Muchas de las fotos de este blog son de Ramiro Sisco con la comunidad Pilagá, en Las Lomitas, provincia de Formosa, Argentina.
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martes, 17 de septiembre de 2019

viernes, 25 de marzo de 2016

40 AÑOS DESPUÉS







Pablito

Cuando el guardia se lo llevó de la mano, Pablito habrá recordado los días en los que el papá lo llevaba al colegio, apretando su palma un poquito más fuerte al cruzar las calles de Palermo para llegar a la Escuela Armenia Argentina, donde cursó la primaria.

Tenía catorce años cuando lo secuestraron, y la misma edad cuando ese guardia lo guió con los ojos vendados por los pasillos de la ESMA mientras le decía al oído que se iba en libertad.

A Pablo Míguez lo detuvieron algunos meses antes junto a su mamá, Irma Beatriz Márquez, y al compañero de ella, Jorge Capello. Los tres fueron llevados al centro clandestino El Vesubio, en Ricchieri y General Paz. Allí Pablo fue torturado delante de su madre y ella violada frente a él para obligarla a firmar la escritura de su casa en favor de los secuestradores, según relata Lila Pastoriza, que convivió con Pablito en la ESMA, cuando llegó desde el Vesubio. “No te preocupes, tanto no me dolió”, la consoló Pablo cuando Lila se desesperó con su relato.

“Era un chico vivaz, con su carita de pibe travieso, sus pecas junto a la nariz, sus ojos de chispazos, su cuerpo esmirriado, y lamentaba no haberse podido despedir de su madre cuando dejó el Vesubio. Alguna noche despertaba lloroso y yo trataba de consolarlo, ‘soñé con mi mamá’ me decía, mientras esperaba que lo lleven con su padre, que no era militante político y que desde afuera hacía gestiones para salvarlo”, recuerda Lila.

“Pablo era bueno para el ajedrez, y el mayor Durán Sáenz, jefe del Vesubio y uno de sus peores verdugos, lo obligaba a jugar con él largas partidas. Repartía mate cocido y a veces llevaba los tachos con orín de otros prisioneros. A la noche le ponían cadenas, y a pesar de que era un niño, lo torturaron mucho,” cuenta Hugo Luciani, sobreviviente del Vesubio.

Pablito estuvo más de un mes en la ESMA hasta que fue “trasladado”. Poco antes disfrutó una cuchara de dulce de leche con que alguien lo convidó por debajo de la capucha que cubría su cabeza. Con ese sabor y con la promesa del guardián que lo llevaba de la mano, Pablo Míguez dejó el centro clandestino creyendo que lo liberaban. Nunca, nadie, lo volvió a ver.


Navidad

Diana Iris García era psicóloga recibida en la Universidad de la Plata y militaba en Montoneros. Estaba de novia con Miguel Coronato Paz, hijo del recordado guionista de radio y TV que hizo reír al país durante la década del sesenta con personajes como “Felipe”, protagonizado por Luis Sandrini, o La Revista de Dringue, con Dringue Farías. A Miguel lo secuestraron en febrero de 1977 y a ella unos meses antes, el 15 de octubre de 1976, en la esquina porteña de Córdoba y San Martín. Diana pudo gritar su nombre y algunos testigos hicieron trascender el operativo, que fue reflejado por Radio Colonia y el diario La Razón.

Su hermana Célica y sus padres comenzaron a buscarla en comisarías, cuarteles, hospicios y llegaron hasta las puertas de la propia Escuela de Mecánica de la Armada. Allí adentro estaba Diana y allí la mataron, pero de eso se enteraron años después, por el testimonio de algunos sobrevivientes.

Entre las tantas audiencias que pidieron, consiguieron una con Monseñor Emilio Graselli, secretario castrense y capellán del Ejército, quien prometió ayudarlos. Y lo hizo a su modo.

La familia de Diana García recibió en diciembre del 77 una tarjeta navideña que decía: “El respeto a los derechos humanos es el camino más seguro hacia la paz. Sin ausencias, sin angustias, sin odios”. Y para terminar: “Es el anhelo de los argentinos para cristalizar el propósito enunciado por el presidente teniente general Jorge Rafael Videla”. La firmaba el Cardenal Raúl Francisco Primatesta, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina.

Célica García llevó esa postal cuando declaró en el juicio ESMA, en mayo de 2013, y la mostró a los jueces. Un dibujo acompañaba al texto, era un pino navideño rodeado por fantasmales siluetas humanas. “Esto fue lo que mi madre recibió para que tengamos una Navidad feliz”, dijo Célica, mientras sostenía la tarjeta en sus manos para que todos pudieran mirarla.


Adopción*

En setiembre de 1976, en Mar del Plata, una patota policial irrumpió en la casa donde vivían G, su marido R y sus tres hijos pequeños. Rompieron todo, robaron todo y secuestraron a R.

Algunos se fueron con él a buscar al hermano de G y a su cuñada, mientras otros se quedaron de guardia en la casa esperando la llegada de más militantes. La vigilia se hacía larga y los guardias se aburrían, así que decidieron violar a G para acortar las horas: la pusieron sobre la mesa de la cocina y mientras le apoyaban un arma en la cabeza, se turnaron para abusar de ella. “Durante horas hicieron lo que quisieron conmigo”, dijo G cuando le tocó declarar en el juicio, muchos años después.

Veinte días más tarde, golpeado y torturado, R volvió a su casa, y dos meses después se enteraron que G estaba embarazada. “No quiero ese bebé –dijo R–, es hijo de una violación, es hijo de torturadores, de asesinos, no lo quiero”. G, empecinada con la vida, decidió llevar adelante su embarazo, pero cuando nació el niño lo entregaron en adopción, lo que significó también el fin del matrimonio.

G nunca pudo resignarse a la ausencia de ese niño que, aunque fuera hijo del horror, había crecido en su vientre. Muchos años después, junto a sus tres hijos, que conocían la existencia de un hermano, comenzaron su búsqueda.

El, desde la otra punta, y sabiendo que era adoptado, también caminaba hacia el encuentro. Facebook hizo el milagro de cruzarlos y treinta y cinco años después G se abrazó con su hijo.

El muchacho es tan parecido a R que ni siquiera hacía falta el ADN para confirmar que ese chico, ahora un hombre, criado en otra familia, no era hijo de la violación. Era hijo de ellos dos: de R y de G.

Treinta y cinco años después G recuperó a su hijo, en cambio nunca pudo recuperar a su hermano y su cuñada, que fueron ferozmente torturados y asesinados en el centro clandestino La Cueva, de Mar del Plata, según supo por testimonios de algunos sobrevivientes.


Albareda

Ricardo Albareda era Subcomisario de la policía de Córdoba y era, también, miembro del aparato de inteligencia del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) en la provincia.

Albareda se había recibido de Ingeniero en Comunicaciones en la Universidad Nacional de Córdoba y el clima político de los años setenta lo marcó para siempre, sellando su compromiso militante por encima de su brillante carrera policial, a la que parecía predestinado por tradición familiar: su padre y sus dos hermanos también eran policías.

Con acceso directo a la frecuencia de la radio policial, Albareda salvó cientos de vidas desviando los operativos, distrayendo a las patrullas con objetivos falsos o avisando a sus compañeros del ERP cuáles eran los allanamientos programados, para que tuvieran tiempo de escapar antes que llegaran las fuerzas represivas.

“Su condición de policía lo aislaba de cualquier actividad política que no fuera esa función esencial: salvar la mayor cantidad de vidas posibles. No tenía funcionamiento en células y no asistía a ninguna reunión para compartir ideas, discutir o abrazarse con quienes eran sus verdaderos compañeros de ruta. El vivía rodeado de asesinos y torturadores a los que despreciaba, pero con los que debía compartir horas y uniforme. No fue sencilla su vida, en esa contradicción permanente entre militante y policía”, recuerda uno de los pocos compañeros que sobrevivieron y que lo trataron en aquel entonces.

Casi nadie supo en esos años de la existencia de Albareda, ni de su trascendente tarea de salvar vidas arriesgando la propia. El no dormía con el enemigo, él vivía con el enemigo y no se despegaba nunca de su handy, porque cualquier distracción suya era una condena a muerte para sus compañeros. Así vivió Ricardo Fermín Albareda hasta el 26 de setiembre de 1979, cuando le faltaban días para ser ascendido a Comisario y a jefe de Comunicaciones de la policía cordobesa.

Esa noche fue secuestrado por la patota del D2 (Informaciones de la policía cordobesa) y llevado al centro clandestino de detención “Casa de Hidráulica”, frente al lago San Roque, en un paisaje bucólico y tan sereno que podía escucharse el canto de los pájaros y el ruido del agua. Un infierno en el paraíso.

Allí fue asesinado Albareda, según confesó ante los jueces, el 28 de octubre de 2009, el ex policía Ramón Roque Calderón:

“He visto cosas que la mente humana no puede creer. Pedro Telleldín (jefe de la D2) y los policías Hugo Cayetano Britos y Américo Pedro Romano llegaron con Albareda, que estaba de uniforme y esposado, lo ataron a una silla con alambres, le arrancaron las insignias, le dieron una golpiza salvaje y enseguida Telleldín sacó una navaja y le dijo a Albareda: ‘Usted camina por el peso de las bolas. Se las voy a cortar’. Y le cortó los testículos”. Luego le contaron los otros policías que “Telleldín le introdujo los testículos en la boca a la víctima y se la cosió, pero antes pusieron música muy fuerte para tapar los gritos desesperados de Albareda. Mientras el subcomisario se de-sangraba, los torturadores se sentaron a comer un asado. Antes de irse, cargaron el cuerpo en un auto como una bolsa de papas y nos ordenaron que limpiáramos la sangre con lavandina. Con los hermanos Alberto y Hugo Carabante, que eran mis compañeros de guardia, cumplimos la orden y nos fuimos a dormir.”


* Fuente: Putas y guerrilleras, de Miriam Lewin y Olga Wornat, publicada por Editorial Planeta.












domingo, 6 de abril de 2014

MAFALDA CUMPLE 50 AÑOS







Mafalda sigue hablando de los problemas del mundo, que son muy parecidos en todas partes. Pueden tener más relevancia en un lado que en otro, pero aparecen en todas las culturas. Las guerras, las crisis, la miseria, la represión, la xenofobia o la discriminación son temas tan actuales como lo fueron en el período 64-73...



Decía el gran pensador de la historia del siglo XX Eric Hobsbawm: "Cuando era muy joven creía en la posibilidad de construir un mundo perfecto. Ya estoy demasiado viejo para eso, pero sí creo en un mundo mejor". Entusiasta de aquellos a los que él llamaba rebeldes primitivos, a su último libro -publicado a sus 94 años- lo tituló precisamente Cómo cambiar el mundo. Resulta complejo entonces definir quién honró a quién aquel día de 1999 en el que se cruzó en un hotel de Buenos Aires a Daniel Divinsky, editor de Quino desde 1970, y delante de una multitud se deshizo en elogios hacia la más famosa criatura del dibujante: Mafalda.

Cuando Quino y el historiador inglés se conocieron, nuestro artista le regaló la colección completa de los cuadernos de la niña y un pequeño dibujo de ella, hecho y dedicado especialmente para él. Así lo cuenta desde Londres la viuda de Hobsbawm, Marlene, halagada de que se la llame para confirmar la anécdota y la admiración de su brillante marido por la pequeña mocosa contestataria, ciudadana del mundo pretendida como suya por chinos, indonesios, franceses o colombianos que sienten privativo de sus opuestas idiosincrasias las dudas existenciales, rabietas y preguntas fastidiosas que ella plantea desde su corta edad.

Aunque Quino dejó de dibujarla hace 41 años, en 2014 cumple medio siglo de vigencia inalterable: sigue siendo la tira latinoamericana más vendida en el planeta y en cinco décadas no se erradicó casi ninguno de los temas contra los que, con una asombrosa cintura para evadir clichés y lugares comunes, se indignaba.

Humilde, reservado, ligeramente boca sucia, Joaquín Lavado nunca condujo un automóvil. Siempre prefirió caminar, para poder observar. Con su mujer, Alicia Colombo, decidieron no tener hijos, en parte afectado por la muerte de sus padres cuando él todavía no había alcanzado la mayoría de edad. Sus personajes son su lograda descendencia, aunque a muchos, incluidas las primeras Mafaldas, tuviera que calcarlos porque no le salían siempre iguales y porque, según llegó a confesar, eran de hecho bastante malos. "Las ideas son lindas, pero el dibujo es una porquería, no sé cómo te publican", le decía allá por los años 50 Carlos Garaycochea, con quien alternaba tiras en una página de la revista Esto Es. No hacía mucho tiempo que había abandonado la Escuela de Bellas Artes en su Mendoza natal y había llegado a la gran capital a dormir con extraños de pensión siguiendo el sueño de ser dibujante como su tío Joaquín Tejedor. Cuando Quino tenía 3 años el tío le dibujó un caballito azul para distraerlo de los ruidos que venían de la chillona comisaría de al lado de su casa. Le abrió con ese espontáneo detalle la puerta de un reino de trazos sobre papel del que luego se convertiría, junto a distinguidos como Hergé, Jean Jacques Sempé o Saul Steinber, en soberano concluyente.






La historia ya está gastada: Mafalda se le reveló de casualidad cuando en 1963 le encargaron una tira para anunciar en un diario de forma velada los electrodomésticos Mansfield de la firma Siam Di Tella. Recomendado por el periodista Miguel Brascó, Quino aceptó un trabajo en principio intrascendente cuya única condición argumental era que los nombres de los personajes de esa familia de clase media comenzaran con M de Mansfield. Para la nena eligió Mafalda porque lo encontró citado en una novela de David Viñas llevada al cine el año anterior, Dar la cara, y le pareció simpático. La campaña fracasó porque se descubrió el ardid publicitario. Pero cuando para septiembre del año siguiente su amigo Julián Delgado, con el que tenía la confianza de haber compartido habitación en un albergue familiar de la avenida Forest, le pidió una historieta para la revista Primera Plana, él rescató las tiras de un cajón. "Y bueno -sintetizó cientos de veces-, ahí empezó todo." Le sugirieron que tuviera un aire a Peanuts que, liderada por Charlie Brown y el fantasioso perro Snoopy, era ya la publicación de su tipo más influyente de Estados Unidos en esa segunda mitad del Siglo XX. Pero Mafalda se distanció de la creación de Charles Schulz no sólo porque la pequeña vivía en la calle Chile esquina Defensa del barrio de San Telmo... Umberto Eco estableció rigurosamente las diferencias entre el trabajo de ambos artistas en el prólogo del primer libro de Mafalda editado en Italia, en 1969: "Charlie Brown pertenece a un país próspero, a una sociedad opulenta a la que trata desesperadamente de integrarse, mendigando solidaridad y felicidad. Mafalda pertenece a un país denso de contrastes sociales que a pesar de todo sí querría integrarla y hacerla feliz, sólo que ella se niega y rechaza todas las ofertas. Charlie Brown vive en un universo infantil del que los adultos están excluidos. Mafalda vive en una relación dialéctica continua con un mundo adulto que ella no estima ni respeta, y al cual ridiculiza, repudia y se opone reivindicando su derecho a seguir siendo una niña. Charlie Brown seguramente leyó a los revisionistas de Freud y busca la armonía perdida; Mafalda probablemente leyó al Che".






Desde su rincón porteño hacia el mundo, los dilemas de la nena de los eternos soquetitos blancos fueron publicados en más de 30 países -aunque el dato es impreciso incluso para sus editores por la gran cantidad de copias piratas que circularon- y 15 idiomas. Su triunfante peregrinar comenzó cuando algunos ejemplares cruzaron el Río de la Plata y se diseminaron por Uruguay, en 1966, y llegó hasta el límite con Oceanía: en 2009 se editó en Indonesia, en indonesio. En los últimos meses casi prospera un nuevo intento de distribuirla en países anglohablantes, cosa hasta ahora imposible por motivos algo ridículos que Daniel Divinsky repasa: "En algún momento intentamos vender los derechos. Un directivo de la editorial de contenidos escolares Scholastic de Estados Unidos nos dijo que no se los diéramos a nadie, que él había pasado su infancia en la Argentina, se había criado con Mafalda e iba a hacer que la compañía la compre. Después de un año me mandó aquella famosa respuesta del Departamento de Marketing: la tira era demasiado sofisticada para los niños norteamericanos. Decidimos publicarla en inglés, pero para distribuirla básicamente en países hispanoamericanos. La usan mucho los colegios bilingües, a los chicos les encanta leer en inglés las tiras cuyo sentido ya conocen en castellano".

─¿Qué pasó con el reciente anuncio de venderla en Estados Unidos?

Ya dejó de ser cierto. Seven Stories Press, una editorial independiente que fue la que publicó Operación Masacre, de Rodolfo Walsh, en inglés por primera vez, se interesó mucho por Mafalda. Le mandé al dueño los once tomos traducidos y me contestó que le había gustado muchísimo en lo personal, pero que muchas referencias, como la Guerra de Vietnam o la televisión como novedad, la hacían un poco anticuada. O sea que no, por ahora no.

Esta vieja, caprichosa dilación es antagónica con quienes sí se arriesgaron por ella. Esther Tusquets, en una España atravesada por la censura franquista, se animó a editarla a través de su sello Lumen, en 1970. Había descubierto los primeros libros de Quino en una tienda de usados de Madrid. Tuvo que pedirle a Carlos Barral, dueño de los derechos, que se los cediera. "Mi abuelo era un tozudo que publicaba aquello que quería que fuera su biblioteca particular", contó hace un par de años el nieto del director de Seix Barral, Malcolm Otero Barral. La aclaración que luego hizo el joven no fue muy acertada: "No es cierto que le haya dicho que no a Gabriel García Márquez con Cien años de soledad. Lo que sí declinó editar fue la Mafalda de Quino porque decía: No publico monigotes. Don Barral también había rechazado el manuscrito del que llegaría a ser best seller mundial: El nombre de la Rosa. Tusquets apostó por Quino y en pocos días se vendió de una forma extraordinaria. Sólo el primer cuaderno agotó 5.000 ejemplares y comenzó a salvar a la dama de la edición de una anunciada bancarrota.

Mafalda se consigue en Alemania, Francia, México, Grecia, Finlandia, Holanda, Brasil, Suecia, Dinamarca, Noruega, Japón y hasta en Taiwan traducida al chino mandarín a pesar de la tirria de la rebelde por todo lo relacionado con el gigante asiático.

Hijo de andaluces republicanos y nieto de comunistas militantes todos exiliados en la Argentina -Mafalda se inspiró en la segunda esposa de su abuelo, su abuelastra Teté-, Quino creció signado por la tragedia que supuso la Guerra Civil Española y el avance del fascismo en Europa. "Ello me dio un sentido político de la vida que me gusta reproducir en mis dibujos. De mi ensalada mental surgieron las más brillantes e hilarantes viñetas", ha confesado.

El caldo de hervir del carácter de Mafalda fueron los rotundos, concluyentes años 60 dando contexto a una festiva, agitadora toma de conciencia. Eran los tiempos del pastor Luther King y su sueño; de John F. Kennedy metiéndose el mundo en el bolsillo a fuerza de carisma, y de los Beatles simbolizando los más altos anhelos progresistas. Pero las guerras de Corea en los 50 y la de Vietnam atravesando toda la década posterior le minaron la actitud y las maneras. Por esa sensación de que la paz no llega nunca nace la preocupación constante de Mafalda por el globo terráqueo. Y aunque la pequeña no logró dar respuesta a los problemas del mundo, lo intentó con cada pregunta y argumento. "Para quienes ahora leen a Mafalda, esos argumentos sirven de mucho. No son privativos de una época, sino que siguen siendo válidos y es importante debatirlos", dice la doctora Carmen Argibay. Ministra de la Corte Suprema y una de las cinco mujeres más destacadas de la justicia argentina, se recibió de abogada el mismo año en que la tira debutó en Primera Plana. Desde entonces la admira.






Quino pensó que con el regreso a la democracia en el 73 no tendría sentido continuarla.

Mafalda seguiría hablando de los problemas del mundo, que son muy parecidos en todas partes. Pueden tener más relevancia en un lado que en otro, pero aparecen en todas las culturas. Las guerras, las crisis, la miseria, la represión, la xenofobia o la discriminación son temas tan actuales como lo fueron en el período 64-73. Es una lástima que haya resuelto discontinuarla porque la crítica puede ser muy constructiva. Además, hacer pensar a través del humor es uno de los mejores métodos para ampliar el horizonte del conocimiento.

El derrotero proselitista de la chica de cabellera abultada provocó confusas reacciones en los poderosos de los países en los que se comercializó. En la misma España que para publicarla por primera vez exigió que un letrero en tapa advirtiera Para Adultos llegaron a circular, sobre 1985, unos stickers con sus personajes agitando banderas franquistas. Esta y otras adulteraciones fueron como golpes de puño en el estómago de su creador, de genética republicana. En China, nación que tardó en adherirse a las convenciones internacionales sobre derechos de autor, la tira fue copiada de forma grosera. "Una niñita me pidió que le firmara un álbum en la Feria del Libro de Buenos Aires y me dijo que Mafalda era muy conocida allá -recordaba Quino-. Me quedé muy intrigado. Eran ediciones piratas que se hacían en Taiwan y que logramos detener." Al poco tiempo se cerró el trato que la llevó, ya de forma oficial, a la China continental. Aunque fueron eliminadas las viñetas en las que hacía mención al país asiático argumentando que el argentino no conocía esa idiosincrasia como para juzgarla.

La presidenta argentina se reconoce fanática de Mafalda y sus pequeños cómplices. "Interpelaba a la sociedad con mucha fortaleza", dijo Cristina Kirchner en 2012, cuando se cruzaron por videoconferencia en la inauguración de un centro cultural en Mendoza. Él le respondió: "Le deseo mucha suerte en esta changuita de gobernar que tiene usted". Hace pocos días, CFK inauguró el Salón del Libro de París del que Argentina fue invitada de honor. Reforzó: "Mafalda está vinculada directamente a mi juventud. Pese al cambio de contexto histórico, mi hija, de 23 años, que vivió siempre en democracia, se fascina con Mafalda".






Libertad, alegórica y chiquitita. La tortuga Burocracia, lenta para todo. El capitalista Manolito. Felipe, el tímido romántico que pierde la cabeza por la lánguida Muriel... Quino confesó poseer rasgos de algunos de los personajes de su tira. De Miguelito, que se cuestiona por qué todo junto se escribe separado y separado se escribe todo junto, dijo: "De chico y de grande me pregunto estupideces que no sirven para nada". Pero en quien más se reconoce es en Felipe: "Para comprar un lápiz daba vueltas, me imaginaba cómo lo iba a pedir: ¿Tendrán? ¿No tendrán? ¿Y si no tienen qué hago?"






Tres de los compinches de Mafalda estuvieron inspirados en personas reales. Guille es Guillermo Lavado, sobrino de Quino, flautista y compositor radicado en Chile. Felipe era Jorge Timossi, uno de los fundadores de la agencia Prensa Latina. Cuando le inquirió si era cierto que él era el niño de los dientes de conejo recibió por correo como toda respuesta el famoso remate de una viñeta: "¿Justo a mí me toca ser como yo?" En el capítulo Quino y yo de su libro Cuentecillos y otras alteraciones, Timossi contó: "Un cierto sabor a mío, el olorcito de alguna conversación olvidada. Resultó entonces que yo era Felipe, o que Felipe era yo, por aquello de mis dientes de conejo, por mis tendencias a la duda, por esos enamoramientos al ritmo de Thelonious Monk". Manolito se habría inspirado en Anastasio Delgado, pastor de ovejas de Soria, llegado a la Argentina en la década del 20. Julián Delgado, el hombre que publicó por primera vez a Mafalda en un diario, era su hijo menor.






Obsesivo de la documentación luego de que un lector lo tildara de bruto por obviar un detalle cultural en una viñeta sobre un toro y un torero; detallista al punto de irse a un almacén a estudiar una máquina de cortar fiambre antes de dibujarla, Quino es preciso hasta en las cosas más absurdas. Según su editor, "se puede ver todas las ilustraciones de un tratado de ingeniería si es necesario. A los jamones colgados del techo de la cantina, a las botellas de vino o a los tableros de las estaciones de trenes le ponía los nombres de sus amigos o de Monito, como la llama a su mujer, Alicia".

Juan Matías Loiseau, Tute, pasó de hijo de su gran amigo Caloi a uno de sus colegas más admirados. No cumple aún 40 años y tiene el orgullo de ser uno de los poquísimos artistas que Quino accedió a prologar, para su novela gráfica, que saldrá en pocos meses. El creador de Batu, que aprendió a leer con Mafalda, explica desde la experiencia del oficio compartido: "Es una tira compleja en el buen sentido, una tira con muchas capas de información, construida con maestría. Quino me enseñó, por ejemplo, que cada personaje debe tener una psicología determinada, una personalidad distintiva. Los globos no deben ser intercambiables, cada personaje tiene su propio discurso, su modo de pensar y de sentir. Eso es fundamental. Te pasea por sus dibujos con la precisión de un guía, como los grandes cineastas con sus juegos de cámara y planos. Uno lee las historietas en el orden que él diseñó. De esta forma, el humor se potencia."

Sentada a la mesa, lista para almorzar, ve aterrada cómo cuadro tras cuadro su madre le acerca un plato de sopa. Entonces gira la cabeza y dice, al límite extremo de la tortura: "Le parecerá triste Raquel, pero en momentos como éste mamá es tan sólo su seudónimo". Ridículamente simple, profunda y genial, parece infantil aclararlo, pero Mafalda no existe. Es pura alquimia de rayas y puntos en la pluma de un virtuoso.






El mes pasado, cuando un trabajo suyo fue escogido para la tapa de la revista New Yorker, Liniers confesó: "Quería aparecer en la lista, debajo de todo. Es como cuando me llamaron de Ediciones de la Flor. Quino, Caloi, Fontanarrosa, y yo al final. Eso para mí ya estaba bien". El ilustrador explica con el lenguaje alado de los artistas del dibujo el no ser de Mafalda: "George Bernard Shaw decía: Cuando algo es gracioso, examínelo de cerca para encontrar una verdad oculta. ¡Gracias por tus mentiras, Quino! Creo que su gran talento, así como el de Schultz, Watterson o Hergé, es conseguir que unas pocas líneas de tinta negra y algo abstractas se transformen en unos seres en los que la gente cree incluso como seres escindidos de sus autores. ¿Cuántas veces hemos escuchado: Esta chica Mafalda, qué inteligente es para una niñita tan joven?, ¿Niñita? ¿Joven? Mafalda es un señor de unos treinta y pico, cuarenta, que se afeitaba todos los días, ya perdiendo algunos (varios) pelos, con anteojos. Ese es un truco de magia. Es que los artistas mienten para decir la verdad, ¿no es así? Quino miente, Mafalda no existe. Ishmael, Funes el Memorioso, Atticus Finch, Camilo Canegato y El Quijote son todas ficciones. Mentiras. Y sin embargo contienen en sus falsas presencias verdades ocultas. Por eso resisten el paso del tiempo. Por eso nos siguen fascinando".






Así sin ser, a Quino la insurrecta antisopa se le fue de las manos. Eduardo Galeano, que comparó el fenómeno con el de su más celebrado libro, Las venas abiertas de América Latina, cuenta que tuvo el honor de ser testigo de primera mano del momento en el que se acuñó una de las frases más memorables sobre la pequeña: cuando un periodista le preguntó a Julio Cortázar qué opinaba sobre Mafalda y éste contestó "Más me preocupa lo que opine Mafalda sobre mí".

Mafalda salió por última vez en la revista Siete Días un 25 de junio de 1973, diez años y 1928 tiras después de su nacimiento, el 29 de septiembre de 1964. A su autor le gusta utilizar el término suspendida para referirse a la suerte de la rebelde de moñito en la cabeza. Inexplicablemente más afectados que la media, los mexicanos siguen reprochándole al día de hoy, sin embargo, que la haya asesinado. En la memoria colectiva del pueblo azteca aún circula el mito de que Mafalda murió arrollada por un camión cargado de sopa.

"Los tiempos han cambiado y Quino no es un diseñador capaz de dormirse en la comodidad de los esquemas jamás superados, aunque esto hubiera hecho felices a sus lectores", sostiene el periodista romano Oscar Cosulich en un texto incluido en el libro de Marcelo Ravoni, Libro de los niños terribles para adultos masoquistas. La realidad es que estaba cansado y se empezaba a repetir. ¿Podría haberla dejado descansar para devolverla a la página de un diario un tiempo después? Poco factible, según Quino: "Al contrario de los de la década del 70, los jóvenes actuales están desilusionados y no quieren cambiar nada. La época en la que yo hacía a Mafalda no se repite. Para empezar, toda la juventud tenía ideales políticos y creíamos, con los Beatles, el Che Guevara, el papa Juan XXIII y el Mayo Francés del 68 que el mundo estaba cambiando para mejor".

El periodista colombiano Daniel Samper Pizano, autor del libro Mafalda, Mastropiero y otros gremios asociados, y autodefinido como mafaldólogo profesional, aporta: "Claro que hubiéramos querido que Quino la siguiese dibujando durante mucho tiempo. Pero estaba agobiado por los diez años que cargó con esa responsabilidad. Y digo responsabilidad, porque había dejado de ser un placer y se había convertido en una tarea difícil. No creo que tengamos el derecho de regañarlo por eso, pues el autor es soberano y su inspiración no es inagotable. No tenemos derecho a reclamarle a Salinger por haber dejado de escribir o a Greta Garbo por haber dejado de actuar. Sólo podemos lamentarlo. Pero sí es nuestro el derecho a disfrutar a Mafalda cuantas veces queramos. Aprovechémoslo".

Quino está muy mayorcito y arrastra desde hace muchos años problemas en la vista que lo llevaron a colgar definitivamente los guantes del dibujo el año pasado, aunque se despidió formalmente de los medios gráficos en 2009 porque ya no se le ocurrían cosas nuevas que transmitir. A sus 81 años son contadas las ocasiones en que asiste a eventos y agasajos. Este, su año de caricias, lo sorprende guardado en su casa de Madrid o Buenos Aires al cuidado de Alicia. "Mira cine y sigue preocupándose por el mundo -cuenta Divinsky-. Pero su actitud ante homenajes y celebraciones fue siempre la misma: es reacio a los honores." Kuki Miller, socia del fundador de Ediciones de la Flor, refuerza el porqué de esta intransigencia: "Es sabido que no le gusta hablar y por eso eligió el dibujo: para expresar lo que piensa, sus convicciones e ideología. No hemos conversado sobre si este aniversario específico le genera algo especial. Pienso que al igual que a nosotros, sus editores, nos da una inquietante magnitud del tiempo, además de provocarnos admiración por la vigencia hasta hoy del personaje y la adhesión que sigue produciendo en el público. Cuando firma ejemplares, en muchos casos van tres generaciones de una misma familia a saludarlo emocionados".






Mafalda tiene plaza propia en Colegiales, una estatua en la esquina de Chile y Defensa, y un mural en el pasaje de la estación Perú del subte.










miércoles, 15 de enero de 2014

NIÑOS X GELMAN


























«... Y es algo verdaderamente admirable en estos Dürftiger Zeite, estos tiempos mezquinos, estos tiempos de penuria, como los calificaba Hölderlin preguntándose Wozu Dichter, para qué poetas. ¿Qué hubiera dicho hoy, en un mundo en el que cada tres segundos y medio un niño menor de cinco años muere de enfermedades curables, de hambre, de pobreza? Me pregunto cuántos habrán fallecido desde que comencé a decir estas palabras. Pero ahí está la poesía: de pie contra la muerte...»


Discurso completo de Juan Gelman
Premio Cervantes 2007




NIÑOS

un niño hunde la mano en su fiebre y saca astros que tira
al aire / y ninguno ve
yo tampoco los veo /
yo sólo veo un niño con fiebre que tiene los ojos cerrados
y ve
animalitos que pasan por el cielo pacen en su temblor
yo no veo esos animalitos /
yo veo al niño que ve animalitos
y me pregunto por qué esto pasa hoy
¿pasaría otra cosa ayer? /
¿se sacaría el niño mucha pena
del alma ayer? / yo sólo sé que el niño tiene fiebre
tiene el alma cerrada y la hunde
en las cenizas que dejará porque ardió
pero ¿es así? / ¿hunde su alma en las cenizas de sí / un
árbol
mira detrás de la ventana al sol
hay sol /
detrás de la ventana hay un árbol en la calle
ahora por la calle pasa un niño con una mano en el bolsillo
del pantalón
está contento y saca la mano del bolsillo
abre la mano y suelta fiebres que ninguno ve
yo tampoco las veo /
yo sólo veo su palma abierta a la luz
y él / ¿qué ve?
¿ve bueyes que tiran del sol?
yo no sé nada /
no sé qué ve el niño de la mano en el pantalón
ni el niño que tiene fiebre y ve los huesos del Atlántico
y los huesos de todos los mares revueltos en su corazón
yo no veo nada / no sé nada
ni sé en qué día nací /
conozco la fecha pero no el día en que nací
¿o ese día es este día en que muero por enésima vez?
¿es este día en que todos los que han muerto
se vuelven a morir conmigo? / ¿o yo con ellos?
¿en esta luz dulcísima y abierta? /
¿y qué hace el niño con esta luz en su palma?
¿mientras todos trabajan para hacer dinero fuera de esta
luz?
¿encerrados afuera de esta luz que es imposible mirar sin
una luz adentro? /
¿sin un amor con pena adentro?
ahora pasan las cartas que nunca me escribiste
hijo / vos / que tanto nacés de esta luz /
tus cartas tienen fiebres de las que no sé nada
y nunca sabré nada /
parecen pajaritos que vuelan con su serenidad
astros que tiraste al aire y ninguno ve /
yo no los veo ni los ve mi dolor inseguro
pensabas en una vida más limpia que ésta
una vida que se podía lavar
tender al sol de tu bondad /
una vida llena de rostros como viajes
¿dónde están esos rostros / esos viajes?
la vida está desnuda como un mar sin orillas
y no puedo volver la vida atrás
llevarla hasta tu cuna
ni llevarla adelante /
yo soy menos real que la mesa donde como
yo como para ser real como el árbol detrás de la ventana
ahora un niño se le paró al lado /
saca la mano del bolsillo del pantalón
abre su palma a la luz
y piensa que la muerte es la muerte
y no más que eso.











miércoles, 11 de diciembre de 2013

VIVA LA DEMOCRACIA








Es imposible no escribir obviedades frente a las imágenes de saqueo de los últimos días. Es difícil soportar con estoicismo la enunciación de todos los prejuicios sociales y raciales habidos y por haber sobre la estigmatización de los pobres. Nadie, excepto aquellos adictos a las tropelías discursivas de los esquizoprofetas como Jorge Lanata o Elisa Carrió, puede creer en la espontaneidad y la desesperación de aquellos que protagonizaron los saqueos en los últimos días.

Sin embargo, abundaron los ejemplos que sirven continuar con la lógica de "asado con parqué": en una farmacia se llevaron todos los anteojos de sol pero dejaron las leches en polvo y las leches maternas; desvalijaron una ferretería para comer bulones, se robaban los plasmas y las computadoras; y la lista continúa.

Lo peor es que muchos de esos discursos son ciertos. No hubo mayorías famélicas como en 1989 o 2001. Hubo, sí, brigadas saqueadoras con acompañamiento del lumpenaje estructural dispuesto a cualquier cosa. Con cinismo alguien podría decir que cambiaron las demandas históricas de los saqueadores: antes iban por comida, ahora por los artefactos para el hogar. Bueno, después de todo, algo similar le ocurrió a la clase media, que hace una década reclamaba trabajo y, hoy, poder ahorrar en dólares. No es poca cosa el cambio.

Pero si hay algo que los saqueos ponen otra vez en discusión es el rol del Estado. Allí, donde un gobernador se va de viaje, y el aparato represivo legal se rebela, muchos argentinos muestran su peor cara. Cuando el Estado desaparece, emerge el saqueo.

Como en los años 90 ocurrió con la clase dirigente y las empresas públicas, por ejemplo. Como se registró en Córdoba con la malísima gestión de José Manuel de la Sota y las deficiencias en su negociación con la fuerza policial que, evidentemente, se le fue de las manos. No es para menos. La cordobesa es una de las pocas fuerzas de seguridad que se mantiene intacta desde la dictadura militar y no ha sido sometida siquiera a intentos de purgas como sí ocurrió con la Bonaerense –lo que no significa que la Bonaerense sea ejemplo de nada, claro–.

Una policía con todos los vicios heredados del dominio de Luciano Benjamín Menéndez, una clase política que tejió fuertes vínculos políticos y una red de negocios sucios con ella, y una integración social regresiva con bolsones de extrema pobreza en una de las provincias más ricas del país conforman buenas razones para comprender lo que ocurre en esa región por estos días.

El otro factor es temporal: diciembre es temporada de saqueos. O al menos es así desde los últimos 15 años. Hacia fin de año se producen las manifestaciones de sectores predemocráticos que intentan jaquear al sistema político utilizando mano de obra que forma parte de la infraestructura de la pobreza que el Estado todavía no ha podido integrar definitivamente. Por eso la irradiación del conflicto a las fuerzas de seguridad de Neuquén, de Santa fe y de otras provincias.

Hablando de saqueos, casualmente, a los principales medios se les pasó por alto cotidianamente el accionar verdaderamente mafioso de los empresarios agropecuarios que no liquidan dólares de exportaciones acumulando granos en silo bolsas presionando sobre la necesidad de divisas del Estado.

Es que a veces, mientras las cámaras de televisión enfocan a los "negritos" con plasmas en las manos se olvidan de enfocar a los millonarios sojeros que aprietan a todos los argentinos especulando con el tipo de cambio para ganar muchísimo más dinero con el mismo esfuerzo y a costa de la devaluación del salario de millones de argentinos. ¡Ah, qué buenos tiempos los de la Junta Nacional de Granos cuando el Estado tenía herramientas para poner en jaque a los especuladores de la Sociedad Rural y la Carbap! Y es obvio: a más Estado menos saqueo.

De más está decir que a falta de fuerzas armadas que puedan jaquear las democracias latinoamericanas, son las policías, a través de reclamos salariales aparentemente justos, las que desestabilizan –no exagero con supuestos golpes de Estado– a los gobiernos democráticos.

Porque no se trata de derrocamientos directos, se trata de desgaste, de esmerilamientos, de intentos de legitimación de un gobierno para marcarle paso, cercarle las salidas. No es lo mismo ganar seis pesos por dólares que ocho. Sobre todo en un total de 8000 millones dólares por ejemplo. Todo eso, claro, a costa del bolsillo de millones de argentinos.

Pero es cierto que no son tiempos para este tipo de reclamos. Volvamos al clima conciliador que nos envuelve y nos convoca para llevar adelante una etapa nueva dentro del proceso político que se inició en 2003.

Aun a riesgo de que más de uno de nosotros podamos sentirnos como granaderos después de la batalla de Ayacucho, habrá que reconocer que este nuevo estado de situación será un poco menos romántico que la épica a la cual convocó el kirchnerismo en los últimos cinco años. Por esa razón algunos de esos veteranos granaderos se verán invitados a dar un paso al costado para que otros puedan reconstruir y hacer comprender los nuevos tiempos políticos.

Pero seguramente, este nuevo momento en el proceso histórico convoque a otras épicas un poco menos rimbombantes pero no por eso menos heroicas: defender los ahorros del Estado, la acumulación de divisas, la edificación de la infraestructura necesaria para el desarrollo industrial, la búsqueda de inversiones extranjeras, la construcción de puentes y caminos.

Claro que muchos granaderos se sentirán más ensoñados con las cargas de caballería de Riobamba o de Chacabuco que con la construcción de puentes; pero es posible sea en los tiempos de moderación donde se constituya hegemonía, convocando a sectores más amplios. Total, la política es dinámica y no es posible estar todo el tiempo sable en mano.

Esta semana se cumplirá 30 años de democracia. No es poca cosa para una sociedad como la argentina. Y siempre hay dicotomías para entretenerse. Por ejemplo se me ocurre una: los que trabajan contra los que saquean y especulan, por ejemplo. Aunque pensándolo bien, esa haya sido la antinomia más importante de los últimos 200 años en nuestro país. Y esa pelea no tiene descanso ni cuartel, aunque disimulemos un poco unos y otros.

Por lo demás, feliz día de la democracia para todos y todas.
















miércoles, 7 de agosto de 2013

PABLO GERMÁN 109






Las Abuelas de Plaza de Mayo anunciaron la restitución de la identidad de Pablo Germán Athanasiu Laschan, de 38 años, secuestrado en Buenos Aires junto con sus padres -de origen chileno-, detenidos desaparecidos desde 1976 en el marco del Plan Cóndor. Su apropiador está detenido por delitos de lesa humanidad.



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Ahora, en este mismo momento en que estás chupando un mate, la dictadura genocida (esa que contó con el apoyo, la complicidad y la participación de militares, policias, civiles, abogados, jueces, curas y obispos) se ríe de nosotros.

Ahora, en este mismo momento en que estás viajando en colectivo, hay muchos represores y torturadores que burlaron a la justicia cagándose de risa.

Ahora, en este mismo momento en que estás jugando con tu hijo, hay muchos tecnócratas que viven la vida loca, son quienes se robaron todo y deberían estar en cana.

Ahora, en este mismo momento en que estás mirando una peli, hay 400 hombres o mujeres, hijos de desaparecidos, que no saben que no son quienes creen que son, que no conocen su verdadera identidad, que viven una vida falsa. Son NIETOS por recuperar.

Ahora, sí, ahora, en este mismo momento en que estás escuchando a Jorge Lanata y los periodistas de TN hablando de corrupción, libertad de expresión, de miedo e inseguridad, de LA GRIETA que divide a los argentinos, y los políticos opositores se preocupan por ARGEN y TINA, 400 argentinos, más o menos, están perdidos en la mentira genocida que vive, que continúa a pesar de los 30 años de democracia.

Todavía no sabemos quiénes son los padres de Marcela y Felipe Noble Herrera, apropiados irregularmente por Ernestina Herrera viuda de Noble, la dueña de Clarín, el gran lavador argentino.

Hoy, recuperamos un nuevo hijo de desaparecidos, debido a la política de apropiación de bebés que implementó la última dictadura entre 1976 y 1983.

Hoy, somos un poco más felices.

Todavía falta mucho.



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Pablo Germán es hijo del matrimonio chileno integrado por Frida Laschan Mellado y Ángel Athanasiu Jara, y nació el 29 de octubre de 1975. Mientras ambos estuvieron en Chile militaban en el MIR, y cuando llegaron a Argentina lo hicieron en el PRT-ERP.

El 15 de abril de 1976, el matrimonio y su hijo fueron secuestrados en un operativo que fuerzas represivas realizaron en el hotel en el que vivían en la ciudad de Buenos Aires. Pablo Germán fue anotado como hijo propio con fecha de nacimiento 7 de enero de 1976 por un matrimonio con estrecha vinculación al régimen cívico-militar, tan es así que su apropiador hoy se encuentra detenido en el marco de una causa por crímenes de lesa humanidad.

viernes, 17 de mayo de 2013

GERMÁN, ÚLTIMAS VIÑETAS







Una nueva ficción protagonizada por Miguel Ángel Solá, que narra la vida de Héctor Germán Oesterheld desde sus experiencias editoriales, sus creaciones y la lucha por sus ideales, hasta su trágico final.


El hecho de que Germán, últimas viñetas sea un ejercicio ficcional con algún toquecito de humor debería atenuar la tristeza que provoca toda referencia a la desaparición y asesinato de Héctor Germán Oesterheld, sus cuatro hijas, yernos y nietos durante la última dictadura militar. Sin embargo, la miniserie que la Televisión Pública emite de martes a jueves a las 22.30 sensibiliza tanto como los documentales que reconstruyen vida y obra del guionista de El Eternauta...







jueves, 7 de marzo de 2013

HASTA LA VIDA SIEMPRE








Los compañeros se llaman, se mandan mensajes. Se abrazan. Qué dolor, qué tristeza hay en todos. Mañana vendrán los análisis y las especulaciones más precisas, pero hoy está la pena tan profunda de otro compañero comprometido con su pueblo que se va.

El dolor no nubla la razón. Esa es otra más de las mentiras liberales. Algunos dicen que por un lado va el corazón caliente y por otro el pensamiento frío. Que el cuerpo y la cabeza son dos cosas distintas. Pero es falso: el dolor, la bronca de su muerte que se siente en el estómago y en las arterias y en los pulmones no borra la razón de saber que la revolución bolivariana deberá enfrentar enormes agravios. Tampoco borra el saber de una potencia colectiva que la hará invencible. Porque el coraje del "huele a azufre"; la emoción de la patria grande; la dignidad de la entrega al pueblo, no se olvidan.

Hugo Chávez demostró que el amor y la política no son campos extraños. Inscribiéndose en una tradición que en la Argentina sintetiza el peronismo, demostró que el amor y la política van de la mano cuando la política es pensada desde el pueblo, porque el pueblo es amor, y por ese amor hoy nos une la tristeza.

Resulta difícil equiparar a su cuerpo con su potencia, porque lo que hoy nos abandonó fue su cuerpo, un cuerpo que él entregó por completo a sus sueños de transformación. Sueños que jamás fueron sueños particulares, sino sueños colectivos. Su potencia pervive.

Hoy más que nunca es cierto, compañero Maduro, que los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos. Hasta la vida siempre compañero comandante Hugo Chávez Frías.

"Uno no tiene palabras para agradecer. Yo espero merecer este reconocimiento, este premio que ustedes decidieron otorgarme y al pueblo venezolano a quien yo lo transfiero. Rodolfo Walsh, ese gran luchador, mártir de las luchas de pueblo argentino y de los pueblos latinoamericanos. No voy a venir yo aquí a hablar de la biografía, ustedes lo conocen y ustedes lo viven, porque como cantó y canta un cantor venezolano 'los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos'. Rodolfo en verdad no murió, ustedes lo viven aquí, les da vida y le dan vida. Como Néstor Kirchner que no murió, que vive hoy y vivirá en el pueblo argentino y en los pueblos de América Latina, que le aprendimos a conocer, a admirar. Perón y Eva Perón no murieron, como Bolívar no murió sino que viven en nosotros, viven en el colectivo..."

Hugo Chávez, marzo de 2011. Entrega del premio RodolfoWalsh en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP.




(Todos lo sabían pero no lo sabía nadie. Nunca se sabe la muerte hasta que sucede. Mucho menos la muerte propia, y la del comandante Hugo Chávez es propiedad de su pueblo, que es mucho más grande que la hermana Venezuela. Su pueblo es cada uno de los compañeros comprometidos con la vida, con la lucha por la justicia social).






martes, 22 de enero de 2013

DARCY RIBEIRO y la conciencia latinoamericana






Hace ya un buen tiempo –en febrero se cumplen 16 años– que Darcy Ribeiro cometió la suprema indelicadeza de dejarnos. Tenía 75 años. Fue antropólogo (decía que sus mejores tiempos fueron los pasados entre indígenas en la Amazonia), profesor, autor de ensayos polémicos, novelista, militante, vicegobernador de Río de Janeiro, donde creó un sistema de educación pública universal en régimen de tiempo completo. Antes del golpe militar de 1964 que instauró la dictadura que lo detuvo y luego lo exilió, fue jefe de Gabinete, creó –junto a un equipo especialmente brillante de su generación– la Universidad de Brasilia y fue su rector. Durante su largo exilio peregrinó por Uruguay, Chile, Venezuela, Perú, Costa Rica, México. Asesoró a Salvador Allende en Santiago y a Velasco Alvarado en Lima, fue consultor distinguido de la ONU. Murió siendo senador de la República. Decía que era, en primer lugar, educador. Creo que 75 años es un tiempo demasiado corto para tanta vida.

Trató de entender el Brasil y revelarlo. Parte de ese esfuerzo descomunal quedó registrado en su último libro, El pueblo brasileño, que originó una espléndida serie de diez documentales exhibidos por la televisión brasileña, Los brasileños, dirigidos por Isa Grinspum. Es, quizás, el más completo resumen de ese intento de entender los mecanismos que por siglos impidieron a mi país de ser lo que podría ser.

También trató de entender América latina. Era un preguntón insaciable, que disparaba dudas a sus contemporáneos, a la historia, a sí mismo. Su obra sobre el continente –Las Américas y la civilización y El dilema de América Latina son referencias desde hace décadas– ayudó a formar generaciones en nuestros países.

Fue el más latinoamericano de los intelectuales brasileños, siempre tan lejanos y alejados de sus vecinos. En octubre del año pasado, para celebrar los 90 años que él no alcanzó cumplir, se publicó en Brasil una nueva edición de su libro América Latina: la Patria Grande. Son textos escritos entre mediados de los años ’70 y principios de los ’80 del siglo pasado. Tiempos de torbellino, cuando la inmensa mayoría de nuestros países se sofocaba bajo dictaduras de mayor o menor ferocidad, otros padecían el tormento de guerras civiles genocidas y unos pocos, como islas aisladas, vivían tiempos de presionada democracia.

Lo más impresionante de ese pequeño volumen es que, después de décadas y a pesar del natural desfase de algunos datos, sigue siendo el testimonio visionario de ese ardoroso defensor de la inexistencia de lo imposible. En varios aspectos es como si Darcy, al perseguir respuestas, anticipase en sus preguntas lo que ocurriría en nuestras comarcas y al mismo tiempo exigiese los cambios que no alcanzó a ver. La esencia de su contenido permanece inalterada, como inalterada sigue siendo la urgencia de sus reclamos.

Defendió con tenacidad juvenil que el futuro de nuestras gentes está inevitablemente vinculado con asumir nuestra identidad a la vez una y diversa. Que hacemos parte de una determinada realidad, y que son mucho más nuestros puntos de convergencia que de divergencia. Que, separados, no seremos nada.

Hoy, son palabras que integran la solemnidad de los discursos oficiales. En tiempos de Darcy Ribeiro eran palabras peregrinas de quien no creía en lo imposible.

En Brasil, ha sido el que mejor incorporó la visión de Patria Grande. Así vivió sus años de exilio: actuando en los países que le dieron guarida, participando en el cotidiano, en los procesos políticos, culturales y sociales. Su manera de ver el mundo y vivir la vida rechazaba la contemplación lejana y estéril, la serenidad de los conformados, el silencio de los omisos.

Quería entrar a fondo en la realidad, entenderla, para poder cambiarla. De cada país en que vivió trajo marcas definitivas. Y en cada uno de ellos dejó sus huellas.

Quiso entender los procesos de formación de América latina a partir de un prisma nuestro, latinoamericano. Se negó a renunciar al derecho de tener una mirada propia, interior, sobre el continente.

Insistió, hasta el final, en creer en la necesidad urgente y perenne de cambios profundos en la región, para que alguna vez nos sea posible ser lo que podemos ser, y no lo que quieren que seamos. Algo parecido a los procesos que algunos de nuestros países viven, atendiendo a sus demandas iracundas.

El legado de Darcy Ribeiro tiene un precio, que es nuestro compromiso: saber merecer lo que preconizó, defendió, soñó y creyó.

Por primera vez vivimos una etapa de rechazo a la negación y de apuesta en la reivindicación. Pueblos sometidos a humillaciones infames por fin toman sus destinos en las manos para construir el futuro.

Darcy fue un hombre de pasiones incendiadas, y el sueño de la Patria Grande fue pasión permanente.

Una vez me dijo: “En América latina seremos todos resignados o indignados. Y no me resignaré nunca”.

Cumplió. Hay que merecer esa indignación, esa memoria.




martes, 16 de octubre de 2012

INFANCIA CLANDESTINA en tiempos del 7/D








Hay que ir a ver la película de Benjamín Ávila. Después hay que llorar hasta que no queden lágrimas. Después gritar con toda la voz y el alma: “Vivan los compañeros”.

Después hay que recordar y recordarse de dónde venimos todos. Los de un lado y los del otro.

Infancia clandestina es como Naranjo en flor. Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y, al fin, andar sin pensamientos.

Los dolores de entonces, abonaron estos tiempos de ahora.

No tenerlo en claro, es volver al país que niega el pensamiento, la diversidad y la hora de los pueblos.
No verlo así, es hacer un culto al olvido y a la desmemoria, que es peor que el olvido.

En ese digno film está una buena parte de esta generación de sobrevida, de sobremuerte, de sobrenada, que recuperó su identidad el día que un presidente llamado Néstor Kirchner dijo en su acto de bautismo que él era parte de esa generación diezmada y que éramos hijos y nietos de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

Qué me van a hablar de amor.

El 7/D está en pleno desarrollo, como diría un maravilloso programa de Telesur.

No es casual que en este país del 7/D se remuevan todas las capas geológicas de nuestra conciencia nacional y que una película argentina conmueva a decenas de miles de hombres y mujeres que la van a ver.

Es que en tiempos del 7/D, se agitan todos los fantasmas para que no se consume el sueño eterno de la democracia que es recuperar la palabra y la pluralidad de voces.

El enemigo de la República, de la cosa pública, de la cosa de todos y de todas, bloquea la designación de jueces constitucionales en el Consejo de la Magistratura y en simultáneo mueve otras fichas en una corporación que le es amiga y familiar, la corporación judicial y designa jueces de mentirita llamados técnicamente “jueces subrogantes”.

La trampa está tendida por el Grupo Clarín. Ya no hay golpes cuarteleros. Ni falta que les hace. Ahora hay golpes de comité y buffet de abogados bien remunerados. Te cantan truco con un siete de copa.
De nada vale para ellos que haya una Ley votada por amplia mayoría en el Parlamento. De nada valen las cientos de organizaciones que a lo largo y ancho del país se hayan movilizado para elaborarla a cuatro y doscientos manos.

De nada vale que una Presidenta elegida por el voto popular la haya promulgado en menos que canta un gallo para compensar en tiempo perentorio lo que de valor tenía y tiene esa Ley en contenido histórico y cultural.

De nada vale que la Corte Suprema haya dicho Basta y le pusiera un tope para el 7 de diciembre de este año.

De nada valen las formas que hacen a una República como la nuestra.

Para ellos sólo vale el dinero y el poder de dictaminar con fajos de tapas y editoriales mal escritas, lo que se les venga en ganas dictaminar. El poder es eso. El poder es Clarín y sus miles de tentáculos.
Amanece por el diario en papel, sigue por TN y Twitter con una o dos de sus estrellas, continúa por la radio bien llamada “Mitre” y culminan a toda orquesta con ex sindicalistas combativos, con tigres de papel picado, con antiguos y nuevos derechosos y con los eternos culposos que se suman al tropel. Total, un minuto de fama bien vale tirar la honra a los perros.

Todo hedor perecerá.

Más tarde o más temprano la verdad y la justicia se abren paso.

Las desbaratadas y ya resueltas maniobras insurrectas de prefectos y gendarmes estafados por sus ex jefes, así lo demuestran.

También es una buena noticia saber que el afán destituyente no siempre está en el hecho sublevado y sus actores de reparto, sino en la interpretación mediática y monopólica que los grandes medios hacen de esos hechos.

Ése es un aprendizaje colectivo que habrá que ahondar en este tiempo del 7/D.

Fue la semana de la victoria de América Latina con Hugo Chávez reelegido Presidente de la hermana Venezuela.

Se frotaban las manos los virreyes y alcahuetes pensando que Capriles ganaría y que si así no fuera, encabezaría un despelote de grandes proporciones hasta incendiar Caracas. Nada de esto sucedió.
Ganó Chávez; y Capriles asumió decentemente su derrota mucho antes que lo hicieran, incluso, los opositores y los showman televisivos de la pampa húmeda.

América latina sigue siendo una barca que navega a siete nudos en dirección de los vientos que soplan suavemente sobre el continente.

El eje de rotación de estas tierras se corrió el día que Kirchner, Chávez y Lula le dijeron “No al Alca” y a partir de allí, andá a cantarle a George Bush.

Con esta victoria venezolana, la contraofensiva neoliberal ha fracasado, dice Carlos Zannini; y le sobran razones para estar contento. Pero luego se pone serio y dice que aquí, en la Argentina, el poder monopólico corporativo representado en Clarín, prefiere mil veces sabotear a un gobierno popular antes que cumplir con la legislación. Y advierte que si así ocurriera, no vendrán sólo por Cristina; vendrán por los trabajadores, por la Asignación Universal por Hijo, por el Matrimonio Igualitario.
Vendrán por la buena gente de este pueblo soberano.

La derecha no descansa nunca en su afán restaurador del coloniaje y la muerte.

Quizá con eso alcance para convencerse que estar unidos y solidarios, más que una consigna, es un imperativo de la Historia.

Claro que lo mejor aún está por venir.

Pero debemos ser conscientes de que lo peor no pasó todavía. Procurarán que caigamos en la provocación una y mil veces. Que perdamos la calma. Que nos fracturemos. Que nos desanimemos.
Pero aquí no se rinde nadie, Moreira.

Este largo día del 7/D nos costó una vida entera.

Ya estaban ellos y nosotros cuando secuestraron 500 pibes y desaparecieron 30 mil compatriotas y encarcelaron a decenas de miles y exiliaron otro miles y quebraron el espinazo del país industrial bajo el mando del comandante en jefe, José Alfredo Martínez de Hoz.

Ya estaban ellos y nosotros cuando robaron Papel Prensa para fortalecer las bases del monopolio mediático.

Con una brutal diferencia: ellos eran la dictadura y nosotros, el pibe de Infancia clandestina.

A ese país ya no volvemos. Nunca más. Y nunca Menos.





domingo, 3 de junio de 2012

BELGRANO CUMPLEAÑOS




CERCA DEL 20 DE JUNIO, TODOS ESTARÁN HABLANDO DE BELGRANO, PORQUE ESE DÍA FALLECIÓ UNO DE LOS HOMBRES MÁS IMPORTANTES DE LA REVOLUCIÓN DE MAYO Y LA LUCHA POR LA INDEPENDENCIA.

SIN EMBARGO, NOSOTROS PREFERIMOS RECORDARLO HOY, EL DÍA DE SU NACIMIENTO...






Nació en Buenos Aires el 3 de junio de 1770.

El joven Belgrano estudió en el Colegio de San Carlos y luego en la Universidades de Salamanca y Valladolid (España).

En 1793, con 23 años, Belgrano se recibió de abogado y en 1794, ya en Buenos Aires, asumió como primer secretario del Consulado. Desde el consulado se propuso fomentar la educación y capacitar a la gente para que aprendiera oficios y pudiera aplicarlos en beneficio del país. Creó escuelas de Dibujo, de Matemáticas y Náutica.

En 1806 durante las invasiones inglesas, se incorporó a las milicias criollas para defender la ciudad. A partir de entonces, compartirá su pasión por la política y la economía con una carrera militar que no lo entusiasmaba demasiado. Pensaba que podía ser más útil aplicando sus amplios conocimientos económicos y políticos.

Cumplió un rol protagónico en la Revolución de Mayo y fue nombrado vocal. Se le encomendó la expedición al Paraguay. En su transcurso creó la bandera el 27 de febrero de 1812. En el Norte encabezó el heroico éxodo del pueblo jujeño y logró las grandes victorias de Tucumán (24-9-1812) y Salta (20-2-1813).

Luego vendrán las derrotas de Vilcapugio (1-10-1813) y Ayohuma (14-11-1813) y su retiro del Ejército del Norte. En 1816 participará activamente en el Congreso de Tucumán.

Como premio por los triunfos de Tucumán y Salta, la Asamblea del Año XIII le otorgó a Belgrano 40.000 pesos oro. Don Manuel lo destinará a la construcción de 4 escuelas públicas ubicadas en Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero.

Belgrano redactó además un moderno reglamento para estas escuelas que decía, por ejemplo, en su artículo primero que “el maestro de escuela debe ser bien remunerado por ser su tarea de las más importantes de las que se puedan ejercer”. Pero lamentablemente, el dinero donado por Belgrano fue destinado por el Triunvirato y los gobiernos sucesivos a otras cosas y las escuelas nunca se construyeron.

Belgrano murió en la pobreza total el 20 de junio de 1820, en una Buenos Aires asolada por la guerra civil que llegó a tener ese día tres gobernadores distintos. Sólo un diario, El Despertador Teofilantrópico se ocupó de la muerte de Belgrano. Para los demás no fue noticia.






VEAN COMPLETA
BELGRANO, LA PELÍCULA





lunes, 28 de mayo de 2012

MICAELA LISOLA CONTRA LA CENSURA




La familia de la adolescente sanjuanina de 16 años, denunció que: la estudiante fue sancionada con 24 amonestaciones en el colegio privado en el que termina sus estudios secundarios por “hablar de la última dictadura, por querer que sus compañeros sepan que, de haber vivido en esa época, ellos podrían haber sufrido los crímenes que muchos otros jóvenes de entonces sufrieron”, contó la mamá de la chica, Belén Icazatti.

Las autoridades del establecimiento educativo, que depende de la Universidad Católica de San Juan, se negaron a remover la sanción, por lo que la mamá denunció el hecho ante la delegación local del INADI y presentó un expediente en el Ministerio de Educación provincial.

“No obtuvimos respuestas, pero es necesario que den marcha atrás con este castigo que le impusieron a mi hija, que es discriminatorio y no tiene más sentido que el de amedrentar a los demás adolescentes, de meterles miedo para que no pongan en práctica su memoria respecto de los derechos humanos”, dijo Belén Icazatti.

Era la mañana del viernes 23 de marzo. Al momento de la “reflexión” ante la bandera argentina, del que todos los estudiantes del Colegio Monseñor Audino Rodríguez y Olmos de San Juan deben participar, Micaela Lisola pidió la palabra.

“Quería hacer referencia al Día de la MEMORIA, contar brevemente qué había pasado el 24 de marzo de 1976 e invitar a sus compañeros a la marcha que el día siguiente se iba a hacer en la ciudad. Y la directora le dijo que no, que mejor hablara de la marcha del Día del Niño por Nacer que se realizaría el domingo siguiente en contra del aborto”, recordó ante este diario Belén Icazatti, la mamá de Micaela, y encargada de reconstruir la historia de censura que sufrió.

Micaela Lisola es representante de los colegios privados en el Centro de Estudiantes Unidos Secundarios (CEUS), aceptó esa propuesta. Subió al escenario y realizó la invitación a la marcha antiabortista, pero no bien acabó de mencionarla “sintió que le estallaba el corazón”, aseguró la madre “con las mismas palabras” que se lo contó la chica. No pensó mucho en las consecuencias y cumplió su propósito original. Habló de la dictadura, de los desaparecidos, de los robos de bebés, de las muertes e invitó a la marcha por el Día de la Memoria. “Les dijo a los chicos, que son cerca de 600, que lo que pasó les podría haber pasado a ellos si vivieran en esa época y leyó una frasecita que le había escuchado decir a un nieto recuperado: Sin memoria no hay identidad y sin identidad no hay Justicia”, detalló Icazatti.

Según el relato de la mujer, fue entonces que personal directivo del colegio “se le acercó y le pidió el micrófono y Micaela se lo negó porque le dijo que tenía derecho a hablar. Tras insistencias de parte de ellos, lo entregó y se bajó del escenario”.

“En el colegio no suelen hablar de estos temas. Es muy de derecha y conservador”, calificó Icazatti a la institución. Sin embargo, los hechos no terminaron allí. Icazatti contó que a su hija la llevaron a dirección, en donde le pidieron que se retractara.

“Micaela se negó a disculparse porque sintió que le habían faltado el respeto. Entonces le plantearon la respecto de la última dictadura y la retaron con que no era quién para hablar de esas cosas, que era chica y que no sabía lo que había pasado”, explicó la mamá.

Esa tarde leyó en el cuaderno de comunicaciones de su hija la notificación sobre la sanción que las autoridades del colegio le habían aplicado “por desobedecer” las indicaciones de la directora de no mencionar el Día de la MEMORIA.

Tras pedir sin éxito a las autoridades que retiren la sanción, Icazatti radicó una denuncia por discriminación ante el INADI de San Juan y presentó una carta ante el Ministerio de Educación provincial que generó el expediente número 300-03899-I-2012.

“Se trata de un acto discriminatorio y, además, de amedrentamiento al resto de los chicos. Todos tienen la mirada puesta en lo que le pasó a Micaela y la reacción de la escuela. Por eso nosotros lo consideramos una sanción disciplinadora para meter miedo. Es muy grave.”





POST SCRIPTUM

Le levantan las amonestaciones a la alumna censurada




viernes, 13 de abril de 2012

ASESINOS DE ESTETOSCOPIO Y PICANA





Una organización de derechos humanos estima que 1.200 profesionales de la salud actuaron durante la última dictadura cívico militar.



El tipo decidía la duración y el voltaje de la picana en la sala de torturas. Si hacía falta, podía hacer maniobras de reanimación para que los detenidos siguieran siendo interrogados. Al periodista Jacobo Timerman llegó a sostenerle la lengua para que no se ahogara mientras lo torturaban. Sus tareas no terminaban allí: también supervisaba los partos clandestinos de los centros que regenteaba Ramón Camps, su jefe, y hasta se ocupaba de entregar a los recién nacidos a familias “occidentales y cristianas”.

La ex detenida Adriana Calvo lo reconoció en democracia. Denunció que la hizo parir en un auto, atada de pies y manos, y que luego la obligó a limpiar la placenta y el piso de la sala en la que la colocaron al llegar al centro clandestino.

El médico Jorge Antonio Bergés, de él se trata, fue uno de los más grandes asesinos de la dictadura. No fue el único, claro.

Según un informe de la ONG «Médicos con Memoria», “no menos de 800 médicos militares y civiles y unos 200 enfermeros participaron de manera directa en el terrorismo de Estado”.

La entidad les suma a esta cifra a psicólogos y profesionales en maternidades y morgues judiciales, subiendo el número a “alrededor de 1.200 profesionales de la salud”. “Podríamos comparar –aseguran– la real dimensión de lo ocurrido en nuestro país con lo ocurrido y el papel de los médicos alemanes durante el gobierno de la Alemania nazi”.

«Médicos con Memoria» es un espacio que integran médicos, enfermeros, psicólogos, bioquímicos. “Trabajamos con organismos de derechos humanos de Córdoba y de Buenos Aires y organizaciones médicas de Uruguay, Chile, y la Asociación Médica Mundial”, dice a Miradas al Sur Carlos Ferreyra, uno de sus integrantes.

Ferreyra es un cirujano cordobés. Fue parte del Sindicato de Sanidad Ferroviaria entre el ’79 y el ’76. En paralelo, participaba de organizaciones universitarias y comunitarias. Un mes después del golpe, le aplicaron la Ley de Prescindibilidad como consecuencia de sus actividades gremiales. Lo separaron de sus cargos y de su trabajo. Luego siguieron las amenazas de muerte y el largo camino al exilio en Inglaterra.

Siete años como refugiado. Allí trabajó en su profesión y denunció lo que pasaba en la Argentina. También vivió y trabajó varios años en España. “Entendemos que más de 3.000 trabajadores de la salud fueron detenidos, la mitad de ellos están desaparecidos. Y el exilio encontró a más de 20.000 profesionales e investigadores de la salud argentinos que nunca más regresaron a la Argentina”.

“El Estado terrorista impuso su poder político-militar en todo el sector salud, con acciones sobre sus estructuras, programas y recursos humanos. Todos los ministros de Salud provinciales, municipales, los decanos de las facultades de Medicina, los directivos de obras sociales y hospitales sindicales fueron designados por sectores cívico-militares golpistas. Había un plan preelaborado al golpe, con intervenciones inmediatas, de mediano y largo plazo. La prioridad era eliminar del lugar de trabajo a los dirigentes sindicales. Eso se realizó en menos de un mes. Luego, el exterminio físico por secuestro y desaparición”, analiza Ferreyra.


–¿Cómo participaron los profesionales de la salud en la represión?

–Muchos médicos, enfermeras y psicólogos participaron en la asistencia médica directa de decenas de miles de detenidos en todos los hospitales públicos, universitarios y sindicales del país. La habilitación se bajaba desde los ministerios. La logística se hacía desde el centro de detención, coordinada por el oficial militar médico que llevaba el servicio o la cátedra en el hospital. Y los médicos del servicio, así como los residentes y agregados, todos participaron de la atención de estos compañeros secuestrados. Desde hacer pruebas de laboratorio hasta intervenciones quirúrgicas, incluyendo la realización de partos a detenidas embarazadas. Estos pacientes ingresaban en condiciones de absoluta seguridad, habitualmente por la noche, con soldados armados que se apostaban a las puertas de las salas de guardia, quirófanos, salas de internación. Los pacientes, la mayoría esposados y atados a las camas o camillas, algunos embozados. Un oficial no médico ordenaba a los médicos llevar adelante sus intervenciones, con su presencia en el sitio.


–¿Ejemplos de esta coordinación en el área de salud?

–Hemos detectado que en la Maternidad Nacional de Córdoba se hicieron más de 200 partos en esas condiciones. Con la asistencia de muchos médicos, que en aquellos años eran agregados o residentes. En esos médicos y en esas enfermeras está la información de esos 200 o más bebés que nacieron en esa maternidad clandestina. Y hay otras 30 maternidades en el país que actuaron clandestinamente. Otro ejemplo: el hospital provincial de Córdoba. Su morgue, de sólo seis plazas, llegó a tener en varios períodos de la dictadura cientos de cadáveres, puesto que la dictadura utilizó esos lugares para ocultar su faena humana. Para desembarazarse de tantos cuerpos se abrieron fosas clandestinas. Los médicos y las enfermeras de aquellos tiempos lo saben. Más de quince hospitales públicos actuaron como morgues clandestinas.

Para Ferreyra, el Estado terrorista también se concentró en desmantelar el sector público de la salud, “en consonancia con los requerimientos establecidos por los grupos concentrados de la salud del mundo y de Argentina”.

“En dos décadas el modelo neoliberal se instaló en la Argentina, primero a sangre y fuego, y luego destruyendo las relaciones económicas y corporativas, los colegios médicos y otras organizaciones. Esas áreas están hoy más interesadas en su propia existencia y la de sus dirigentes, a través de la realización del negocio de la salud, que en la construcción de un sistema de salud que recupere esa mística perdida y le devuelva al Estado su obligación y responsabilidad de cuidar la salud de los argentinos”.


El médico Ferreyra considera que el número de médicos procesados o detenidos es “aún muy pequeño en comparación al universo de médicos identificados o mencionados, por encima de 100, en las causas judiciales que por terrorismo de Estado se están llevando”.

“Hay otros 100 más identificados por sus víctimas o familiares. Además de los 30 que están en proceso, la mayoría, médicos castrenses. Sólo hay unas veinte condenas, y la mayoría no está firme”.


–¿Considera que están en el mismo nivel los médicos que actuaron de manera ilegal por miedo, y aún así fueron cómplices, con los médicos que participaron activamente de la represión?

–No somos una organización de la Justicia. Somos profesionales que queremos traer de nuevo la mística de la vida y la salud a nuestra profesión. El terrorismo de Estado destruyó esa mística desde el miedo. No puede haber salud si no hay compromiso. Al hacer el Juramento Hipocrático, nos comprometimos por la vida. No hay nada mas alejado de ese juramento que instrumentar una prestación en una persona que es rehén, que está atada, cautiva. Todos los médicos que participaron prestando sus servicios en hospitales públicos actuaron en complicidad, y no merecen nuestro respeto como pares. Han roto su juramento y no se han arrepentido en estos largos 36 años. Por supuesto, hay casos de crueldad infinita realizados por médicos y enfermeros, como los que administraron el pentotal antes de los vuelos de la muerte. Pero para nosotros todos los que participaron son torturadores, no importa la escala. Y no pueden formar parte de la medicina argentina. Por eso, «Médicos con Memoria» siempre pide perdón a la sociedad: perdón por la vergüenza de que una minoría de torturadores empañe esta profesión de vida, que tiene como misión precisamente trabajar contra el sufrimiento. Buscamos que las organizaciones médicas asuman sus responsabilidades y rompan el pacto de silencio. Sólo así comenzaremos a recuperar lo perdido.



Conferencia sobre el genocidio cultural

Los próximos días 13, 19, 26 y 27 de abril se desarrollarán las conferencias sobre “El genocidio cultural”, “La quema de libros por los Estados terroristas” y “Reparación nacional del libro, su autor y su editorial”.

Las jornadas se llevarán a cabo en la ciudad de Córdoba, organizadas por el espacio abierto Arde la memoria.

Para mayor información: ardelamemoria@gmail.com o (0351) 152 375 464.






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