Muchas de las fotos de este blog son de Ramiro Sisco con la comunidad Pilagá, en Las Lomitas, provincia de Formosa, Argentina.
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viernes, 23 de septiembre de 2016

EMOCIONARSE PARA APRENDER







DESDE HACE TIEMPO, ALGUNOS PROFESORES E INVESTIGADORES SE PREGUNTARON CÓMO MEJORAR LA EDUCACIÓN DE NUESTROS HIJOS E HIJAS...

En el año 2010 un equipo de investigadores del Massachusetts Institute of Techonolgy (MIT), en Boston, colocaron a un universitario de 19 años un sensor electrodérmico en la muñeca para medir la actividad eléctrica de su cerebro las 24 horas durante siete días. El experimento arrojó un resultado inesperado: la actividad cerebral del estudiante cuando atendía en una clase magistral era la misma que cuando veía la televisión; prácticamente nula. Los científicos pudieron probar así que el modelo pedagógico basado en un alumno como receptor pasivo no funciona.

“El cerebro necesita emocionarse para aprender”, explica José Ramón Gamo, neuropsicólogo infantil y director del Máster en Neurodidáctica de la Universidad Rey Juan Carlos. En el último lustro, en España han aparecido diferentes corrientes que quieren transformar el modelo educativo y una de ellas es la neurodidáctica. No es una metodología, sino un conjunto de conocimientos que está aportando la investigación científica en el campo de la neurociencia y su relación con los procesos de aprendizaje. “Antes solo se podía observar el comportamiento de los alumnos, pero ahora gracias a las máquinas de neuroimagen podemos ver la actividad cerebral mientras realizan tareas”, añade Gamo. Esa información sirve a los profesores y pedagogos para decidir qué métodos son los más eficaces.

Gamo, que estudia las dificultades de aprendizaje de personas con dislexia o TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) desde hace más de 20 años, observó que en la mayoría de los casos esos problemas no estaban relacionados con esos síndromes, sino con la metodología escolar. Él y su equipo identificaron que el 50% del tiempo de las clases de primaria en España se basan en transmitir información a los estudiantes de forma verbal, algo que en secundaria sucede el 60% del tiempo y en bachillerato casi el 80%. “Indagamos sobre lo que estaba sucediendo en las aulas y queríamos saber qué decía la ciencia al respecto, si ese método estaba justificado”.

Basándose en diferentes investigaciones científicas y en las suyas propias, concluyeron que para la adquisición de información novedosa el cerebro tiende a procesar los datos desde el hemisferio derecho, más relacionado con la intuición, la creatividad y las imágenes.

“En esos casos el procesamiento lingüístico no es el protagonista, lo que quiere decir que la charla no funciona. Los gestos faciales, corporales y el contexto desempeñan un papel muy importante. Otra muestra de la ineficacia de la clase magistral”, explica Gamo.

Por ello, la neurodidáctica propone un cambio en la metodología de enseñanza para sustituir las clases magistrales por soportes visuales como mapas conceptuales o vídeos con diferentes apoyos informativos como gráficos interactivos que requieran la participación del alumno.

Otra de las apuestas es el trabajo colaborativo. “El cerebro es un órgano social que aprende haciendo cosas con otras personas”.

En los últimos cinco años, Gamo ha formado en neurodidáctica a docentes de una treintena de colegios públicos en diferentes comunidades autónomas. El principal problema, en su opinión, es que las escuelas no están tomando la decisión sobre hacia dónde quieren innovar, a lo que se suma que nadie les acompaña en la implementación de las nuevas metodologías. “La direcciones de los centros están enrocadas en los métodos tradicionales basados en clases magistrales, memorización y exámenes escritos”.

En ese escenario conviven cientos de profesores y entre ellos hay quienes no se conforman con lo establecido. Chema Lázaro, de 34 años, da clase a alumnos de sexto de primaria en un colegio concertado de Moralzarzal y desde hace dos años y medio aplica la neurodidáctica en el aula. “Mis alumnos siempre me decían que yo molaba mucho, pero que mis clases eran una porquería”, cuenta. Empezó a investigar sobre metodologías alternativas y creó el blog Pizarras abiertas, que en 2013 le valió el premio nacional sobre las TIC en el aula del Ministerio de Educación. Lázaro buscaba una base científica que apoyase su apuesta: hacer que sus estudiantes aprendiesen para toda la vida sin memorizar.

“Mi método respeta el proceso por el que el cerebro aprende: primero va la motivación, luego la atención y por último la memoria. En ese orden”. Para explicar el antiguo Egipto intenta captar el vínculo emocional de los chavales. A través de su canal de YouTube les plantea jeroglíficos en vídeos con formato de tráiler cinematográfico. “Con ese material se motivan y así tengo alumnos atentos”, continúa. Utiliza la gamificación y las capitales se aprenden ganando puntos en la plataforma Kahoot. Para ver las pirámides, vista desde un dron o Google Earth.

Una de las plataformas de educación online basada en la neurodidáctica es Neurok. El director de la compañía, Agustín Cuenca, empezó a explorar el mundo educativo hace 10 años, cuando a su hijo de cinco años le diagnosticaron hiperactividad. “Partimos de que la formación online no funciona, solo un 10% de los que se apuntan a un MOOC -cursos online masivos y gratuitos- lo termina”. En una plataforma tradicional se encuentran contenidos, mientras que en Neurok hay debates.

Cuenca y un equipo de 10 pedagogos y profesores de universidad y primaria han aplicado los formatos de Twitter y Facebook a la educación. “Antes siempre sabías a quién pedir los apuntes. Ahora decides a quien seguir en esta red social en la que todos los alumnos comparten contenidos y debaten sobre diferentes temas. El profesor hace de guía y aporta criterio sobre qué contenidos son de calidad”, explica Cuenca. Lo más difícil de este modelo de aprendizaje, reconoce este informático, es la participación. El sistema cuenta con hashtags, menciones o notificaciones en el móvil, entre otros servicios. La idea de Neurok es ser utilizada como una plataforma de apoyo a las clases presenciales o directamente como el esqueleto de un curso online.

Eso es lo que sucede con el Máster en Neurodidáctica de la Rey Juan Carlos, un curso blended en el que el 80% del contenido se imparte en la red. Hasta ahora, también han usado Neurok en la UNED y en la Universidad de Extremadura, con la que están colaborando en una investigación para medir la calidad de los contenidos compartidos por los alumnos y su nivel de interacción en la plataforma.

“Todavía hay mucha gente que desconfía de estos métodos, pero en unos 15 años se empezarán a ver los resultados”, comenta Cuenca, que ya ha asesorado a más de 30 colegios públicos de diferentes comunidades autónomas a través de su consultora educativa Niuco. Para todos aquellos que busquen evidencias científicas de la neurodidáctica, el profesor de la Universidad de Barcelona Jesús Guillén recopila en su blog Escuela con cerebro las últimas investigaciones realizadas en diferentes partes del mundo.











lunes, 1 de septiembre de 2014

ARSAT 1 = SATÉLITE ARGENTINO







El satélite ARSAT-1  es el primer satélite íntegramente fabricado en el país, con una vida útil prevista de 15 años, que ofrecerá servicios de telecomunicaciones como televisión, acceso a Internet, datos y telefonía para la Argentina y los países limítrofes, desde una distancia de 36.000 kilómetros de la Tierra. El lanzamiento está previsto para el 16 de octubre, desde la base de Kourou, en Guayana Francesa. El recorrido para llegar allí será de Bariloche a Ezeiza, luego al aeropuerto de Cayenne y de ahí por vía terrestre hacia la base.

“Un avión Antonov lo transporta hasta Cayenne, (la capital de la) Guayana Francesa. Desde allí, será transportado por tierra hasta Kourou donde será lanzado al Espacio”, sostuvo la Presidenta en su cuenta de Twitter.




El ARSAT-1 será lanzado por medio de uno de los lanzadores que opera desde la Guayana Francesa (cohetes Ariane-V ó Soyuz), a cargo de la empresa Arianespace. La masa total de lanzamiento –contando el satélite y su propio combustible– rondará los 3.000 kilogramos.

El presidente de Arsat, Matías Bianchi, dijo días atrás que la fabricación y puesta en órbita de satélites "le permitirá a la Argentina acrecentar su soberanía satelital" e ingresar así al selecto grupo de 8 países con capacidad para desarrollar satélites.




El periodista y doctor en Matemáticas Adrián Paenza dialogó con Victor Hugo Morales acerca de tan negativa actitud por parte de los medios masivos de confusión.

ARSAT-1 es el primer satélite geoestacionario fabricado en el país que será lanzado al espacio para que brinde servicios de TV, Internet, telefonía y datos. Recordemos que el satélite fue integramente fabricado en la provincia de Río Negro, a partir de la tarea de los ingenieros de la estatal Invap.

El satélite argentino ha sido diseñado y fabricado en el país, por lo que eventualmente se podrán fabricar satélites para terceros y de este modo se mantiene una industria de alta tecnología que a su vez genera puestos de trabajo para personal altamente calificado.

Paenza contó cómo funcionan los satélites de comunicaciones en el mundo y cómo nuestro país alquilaba su espacio a un satélite estadounidense. El proyecto para tener un satélite propio, impulsado desde la órbita nacional, ya es una realidad. Además agregó que "la mayoría de los países del mundo, salvo 7, que no pueden mandar su satélites,  no tienen la tecnología entonces los alquilan".






Argentina ahora pasará a estar entre los afortunados que no necesitan alquilar.

El periodista reflexionó sobre cómo estas noticias tan importantes para las comunicaciones en y del país no son difundidas por los medios de comunicación con la importancia que merecen.

"Me pone mal que esto sea silencioso, debería estar en todos las tapas de los diarios. Tendría que ponernos orgullosos... sino yo entendí mal lo que era noticia" señaló Paenza.












lunes, 11 de agosto de 2014

TECNÓPOLIS (IV)







La megamuestra de arte, ciencia y tecnología agasajó a los más chicos con una jornada de espectáculos para disfrutar en familia y Miles de niños disfrutaron su día, domingo 10 de agosto, en la megamuestra de arte, ciencia y tecnología TECNÓPOLIS.


Agasajados con una jornada de espectáculos y actividades especialmente preparadas para que disfruten en familia, los chicos jugaron por la tarde con los payasos Chacovachi y Maku Jarrak, que brindaron un show especial en la Plaza de la Energía.


Además, en el Auditorio de Economía Social hubo conciertos didácticos de ritmos folklóricos e indígenas, una propuesta que los invitó a emprender un viaje musical por nuestra tierra.





El grupo Dimensión Tito, una banda de milonga y candombe formada entre Buenos Aires y Montevideo, desplegó también melodías de la música rioplatense que el público acompañó con baile y aplausos.



En el sector de Paleontología se presentó "¡Arma tu dinosaurio!", una actividad que invitó a los más pequeños a pintar y armar réplicas de esqueletos tal como hacen los paleontólogos.


En el espacio del Banco Nación hubo un desfile con malabaristas, contorsionistas, payasos, zanquistas y mimos, que deslumbó a los más chicos, y un taller de ecología para toda la familia con juegos para aprender a reciclar, separar residuos, huerta y jardinería.


La cuarta edición de TECNÓPOLIS, la mayor muestra de arte, ciencia y tecnología de América Latina, puede visitarse de miércoles a domingo de 12 a 20, con entrada, estacionamiento y acceso a todas las actividades libres y gratuitos.


Bajo la consigna "Un mundo por descubrir" la muestra, emplazada en más de 50 hectáreas del Parque del Bicentenario en Vicente López, propone al público "un mundo de ciencia al alcance de todos".


TECNÓPOLIS fue inaugurada el 14 de julio de 2011, por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.












sábado, 28 de junio de 2014

MATÍAS APABLAZA, 15 AÑOS, GANADOR DE CONCURSO DE CIENCIA Y TECNOLOGÍA








Se levantó a las 4 de la mañana, prendió la compu y buscó en Google si su nombre estaba en la nómina de ganadores. No se encontró y, decepcionado, Matías Apablaza se quedó dormido. Tres horas después, su mamá lo despertaba a los gritos. Ganaste, ganaste. Su hijo de 15 años era el primer premio de la edición nacional del concurso Google Science Fair, o sea la Feria de Ciencias de Google con el llamado "Dispositivo para asociar colores con sonidos".

Matías creó un aparato para ayudar a personas no videntes a distinguir los colores y con su prototipo ganó la primera edición argentina de la Feria Científica de Google.

Estudiante de tercer año del Instituto Tecnológico del Comahue de la ciudad de Neuquén, Matías diseñó, programó y ensambló un dispositivo "económico, portátil y fácil de armar que convierte el color (que es un concepto abstracto), en sonidos asociados que los representan, permitiendo a las personas con pérdida de visión identificar los colores", según describió a su invento.

El revuelo ayer en Neuquén, donde vive el chico, era grande. Su mamá, Mónica, docente de geografía, y su papá, dueño de la pizzería Cabildo, no lo podían creer. La madre lo retiró antes de la escuela para que pudiera disfrutar de este momento y también atender a la prensa. Cuando llegó del Instituto Tecnológico del Comahue –"público de gestión privada, una mutual de padres", dice la mamá–, donde cursa tercer año, conversó con Tiempo Argentino.

En las bases de la convocatoria queda claro que el concurso de ciencia y tecnología llama a los chicos de entre 13 y 18 años a pensar un proyecto con impacto relevante para el país o la comunidad donde viven. ¿Cómo se le ocurrió ayudar a los no videntes? Lo cuenta Matías:

«Me enteré navegando por Google, cuando vi el link abajo. Comencé a investigar. Yo tenía 12 años y todavía no podía participar. Vi que los grandes ganadores, los chicos de 17, 18 años, investigan en tratamientos contra el cáncer o cosas de medio ambiente como el calentamiento global, o la pobreza. Yo opté por el lado de la ingeniería, de hacer algo. Después que elegí, me pregunté: qué voy a hacer, para quién lo voy a hacer, porque lo que te piden es algo que cambie el mundo o ayude a las personas. No sé por qué dije que iba a hacer algo para las personas ciegas. Si ellos no pueden ver los colores, tal vez pueda hacer algo que necesiten, pensé».

Para poner su idea en circulación y escuchar otras opiniones, fue con su mamá a la asociación Awkinko de personas con discapacidad visual. Le dijeron que era una buena idea, que les parecía útil para actividades cotidianas, “como el macramé que hacen ellos, como un tejido con lana, o con los billetes, que si bien tienen braille, con el paso del tiempo se va desgastando y se les complica”.

Esto fue en la convocatoria anterior, cuando desarrolló su idea a las apuradas y no le fue como ahora. Esta vez, este año, empezó a trabajar en las vacaciones de verano. Con más tiempo para trabajar y documentar su propuesta, siguiendo el pie de la letra los requisitos de Google.

–¿Cómo se llama tu dispositivo?

–No tienen nombre. Ahora estamos con los trámites de patentamiento.

En el proyecto, disponible en www.googlesciencefair.com, Matías explica: «La detección de colores se logra, en términos simples, al transformar la energía lumínica en eléctrica, y procesar esta última. Todos los colores son ondas electromagnéticas (energía lumínica), esta puede ser transformada en energía eléctrica. Esto es lo que el sensor de mi dispositivo hace, compuesto por cientos de fotodiodos con filtros rojos, verde y azul estos, descomponen la luz. Entonces circula por el sensor y por una placa Arduino Leonardo a la que este está conectado, una intensidad de corriente para cada color. Diseñé un programa usando la IDE de código abierto de Arduino, y lo cargué en la memoria del Arduino. Este programa en conjunto al dipositivo que armé en mi casa mide las intensidades de las corrientes, al circular por las entradas analógicas A4, A3 y A2. Estos valores son almacenados en la memoria del programa como tres variables denominadas rojo, verde y azul. Posteriormente el programa compara estas tres variables». Entonces, si la cantidad de rojo es mayor que la de verde o azul, entonces el color es rojo; el amarillo es el promedio del rojo y verde, y así.

Por último, el algoritmo diseñado por este chico "identifica el color almacenado en variable y dependiendo de cuál sea, genera diferentes sonidos usando un zumbador (buzzer), el cual transforma la energía eléctrica en acústica, es decir sonido".

Para decidir qué sonido asociar a cada color, consultó a las personas ciegas de la asociación. Concluyó que convenía asociar el rojo a un sonido con ritmo rápido, asociándolo a lo enérgico; para el verde, como pajaritos de la naturaleza y para el azul, uno más tranquilo, ondulado como el mar.

Terminado el dispositivo, los testeó en la asociación Awkinko y todos se sintieron ayudados por un aparatito que cumplía con las características propuestas: que sea fácil de usar, pequeño (de 10x5x8 cm), liviano (de 312 gramos), y, sobre todo, barato (de 41 dólares).

¿Cuál es el problema? "El margen de error: en condiciones extremas, de mucha o poca luz, el margen de error es del 5%", dice. Matías ahora va a trabajar en eso y en que ayude también a detectar billetes. Cuando sea más grande, no está seguro pero estudiará algo así como ingeniería en electrónica, o en sistema o cuántica. "Por ahora ingeniería cuántica no está en la Argentina, pero capaz que un par de años se pueda estudiar".

"Es el típico proyecto inspirador"

"Hace cuatro años que se hace la Feria de Ciencias de Google, un concurso de ciencia y tecnología online para chicos de 13 a 18 años, de todo el mundo. En la cuarta edición por primera vez se instaló la posibilidad de dar ganador un nivel local", cuenta Florencia Sabatini, gerente de Comunicaciones de Google Argentina. "El objetivo es tratar de estimular a los chicos para que piensen científicamente, pero con un concepto científico aplicado, que pueda mejorarle la vida a la gente. Vemos a la tecnología como un gran igualador de oportunidades."

Sabatini explica que "este es un concurso exigente y lo demuestra en que hubo países con premios vacantes. Las variables de evaluación son relevancia local, capacidad de inspirar a otros jóvenes científicos, grado de impacto en el entorno, pasión demostrada por la ciencia, la excelencia metodológica –un punto crítico– y las habilidades de comunicación." En este último punto también se destacó Matías.

"Presentó un video él solito, con una cámara en su habitación, contando por qué lo había elegido, con una espontaneidad y frescura que es un elemento clave. Es el típico proyecto inspirador."

Evaluado por expertos

En jurado argentino estuvo integrado por Fernando Goldbaum, presidente del directorio de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva; Rudi Borrmann, director de Información y Gobierno Abierto de la Ciudad de Buenos Aires; Diego Golombek, doctor en Biología e Investigador Principal del CONICET; Guillermo Lobo, periodista especializado en Ciencia y actual conductor del programa TN Ciencia; Juan Maldacena, físico teórico argentino, actualmente miembro del Institute of Advanced Study; y Nick Bortolotti, director para Desarrolladores de Google para América Latina, Región Sur.

Premio internacional

Esta edición incluye ganadores locales de otros países de Latinoamérica quienes, al igual que Matías Apablaza, recibirán como premio 1000 dólares. El 22 de septiembre se elegirá un ganador global entre un grupo de 15 finalistas, los cuales serán dados a conocer el 6 de agosto. El gran premio incluirá una beca de 50 mil dólares por parte de Google, un viaje a las Islas Galápagos a través de National Geographic Expeditions, experiencias en el CERN, Google o el Grupo LEGO y el acceso por un año a los archivos digitales de Scientific American para la escuela del ganador.








Según un informe de la O.M.S, en 2010 había en el mundo unas 285 millones de personas con discapacidad visual, de las cuales 39 millones eran ciegos.

La pregunta que me llevó a pensar en mi proyecto es “¿Cómo puedo ayudar a las personas no videntes a distinguir los colores?”. A partir de ahí diseñé un dispositivo económico, portátil y fácil de armar que convierte el color (que es un concepto abstracto), en sonidos asociados que los representan, permitiendo a las personas con pérdida de visión identificar los colores. El objetivo del dispositivo es entonces poder mejorar la calidad de vida de estas personas.

Los pasos  generales que seguí para realizar el proyecto fueron:

-Averiguación de las necesidades de las personas no videntes y de antecedentes de dispositivos similares.

-Diseño y construcción del dispositivo.

-Comprobación de su funcionamiento y puesta en práctica del mismo.

Después de poner a prueba mi dispositivo con un grupo de personas no videntes de mi ciudad (asociación Awkinko), llegué a la conclusión, a través de sus manifestaciones, que es un dispositivo práctico y necesario para muchas de las actividades cotidianas que ellos realizan (identificación de billetes, artesanía, elección de vestimenta, entre otras).

Posteriormente me propongo realizar mejoras al dispositivo, tales son, reducir el tamaño e incorporarle la función de identificación de billetes (papel moneda) ya que los entrevistados dijeron que, si bien los billetes tienen Braille, cuando han estado mucho tiempo en circulación se desgastan y es difícil identificarlos a través del tacto.






miércoles, 21 de mayo de 2014

ESTUDIANTES ARGENTINOS CREAN LUMINARIAS ECOLÓGICAS








Alumnos de una escuela técnica de la localidad bonaerense de Marcos Paz obtuvieron el primer premio de la Feria Internacional de Ciencia y Tecnología de Ecuador, al presentar un sistema de luminarias que permite ahorrar un 75% de energía.

Se trata de un sistema Led que cuida el ambiente y causa un importante ahorro energético, creado por los alumnos de la Escuela Técnica Nº1, de Marcos Paz, que integraron el equipo nacional de ferias de ciencias y representaron al país en la 3° Feria Exposición Latinoamericana de Emprendimientos Productivos, en la ciudad ecuatoriana de Ambato.

"Estamos muy contentos, pero todavía no caemos", dijo el director de la escuela, Fabián Di Nardo, quien mantiene una comunicación minuto a minuto con el profesor Carlos Suárez y los alumnos Demián Errichiello y Tomás Arrigoni, que viajaron para mostrar su iniciativa.

Los chicos fabricaron las lámparas LED en la misma escuela, donde hasta 1975 se erigía una vieja fábrica. Las luminarias permiten un importante ahorro de energía eléctrica y contribuyen a disminuir la contaminación lumínica, en un distrito con una gran cantidad de industrias que son la principal fuente laboral y necesita intensamente del suministro. De hecho, la comuna de Marcos Paz encargó a la escuela una serie de luminarias con las que actualmente se ilumina la plaza principal del ese partido bonaerense.

El jurado de la Feria Internacional tuvo en cuenta el "carácter novedoso" del proyecto y el sistema que permite extender la iluminación a sectores que carecen de este servicio". También valoró que "por tratarse de luz blanca similar a la del día, las luminarias permiten optimizar la visión".

La Argentina acudió al encuentro con su equipo nacional, integrado por jóvenes alumnos cuyos proyectos fueron elegidos por el Programa Nacional de Ferias de Ciencias y Tecnología, que depende del Ministerio de Educación de la Nación. Fueron de la partida los alumnos de Marcos Paz y dos chicos riojanos, de la escuela Nº 706 de Ulapes, que presentaron un proyecto para fomentar micro-emprendimientos a partir de la planta de cactus.


nota de  





domingo, 30 de marzo de 2014

EL MAGO Y EL CIENTÍFICO










Creemos que vivimos en la que Isaiah Berlin, identificándola en sus albores, llamó la Edad de la Razón. Una vez acabadas las tinieblas medievales y comenzado el pensamiento crítico del Renacimiento y el propio pensamiento científico, consideramos que vivimos en una edad dominada por la ciencia. A decir verdad, esta visión de un predominio ya absoluto de la mentalidad científica, que se anunciaba tan ingenuamente en el Himno a Satanás, de Carducci, y más críticamente en el Manifiesto comunista de 1848, la apoyan más los reaccionarios, los espiritualistas, los laudatores temporis acti, que los científicos. Son aquéllos y no éstos los que pintan frescos de gusto casi fantástico sobre un mundo que, olvidando otros valores, se basa sólo en la confianza en las verdades de la ciencia y en el poder de la tecnología.

Los hombres de hoy no sólo esperan, sino que pretenden obtenerlo todo de la tecnología y no distinguen entre tecnología destructiva y tecnología productiva. El niño que juega a la guerra de las galaxias en el ordenador usa el móvil como un apéndice natural de las trompas de Eustaquio, lanza sus chats a través de Internet, vive en la tecnología y no concibe que pueda haber existido un mundo diferente, un mundo sin ordenadores e incluso sin teléfonos.

Pero no ocurre lo mismo con la ciencia. Los medios de comunicación confunden la imagen de la ciencia con la de la tecnología y transmiten esta confusión a sus usuarios, que consideran científico todo lo que es tecnológico, ignorando en efecto cuál es la dimensión propia de la ciencia, de ésa de la que la tecnología es por supuesto una aplicación y una consecuencia, pero desde luego no la sustancia primaria.

La tecnología es la que te da todo enseguida, mientras que la ciencia avanza despacio. Virilio habla de nuestra época como de la época dominada, yo diría hipnotizada, por la velocidad: desde luego, estamos en la época de la velocidad. Ya lo habían entendido anticipadamente los futuristas y hoy estamos acostumbrados a ir en tres horas y media de Europa a Nueva York con el Concorde: aunque no lo usemos, sabemos que existe.

Pero no sólo eso: estamos tan acostumbrados a la velocidad que nos enfadamos si el mensaje de correo electrónico no se descarga enseguida o si el avión se retrasa. Pero este estar acostumbrados a la tecnología no tiene nada que ver con el estar acostumbrados a la ciencia; más bien tiene que ver con el eterno recurso a la magia.

¿Qué era la magia, qué ha sido durante los siglos y qué es, como veremos, todavía hoy, aunque bajo una falsa apariencia? La presunción de que se podía pasar de golpe de una causa a un efecto por cortocircuito, sin completar los pasos intermedios. Clavo un alfiler en la estatuilla que representa al enemigo y éste muere, pronuncio una fórmula y transformo el hierro en oro, convoco a los ángeles y envío a través de ellos un mensaje.

La magia ignora la larga cadena de las causas y los efectos y, sobre todo, no se preocupa de establecer, probando y volviendo a probar, si hay una relación entre causa y efecto. De ahí su fascinación, desde las sociedades primitivas hasta nuestro renacimiento solar y más allá, hasta la pléyade de sectas ocultistas omnipresentes en Internet.

La confianza, la esperanza en la magia, no se ha desvanecido en absoluto con la llegada de la ciencia experimental. El deseo de la simultaneidad entre causa y efecto se ha transferido a la tecnología, que parece la hija natural de la ciencia. ¿Cuánto ha habido que padecer para pasar de los primeros ordenadores del Pentágono, del Elea de Olivetti tan grande como una habitación (los programadores necesitaron ocho meses para preparar al enorme ordenador y que éste emitiera las notas de la cancioncilla El puente sobre el río Kwai, y estaban orgullosísimos), a nuestro ordenador personal, en el que todo sucede en un momento?

La tecnología hace de todo para que se pierda de vista la cadena de las causas y los efectos. Los primeros usuarios del ordenador programaban en Basic, que no era el lenguaje máquina, pero que dejaba entrever el misterio (nosotros, los primeros usuarios del ordenador personal, no lo conocíamos, pero sabíamos que para obligar a los chips a hacer un determinado recorrido había que darles unas dificilísimas instrucciones en un lenguaje binario). Windows ha ocultado también la programación Basic, el usuario aprieta un botón y cambia la perspectiva, se pone en contacto con un corresponsal lejano, obtiene los resultados de un cálculo astronómico, pero ya no sabe lo que hay detrás (y, sin embargo, ahí está). El usuario vive la tecnología del ordenador como magia.

Podría parecer extraño que esta mentalidad mágica sobreviva en nuestra era, pero si miramos a nuestro alrededor, ésta reaparece triunfante en todas partes. Hoy asistimos al renacimiento de sectas satánicas, de ritos sincretistas que antes los antropólogos culturales íbamos a estudiar a las favelas brasileñas; incluso las religiones tradicionales tiemblan frente al triunfo de esos ritos y deben transigir no hablando al pueblo del misterio de la trinidad y encuentran más cómodo exhibir la acción fulminante del milagro. El pensamiento teológico nos hablaba y nos habla del misterio de la trinidad, pero argumentaba y argumenta para demostrar que es concebible, o que es insondable. El pensamiento del milagro nos muestra, en cambio, lo numinoso, lo sagrado, lo divino, que aparece o que es revelado por una voz carismática y se invita a las masas a someterse a esta revelación (no al laborioso argumentar de la teología).

Querría recordar una frase de Chesterton: "Cuando los hombres ya no creen en Dios, no es que ya no crean en nada: creen en todo". Lo que se trasluce de la ciencia a través de los medios de comunicación es, por lo tanto -siento decirlo-, sólo su aspecto mágico. Cuando se filtra, y cuando filtra es porque promete una tecnología milagrosa, "la píldora que...". Hay a veces un pactum sceleris entre el científico y los medios de comunicación por el que el científico no puede resistir la tentación, o considera su deber, comunicar una investigación en curso, a veces también por razones de recaudación de fondos; pero he aquí que la investigación se comunica enseguida como descubrimiento, con la consiguiente desilusión cuando se descubre que el resultado aún no está listo. Los episodios los conocemos todos, desde el anuncio indudablemente prematuro de la fusión fría a los continuos avisos del descubrimiento de la panacea contra el cáncer.

Es difícil comunicar al público que la investigación está hecha de hipótesis, de experimentos de control, de pruebas de falsificación. El debate que opone la medicina oficial a la medicina alternativa es de este tipo: ¿por qué el pueblo debe creer en la promesa remota de la ciencia cuando tiene la impresión de tener el resultado inmediato de la medicina alternativa? Recientemente, Garattini advertía que cuando se toma una medicina y se obtiene la curación en un breve periodo, esto no es aún la prueba de que el medicamento sea eficaz. Hay aún otras dos explicaciones: que la enfermedad ha remitido por causas naturales y el remedio ha funcionado sólo como placebo, o que incluso la remisión se ha producido por causas naturales y el remedio la ha retrasado. Pero intenten plantear al gran público estas dos posibilidades. La reacción será de incredulidad, porque la mentalidad mágica ve sólo un proceso, el cortocircutio siempre triunfante, entre la causa presunta y el efecto esperado. Llegados a este punto, nos damos cuenta también de cómo está ocurriendo y puede ocurrir, que se anuncien recortes consistentes en la investigación y la opinión pública se quede indiferente. Se quedaría turbada si se hubiese cerrado un hospital o si aumentara el precio de los medicamentos, pero no es sensible a las estaciones largas y costosas de la investigación. Como mucho, cree que los recortes a la investigación pueden inducir a algún científico nuclear a emigrar a Estados Unidos (total, la bomba atómica la tienen ellos) y no se da cuenta de que los recortes en la investigación pueden retrasar también el descubrimiento de un fármaco más eficaz para la gripe, o de un coche eléctrico, y no se relaciona el recorte en la investigación con la cianosis o con la poliomielitis, porque la cadena de las causas y los efectos es larga y mediata, no inmediata, como en la acción mágica.

Habrán visto el capítulo de Urgencias en que el doctor Green anuncia a una larga cola de pacientes que no darán antibióticos a los que están enfermos de gripe, porque no sirven. Surgió una insurrección con acusaciones incluso de discriminación racial. El paciente ve la relación mágica entre antibiótico y curación, y los medios de comunicación le han dicho que el antibiótico cura. Todo se limita a ese cortocircuito. El comprimido de antibiótico es un producto tecnológico y, como tal, reconocible. Las investigaciones sobre las causas y los remedios para la gripe son cosas de universidad. Yo he perfilado una hipótesis preocupante y decepcionante, también porque es fácil que el propio hombre de gobierno piense como el hombre de la calle y no como el hombre de laboratorio. He sido capaz de delinear este cuadro porque es un hecho, pero no estoy en condiciones de esbozar el remedio.

Es inútil pedir a los medios de comunicación que abandonen la mentalidad mágica: están condenados a ello no sólo por razones que hoy llamaríamos de audiencia, sino porque de tipo mágico es también la naturaleza de la relación que están obligados a poner diariamente entre causa y efecto. Existen y han existido, es cierto, seres divulgadores, pero también en esos casos el título (fatalmente sensacionalista) da mayor valor al contenido del artículo y la explicación incluso prudente de cómo está empezando una investigación para la vacuna final contra todas las gripes aparecerá fatalmente como el anuncio triunfal de que la gripe por fin ha sido erradicada (¿por la ciencia? No, por la tecnología triunfante, que habrá sacado al mercado una nueva píldora). ¿Cómo debe comportarse el científico frente a las preguntas imperiosas que los medios de comunicación le dirigen a diario sobre promesas milagrosas? Con prudencia, obviamente; pero no sirve, ya lo hemos visto. Y tampoco puede declarar el apagón informativo sobre cualquier noticia científica porque la investigación es pública por su misma naturaleza.

Creo que deberíamos volver a los pupitres de la escuela. Le corresponde a la escuela, y a todas las iniciativas que pueden sustituir a la escuela, incluidos los sitios de Internet de credibilidad segura, educar lentamente a los jóvenes para una recta comprensión de los procedimientos científicos. El deber es más duro, porque también el saber transmitido por las escuelas se deposita a menudo en la memoria como una secuencia de episodios milagrosos: madame Curie, que vuelve una tarde a casa y, a partir de una mancha en un papel, descubre la radiactividad; el doctor Fleming, que echa un vistazo distraído a un poco de musgo y descubre la penicilina; Galileo, que ve oscilar una lámpara y parece que de pronto descubre todo, incluso que la Tierra da vueltas, de tal forma que nos olvidemos, frente a su legendario calvario, de que ni siquiera él había descubierto según qué curva giraba, y tuvimos que esperar a Kepler.

¿Cómo podemos esperar de la escuela una correcta información científica cuando aún hoy, en muchos manuales y libros incluso respetables, se lee que antes de Cristóbal Colón la gente creía que la Tierra era plana, mientras que se trata de una falsedad histórica, puesto que ya los griegos antiguos lo sabían, e incluso los doctos de Salamanca que se oponían al viaje de Colón, sencillamente porque habían hecho cálculos más exactos que los suyos sobre la dimensión real del planeta? Y, sin embargo, una de las misiones del sabio, además de la investigación seria, es también la divulgación iluminada.

Y, sin embargo, si se tiene que imponer una imagen no mágica de la ciencia, no debieran esperarla de los medios de comunicación, deben ser ustedes quienes la construyan poco a poco en la conciencia colectiva, partiendo de los más jóvenes.

La conclusión polémica de mi intervención es que el presunto prestigio de que goza hoy el científico se basa en razones falsas, y está en todo caso contaminado por la influencia conjunta de las dos formas de magia, la tradicional y la tecnológica, que aún fascina la mente de la mayoría. Si no salimos de esta espiral de falsas promesas y esperanzas defraudadas, la propia ciencia tendrá un camino más arduo que realizar.

Y he aquí que mañana los periódicos hablarán de este congreso vuestro, pero, fatalmente, la imagen que salga será aún mágica. ¿Deberíamos asombrarnos? Nos seguimos masacrando como en los siglos oscuros arrastrados por fundamentalismos y fanatismos incontrolables, proclamamos cruzadas, continentes enteros mueren de hambre y de sida, mientras nuestras televisiones nos representan (mágicamente) como una tierra de jauja, atrayendo sobre nuestras playas a desesperados que corren hacia nuestras periferias dañadas como los navegantes de otras épocas hacia las promesas de Eldorado; ¿y deberíamos rechazar la idea de que los simples no saben aún qué es la ciencia y la confunden bien con la magia, bien con el hecho de que, por razones desconocidas, se puede enviar una declaración de amor a Australia al precio de una llamada urbana y a la velocidad del rayo?

Es útil, para seguir trabajando cada uno en su propio campo, saber en qué mundo vivimos, sacar las conclusiones, volvernos tan astutos como la serpiente y no tan ingenuos como la paloma, pero por lo menos tan generosos como el pelícano e inventar nuevas formas de dar algo de vosotros a quienes os ignoran.

En cualquier caso, desconfiad más que nada de quienes os honran como si fueseis la fuente de la verdad. En efecto, os consideran un mago que, sin embargo, si no produce enseguida efectos verificables, será considerado un charlatán; mientras que las magias que producen efectos imposibles de verificar, pero eficaces, serán honradas en los programas de entrevistas. Y, por lo tanto, no vayáis, o se os identificará con ellas. Permitidme retomar un lema a propósito de un debate judicial y político: resistid, resistid, resistid. Y buen trabajo.












viernes, 21 de febrero de 2014

INVESTIGADORES ARGENTINOS CONTRA EL CÁNCER








Las palabras de Gabriel Rabinovich mantienen la cadencia de la tonada cordobesa, a pesar de que se instaló en Buenos Aires hace más de 10 años. Es algo de lo que no reniega: su formación en Química Biológica en la Universidad Nacional de Córdoba lo llevó hacia este presente que disfruta a pleno. A cargo del Laboratorio de Inmunopatología del Instituto de Biología y Medicina Experimental (Ibyme), donde también es vicedirector, tiene la buena costumbre de sacudir el escenario científico con el resultado de sus investigaciones. Es lo que hizo el jueves 13 de febrero, cuando anunció que con su equipo de 27 becarios y doctorandos descubrieron por qué algunos tumores son resistentes a la terapia con anti-VGEF y, de paso, desarrollaron un anticuerpo monoclonal para evitarlo.

El hallazgo tiene grandes posibilidades de convertirse en una bisagra en la historia de la lucha contra el cáncer y confirma a Rabinovich como uno de los científicos más brillantes de la actualidad. Tanto así que la revista Cell, la más prestigiosa a nivel internacional en el tema, llevó la investigación a su portada y calificó el paper como uno de los “artículos que hacen historia”.

Para entender de qué se trata hay que hacer un poco de historia. En los ’70 se descubrió que los tumores generaban gran cantidad de vasos sanguíneos (angiogénesis) para proveerse del oxígeno que necesitan para crecer y expandirse (metástasis). Esos vasos se generan a través de las células endoteliales pero el desafío era saber qué las estimulaba. En 1989 se descubrió el VGEF (factor de crecimiento de células endoteliales), responsable de la estimulación, y poco después se desarrolló un anticuerpo monoclonal –esas “balas mágicas” que le valieron el Premio Nobel a César Milstein–, el anti-VGEF, que evita la formación de vasos sanguíneos. Los tratamientos con este anticuerpo, aprobados por la FDA de Estados Unidos en 2004, dieron resultados positivos en muchos tipos de tumores, como el colorrectal, el de hígado, algunos de pulmón, pero en otros no tenía efecto: los tumores eran intrínsecamente resistentes o presentaban resistencia tardía.

Rabinovich y su equipo descubrieron que en los tumores resistentes actúa una proteína, la Galectina 1 (Gal-1), que uniéndose en forma cooperativa con otras moléculas, emite las mismas señales que el VGEF generando una angiogénesis compensatoria. En los tumores sensibles a la terapia con anti-VEGF no sucede porque las células tienen un “escudo” de ácido siálico que las vuelve invisibles para Gal-1. Con este conocimiento desarrollaron un anticuerpo monoclonal neutralizante, el anti-Gal 1, que administrado junto al anti-VGEF, convierte los tumores resistentes en sensibles. “A los cuatro o cinco días la vasculatura se normaliza y permite que las células del sistema inmune viajen al tumor para combatirlo –explica Rabinovich–. A tiempos largos se reducen tanto la vasculatura como el tumor y hay pocas posibilidades de que haga metástasis. Lo encontramos de casualidad pero nos encontró trabajando”.


–¿Serviría para todo tipo de tumor?

–En los tumores resistentes a las terapias anti-GVEF y si tienen Gal-1 podría servir para todos los casos. Eventualmente podría resultar para todo tipo de tumores.

–¿Es un camino hacia la cura del cáncer?

–Hablar de cura en cáncer es difícil, pensar en una cronificación es lo más optimista. Hablar hoy de cáncer no es lo mismo que hace diez años y dentro de diez imagino que en las farmacias se venderán cócteles de anticuerpos monoclonales. La oncología necesita que se le brinden opciones terapéuticas nuevas. No sabemos si los tumores presentarán resistencia a nuestro anticuerpo, pero si da la oportunidad de que el paciente esté mejor durante un tiempo más, bienvenido. Es una ventana terapéutica que habilita otras opciones. Lo importante es entender el tumor, qué mecanismos de escape genera. Esa personalización hará que uno pueda darle más tiempo y calidad de vida al paciente.

–¿Van por más?

–Sí, desde el ’93 que encontré a Gal-1 sigo con esta línea. Queremos llevarla adelante hasta que un paciente se pueda tratar con moduladores de Gal-1, ya sea para inmunidad o para cáncer. Hay gran parte del laboratorio que trabaja con otras Galectinas, con el eje en comprender la transición entre salud y enfermedad.

Otro paréntesis histórico. Por un lado, para explicar que Rabinovich descubrió y purificó la proteína Gal-1 mientras realizaba la tesis de su doctorado, a fines de los ’90. En esos años también descubrió que cuando ponía esa proteína en cultivos de linfocitos (células del sistema inmune), estos se morían. Pero no todos, sino solamente aquellos que actúan en las enfermedades autoinmunes, atacando el organismo. De allí derivó su primer gran hallazgo: a través de Gal-1 suprimió la artritis en ratones.

Después de rendir la tesis, no le resultó sencillo encontrar un lugar para trabajar. Había ganado la beca Pew para investigar en Estados Unidos, pero decidió quedarse por una cuestión de afectos. Finalmente, ingresó al Hospital de Clínicas para investigar los tumores que producen Gal-1. De allí surgió el trabajo que en 2004 publicó Cancer Cell: cómo hacen los tumores para ser invisibles al sistema inmune.

Pero no eran tiempos fáciles para la investigación. Así lo recuerda Rabinovich: “Cuando estaba en Córdoba donaba un peso con mi tarjeta de crédito para la Fundación Sales, que lucha contra el cáncer. Cuando llegué a Buenos Aires no conseguía nada de apoyo, así que empecé a golpear en distintas fundaciones. Toqué en Antorchas, que después me dio subsidios, y llegué a Sales, donde empecé con poquita plata y ahora nos apoya fuertemente”.

En esos años tampoco podía pensar en el Conicet, ya que el ingreso a la carrera de investigador estaba cerrado. Ahora es vicedirector del Ibyme, que depende del Conicet, y para esta investigación contó con la financiación de la Agencia de Promoción Científica, del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, del Conicet, de la UBA, de la Fundación Sales y de la familia Ferioli Ostry.

–¿Cuánto falta para que este anticuerpo llegue a la clínica?

–En verdad no sabemos, no depende de nosotros. La oficina de Vinculación Tecnológica del Conicet tiene la patente en tratativas con una empresa farmacéutica y deberemos elegir en conjunto cómo seguir el proceso. Para llegar a los ensayos clínicos primero hay que humanizar el anticuerpo. Una vez que lo tengamos, contamos con la colaboración del Dana Farber Cancer Institute, de Harvard, que tiene un banco enorme de pacientes. Si la investigación nos llevó diez años, yo diría que llegar a la clínica nos va a demandar otro tanto.

–¿Por qué hay que humanizar el anticuerpo?

–Porque se generó para ratones, con los que hicimos todas las pruebas que derivaron en este resultado. El anticuerpo tiene forma de V o bisagra, la parte que contacta con el antígeno Gal-1 se mantiene, pero el resto hay que cambiarlo. Tiene ADN de ratón, la parte proteica, y hay que cambiarla por la parte proteica de humano.

–Con el cóctel de anticuerpos, ¿igual sería necesaria la quimioterapia?

–No lo sabemos. Habrá que ver cómo funciona en pacientes, en ratones no podemos hacer un seguimiento a largo plazo porque por ética debemos sacrificarlos. Básicamente tendríamos que ver cuál es el grado de regresión del tumor. Lo que sucede es que la quimioterapia se aplica al principio de la enfermedad pero los anticuerpos, en general, se utilizan en etapas tardías, no se puede extrapolar la eficacia de uno y otro. De todos modos, algunos anticuerpos, como el anti-PD1, tienen éxito en tumores intratables con quimio, por ejemplo, el de páncreas. Ahora estamos en un escenario científico interesante. La revista Science nombró la inmunoterapia como el hito del año pasado, y dice que los anticuerpos monoclonales son la proeza del futuro. Lo que yo imagino es un cóctel de un anticuerpo monoclonal antiangiogénico con otro que aumente la respuesta inmune más quimioterapia en bajas dosis, no tóxica.

–¿Se sabe qué porcentaje de tumores tienen Gal-1?

–No es una proteína constitutiva, se induce de acuerdo al microambiente del tumor; puede ser que en principio no tenga y luego, por las condiciones inmunosupresoras e hipóxicas que generan los tratamientos, empiece a expresarse. No puede preverse de antemano. Lo ideal es que se haga una biopsia para detectar la presencia y plantear la terapia. Es lo que se viene. No una droga universal, porque cada cáncer es diferente en cada paciente y en cada paciente el tumor es diferente en distintos momentos. Por eso debería tomarse una muestra del tejido y evaluar cuánta Gal-1 hay presente. Ahora tenemos en el laboratorio un ensayo que permite esa evaluación. A los tumores que no tienen esta proteína no tiene sentido someterlos a la toxicidad de un anticuerpo.

–¿De qué depende que tengan o no Gal-1?

–Del microambiente. Los tumores que más Gal-1 tienen son de origen viral, como el linfoma de Hodgink o el sarcoma de Kaposi, que tienen genes que se alojan al lado del promotor de Gal-1 y la hacen expresarse. Son tumores particularmente especiales, pero no se puede decir cuál tiene más ni predecir de antemano si va a tener o no.

–¿Qué pasa con los tumores que no tienen Gal-1?

–Nuestra idea es ver qué otras Galectinas tienen y qué mecanismos de escape aplican. Pero hay varios factores angiogénicos, potenciales marcadores y target terapéuticos, que las compañías tienen en la mira.

–¿Cuántas Galectinas hay y qué se sabe de ellas?

–En la naturaleza hay 15 Galectinas. La Gal-1 está en todas las especies y tejidos, igual que la Gal-3, más asociada a enfermedades coronarias. La Gal-5 está en ratas, la Gal-7 predomina en la piel, la Gal-12 en el tejido adiposo. Tenemos distintos proyectos asociados a esa localización. No se conoce mucho de la función que cumplen. Por eso ahora desde la inmunología básica vamos a cerrar el círculo de Gal-1 y estudiar la función de las otras. La Gal-1 está involucrada en oncología, pero hay mucha en el cerebro; en 2012 demostramos que tiene implicancia en la disminución de la inflamación y la neurodegeneración de enfermedades como la esclerosis múltiple.

–O sea que cumple una función benéfica.

–Como sucede con muchas de las moléculas que tenemos en el organismo, el tumor la toma para aprovecharla, amplifica su función para escaparse de la respuesta inmune. Es decir, Gal-1 hace lo mismo de siempre pero en más cantidad e induce la angiogénesis.

–¿El cáncer es el gran desafío para los investigadores?

–Creo que sí. El cáncer y la oncología están cada vez más cerca de la inmunología tumoral, que había sido relegada en los ’90 por la terapia génica. Ahora ocupa un lugar importante en el mapa por los anticuerpos monoclonales y un gran número de laboratorios incorporaron la inmunología a sus investigaciones.

–¿Por qué es tan difícil hablar de cura en cáncer?

–Porque la causa de un tumor es una desregulación génica y no se puede corregir un determinado gen en un tumor, por eso se habla de cronificación de la enfermedad, tal como sucede con el HIV o la diabetes. Podemos intentar mantenerlo a raya. Las mutaciones de genes son más comunes de lo que pensamos, la mayoría de nosotros tiene células anormales que no llegan a tumor porque el sistema inmune las controla. Lo bueno de nuestro anticuerpo es que tiene varios blancos: elimina la angiogénesis, normaliza el endotelio y aumenta la respuesta inmune. Pero no se puede aplicar en forma permanente porque tiene aparejada la toxicidad de cualquier fármaco, sirve para tener a raya el tumor, manejarlo hasta que vuelve a crecer. Es como la insulina, cuya aplicación aumenta la glucosa, pero luego vuelve a bajar. En todo producto biológico hay que balancear los beneficios con la toxicidad.

–La tendencia es ir hacia tratamientos personalizados, ¿los sistemas de salud acompañan?

–En Estados Unidos el sistema de salud está abriendo los ojos a estas terapias, en nuestros países tiene que hacerlo. La oncología y las especialidades están abiertas a los avances de la ciencia, pero si no hay coherencia entre los ministerios de Salud y de Ciencia en cuanto a los objetivos, no podemos seguir adelante. Por eso me interesa la interacción con los oncólogos, nos alimentamos de las preguntas de salud y hacemos un feedback con las herramientas que descubrimos. En todo el mundo se abren las puertas a la inmunoterapia, que alcanza dimensiones importantes en países serios donde se hace política de salud. El nuestro debe ser uno de ellos.

Con la investigación al hombro

Hace 10 años, Diego Croci cursaba Ciencias Biológicas en la Universidad Nacional de Río IV, Córdoba. Curioso como todo científico, le escribió a Rabinovich para pedirle el artículo que había publicado la revista Cancer Cell en su portada. Así comenzó un ida y vuelta de correos electrónicos que forjó una cierta amistad entre ambos. Dos años más tarde, Croci se incorporó al laboratorio de Rabinovich en el Ibyme.

“Lo elegí porque era joven, algo positivo a la hora de buscar un jefe piola”, recuerda. “Me emocionó que esperara dos años, el tiempo que pasó para que se abriera un puesto en mi equipo, porque Diego tenía posibilidades de ir a cualquier otro laboratorio, era el mejor promedio de su camada”, confía Rabinovich. Pero la explicación es sencilla para Croci: “Me resultaba difícil encontrar propuestas atractivas, él ofrecía un tema incierto pero apasionante, desafiante, y eso incidió en el momento de jugarme”. Sin embargo, Rabinovich no sabe si en ese momento era una buena apuesta: “Yo tenía cero poder político, no conseguía subsidios y si Diego entraba con un investigador más grande podía conseguir más cosas. Teníamos muchas ideas pero no subsidios”.

Al joven Croci no lo desanimaron esos detalles e ingresó al laboratorio para investigar la respuesta inmune en cáncer: “A mediados de 2006 tenía que esperar que llegaran unos reactivos y Gabriel me dijo por qué mientras tanto no hacía algo chiquito con la cuestión de por qué cuando se bloqueaba Galectina 1 los tumores presentaban menos vasos sanguíneos. Con los primeros resultados me entusiasmé y largué todo lo demás”.

–¿En qué consistieron esos primeros resultados?

–El primero fue cuando agregamos Galectina 1 a células endoteliales y vimos que se activaban algunas proteínas que daban idea de que iban a proliferar. Todo eso era in vitro. Después vimos la proliferación y cómo esas células formaban estructuras que parecían vasos sanguíneos. La primera pregunta a contestar era por qué Galectina 1 inducía la angiogénesis. Y luego seguimos buscando más detalles: por qué había más Galectina 1 en tumores con angiogénesis y en noviembre de 2010 mandamos el primer trabajo a publicar, con muchas hipótesis abiertas. Cuando volvió tuvimos que decidir enfocarnos en este posible rol de Galectina 1 como mecanismo compensatorio de VEGF, en por qué existía ese mecanismo y cómo operaba.

–¿Cuál es el siguiente paso?

–Posiblemente investigar más la normalización vascular que se produce cuando bloqueamos Galectina 1 en los tumores resistentes. Vemos que esa normalización es un actor necesario para que el sistema inmune pueda atacar el tumor. La hipótesis es que en tratamientos prolongados ese sistema llegará al tumor con más fuerza y más preparado para eliminarlo. En las pruebas que hicimos con ratones, a corto plazo se normaliza la vasculatura y el sistema inmune entra como una tromba. A largo plazo ya no hay vasos ni tumor, pero no sabemos cuál es la causa y cuál el efecto. Es una ventana terapéutica. En el transcurso de una investigación siempre aparecen preguntas que como no son urgentes quedan relegadas. Vamos a explorar esas preguntas y no sabemos qué saldrá al abrir esas puertas. Tenemos dos o tres hipótesis. La parte terapéutica recién empieza y tenemos muchos años por delante.






Los hitos del equipo

Tanto a nivel individual como en conjunto con su equipo de investigadores, Gabriel Rabinovich ha cosechado gran cantidad de premios y distinciones. Aquí, una selección entre 141 trabajos publicados.

1999. Rabinovich comprobó in vitro e in vivo (ratones) que Galectina 1 detenía la artritis. Su trabajo se publicó en The Journal of Experimental Medicine y mereció un elogioso comentario de Nature, una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo.

2000. Premio Lucio Cherny, de la Sociedad Argentina de Investigación Clínica, por demostrar, junto a José Mordoh, que el melanoma (el más grave cáncer de piel) produce Galectina 1 para escapar a la acción del sistema inmune.

2002. Premio César Milstein, del Centro de Estudios para el Desarrollo de la Industria Químico-Farmacéutica Argentina y del Conicet, por el desarrollo de terapias génicas para inhibir la Galectina 1.

2004. La revista Cancer Cell (Universidad de Harvard), una de las más importantes del mundo en el tema, publicó una investigación de Rabinovich y Natalia Rubinstein (su primera becaria) en la que se demostraba cómo los tumores expresaban Galectina 1 para eliminar la respuesta inmunológica. El descubrimiento revelaba un nuevo blanco de ataque para futuras terapias.

2006. El Cancer Research Institute de los Estados Unidos premió esa investigación “por ser una de las más creativas y de mayor impacto en el campo de la inmunología y la oncología”.

2007. El equipo de Rabinovich, junto a investigadores de la Universidad Charité, de Berlín, descubrió el rol de Galectina 1 en el no rechazo del bebé en la mujer embarazada, lo cual abre un camino para lograr terapéuticas contra el cáncer y enfermedades autoinmunes.

2012. La revista Inmunity publicó en tapa la investigación de Rabinovich y Diego Croci sobre circuitos reguladores de la interacción glycanos-lectinas en autoinmunidad y cáncer.

2012. La misma revista publicó, y distinguió con el Editorial, la investigación sobre el rol de Galectina 1 en procesos inflamatorios del cerebro, como las enfermedades cerebrales neurodegenerativas. El estudio fue elegido para la sección “Editors’ Choice” de la revista Science.






sábado, 18 de enero de 2014

ENCHUFADOS O DOMINADOS







Argentina Conectada, promovido desde el Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios, es un plan nacional quinquenal de telecomunicaciones. Se puede agregar que es el plan más ambicioso en esa materia de toda la región, en un contexto marcado por las revelaciones de Edward Snowden, que dejan en claro el desequilibrio que existe en las comunicaciones globales, sobre todo en Internet.

Entre los objetivos de Argentina Conectada está la construcción de una Red Federal de Fibra óptica de 60.000 km., a lo largo y ancho de todo el país, en un lapso de 5 años y con una inversión total que será de $ 8.000 millones, una forma de garantizar un acceso más homogéneo al interior del país. Esta pata del plan es fundamental. La fibra óptica es el sistema nervioso de la era digital. Por allí circulan los pulsos de luz que codifican los bits usados por los distintos dispositivos, desde la nueva televisión digital, Internet, telefonía IP, video streaming, telefonía celular y más. En el último año y medio se tendieron los primeros 25.000 km. de fibra óptica previstos por el plan, que ya están listos para comenzar a ser “iluminados”, es decir, para transmitir información. En los 20 años anteriores, todos los privados sumados habían instalado más o menos la misma cantidad y sólo en las áreas rentables, es decir, en los grandes centros urbanos, lo que da una idea de la dimensión del plan.

La red es imprescindible para que la accesibilidad sea un derecho universal y una realidad concreta. Es que la fibra óptica permitirá alcanzar el 98 por ciento de los centros urbanos del país, por más pequeños que sean, mientras que para el restante 2 por ciento, sobre todo en zonas rurales, se está brindando otro tipo de acceso, por ejemplo, satelital. No es poco, pero en la era digital todavía es necesario más. En países como Italia, con una novena parte del territorio argentino, hay 80.000 km. tendidos, aproximadamente la misma cantidad que tendrá nuestro país en tres años más si todo sigue como estaba previsto.

La columna vertebral del sistema une Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Mendoza y San Luis. Desde ella se abre en abanicos para alcanzar a todas las provincias y municipios. Todos estos cables abrevan en un gigantesco data center de Ar-Sat (Empresa Argentina de Soluciones Satelitales S. A.) construido en Benavídez, provincia de Buenos Aires, desde donde se orquestan todas las patas del proyecto. Esta empresa del Estado, conocida por ser una de las desarrolladoras de los satélites argentinos de telecomunicaciones, es también el corazón técnico de las políticas telecomunicacionales de Argentina.

Los caños dan el acceso pero, ¿para qué y cómo lo queremos?


Una red, muchas capas

Emmanuel Jaffrot es el secretario técnico y académico de Argentina Conectada, además de ingeniero en Electrónica y doctor en Telecomunicaciones de la Escuela Superior de Telecomunicaciones de Francia, país de donde es originario. Es también una de las voces más informadas sobre el plan: “Argentina Conectada es mucho más que poner cables con fibra óptica. Hay una mirada estratégica sobre las comunicaciones y el rol fundamental que tiene para el desarrollo del país”.

Por eso el plan tiene muchas patas. Una de las fundamentales es generar recursos humanos capaces de acompañar un crecimiento en el área de las telecomunicaciones en tiempos digitales. Para eso está trabajando en la creación de la carrera de Ingeniería en telecomunicaciones en varias universidades, como la Unsam, Río Negro, el Instituto Balseiro y otras. Además, se está intentando reconfigurar las carreras de Ingeniería electrónica existentes para que ofrezcan 4 o 5 materias optativas con orientación en nuevas tecnologías telecomunicacionales. También se busca que los nuevos ingenieros, por medio de un convenio con el Ministerio de Educación, tengan conocimientos básicos en aspectos sociales, políticos y jurídicos, es decir, que entiendan que la tecnología no es neutral y que a través de ella también se afecta a la sociedad. “Necesitamos funcionarios capacitados, gente que tome decisiones en la gestión pública, en los municipios, en las provincias, que tengan noción de lo que son las telecomunicaciones. Muchas veces a nivel de funcionario hay un desconocimiento del impacto de las políticas en este sentido”, reconoce Jaffrot.

“La red que estamos instalando tiene 48 pelos de fibra óptica”, continúa. “Con sólo dos de ellos podés poner 80 canales de 100 GB/segundo cada uno.” Para quienes estos números no signifiquen demasiado sirve saber que una computadora hogareña con acceso por ADSL suele recibir (al menos teóricamente, según dice el contrato) unos 3 mega/segundo, es decir, 0,003 GB. ¿Para qué tanta velocidad y caudal de información? ¿Qué se va a transmitir por ahí?

“De todo –responde Jaffrot–. La red de fibra óptica que estamos instalando va a tener muchas capas de uso. En primer lugar va a dar conexión a Internet con buena velocidad y precios más razonables en todo el país. Argentina Conectada no va a ofrecer servicio a individuos, pero les va a dar ancho de banda a distintos proveedores de Internet.” Actualmente, el mismo ancho de banda en Buenos Aires puede costar nueve veces más en Mendoza. Es decir, que una vez alejado de las tres o cuatro principales ciudades del país, el servicio resulta malo y caro por la estructura de la red que se instaló desde la lógica del mercado.

Pero hoy en día no sólo Internet utiliza la fibra óptica para las comunicaciones. Las redes móviles, por ejemplo, las usan para conectar sus antenas con la central. Una buena red, por lo tanto, permitirá mejorar la cobertura en un rubro donde el Estado argentino resulta un jugador importante, porque conservó para sí un 25 por ciento del espectro. Aún no está claro cómo lo gestionará, pero se especula con la posibilidad de que se transforme en un mayorista que permita a pymes o cooperativas ingresar a un mercado que requiere inversiones enormes.

Otra pata no menor del proyecto es controlar directamente las comunicaciones del Estado. Este punto es clave en un contexto internacional en el que el espionaje es cada vez más abierto. “La Argentina tiene mucha información sensible: tenemos YPF, nuestros propios satélites, información agrícola y demás que circula por redes que no controlamos y que les interesa a otros países”, asegura el funcionario, quien reconoce que ha perdido ingenuidad y es consciente de que todo el hardware y software que se usa tiene puertas traseras, y sufre monitoreos permanentes. “Tener cables propios que controlás te permite establecer niveles de seguridad. Podés poner el nivel más bajo para el uso cotidiano de la población, pero aumentarlo a medida que lo hacen las responsabilidades a nivel municipal, provincial, nacional o el mismo Ejecutivo. Tener cables propios, hardware que conozcas o que desarrolles, y software libre, que sepas cómo funciona, te permite mejorar los niveles de seguridad.”

El Estado puede darle múltiples usos al tendido: “El plan es armar una Red Federal de Servicios Gubernamentales con muchas capas: una de educación, una de salud, una de desarrollo social, de tecnología, de lo que se te ocurra. Estamos hablando a nivel municipal, provincial, nacional”. Un ejemplo de usos potenciales es el convenio que firmaron en agosto del año pasado el Incaa (Instituto de Cine y Arte Audiovisual) y Ar-Sat para la digitalización de 150 salas de cine. El convenio incluye la compra de equipos para proyección de 2 y 4K, sonido 7.1 y un software de gestión de salas. Obviamente, el ancho de banda es crucial para transmitir las películas hasta los cines.

Y desde el Ministerio de Planificación, junto con otros organismos del Estado, se están armando distintos programas para brindar servicios y contenidos. Un ejemplo es Bacua, el Banco Audiovisual de Contenidos Universales Argentinos: “Es un repositorio con producciones financiadas por el Estado o cedidas a él en forma gratuita. Lo puede usar cualquier canal. La nueva Ley de Servicios Audiovisuales establece una cuota mínima de pantalla argentina del 60 por ciento, y hay canales chicos que no pueden sostener semejante proporción de producción propia. Ellos pueden usar este material”. Este repositorio se vincula a su vez con distintas promociones hechas para producción para la TDA (Televisión Digital Abierta).


A lo previsto y más allá

Estos son unos pocos ejemplos de lo que es posible. “Esta infraestructura va a durar al menos 30 años. Sabemos para qué la queremos ahora, pero una vez que está los usos son imprevisibles.” Emmanuel Jaffrot ilustra con una metáfora: “Pensá que hace 5 años, con un ancho de banda de 512 K uno usaba Internet de una manera, y ahora por ahí tenés 3 mega y aprovechás otras cosas”.

Conectar Igualdad, del Ministerio de Educación y de Anses, es un complemento necesario de Argentina Conectada. Las 3,8 millones de máquinas ya distribuidas entre los estudiantes secundarios de todo el país son fundamentales para el acceso real de los hogares. Conectados a una verdadera red federal, sus usos se mutiplicarán. Todas las herramientas que se proponen desde ese programa apuntan a que los chicos sean productores, no sólo consumidores de servicios.

“Lo clave es instalar que la conectividad es un derecho. Porque entendemos que la comunicación, desde el principio de los tiempos, es una batalla del ser humano. Es importante que cada persona pueda acceder a la misma información. Ese es un factor de desarrollo personal fundamental”, cierra Jaffrot.

Argentina quiere meterse de lleno en el mundo digital, pero tomando todos los resguardos que sea posible. No será fácil porque la brecha tecnológica con los países desarrollados es grande, pero hay herramientas y planes para reducirla. En resumen, el siglo XXII nos encontrará enchufados de manera soberana o dominados.









sábado, 11 de enero de 2014

EL PARARRAYOS








Eldo Avila, principal referente en el país en la investigación de descargas eléctricas, explica que los rayos buscan los lugares más altos: un edificio, un árbol o una persona. “También van a elegir el agua, porque es conductora.”


En la Argentina, las tormentas con descargas eléctricas son frecuentes en los veranos. “Todos los veranos tenemos este tipo de tormentas peligrosas. Se puede hacer algo, educar en seguridad, porque la gente tiene que saber un poco más, tener real dimensión de lo peligrosa que puede ser una tormenta así en un lugar abierto, descampado”, señala Eldo Avila, profesor de la Facultad de Matemática, Astronomía y Física de la Universidad Nacional de Córdoba, e investigador del Conicet. En diálogo con Página/12, Avila explicó algunos mecanismos de los fenómenos de electricidad atmosférica y señaló los cuidados que cualquiera puede tomar fácilmente ante la eventualidad de tormentas que “entre noviembre y marzo son normales en nuestro país”. Pero advirtió que “la presencia de pararrayos en una playa no garantiza seguridad”.

En el verano, dijo el especialista, “se forman nubes que tienen desarrollo vertical, es decir, una altura mayor que en el invierno”. Eso incide en su peligrosidad, en lo que a actividad eléctrica se refiere: “Cuanto más altas son las nubes, más peligrosas resultan porque pueden desarrollar granizo, precipitaciones intensas, vientos muy fuertes y descargas eléctricas. Todo viene como en un combo”. Son nubes que se forman “con altas temperaturas y con mucho vapor de agua”.

Estas nubes pueden producir dos tipos de descargas eléctricas, advierte Avila. “Una es el relámpago, que es una descarga que ocurre dentro de la nube, entre una región y otra de la nube, que se conectan eléctricamente y se ve esa línea luminosa. El relámpago es una carga eléctrica que se neutraliza pero nunca llega a tierra. No es peligrosa.” Por el contrario, “la descarga peligrosa es cuando se conecta una región de la nube con la superficie de la tierra: el rayo. Baja muchísima carga eléctrica en décimas de segundo”. Avila grafica: “No hay ninguna máquina hecha por el ser humano que pueda transportar la carga eléctrica que transporta un rayo en ese tiempo”. Se trata de una energía que podría alcanzar los 30 mil amperes en un instante, cuando “cualquier artefacto eléctrico doméstico consume, en promedio, un amper”. “El canal de un rayo, que es esa línea que se ve cuando baja la descarga, tiene una temperatura de 5 mil grados centígrados. Donde pega, destruye”, agrega el especialista.

Si la descarga eléctrica de la nube va a liberarse sobre otra nube o en la superficie terrestre, no puede predecirse. “La nube descarga donde le conviene. Pero esa bajada no es continua, sucede como en cámara lenta. Cuando está a 30, 40, 50 metros de la tierra, el rayo detecta lo más puntiagudo de la superficie, porque eso es lo que tiene el potencial eléctrico más alto, y el rayo, que tiene potencial eléctrico alto, también es atraído por eso. En un lugar muy llano, como en la zona de la pampa, un árbol es una punta. En un campo sin árboles, una persona es una punta”. Sin embargo, si lo más alto del terreno se encuentra más distante del lugar donde puede descargar la nube, el rayo caerá sobre algo de menor altura pero más cercano. “Si a punto de tocar superficie, tiene una persona cerca y un pararrayos a 100 metros, va a elegir a la persona.”

Por ello, en las ciudades los pararrayos son eficaces, pero en lugares llanos y despejados como una playa no funcionarían. “La presencia de un pararrayos no garantiza seguridad, por eso llenar la playa de pararrayos no serviría más que para arruinar el lugar.” En las ciudades, es diferente “porque hay edificios y lo más probable es que caiga sobre un edificio, y la persona que está dentro está protegida”.

Las descargas eléctricas de las nubes, además, privilegian caer sobre objetos metálicos, pero no pequeños, como la cajita metálica que puede haber en una carpa de la playa, sino “algo metálico de un volumen importante, como las casillas que hay en Córdoba para esperar los colectivos urbanos”. El rayo también “va a elegir el agua, porque el agua es conductora. Si una persona está en una pileta y un rayo cae cerca, lo va a afectar, lo puede dañar seriamente. No hace falta que el rayo te caiga encima para que te dañe”.

Avila señala que “lo mejor es protegerse dentro de una construcción de mampostería”. Bajo techo, “no hay que estar cerca de las ventanas si las ventanas tienen aberturas metálicas, porque si un rayo descarga en la construcción, esa carga se va a conducir por toda la estructura metálica que tenga la casa, sean cañerías o aberturas metálicas”. En caso de que la tormenta arrecie puertas afuera, en un descampado sin construcciones cercanas, “lo menos malo es un automóvil”. “El auto, si bien es metálico, cuenta con el efecto aislante de las ruedas, que son de goma. Entonces, si hay una persona dentro del auto cuando le pega un rayo, y si esa persona no está tocando la chapa, se puede salvar. La electricidad se desparrama por el metal.”









Rayos: "Puede reducirse el porcentaje de víctimas"

Las tormentas eléctricas constituyen el fenómeno natural que más muertes produce en promedio por año en Argentina, llegando a medio centenar de víctimas. Pero este saldo podría reducirse significativamente utilizando dispositivos "no muy costosos", una especie de "sensores de relámpagos y detectores de nubes con continuidad empleando webcam o cámaras similares", ubicados en las estaciones meteorológicas que monitorean las tormentas en tiempo real.

"Los países desarrollados ya cuentan con detectores que alertan la llegada de relámpagos. Esto debería ser obligatorio en nuestro país. Entonces, con toda esta información y, por supuesto, conectado con Defensa Civil y el Servicio Meteorológico Nacional, se podría tener un dato muy fehaciente sobre la influencia de estos fenómenos en un determinado lugar", asegura el director del Área de Física de la Atmósfera y Radiación Solar del Instituto de Física de Rosario, Rubén Piacentini.

Según el investigador rosarino, los dispositivos equipados con sensores de relámpagos y con cámaras de registro continuo de imágenes permiten seguir las nubes, anticipando la detección de aquellas tormentas que se desarrollan muy rápido y que los radares sólo pueden registrar en intervalos de unos diez minutos. En particular, los sensores de relámpagos no son de carácter obligatorio en lugares de alta concurrencia en Argentina, como sucede en Europa y Estados Unidos.

Una vez implementado este sistema, la tecnología permitirá que la información llegue a las personas directamente, por ejemplo, a través del celular o de los medios de comunicación masivos, en forma de advertencia.

"Lo que nosotros aconsejamos es que en lugares donde hay mucha concentración de gente, como canchas de futbol, piscinas, y en la playa, se pongan sensores de alerta para que la gente pueda resguardarse en aquellos sitios protegidos con pararrayos", recomienda Piacentini.

En el último año se registraron alrededor de 50 muertos en todo el país por la caída de rayos. "Yo creo que se puede reducir este porcentaje cuanto mayor sean los sistemas de protección, porque se trata del fenómeno natural que más muertes produce en promedio por año", asegura el director del Área de Física de la Atmósfera y Radiación Solar del Instituto de Física de Rosario.

Consultado acerca de las medidas preventivas, el investigador aseguró que la mejor protección ante los relámpagos es un automóvil, porque tiene una estructura metálica y en su interior el campo eléctrico es constante, dado que el principal problema es la diferencia de potencial.

"Una persona parada es como si tuviera los dos pies como dos enchufes en la tierra cuando cae un rayo, entonces se genera una diferencia de potencial en el suelo entre un pie y el otro y eso, si está muy cerca de donde se descargó el rayo, le puede ocasionar graves lesiones y hasta la muerte", explica.

Otra recomendación es mantener las piernas juntas con las manos en los oídos para evitar lesiones auditivas, alejarse de las rejas, puertas y ventanas, evitar lugares altos y espacios abiertos, y no utilizar teléfonos fijos, entre otros consejos.






miércoles, 8 de enero de 2014

PAÍS CIENCIA








Convergencia entre ciencia y sociedad para la inclusión. La plataforma País Ciencia busca acercar la investigación científica a los colegios y barrios con el objetivo de despertar la vocación por la ciencia en los jóvenes. El proyecto, asociado al Conicet, es una experiencia de democratización del conocimiento.

DIALOGO CON CLAUDIO FERNANDEZ, DIRECTOR DEL LABORATORIO MAX PLANCK DE ROSARIO...



–Cuénteme ¿a qué se dedica?

–Soy doctor en Química biológica, dirijo el Laboratorio Max Planck de Biología Estructural, Química y Biofísica Molecular de Rosario. Soy director de la primera plataforma tecnológica de diseño y descubrimiento de fármacos en fase preclínica de Latinoamérica. Dirijo también un doctorado internacional organizado entre la Universidad Nacional de Rosario y la Universidad de Göttingen, en el área de la Biomedicina y Biociencias Moleculares. Göttingen es una ciudad alemana de 120 mil habitantes; su universidad tiene la impresionante cifra de 46 premios Nobel asociados. Allí fui jefe de grupo hasta el año 2005. El último Premio Nobel de Medicina es de la Universidad de Göttingen. Ellos son nuestros socios.

–¿Cuándo volvió usted al país?

–En 2004 y 2005, junto a otros argentinos, lideramos una línea de trabajo que dio lugar a significativos avances en el área de enfermedades neurodegenerativas, en particular la vinculada con el mal de Parkinson. Mi trabajo científico fue repatriado en el año 2006, a través de la adquisición del primer espectrómetro de resonancia magnética nuclear de alto campo para nuestro sistema científico, que fue el segundo equipo en su tipo en ser instalado en la región.

–Y además está trabajando en un plan de comunicación de la ciencia del Conicet.

–Estamos avanzando con un proyecto para la creación de una plataforma orientada a la socialización de la ciencia llamada País Ciencia. Su objetivo es generar igualdad de oportunidades y despertar vocaciones científicas. Es un proyecto que, asociado al Conicet y otros organismos nacionales, proyectará a nivel nacional una experiencia de comunicación pública de la ciencia y democratización del conocimiento nacida en el municipio santafesino de Granadero Baigorria, donde funciona el Centro de Estímulo al Desarrollo del Conocimiento (Cedec), que es el modelo. Los otros actores involucrados son la Universidad Nacional de Rosario, la Subsecretaría de Gestión de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación de la Nación y el Ministerio de Planificación Federal de la Nación.

–¿Qué tiene pensado hacer? La inclusión de la ciencia tiene muchas corrientes... y hay cosas con las que nadie sabe qué hacer, por ejemplo: la matemática.

–Vamos a coordinar acciones entre escuelas, universidades, organismos de ciencia y tecnología, y el conjunto de la sociedad. Será una herramienta educativa, inclusiva, que se ocupará de promover la socialización del conocimiento, así como de fomentar la creación de una red de centros o nodos territoriales. Queremos generar instancias de reflexión en torno del conocimiento científico situado en su contexto territorial. Hasta ahora muchas de las acciones de comunicación pública de la ciencia se han generado en el marco de pensar la relación “ciencia y sociedad” bajo los parámetros de la hipótesis del déficit cognitivo. Mi postura es tratar de desmitificar el rol del científico y pensar el conocimiento como un bien social.

–Entiendo. Yo trato de hacer las entrevistas acá en un café para sacar al científico del laboratorio, porque el científico muchas veces cuando habla lo hace para sus colegas, entonces acá no tiene el código del laboratorio. La ciencia no es sólo ciencia, la ciencia es filosofía y es historia de la ciencia. Hay que saber de dónde venimos...

–Eso queremos con este programa, que los investigadores y comunicadores de la ciencia expliquen a la sociedad de manera amena. Comparto, es necesario poner en valor todo lo que se hace desde el año 2003 en ciencia y tecnología en nuestro país. La política de Estado de ciencia y tecnología es concreta y tiene un correlato social. Es necesario que se la valore porque no alcanza con que la defendamos los científicos desde el laboratorio. Se va a defender en tanto y en cuanto la gente sepa respecto del valor del conocimiento científico, sus impactos y beneficios. Para eso es fundamental comunicar, concientizar y ampliar la cultura científica de la gente.

–Yo dirigí ocho años el Planetario de la ciudad de Buenos Aires. Nuestra postura era: la ciencia es propiedad de todos. Pero cuando decíamos todos, decíamos todos. Por eso hicimos un planetario para ciegos, para sordos, hicimos cafés científicos, fuimos a las villas. La idea era: como es de todos, es también para los que no pueden venir.

–Ahí está la clave, en que nosotros como investigadores nos acerquemos. Esa es la génesis del proyecto. Queremos conversar sobre ciencia en todos los barrios y localidades. Ahí uno como investigador científico toma conciencia de la realidad. En la villa, al chico no le importa que le expliques el principio de Bernoulli. Quieren saber, por ejemplo, cómo se hacen las plantas de potabilización de agua. Allí se toma conciencia de para quién estás trabajando, porque la ciencia y la tecnología no se agota en una proteína en un tubo de ensayo. Sólo se realiza cuando es orientada a un fin colectivo y es apropiada por la gente.

–Entiendo. También es mucho lo que se consigue cuando se les muestra un telescopio, una bacteria con un microscopio...

–Nosotros escuchamos lo que nos piden los chicos y los docentes en las escuelas de las villas. Ellos quieren aprehender un conocimiento que impacte en su calidad de vida. Sin dudas representa una superación de la comunicación de la ciencia como colección de anécdotas o datos curiosos. Estamos pensando en proyectos que enseñan a desarrollar, por ejemplo, una planta potabilizadora de agua, o cómo hacer que la basura, que contiene un alto porcentaje de materia orgánica, pueda generar biogás o biocombustible. Una parte del programa que estamos desarrollando consiste en generar fondos semilla, lo necesario para que esa escuela pueda concretar un proyecto con investigadores del Conicet.

–¿Cuál estima que será el efecto de este plan?

–Son múltiples, el chico de la villa va a tener una vivencia transformadora vinculada al conocimiento científico. Va a conocer que existen instituciones de ciencia y tecnología, conformadas por personas que trabajan de científicos. Y a los investigadores los invitamos a salir de su territorio habitual porque el laburo lo tienen que hacer en la villa.

–¿Y usted qué les dice?

–Los invito a participar y que dejen atrás sus prejuicios. Les digo que hay que desacralizar la ciencia y hacer entender que la ciencia no es para genios. De nada sirve pasar seis meses dando conferencias en el exterior, si acá la gente no entiende el quehacer científico tecnológico. Para que la sociedad se interese, se informe, pregunte, entienda y valore, hay que educar incluso a los investigadores. Hay que invitarlos a salir del laboratorio, porque mayoritariamente salen formados en su disciplina y tienen cierta lejanía con la sociedad. El desafío es, como ha dicho la propia presidenta de la Nación, que en las universidades nacionales la matrícula sea en un gran porcentaje de hijos de trabajadores, y que se reciban. Para eso hay que generar una escuela de científicos con compromiso social.

–¿Ya tienen armado el programa de acciones?

–Sí, el programa, además del componente de comunicación pública de la ciencia, tiene otro que son las pasantías científicas para que los estudiantes vengan a nuestros laboratorios de investigación científica u otros organismos públicos a hacer actividades, porque el problema que estamos teniendo es que, independientemente del estrato social, los jóvenes están desinformados y se pierden vocaciones. Nosotros perdemos muchas vocaciones en el último y anteúltimo año de la secundaria, porque los chicos no saben para dónde seguir. El programa pretende vehiculizar esas vocaciones. Hay que ir al encuentro de estos estudiantes, yo creo que eso es parte del rol del científico.

–¿Qué más piensan hacer?

–Vamos a brindar cursos de capacitación para los docentes de escuelas secundarias, vamos a dar capacitación a investigadores para enseñarles a hacer comunicación pública de la ciencia. Vamos a generar contenido audiovisual, vamos a tener una plataforma web con módulos virtuales, con contenidos para que puedan ser utilizados en las escuelas por los chicos directamente, y vamos a tener un laboratorio móvil para poder llegar a los lugares más lejanos. Es un proyecto que ataca el problema de la brecha entre ciencia y sociedad en forma integral, y que además tiene actores que tienen que ver con la generación de política científica, generación de política educativa y el territorio. Tenemos muchas expectativas de poder replicar a nivel federal el éxito que este proyecto ha tenido en Santa Fe y Buenos Aires.











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