Muchas de las fotos de este blog son de Ramiro Sisco con la comunidad Pilagá, en Las Lomitas, provincia de Formosa, Argentina.
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domingo, 1 de diciembre de 2013

NO + VIH / SIDA





Hoy, 1 de diciembre, se conmemora el Día Mundial de la lucha contra el Sida, un virus que causó la muerte de más de 75 millones de personas en el mundo y afecta a más de 33 millones.

En Argentina, cada año contraen VIH más de 5.000 personas. El 30 por ciento de ellos lo sabrán de forma tardía. Es decir, cuando su sistema de defensas ya esté debilitado y permita la aparición de alguna enfermedad oportunista. También cada año mueren aproximadamente 1.500 personas por enfermedades vinculadas al sida en nuestro país, a pesar de que el tratamiento es provisto de forma gratuita por el Estado, las obras sociales o las prepagas. De las 110 mil personas que, se estima, viven con VIH en Argentina, la mitad de ellos desconoce su situación.

«Desde Fundación Huésped trabajamos para que el testeo de VIH sea más accesible, para que la prevención del VIH llegue a todos, para que los tratamientos sean más sencillos y menos tóxicos, para que los derechos de las personas con VIH sean garantizados, para que la epidemia del VIH llegue a su fin...»














lunes, 12 de marzo de 2012

BASURA O DESECHOS




Frente al futuro negro que se aproxima debido al inescrupuloso uso industrial y empresarial (en busca de lucro económico inmediato) que se viene desarrollando en el planeta con los recursos naturales no renovables, la contaminación es un mal crónico ineludible, que nos enfermará a todos.

La sociedad urbana en su conjunto es una máquina de consumir y acumular objetos y producir desechos en cantidades peligrosamente desmesuradas.

El reciclaje es un proceso que consiste en someter a un proceso fisicoquímico o mecánico a una materia o un producto ya utilizado a un ciclo de tratamiento total o parcial para obtener una materia prima o un nuevo producto.

También se podría definir el reciclaje como la obtención de materias primas a partir de desechos, introduciéndolos de nuevo en el ciclo de vida, y se vuelve necesario ante la perspectiva del agotamiento de recursos naturales, macro económico y para eliminar de forma eficaz los desechos.

Aquí tenemos un ejemplo maravilloso...







domingo, 4 de diciembre de 2011

BAMBÚ JAPONÉS




No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante. También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada, halagándola con el riesgo de echarla a perder, gritándole con todas sus fuerzas: ¡Crece, por favor!

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente.

Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros 7 años, a tal punto que el cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un periódo de solo 6 semanas. La planta crece más de 30 metros.

¿Tardó solo seis semanas en crecer?

No, la verdad es que se tomó 7 años y seis semanas en desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.

Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas y triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

De igual manera es necesario entender que en muchas ocasiones estarémos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo.

Y esto puede ser extremadamente frustrante.

En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés, y aceptar que “en tanto no bajemos los brazos”, ni abandonemos por no "ver" el resultado que esperamos, sí está sucediendo algo dentro nuestro...

Estamos creciendo, madurando.

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice.

Si no consigues lo que anhelas, no desesperes... quizá solo estés echando raíces...



Autor desconocido




sábado, 21 de mayo de 2011

EN LA CIUDAD DE LA FURIA





¿Cómo funciona la estigmatización de los jóvenes en los casos de violencia de masa?

El asesinato del joven Matías Jano Fernández devolvió al escenario mediático un clásico de todas las épocas estivales: la violencia de los jóvenes en los boliches.

La fórmula es siempre la misma: una tragedia, un conjunto de casos forzadamente similares y, ya se sabe, “los jóvenes y las drogas y el alcohol”, “los jóvenes violentos”, “los jóvenes sin límites”.

De postre, la infaltable exigencia de “más policía”. Miradas al Sur consultó con un experto en psicología infanto-juvenil para intentar desentramar una cuestión sensible que, como ovillo informativo, fija la responsabilidad en los jóvenes y propone soluciones igual de facilistas, más parecidas a negocios que a una misión de paz.

“Una acción violenta o una reacción hostil, y hasta un hecho criminal, tienen un contexto y una historicidad. No se trata de hechos aislados. Todos, desde el más intrascendente hasta uno de gravedad, como el homicidio, se desarrollan en una trayectoria subjetiva. Nada es fortuito. Los hechos ocurren así porque las condiciones están dadas para que el protagonista del hecho de violencia pueda desplegarla”, afirma Fernando Osorio.

El trío que esperaba con el bate de béisbol a Matías en la puerta de Fantástico, en el día de su vigésimo cumpleaños, venía a dirimir una rencilla anterior. El caso de Micaela Ferreyra sucedió en un tiroteo en la puerta de la casa de alguien a quien ella y los tiradores que llevaba conocían del barrio.

En cambio, los medios recurren a la culpabilización faciloide; la ecuación es boliche = violencia espontánea. Este fin de semana, el diario Clarín agrupa en una nota firmada por Candelaria Schamun diez hechos delictivos relacionados con alguna disco, agitando los fantasmas de la fórmula. Es más, ninguno de los hechos que se citan en la nota –que también replica el diario digital Infobae– tuvo su origen en los locales bailables. “No existe una violencia juvenil diferenciada de la violencia social general, son los medios masivos de comunicación que generan opinión pública y delimitan así los acontecimientos para hacerlos comerciales”, le dice a Miradas al Sur Osorio, que se especializa en violencia infantil, juvenil y en las escuelas. Para Osorio, en la actualidad se experimenta violencia social a secas. Tiene como protagonistas a diversos grupos etarios. “En todo caso, los jóvenes reproducen la misma falta de valor en la vida que les han enseñado los adultos del entorno.”

La historicidad de las subjetividades de la abrumadora mayoría de los relevamientos periodísticos muere en el consumo de drogas y alcohol, y en la falta de “seguridad” estatal, pero en la puerta de los locales. Pero la violencia no nació ahora ni es una circunscripción específica de los jóvenes.

Desde que era chiquitito.

Lo más importante como sociedad, reflexiona Osorio, es “reconocer que para que se construya un sujeto perturbardor del entorno social, es condición sine qua non que proceda de un entorno de crianza altamente perturbador también”.

“Un niño o un joven es perturbador porque ha sido perturbado primero”, define el especialista.

En general, la violencia se padece en los primeros años de vida, lo que consolida un modo de relacionarse con el mundo.

El autor de Violencia en las Escuelas y Usos y Abuso de Drogas, explica que aún está muy presente esa vieja conocida de la cultura argentina que es el “sálvese quien pueda”, desarrollada entre los últimos estertores del último gobierno militar, retomada durante la nefasta década de los ’90 y que aún persiste.

Sus características fundamentales serían “el individualismo, la falta de cooperación y de solidaridad; con la superficialidad y la banalidad como valores; la imagen y la estética como objetivos de vida a alcanzar, la degradación de la autoridad parental y jurídica y, por sobre todas las cosas, la falta de futuro cierto... Queda despojado el niño o el joven de toda referencia y entonces ya no tiene nada que perder, así sea la vida propia y mucho menos la ajena. Ya no alcanza con insultar o pelearse. Se mata porque la vida no tiene valor”.

Días atrás, el especialista en Derecho Penal (UBA) Marcos Salt le decía a Verónica Ocvirk, del periódico Tiempo Argentino, que “antes que poner plata en cárceles, tal vez sería mejor invertir en clubes”.

En consonancia, Osorio agrega “la falta de políticas públicas” como uno de los factores perturbadores responsables de los sujetos perturbadores de hoy.

“La presencia concreta de las políticas públicas en los últimos ocho años no pueden modificar rápidamente los estragos que provocó la intromisión inaudita del narcotráfico en los ’90”, ejemplifica.

También remarca la necesidad de mantenerlas en el tiempo, porque “actualmente hay una familia transformada, deconstruida y vulnerada por esa falta de contención social durante tantos años. En ese sentido, la Asignación Universal por Hijo cubre un mínimo porcentaje de esa contención y, aunque sea poco, es un gran paso, totalmente inédito en la historia de nuestro país”.

Al final, la supuesta crispación no era avivada por los grupos sociales, militantes o sindicales, sino que más bien lo es por las incertidumbres, sensaciones de crisis y de no pertenencia, que es la especialidad de los mismos medios que siguen estigmatizando a los jóvenes.

“La desarticulación de lo social de la política neoliberal se ve también en los modos en que se manifiesta la violencia entre conciudadanos. Una violencia extrema, con una conducta sin códigos, un sujeto desleal, injurioso, hipócrita, individualista y traidor”, concluye Fernando Osorio.

“La violencia que se experimenta hoy aquí sucede en muchos lugares del mundo, y se conoce como violencia de masa, no tiene objetivos claros, es pura violencia, puro enfrentamiento de unos con otros, ya no hay ideales revolucionarios para mejorar el mundo, y ni siquiera funcionan como grupo, camaradas, ni equipos”
.






jueves, 12 de mayo de 2011

NIÑOS DESAFIANTES






Son esos niños a los que se atribuía “mala conducta” o “mala educación”; hoy algunos los rotulan como “trastorno negativista desafiante” o “trastorno oposicionista”. La autora sostiene que esa conducta “abarca problemáticas muy diferentes”, y la vincula con determinaciones familiares y sociales.


“Alan tiene 7 años. No respeta las reglas de la escuela, contradice a la maestra, desafía a las autoridades. Debe tener un problema orgánico. ¿No necesitará medicación?”.

“Pedro tiene 4 años; discute todo lo que se le dice, se pelea con los otros chicos y se enoja cuando se lo reta. Se tira al suelo cuando se le niega algo que quiere. Nos dijeron que consultemos a un neurólogo”.

“Juan tiene 5 años. Se niega a hacer lo que se le pide, dice a los gritos que no quiere obedecer y trata de imponer su voluntad todo el tiempo. Lo retamos, le pegamos y le ponemos penitencias, pero cada vez es peor. ¿Qué podemos hacer?”.

Y una escena en la calle: La mamá: “Cuando hablo con otro adulto no me interrumpas”. El nene, de 5 años (en el mismo tono de voz autoritario): “Y vos contestame cuando yo te hago una pregunta”. La mamá: “Me estás desafiando”. El niño: “Y vos me estás desafiando a mí”.

Son niños a los que antes se les adjudicaba “mala conducta” o “mala educación”. Algunos de estos niños fueron rotulados por diversos profesionales como “síndrome de déficit de atención con hiperactividad”. Otros, como “trastorno negativista desafiante” o “trastorno oposicionista desafiante”, una nueva clasificación que circula por los ámbitos de la salud y la educación. Otro “trastorno de época” con una supuesta “solución” de época. Así, algunos niños a los que se les pone este sello son medicados con antipsicóticos en dosis leves, para mejorar su conducta.

Nuevamente, como en el caso del trastorno por déficit de atención, nos encontramos con la descripción de una conducta frecuente en nuestra cultura, frente a la cual se arma una clasificación psiquiátrica y se supone un remedio mágico.

Por consiguiente, es una nominación que suele abarcar patologías y problemáticas muy diferentes. Desde las respuestas impulsivas y agresivas de un niño que siente que su psiquismo estalla frente a las exigencias del mundo, hasta las dificultades de otro que no tolera las normas: todos son ubicados del mismo modo. A la vez, es frecuente que estos niños susciten la hostilidad de los adultos. Es decir, no se lo piensa como una conducta que suscita preguntas, que dice algo, sino como algo a acallar. Consideradas como un cuadro psicopatológico o como respuesta a una educación permisiva, las conductas de los niños que se oponen a las reglas escolares y familiares se piensan como algo a silenciar más que como un llamado a escuchar.

Pero el comportamiento transgresor y desafiante de los niños de hoy no tiene que ver necesariamente con una falta de castigos o con actitudes demasiado permisivas de los padres. Sucede que los adultos presentan dificultades para sostener las diferencias niño-adulto, no pueden ser garantes de un futuro mejor y esperan que los niños los sostengan narcisísticamente. Así, generan actitudes y respuestas frente a las que luego se violentan. A estos niños se los ha imbuido de un poder omnímodo. Son los mismos adultos los que los han convencido de que son seres poderosos, de que deben cumplir ya con todo lo esperado y de que este cumplimiento les traerá satisfacciones inmediatas.

¿A qué se oponen los niños? ¿A qué se niegan? ¿Qué desafío está en juego? ¿Qué nos están diciendo con tanto “negativismo”? Es frecuente que los niños de hoy traten a los adultos como pares e intenten imponer su voluntad a toda costa. Pero hay determinaciones sociales, familiares e individuales que debemos tener en cuenta en la producción de estas conductas, que suelen denunciar dificultades en la estructuración narcisista.

Al considerar el comportamiento como algo estático, un trastorno que el niño trae y que es atemporal, no se toma en cuenta su sufrimiento. Estos niños, a su vez, suelen desmentir el dolor, justamente porque suponen que tienen que funcionar como poderosos y que si se muestran débiles quedan a merced de un tirano. Generalmente son sancionados, castigados, expulsados, lo que refuerza la idea de un mundo hostil y arbitrario.

Lo que aparece como conducta oposicionista-desafiante o negativista-desafiante puede responder a múltiples determinaciones, en las cuales tienen peso tanto el medio social como el familiar, así como el modo particular en que ese niño tramita sus vivencias.

Algunos niños no hay podido constituir ligazones que operen como inhibidoras del desborde pulsional y quedan a merced de la insistencia pulsional en una pura descarga. El otro fracasa como aquel que contiene y calma y el niño queda solo en un estado de enfrentamiento con todos, suponiendo que los otros son causa de su malestar. Esto suele confundirse con un funcionamiento “oposicionista”.

Así, un niño de 10 años que insultaba a las maestras, le pegaba a la madre, totalmente desbordado por cualquier situación en la que tuviera que esperar su turno o ceder frente a otro, fue diagnosticado como trastorno negativista desafiante. En ese diagnóstico primó una idea de clasificar, sin dar cuenta de los mecanismos productores de sus desbordes.

Estos se desencadenaban cuando aparecía una situación en la que se le presentificaba la idea de ser aniquilado o expulsado violentamente por el otro, lo cual lo llevaba a estados de desesperación donde las urgencias se transformaban en irrefrenables. La desesperación se incrementaba en el vínculo con adultos que se ubicaban como impotentes frente a los ataques del niño.

Oposición o dependencia

En tanto el niño teme depender del otro porque no lo considera seguro y supone que va a quedar a merced de él, de sus idas y venidas, el mostrarse autosuficiente y negarse a obedecerlo puede ser el modo en que intenta sostener un armado narcisista precario. En algunos niños, dominar al otro, someterlo a la propia voluntad, parece ser la única satisfacción posible. Ya no es la satisfacción erótica en el vínculo con el otro, el placer en la realización del deseo, sino el placer en el dominio del otro como objeto. Hay niños que se unifican en el “no” como modo de ser, como protección, porque si no se sienten arrasados por el avance intrusivo del otro. La dificultad radica en que pierden la percepción de sus deseos (algunos no la tuvieron nunca) y lo único que desean es oponerse al deseo del otro (lo que delata la dependencia). Al abroquelarse en el “no”, éste funciona como organizador que les permite sostenerse como diferentes.

Este funcionamiento suele traer dificultades para sublimar. Así, en lugar del juego o de actividades creativas estos niños buscan el poder por sobre todas las cosas. Ser el jefe de la banda es lo único importante.

El “no” formulado como “no quiero” implica tanto la posibilidad de poner coto al avasallamiento del otro como de reafirmar la autonomía. Los padres de un niño de 4 años consultaron porque el chico regulaba todos los movimientos de la casa. Si él se oponía, no podían salir a pasear o a comer afuera: cuando no se hacía lo que él quería, respondía con escándalos. Podermos preguntarnos: ¿qué quería? Quizá dominar a los otros para no darse cuenta de que eran personas autónomas, separadas de él, situación que, cuando se hacía evidente, le acarreaba muchísimo sufrimiento. A la vez, estos padres se ubicaban en una lucha de poder con el niño, repitiendo con él la batalla cotidiana con un mundo vivido como demasiado exigente.

Depender de otro supone que uno puede perderlo. Estos niños intentan desmentir toda dependencia para evitar toda pérdida. Puede ocurrir que un niño tenga terror al abandono y desmienta por eso la necesidad de ese otro. Pero el resultado es que el objeto se le torna incontrolable, la separación no puede ser eternamente desmentida y permanentemente reciben heridas insoportables, en tanto esperan una fusión imposible.

Así, un niño que, por pegar a los otros niños y desafiar a los docentes, estaba a punto de ser expulsado del jardín de infantes, trae a las sesiones su sensación de injusticia, de no ser escuchado por los maestros, de quedar como culpable de todas las situaciones de un modo arbitrario. Está muy enojado con el mundo. Le propongo jugar a que él es el psicólogo. Acepta y juego a ser una niña que les pega a todos y a la que retan todo el tiempo. Yo voy diciendo lo que siento, lo injustos que son conmigo, cómo ninguno me escucha y cómo me dejan sola, y él va pasando de ser un adulto implacable, que sólo me reta, a transformarse en un director de escuela que dice: “Yo te creo; voy a ir con vos al recreo a ver lo que pasa, y si te molestan yo te defiendo”.

Esta variación de posición en el juego le permitió ir modificando su lugar en el jardín, sintiendo que los adultos podían escucharlo y defenderlo. Pudo empezar a mostrar sus miedos, sus debilidades, y soportar la indefensión frente a los adultos
.

Muchas veces la desmentida de la dependencia está sostenida por los adultos, que ubican al niño como todopoderoso frente a adultos impotentes. Lo que podemos denominar “idealización de la infancia” es uno de los factores sociales que inciden en las dificultades de los niños de hoy.

Los padres de una niña de 3 años afirmaban que la niña era “terrible” y que en la casa rompía todo. Al relatar un episodio en que la niña había roto la mesada de la cocina, le adjudicaban una fuerza que no tenía. De este modo, la niña quedaba entrampada entre un poder omnímodo y ser la culpable de todo lo que ocurría, cuando era obvio que la mesada estaba quebrada desde antes y ella sólo había puesto de manifiesto ese quiebre. La niña –curiosa, con un lenguaje muy desarrollado y un excelente nivel de juego dramático– no obedecía y se enojaba frente a cualquier negativa a sus deseos. ¿Cómo iba a obedecer a adultos que se mostraban más débiles que ella? Una consecuencia era la confusión respecto de sus propias posibilidades y un estado de desesperación, del que intentaba salir a través del desafío.


Directora de la Carrera de Posgrado de
Psicoanálisis con Niños,
APBA-UCES.

Texto extractado del libro
El sufrimiento psíquico en los niños. Psicopatología infantil y constitución subjetiva
(ed. Noveduc).






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