Muchas de las fotos de este blog son de Ramiro Sisco con la comunidad Pilagá, en Las Lomitas, provincia de Formosa, Argentina.
Mostrando entradas con la etiqueta nietos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta nietos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 7 de agosto de 2013

PABLO GERMÁN 109






Las Abuelas de Plaza de Mayo anunciaron la restitución de la identidad de Pablo Germán Athanasiu Laschan, de 38 años, secuestrado en Buenos Aires junto con sus padres -de origen chileno-, detenidos desaparecidos desde 1976 en el marco del Plan Cóndor. Su apropiador está detenido por delitos de lesa humanidad.



.1

Ahora, en este mismo momento en que estás chupando un mate, la dictadura genocida (esa que contó con el apoyo, la complicidad y la participación de militares, policias, civiles, abogados, jueces, curas y obispos) se ríe de nosotros.

Ahora, en este mismo momento en que estás viajando en colectivo, hay muchos represores y torturadores que burlaron a la justicia cagándose de risa.

Ahora, en este mismo momento en que estás jugando con tu hijo, hay muchos tecnócratas que viven la vida loca, son quienes se robaron todo y deberían estar en cana.

Ahora, en este mismo momento en que estás mirando una peli, hay 400 hombres o mujeres, hijos de desaparecidos, que no saben que no son quienes creen que son, que no conocen su verdadera identidad, que viven una vida falsa. Son NIETOS por recuperar.

Ahora, sí, ahora, en este mismo momento en que estás escuchando a Jorge Lanata y los periodistas de TN hablando de corrupción, libertad de expresión, de miedo e inseguridad, de LA GRIETA que divide a los argentinos, y los políticos opositores se preocupan por ARGEN y TINA, 400 argentinos, más o menos, están perdidos en la mentira genocida que vive, que continúa a pesar de los 30 años de democracia.

Todavía no sabemos quiénes son los padres de Marcela y Felipe Noble Herrera, apropiados irregularmente por Ernestina Herrera viuda de Noble, la dueña de Clarín, el gran lavador argentino.

Hoy, recuperamos un nuevo hijo de desaparecidos, debido a la política de apropiación de bebés que implementó la última dictadura entre 1976 y 1983.

Hoy, somos un poco más felices.

Todavía falta mucho.



.2

Pablo Germán es hijo del matrimonio chileno integrado por Frida Laschan Mellado y Ángel Athanasiu Jara, y nació el 29 de octubre de 1975. Mientras ambos estuvieron en Chile militaban en el MIR, y cuando llegaron a Argentina lo hicieron en el PRT-ERP.

El 15 de abril de 1976, el matrimonio y su hijo fueron secuestrados en un operativo que fuerzas represivas realizaron en el hotel en el que vivían en la ciudad de Buenos Aires. Pablo Germán fue anotado como hijo propio con fecha de nacimiento 7 de enero de 1976 por un matrimonio con estrecha vinculación al régimen cívico-militar, tan es así que su apropiador hoy se encuentra detenido en el marco de una causa por crímenes de lesa humanidad.

sábado, 15 de junio de 2013

LOS HIJOS DE LA CONTRAOFENSIVA



Analía Argento sale un minuto del comedor de su casa y vuelve con un cuenco de vidrio. Adentro hay caracoles y fragmentos de coral. "Son de la playa Santa María", cuenta. "Los traje de Cuba". Hasta allí viajó la periodista para terminar de dar forma a una historia de la que hasta ahora no se habló: la de unos cincuenta hijos de militantes montoneros que permanecieron en una casa común en La Habana en distintos momentos, entre 1979 y 1982. Ocurrió mientras la organización, desde el exilio, decidía la Contraofensiva. Entre las actividades recreativas de los chicos estaban las visitas a Santa María. De allí, la importancia de esos caracoles para Argento. Un souvenir demasiado humilde, considera, que no sabe si entregar o no a quienes hablaron con ella para su nuevo libro y mucho antes pisaron esa playa algo rocosa mientras esperaban la vuelta de sus padres. La guardería montonera (la vida en Cuba de los hijos de la Contraofensiva) –con edición de Marea– es una investigación impecable que reconstruye, desde la mirada de sus protagonistas, los días en "la isla del Triangulito", como estos chicos nombraban a Cuba, acostumbrados a inventar nombres ficticios para preservar los reales, los que podían ponerlos en peligro.

–¿Cómo surgió este libro?

–Es hermano de De vuelta a casa, mi investigación anterior sobre diez hijos y nietos restituidos. Cuando trabajaba en esa historia, encontré unos hermanitos que habían estado secuestrados en la ESMA, Marcelo y María de las Victorias Ruiz Dameri. Reconstruyendo su historia, me entero de que antes habían estado varios meses en la guardería de Montoneros. ¿Qué es esto de la guardería?, me preguntaba yo. Y sólo encontré un capítulo al respecto en el libro de Cristina Zucker, El tren de la victoria. También fui a ver a Roberto Perdía. Cuando menciono a los dos Ruiz Dameri, él me dijo que quien más podía hablar era su hija Amor, que había estado con ellos en la guardería. Así que Amor fue una de las puertas de entrada a este libro, al igual que Edgardo Binstock, el responsable político de la primera guardería. Lo que decidí fue contar las historias humanas. Con el contexto histórico necesario pero valorizando sobre todo las voces de quienes estuvieron en las guarderías.

–En el libro comentás que en verdad, las guarderías fueron dos.

–Sí, la guardería tuvo dos casas; la primera en Siboney, la segunda en las afueras de La Habana, en Miramar, que estaba también cerca de la oficina de Montoneros y de las escuelas donde se movían los chicos. La primera fue en 1979 y la segunda en 1980, que se prolongó hasta 1982. Algunos chicos estuvieron en las dos casas pero otros no. En cada guardería hubo cuatro adultos como responsables fijos. Los primeros en llegar a La Habana fueron Héctor Dragoevich y Cristina Pfluger, que venían desde España con 12 chicos. Después llega un grupo desde México con Binstock y Mónica Pinus a cargo. En la segunda casa fueron responsables Susana Brardinelli y Estela Cereseto, y llegaron después Hugo Fucek y Nora Patrich.

–¿Por qué eligieron Cuba?

–Porque la cúpula de Montoneros se instaló ahí, luego de advertir que no estaban seguros ni en México ni en Europa porque la dictadura le seguía los pasos. Más allá de que Cuba nunca rompió relaciones con la dictadura –los militares le vendían cereal a Rusia– el gobierno de Fidel colaboraba con movimientos revolucionarios de distintos lugares de América Latina y entonces apoyaban a grupos como Montoneros. Por ser un gobierno de la Revolución y por ser una isla, el acceso era más restringido y también, más seguro. La guardería es la única con sus características que funcionó en el marco de la lucha armada en América Latina.


–¿Por qué la dirigencia montonera decidió abrirla?

–Cuando en 1978 toma forma la idea de la Contraofensiva –una decisión difícil, que provocó una escisión profunda al interior de la organización–, se evaluó qué hacer con los chicos. Ya había información de que en Argentina se secuestraba a mujeres embarazadas y a niños, que había tortura y que se podía utilizar a los chicos como rehenes. Si se perdía el control sobre dónde estaban y con quién, se ponía en riesgo a niños y adultos. Por eso se decidió que no quedasen con amigos o familiares. A esto se suma la importancia del concepto de "compañeros". El compañero era familia, era hermano, los chicos les decían "tíos" a quienes los cuidaban. Porque de hecho lo sentían así. Entonces se decidió que los chicos siguieran creciendo con determinados acuerdos ideológicos y que estuvieran al resguardo de las acciones que emprendían sus padres. La idea era dejarlos un tiempo en la guardería, volver a Argentina, y luego regresar por ellos. Estaba el riesgo de vida, obviamente, pero siempre la idea era volver a buscar a los chicos.

–¿Cómo recuerdan la guardería quienes pasaron por ella?

–Para muchos, era una cosa casi secreta como parte de la militancia también secreta de sus padres. Tené en cuenta que a pesar del amparo de la Revolución estaban semiclandestinos porque, por ejemplo, había un embajador argentino en la isla afín a la dictadura. Un denominador común era que muchos chicos se habían acostumbrado a vivir en la clandestinidad. Eso implicaba cambiar de casas, ir y abandonar escuelas, etcétera. En Cuba tenían todo más ordenado: un lugar, amigos, juegos, el cuidado de los tíos. Se celebraban los cumpleaños una vez por mes. Salían de paseo. Iban a escuelas donde les enseñaban lo mismo de lo que les hablaban sus papás. Y podían usar su nombre real aunque en muchos casos tuvieran el apellido cambiado. Podían hablar de sus padres con menos miedo. Por eso cuidan esos recuerdos, a veces difusos porque muchos eran muy chiquitos, como si los llevaran adentro de una cajita de cristal.

–El libro incluye un archivo fotográfico muy interesante.

–Esas fotos son las que cada uno me quiso dar. Muchas se destruyeron cuando llegaban a Argentina, por una cuestión de cuidado. Daniel Sverko era fotógrafo oficial de Montoneros en Cuba, donde había un gran archivo fotográfico y de información que se perdió en una inundación.

–¿Qué sucede en el presente?

–Muchos chicos que pasaron por la guardería siguen siendo grandes amigos, casi hermanos. Algunos regresaron a Cuba para estudiar o porque tienen un especial agradecimiento por la sociedad cubana. Aquí tienen militancia política o en organizaciones sociales. En la mayoría de los casos, no reniegan de las convicciones de sus padres, más allá de las contradicciones y los dolores. Sí cuestionan algunas decisiones puertas adentro, pero siempre defienden la memoria y la lucha de sus padres. Y otra cosa: no se separan de sus hijos, los llevan siempre con ellos.






Documental "La Guardería" - Película Completa





miércoles, 29 de mayo de 2013

AGUSTÍN Y MARA










La presidenta Cristina Fernández de Kirchner recibió a Agustín, el nene de 4 años, que pidió verla en la vida real. “El padre quería convencerlo que la TV era lo mismo y el nene dijo no, yo quiero verla en la vida real. Eso es hacer cultura”, sostuvo la Presidenta, en un acto.

Además, se encontró con Mara, una nena nieta de una desaparecida, que le ofreció sus ahorros, algo más de 30 pesos “para ayudar al Gobierno a comprar netbooks”. “Le propuse ser yo su abuelita. Mara mostró la solidaridad de juntar moneditas para ayudar. Eso también es cultura”, sostuvo Cristina.

"Agustín distingue perfectamente, entre la vida real y la tele. Qué notable ¿no?. Hay algunos que no se dan cuenta de la diferencia durante toda su vida. Una lástima, no saben lo que se pierden", comentó la mandataria.

"Mara, nieta de desaparecidos. Tiene 6 años, va a primer grado. El pasado viernes Zannini hablo en la cena que había organizado H.I.J.O.S. Eran más de 700. Habían venido de todo el país, también para el acto del 25 de Mayo, el de la década ganada, entre ellos estaba Mara. Me había escuchado en un discurso en el que decía que las netbooks las comprábamos con el aporte de los trabajadores. Lo encaró a Carlos y le dijo: `Vos la ves a Cristina?´. Zannini: `Si, claro…´. `Dale este dibujo mio, y este dinero que lo junté para que ella pueda seguir comprando las netbooks´. Carlos me cuenta que Mara le vende sus dibujitos a sus compañeritos para juntar plata para las compus. Con la carta además del dibujo vienen un poco mas de treinta pesos en billetes muy ajados de 2$, de 5$, y monedas. El dibujo son tres personas presas tras las rejas . Casi me largo a llorar...", relató la Presidenta a través de Facebook.

El padre del chico Agustín, Sergio, contó: “Nunca fuimos con mis hijos a ninguna marcha y pensé que sería una buena oportunidad de hacerlo. Me parece bien que se vea que los que vamos a las marchas somos familias normales de clase media que de esa manera quieren agradecer a este modelo todo lo que nos da".












lunes, 9 de mayo de 2011

COMPLICIDAD Judicial en el ROBO de NIÑOS





La Justicia comenzó a meterse en un terreno hasta ahora poco explorado, más bien eludido, en las investigaciones sobre apropiación de hijos de desaparecidos: el de las adopciones con las que se intentó dar aspecto de legalidad a la entrega de niños nacidos en cautiverio o arrancados a sus padres secuestrados durante el terrorismo de Estado.

Es una pista que inevitablemente lleva también a indagar en la responsabilidad de los jueces que intervinieron en cada caso y que pone al descubierto cómo actuaron algunos de ellos que aún están en funciones.

El juez federal Norberto Oyarbide analiza ocho cajas de expedientes penales y tutelares sobre chicos supuestamente abandonados entre 1976 y 1983, que tramitaron en los tres juzgados de menores porteños. La Corte Suprema bonaerense está haciendo un relevamiento de guardas y trámites de adopción durante la dictadura, y ya informó a Abuelas de Plaza de Mayo sobre la existencia de 15 mil expedientes que servirán para cotejar información. La jueza de San Isidro Sandra Arroyo Salgado analiza legajos de 15 adopciones que tramitó la misma jueza que intervino en las de Marcela y Felipe Noble Herrera.

“Tenemos la expectativa de poder detectar el blanqueo de apropiaciones mediante mecanismos de adopción. La posibilidad de encontrar un nieto en esa búsqueda existe y es alta. De los 104 casos resueltos, el 30 por ciento fueron chicos robados por procedimientos de guarda y adopción”, señaló Alan Iud, abogado de Abuelas, a Página/12. A la vez advirtió que hasta ahora pocos jueces se han decidido a avanzar contra sus pares envueltos en esos trámites irregulares. “Sólo en Santa Fe se llegó a procesar al juez Luis Vera Candiotti por supresión de identidad”, agregó.


  • Adopciones express

Simón Riquelo recuperó su identidad en 2002, cuando se comprobó que era hijo de Sara Méndez, uruguaya, secuestrada el 13 de julio de 1976 en su casa de Belgrano, en Buenos Aires, por un operativo conjunto del Plan Cóndor. A ella la trasladaron al centro clandestino de detención Automotores Orletti. A Simón, que tenía sólo veinte días, se lo llevaron. “No se preocupe, señora –le dijeron los hombres de civil, después de molerla a golpes–, al niño no le va a pasar nada, porque no es una guerra contra los niños.” Sara buscó a su hijo incansablemente, y lo encontró 26 años después. Se lo habían dado en adopción a Osvaldo Parodi, un subcomisario que habría estado vinculado con su propio secuestro, igual que el ex agente de la SIDE Eduardo Ruffo. El policía obtuvo en menos de un mes la guarda definitiva del chiquito.



¿Quién se la dio? El entonces juez de menores Gustavo Mitchell, actual integrante de la Cámara de Casación Penal.

El año pasado, un grupo de querellantes en la causa sobre el plan sistemático de apropiación de hijos de desaparecidos, encabezadas por María Isabel Chorobik de Mariani, fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, decidió denunciar penalmente al juez Gustavo Mitchell junto con la Secretaría de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires y la Fundación Anahí. En el pedido de juicio político ante el Consejo de la Magistratura también se presentó Hebe de Bonafini. Analizaron qué había hecho el juez al recibir la denuncia del abandono de Riquelo, hallado en teoría en la puerta del Sanatorio Norte –cerca de la casa de Sara– y cómo lo entregó a Parodi. No se hizo “la más mínima medida de investigación tendiente a localizar a los padres o la familia del menor secuestrado, y todo ello frente a la infinidad de hábeas corpus que en aquella época se presentaban”, decía la denuncia, que le tocó al juez Oyarbide, y que también pedía que se incautaran los expedientes penales y tutelares vinculados con supuestos abandonos de niños durante la última dictadura.

Oyarbide optó por empezar de la manera más amigable y mandó un oficio en el que pide en buenos términos la documentación a sus colegas de los juzgados de menores. Con este método recopiló unos cuarenta, que están en pleno análisis. El abogado Alejo Ramos Padilla, que representa a Chicha Mariani, querellante, le dijo a Página/12 que en un conjunto de expedientes de abandono de niños tramitados por Mitchell pudo observar el mismo mecanismo: “Llegaba la denuncia de abandono de los bebés, en ascensores, alguna iglesia, en un hall, donde fuera. En cuestión de horas o unos días el juez disponía hasta la guarda definitiva. La guarda provisoria a veces la daba en veinticuatro horas. Tenemos visto un expediente donde dos agentes de Coordinación Federal (centro clandestino de la Policía Federal) llevan un chiquito de dos días de vida al Hospital Elizalde. Pero el juzgado no realiza ninguna medida para ver de dónde salió ese chico o qué pasó con sus padres. Ni en éste ni en ningún trámite de los que pudimos ver”, advirtió Ramos Padilla. En el caso de Riquelo, agregó, en la primera foja hay una declaración de un policía de la comisaría 33ª, Vicente Caccaviello, que figura como quien encuentra al bebé. Sin embargo, cuando declaró en la causa contra Ruffo, dijo que ignoraba los hechos y que, si lo hubiera hallado él, obviamente “lo recordaría”.


  • Estela

Hace dos semanas, durante el juicio sobre apropiación de menores, la titular de Abuelas, Estela Carlotto, contó ante el Tribunal Oral Federal 6 (TOF6) una anécdota escalofriante. Cuando buscaba a su nieto en 1978 –relató– acudió a la Casa Cuna porque sabía que había allí una beba cuyos datos y fecha de nacimiento podían coincidir con los del bebé que había dado a luz su hija Laura durante su cautiverio, después del cual fue asesinada. La beba, le dijeron, sólo había estado dos días ahí, pero Estela pudo ver los papeles que decían que el juez era el juez Gustavo Mitchell. Intentó que la atendiera, pero él le mandó un mensaje a través de un emisario: “El doctor dice que se cuide; por lo que usted hace podría aparecer en una zanja”. Años más tarde, Carlotto supo a través de ex detenidas que su nieto era varón. Todavía lo busca. Su reciente testimonio dio lugar a que el TOF6 derivara denuncias al juzgado de Oyarbide y al Consejo.

El abogado Ramos Padilla había hecho una presentación que incluía ese mismo relato de la presidenta de Abuelas publicado en el libro Botín de guerra, donde además decía que en la Casa Cuna a la nena la llamaban María Julieta. Ramos Padilla sostiene que es Julieta Treviño, a quien Mitchell dio en guarda para su adopción a unos parientes suyos, también “en forma expeditiva”. Además, el abogado había cuestionado a su vez a dos funcionarios judiciales que fueron secretarios de Mitchell durante la dictadura. Uno de ellos, José Allevato, lo sucedió más tarde al frente del juzgado. Con el menemismo fue director de Asuntos Jurídicos de la SIDE. El otro, José Martínez Sobrino, integra el TOF6 que lleva adelante el juicio por robo de hijos de desaparecidos, pero por esta denuncia quedó afuera del caso.


  • Jueces y jueces

Desde que Carlotto volvió a poner el tema en el tapete, la causa de Oyarbide recuperó envión. Por lo pronto ella está citada para dar testimonio este miércoles, dijeron allegados a la causa. Abuelas se presentó como querellante. Pero además, el juzgado resolvió mandar oficios para chequear la nómina de todos los jueces y secretarios que estuvieron al frente de los juzgados de menores durante el terrorismo de Estado. Mitchell, por su parte, hizo una presentación en la que dice que entre 1976 y 1983 habrá tramitado unas cuatro denuncias de bebés que eran denunciados como “NN”, abandonados, al año.

También se presentó, de manera espontánea y con un escrito, la actual jueza federal María Servini de Cubría, que fue jueza de menores todo el período investigado. “Quiero aventar toda sospecha sobre mi actuación como magistrado en las causas en las que se involucraba a menores abandonados, tanto durante la dictadura militar, como en los gobiernos civiles constitucionales que lo precedieron y sucedieron en mi gestión de juez”, dice. “Arbitré todos los medios entonces a mi alcance para dar con los familiares de los niños encontrados y cuando pude dar con los mismos, dispuse su inmediata entrega”, agrega. Servini cuenta dos casos de bebés que aparecieron con cartelitos, uno que decía que era hijo de un miembro de Montoneros, y otro que decía su nombre, Emiliano Hueravilo. En ambos casos encontró a los abuelos con solicitadas en los diarios. Más allá de su autodefensa, Servini le avisa a Oyarbide que debería encontrar en la caja fuerte de su ex juzgado algunos expedientes que podrían dar pistas fuertes sobre apropiaciones de hijos de desaparecidos. “Ordené resguardar las actuaciones de mayor relevancia en el ámbito más seguro y reservado”, informa, con lo que deja en evidencia que los jueces sabían perfectamente de dónde podían venir esos chicos que aparecían como por arte de magia y terminaban en hospitales pediátricos.

El expediente a cargo de Oyarbide todavía está en sus inicios. “Es una investigación necesaria”, remarcó el abogado Iud. Del mismo modo, contó que el año pasado le pidieron a la Corte bonaerense un relevamiento de expedientes de adopción en la provincia de Buenos Aires, con la intención de tener datos sistematizados y accesibles sobre posibles jóvenes apropiados para cotejar con su propia información. En una acordada, ese tribunal resolvió revisar archivos y libros de mesa de entradas y, luego, al menos 15 mil expedientes.

En Capital, Ramos Padilla dice que muchos expedientes tutelares fueron destruidos, quemados, ya en democracia con la excusa de falta de espacio. Sin embargo, agrega Iud, había una acordada de la Corte Suprema que ordenaba preservarlos.

La semana pasada, la jueza Arroyo Salgado, en el contexto de la causa sobre el origen de Marcela y Felipe Noble Herrera, dispuso relevar 15 expedientes de menores anotados como “NN” que tramitaron en el juzgado de Ofelia Hejt (fallecida), la misma jueza que los entregó como hijos adoptivos a la dueña de Clarín.

Ramos Padilla sostiene que el expediente que instruye Oyarbide es “la demostración, a partir de Mitchell, de la complicidad judicial, que aún existe, con el sistema perverso establecido para consolidar la apropiación de niños, mediante el robo de su historia, su origen, su identidad y la entrega a los apropiadores a través de un marco de supuesta legalidad judicial”.






Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...