos cursos o desdoblen los que tienen entre 35 y 40 chicos”, dice Elizabeth Rudaz, madre de un alumno de la Escuela 7, de Villa Crespo.

“Puede haber cursos con pocos chicos, pero la matrícula está creciendo y cuando haya más demanda, los cursos que cierran ahora no los van a volver a abrir”, vaticina Federico Mercado, padre de alumnos de la Escuela 4, de Flores.

Ambos forman parte del colectivo de padres que desde la semana pasada se moviliza, junto a los docentes, contra la disposición del Ministerio de Educación porteño que cierra o “fusiona” al menos 221 cursos en tres niveles educativos de la Ciudad.

Ayer, en 9 escuelas hubo abrazos, clases públicas y volanteadas, mientras que la Unión de Trabajadores de la Educación (UTE-Ctera) montó una carpa frente a la Jefatura de Gobierno, que se mantendrá hasta el viernes 16. Allí, ese día a las 18, cerrará la semana de protesta con una caravana en defensa de la escuela pública.



CARPA DOCENTE FRENTE A LA LEGISLATURA...





La resolución firmada por el director de Educación de Gestión Estatal el 29 de febrero, el mismo día en que se iniciaron las clases en el nivel primario y una semana antes del comienzo en las escuelas de nivel medio, dispone la integración de 144 cursos en escuelas primarias, 52 en media y 25 en la educación técnica.

“La medida fue adoptada sobre la base de datos del año pasado, sin tener en cuenta que en muchas escuelas la matrícula creció”, dijo Ernesto Golomb, de la Asociación Padres x la Escuela Pública.

Confirma esta hipótesis lo ocurrido en la Escuela Nº 8, de José María Moreno y Valle, donde “fusionan dos cursos de 5º grado que tienen de 15 a 17 chicos en promedio, pero hace dos años esos cursos tenían siete chicos”, afirmó Vanesa Gray, madre de un alumno. En esa escuela, en virtud de la medida, desaparecen tres cursos del turno mañana y uno del turno tarde.

El Ministerio de Educación porteño puso en práctica la medida, basada en el decreto 1990, de 1997, que nunca se aplicó, con el argumento de que liberaba docentes para destinarlos a escuelas de la zona sur, donde hay cursos superpoblados. Ese mismo decreto dispone dividir cursos que tienen 35 alumnos o más. Pero para hacerlo, además de asignar docentes, deberían construirse nuevas aulas.






sábado, 4 de febrero de 2012

OTRA VEZ EL REINO DEL REVÉS






Me dijeron que en el Reino del Revés
nadie baila con los pies,
que un ladrón es vigilante y otro es juez
y que dos y dos son tres.



Cuando María Elena Walsh imaginó “El Reino del Revés”, no supo que su poesía sería tan potente que atravesaría el arte y la música, y volando sobre el arcoiris podría explicarnos diversos temas importantes de la vida. La economía y la política, por ejemplo.


1
Hablando de economía y de política, viene a la memoria el enorme Arturo Jauretche, quien decía que: «La economía moderna es dirigida. O la dirige el Estado o la dirigen los poderes económicos. Estamos en un mundo económicamente organizado por medidas políticas, y el que no organiza su economía políticamente es una víctima. El cuento de la división internacional del trabajo, con el de la libertad de comercio, que es su ejecución, es pues una de las tantas formulaciones doctrinarias, destinadas a impedir que organicemos sobre los hechos nuestra propia doctrina económica».


2
En estos días, otra vez aparece “El Reino del Revés”, para explicarnos cosas insólitas, que a primera vista resultan confusas, pero que a poco de analizarlas se muestran como son: simples mentiras.

El ex senador nacional y actual diputado Eric Calcagno nos explica la nueva trampa: «El Reino del Revés y la fábula de los culpables que acusan».




En su discurso del 25 de enero pasado, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se refirió al “Reino del Revés”, que es un ámbito en el que las contradicciones hacen inverosímil a la realidad. Pero no se trata de una metáfora literaria, sino de situaciones concretas que perturban la vida de los países. Ahora tenemos a mano dos ejemplos nacionales de transgresiones económico-financieras, en los cuales los responsables se convierten en acusadores para evadir sus culpas, en contra de toda lógica. Hablamos del tema de los precios y de la fuga de capitales.

La evolución de los precios en Argentina, sus orígenes y efectos, son objeto de debate permanente. Pero la actual situación no es comparable con anteriores procesos de inflación, que tenían diferentes causas y consecuencias. En síntesis, podemos distinguir entre inflaciones de crisis y subas de precios generadas por el crecimiento. Las primeras se caracterizan por la retracción de la actividad económica, el aumento del déficit fiscal, el déficit externo y la crisis financiera y cambiaria, en donde los depósitos bancarios y la emisión de moneda (forzada por los redescuentos a los bancos y el financiamiento al gobierno) convergían a la compra de dólares, generaban una devaluación incontrolada y la remarcación automática de precios. Esto llevó a brotes hiperinflacionarios en 1981-1983 y en 1989-1990, y un golpe de inflación mucho más acotado y breve en 2002.

La situación actual es totalmente diferente. Las cuentas fiscales y externas se han mantenido de modo persistente en equilibrio o en superávit en los últimos nueve años, en el marco de un sostenido crecimiento económico. Gracias a ello, se ha disminuido fuertemente la deuda pública externa e interna. No hay por consiguiente ninguna base objetiva para que vuelva la inflación “de crisis”; y cuando se pretendió generar profecías autocumplidas a través de la fuga de capitales que pudieran desestabilizar el mercado cambiario, el Gobierno mostró que cuenta con las reservas internacionales y los instrumentos de política para desmentirlas rotundamente.


Me dijeron que en el Reino del Revés
cabe un oso en una nuez,
que usan barbas y bigotes los bebés
y que un año dura un mes.


El actual comportamiento de los precios está provocado más bien por el crecimiento: algunos empresarios –en especial, los oligopólicos– no responden al incremento sostenido de la demanda con más inversiones y producción, sino con una suba de precios. En general se trata de algunos precios puntuales, pero que por su importancia pueden reflejarse en el índice de precios, y en algunos casos importantes: se trata de bienes transables (que importamos o exportamos), como alimentos y combustibles, cuya cotización internacional subió significativamente durante parte de 2011; se trata de cambios en los precios relativos y no de una inflación global.

Sin embargo, este comportamiento puede generalizar expectativas y desencadenar más subas, tanto de precios como de salarios, que efectivamente conduzcan a una inflación sostenida; es el mecanismo de las profecías autocumplidas. En el origen del proceso está el empresario-especulador que ve que puede aumentar los precios un 20% (por ejemplo) sin que bajen sus ventas; entonces los sube, aunque sus costos no hayan aumentado. Como no pueden justificar esa “avivada”, cargan la responsabilidad sobre la política económica del Gobierno. Así, los culpables se convierten en acusadores.

¿Cómo actúan el Gobierno y la oposición?

El Gobierno procura mantener los precios dentro de límites razonables, para lo cual lo primero es evitar los desequilibrios macroeconómicos fundamentales que llevaron a las inflaciones. Luego, procura que los remedios para combatir la suba de precios no sean más dañinos que la enfermedad.

Para ello, evita recurrir a shocks recesivos o al atraso cambiario. Los instrumentos deben ser coherentes con el desarrollo y la inclusión social: en vez de bajar la demanda (de acuerdo con la fórmula neoliberal) hay que aumentar la oferta (lo que en gran medida se logró, como lo muestra la tasa de crecimiento de entre el 8 y 9% durante ocho años). Pero, además, es menester desalentar las anticipaciones de inflación sin matar el crecimiento económico, y para ello los instrumentos son múltiples: acuerdos sociales, política macroeconómica, expansión de la oferta, incentivos a la competencia, obstáculos a las subas arbitrarias de precios. Las negociaciones salariales son un momento importante de ese proceso.


Me dijeron que en el Reino del Revés
hay un perro pekinés
que se cae para arriba y una vez
no pudo bajar después.


Frente a estas políticas claras del Gobierno, la oposición no va más allá de la crítica y no opone un programa alternativo. Como opción sólo queda en pie la política antiinflacionaria neoliberal, basada en la retracción de la demanda, que se caracteriza por tasas de interés altas, salarios bajos y dólar barato, alto desempleo y reducción del gasto público. En ese marco, disminuirá el ritmo de la actividad económica y se interrumpirá el auge de la inversión y la reindustrialización; pero ganarán los sectores financieros, por las mayores tasas de interés y el dólar más barato para enviar dinero al exterior. Actúan como si los salarios se hubieran multiplicado y se emitiera sin control. Esta es la estrategia económica alternativa.

En síntesis, la actual suba de precios no se debe a una inflación estructural, sino a una “avivada” de ciertos formadores de precios, que aprovechan la expansión de la demanda para remarcar arbitrariamente los precios, sin que haya un correlativo aumento de costos que lo justifique.

Pero, súbditos militantes del “Reino del Revés”, le cargan la culpa al Gobierno por los aumentos de precios que ellos generaron y aprovecharon.

La fuga de capitales consiste en la formación de activos externos por parte de residentes locales. Se trata de fondos de diversa índole, cuyos objetivos –entre otros– pueden ser el atesoramiento, o la inversión, o la especulación; y cuyo origen puede ser el ahorro, la especulación financiera, la evasión fiscal o diversos ilícitos.

¿Cuál ha sido la evolución de las transferencias de capital exterior de residentes en la Argentina? Esos activos externos se componen de inversiones directas, inversiones en cartera y “otros activos”. Consideraré sólo el rubro Otros Activos –en el que figura la evasión de capitales–, que incluye depósitos, financiamiento comercial y activos sin cobro de renta. Las cifras (redondeadas) muestran que en 2001 esos activos externos eran de 81.800 millones de dólares; en 2005, de 100.100 millones; y en 2010, de 144.000 millones (cifras del Indec, cuentas internacionales).

Este es el stock de capital que residentes en la Argentina tienen en el extranjero. Así se drenaron recursos que podrían haberse utilizado para fortalecer el sistema productivo nacional.


Me dijeron que en el Reino del Revés
nada el pájaro y vuela el pez,
que los gatos no hacen miau y dicen yes
porque estudian mucho inglés.


La fuga de capitales no sólo es un instrumento financiero, sino también una herramienta política. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en su discurso de asunción de su segundo mandato, el 10 de diciembre de 2011, recordó que durante su primer gobierno el país sufrió cinco corridas bancarias (es decir, compra y fuga de dólares), con la salida de 16.000 millones de dólares; el propósito era forzar una devaluación o “marcar la cancha”. Es un modo de ejecución de “golpes de mercado” al que el establishment tiene que recurrir cuando ya no funcionan los golpes de Estado tradicionales.

Existe además un rasgo de política interna. Tanto en el caso de la suba de precios como en el de la fuga de capitales, aprovechan para demonizar al funcionario que, en ejercicio del poder político, defiende el interés nacional y popular; en estos casos, actúa para impedir el abuso de posición dominante y las tentativas de golpes de mercado que cometen esos empresarios-especuladores.

En síntesis, en “El Reino del Revés” el establishment provoca hechos económicos y políticos abusando de su posición dominante; pero aparece juzgando a la situación desde afuera, como si no hubiera tenido nada que ver. Entonces ataca al Gobierno por no haberlas evitado. Olvidan que son ellos quienes las provocaron. Así convergen el “Reino del Revés” y la “avivada”.



diputado nacional



3
EL reino del reves

Maria Elena Walsh | Myspace Music Videos




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