Muchas de las fotos de este blog son de Ramiro Sisco con la comunidad Pilagá, en Las Lomitas, provincia de Formosa, Argentina.
viernes, 17 de agosto de 2012
sábado, 11 de agosto de 2012
REVOLUCIONES DESDE ABAJO

“Existe una alternativa al capital”, dice Isabel Rauber, autora del libro Revoluciones desde abajo. Pero no se trata de una cuestión de fe sino, como muestra en esta charla, una manera de rastrear las reacciones de los pueblos ante la realidad.
Acaba de publicar un libro que se llama Revoluciones desde abajo y, bajo el subtítulo “gobiernos populares y cambio social en Latinoamérica”, hace foco en los desafíos culturales de la región. Mientras prepara su nueva ponencia en un nuevo congreso europeo que, como los de todo el mundo, la tiene como presencia inevitable a la hora de hablar de América latina, Isabel Rauber se hace un tiempo para un cortado en el bar de la esquina del Congreso. Y con el cortado, la charla.
–¿Qué cambios culturales deben hacerse para llevar adelante la pelea con el postcapitalismo?
–Yo siempre hablo desde el pie de América latina, que es donde vivo y desde donde dialogo con los movimientos sociales. Desde allí busco el porqué de la gran derrota de los ’70 y los ’80 en la región y la desaparición del sistema socialista mundial como el fin de las alternativas. En ese tiempo del eterno capitalismo, emergen en el continente nuevos movimientos sociales fuertes: Chiapas, que es el que más llama la atención por su cuestión mediática; el Movimiento Sin Tierra, de Brasil; el movimiento indígena de Bolivia, que era muy fuerte aunque desconocido por cierta prensa de izquierda.
–Movimientos con distintos puntos de vista: la creación de otro poder o la toma del poder…
–Es que la toma del poder no tiene nada que ver con los movimientos sociales porque, precisamente, ahí viene el origen de un cambio cultural en el que apenas estamos en los gérmenes. Es un proceso que deberá llevar varias generaciones. No plantearse la toma del poder como el eje del quehacer implica el debate.
–¿Por qué?
–Porque si no, quedamos entrampados en la lógica del capital. “Capital”, no capitalismo. István Mészáros dice que el capital es un proceso que antecedió al capitalismo y que lo puede trascender porque tiene elementos de funcionamientos que son claves. O sea, miremos al mercado y no a la forma capitalismo. Si se mantiene la lógica jerárquica, discriminatoria, subordinatoria y excluyente, estamos manteniendo vivas las cadenas de la lógica del capital. Por eso, ubica a las experiencias socialistas del siglo XX dentro de la lógica del capital. Es una forma que tiene una racionalidad profunda: todas las experiencias mantuvieron la lógica del capital pensando que bastaba quitar al dueño, al capitalista, y apropiarse de las estructuras del Estado para mantener las cadenas subordinatorias. Lo que se pone en cuestión en esa reflexión es que nosotros no queremos seguir marginados. En la Argentina, esto se vio claramente con los piqueteros, la emergencia de sujetos que luchan esencialmente por la vida y que en proceso de maduración comienzan a plantearse caminos alternativos y diversos. Pero cuando uno busca las lógicas siempre se queda en los más desarrollados y plantean que tiene que haber una recomposición raizal para transformar toda esta lógica. Aquí se marca un gran aporte de nuevos actores sociales que generalmente no se tiene en cuenta: están construyendo una epistemología diferente. No solamente hicieron el presente con sus luchas y reticencias sino que, contenidos en ellas, están abriendo cauces a una nueva cultura, a una nueva concepción del mundo.
–¿Son comunes esos cauces a pesar de ser distintos los movimientos, hubo un aprendizaje al respecto?
–Mucho antes de Chiapas, empecé el estudio con movimientos de pobladores barriales y llegan a esa madurez. Ahora, nosotros tenemos un problema y yo veo que sí hay un aprendizaje que fue clave. No importa si luego, por alguna causa, el sujeto no lo logra mantener. Porque es lo normal ya que son lógicas minoritarias, incomprendidas por la cultura predominante en los sectores de izquierda que paradójicamente son o han sido los primeros en atacar a los movimientos sociales porque no se subordinaban a los partidos políticos o cuestionaban sus paradigmas. Hablar de paradigmas hoy, después de que lo hicieron los gobiernos de Venezuela, Argentina, Bolivia o Brasil, parece algo fácil, pero al decirlo antes te decían que estabas loca. Es lo mismo que hablar ahora del poder desde abajo después de que Chávez dijera que ese poder revolucionario se construía popularmente, en las bases. Lo sé por experiencia propia. Te cercenaban al mejor estilo de McCarthy y te excluían del pensamiento. Todavía hoy ocurre eso en algunas partes, porque se malinterpretó el reconocimiento del tema de los movimientos sociales como actores sociales con capacidad de acciones políticas, como un rechazo a los partidos políticos. Y no tiene nada qué ver. Lo que sí está puesto en cuestión es que la forma partido tradicional, léase marxista–leninista o partido de vanguardia con cualquier identidad que tenga, que se arroga para sí mismo la representación de todo el mundo, sin consensuar, sin formar pensamiento colectivo ni nutrirse del saber colectivo, no tiene posibilidad de futuro.
–¿A qué atribuye ese fracaso, a que fueron derrotados o a que no supieron empezar la pelea?
–La derrota y la victoria en ninguno de los casos da la razón. América latina quedó un poco a la intemperie en la época de la derrota del socialismo. Los partidos se replegaron a la autocrítica. Yo sé que a los compañeros de esos partidos les duele cuando lo digo, pero deberían decirlo ellos: se la pasaban todo el tiempo criticándose mientras la gente estaba muriéndose de hambre. Mientras ellos estaban buscando la salida, la gente se dio cuenta sola que la salida estaba por la vida. Y fue esa lucha por la vida la que llevó a un cuerpo de movimientos sociales a poder ir procesando y madurando su modo de ver el mundo. La consolidación de los movimientos sociales como sujetos sociales y políticos cuesta mucho cuando se hace en soledad. La clase obrera tampoco puede resolver el problema. No nos engañemos. No estamos viviendo el capitalismo de los ’70, esto cambió. La organización de la producción modificó la organización del trabajo e influyó claramente en la conciencia de los trabajadores. En primer lugar, fomenta el individualismo en la clase. Aparte, en América latina eso es insostenible porque hay un mundo, para ponerle una lógica zapatista de los varios mundos, que coexiste en esa realidad. Aquí hay un mundo preexistente a la llegada de la cultura europea que es la de los pueblos originarios. Entonces, cómo pensar en un sujeto que no contempla a los pueblos originarios. El marxista peruano José Carlos Mariátegui peleó por todos nosotros pero no fue escuchado. Tenemos que repensar el sujeto de hoy porque los pueblos originarios se desarrollaron. No están como a principios del siglo XX.
–La cosa es que los textos de Mariátegui estaban prohibido hasta por los mismos partidos marxistas de Latinoamérica...
–Es que todos eran obedientes a los dictados del PC de la Unión Soviética. Se tenía esa lógica de pensamiento verticalista y único de izquierda que es necesario abrir y debatir y que seguirá latente en tanto y en cuanto no se quiera reconocer. Yo creo profundamente que la verdad es revolucionaria. ¿Qué vemos?: La pluralidad del sujeto, la amplitud. Claro, el problema es que no es un diálogo sencillo. Hay que ponernos de acuerdo: más allá de que caben en este mundo todos los mundos, las contradicciones son parte del camino. Vamos a tener que polemizar bastante durante cincuenta años y aguantarnos lo que unos pueden interpretar como desplantes pero que es llamado derecho. La cuestión es que seamos capaces de dialogar entre todos. No queremos superar al capitalismo para dar vuelta la moneda sino concebir una civilización diferente, construir una humanidad diferente, donde sea posible una dimensión de interculturalidad, el reconocimiento a la existencia de los otros. Mi lógica es ésta, pero hay otras lógicas que existen y no me puedo imponer a ellas. Por eso, estudio el proceso boliviano, porque está lleno de contradicciones como la de los propios autores indígenas, que es lo normal, porque son pueblos con identidades diversas.
–¿Se corre el riego de, bajo el paraguas del indigenismo, agrupar mundos que no tengan nada que ver entre sí?
–Los indígenas son diversos. Cuando hay una lectura desde afuera se piensa en categorías como “indios” o “negros” que no existe. En África hay historias diferentes; aquí se impuso en concepto de cultura de la colonia: “Son todos iguales y casi no personas”. Es un prejuicio que late para el diálogo, sobre todo, para entender. Bolivia, para mí, es el gran laboratorio de las revoluciones y las transformaciones de América latina hoy. No tanto por la composición indígena sino por lo que a partir de esa realidad produce. ¿Y qué produce esa inclusión como actores plenos en el debate del quehacer en el estado nacional? La creación de un estado plurinacional. Y América latina es plurinacional toda. Estamos aprendiendo todos. Esto de Bolivia es algo que el Che había visto aunque no desde la perspectiva pluricultural.
–Una discusión que no pertenecía a su época…
–Es cierto, la discusión no estaba instalada y no se la podemos achacar como déficit a los ’70. Esos años tuvieron los errores que tuvieron pero también sus grandes virtudes. Entre ellas, las de de toda esa generación que decidió con la juventud, como la generación de ahora, con los elementos que tenían, hacerle frente a su realidad. Una profunda dignidad, entrega y el atrevimiento de poner el cuerpo a las palabras. En eso tenemos al Che en primer lugar. Y sigue estando vigente. El Che se resignifica con estas miradas nuevas pero rescatando el mensaje y su figura. Bolivia en eso es profundamente guevarista. Ellos piensan una cosa y la ejecutan. Con mucho más acierto que errores. Lo plurinacional es el camino de salida la nueva civilización. Son unos híper adelantados, y por eso también tiene tantas dificultades. Van haciendo sobre la marcha. Marx decía, hacía y pensaba que desde la realidad se discutía. Discutía sobre la propuesta, no sobre la persona ni la filosofía en abstracto. Aquí, Perón decía que la única verdad es la realidad. Entonces, discutamos la realidad que, al ser tan amplia, lleva el dinamismo a la teoría. Estamos urgidos de tomar conciencia de que hay también nuevas epistemologías, construidas por los autores sociales que, lamentablemente, en el ámbito de la izquierda, piensa sobre sí mismo. Eso nos lleva al pantano de cambiar las viejas palabras pero no las prácticas. Es más importante cambiar las prácticas, que ya las palabras irán saliendo. Y en eso tienen ventaja los movimientos sociales a quienes respeto profundamente. Tiran la piedra lejos, llegan a ella y después se dan cuenta que algo se le quedó atrás y tienen que retroceder. Lucharon por lo horizontal y después les cuesta porque no hay de dónde aprender. La imitación es la base de la educación. Imitás lo que hay en tu tiempo, y lo que hay es verticalismo, rosca. Y eso, en un porcentaje menor, tiene reproducción en los movimientos. Lamentablemente, desde alguna izquierda se usa este elemento como chicana sobre los movimientos. En vez de darse cuenta que no es una cosa de causa y efecto. Pero que ellos tienen que ver con que se reproduzca esa lógica al negarse al diálogo. Necesitamos que la izquierda, si quiere hacerlo, haga el Concilio Vaticano II. Que vean que los pueblos están afuera de los partidos. No hay lenguaje, no hay código entre lo viejo y lo nuevo. Un elemento muy fuerte, de preeminencia de la vieja cultura aparece cuando se impone la mal llamada vía electoral. ¿Para qué? ¿Para las elecciones? Absolutamente ridículo. No se toma el poder por las elecciones. Se puede emprender un proceso de cambios muy largo. Hay que tener la paciencia y ver lo que podemos ir haciendo. Cómo utilizar las herramientas de los gobiernos para fortalecer la construcción del sujeto, de la conciencia que es la base de la organización, en cambiar el sistema productivo. Todo eso está en debate en Bolivia. La lucha contra la pobreza comienza en el sentido que se articula de raíz con la lucha de la alfabetización. Y no solamente alfabetizar en español sino también en aymara y quechua como elementos fundamentales en las instituciones públicas. Hay una triple alfabetización comprendida. Pero también están las ayudas del Estado para la incorporación de los sectores que antes eran marginados; implica la apertura de redes económicas para que se integren a una lógica de circulación, distribución de productos y exista un reciclaje. Hay que hacer de cada persona un actor económico además de un actor social. Economía es sociedad. Si tenés una economía excluyente tenés excluidos.
–¿Esto ocurre en toda la región?
–Es una región que tiene las mismas herejías. Claro que una presidenta mujer ya no es una herejía, pero lo fue. En Paraguay, había un obispo, lamentablemente sacado por un golpe. Brasil tuvo un obrero. ¿Quién puede decir algo hoy de ese operario sindical? Pero le costó mucho superar ese estigma para el paradigma dominante de que un obrero es bruto. Lo mismo ocurre con un militar como Chávez. Antes de su arribo al poder era impensable un milico socialista, ganador por elecciones populares. Evo, un indígena, presidente de Bolivia. Pepe Mujica, once años y medio preso por militante revolucionario, presidente del Uruguay. En el Frente Amplio supieron tener la paciencia y hacer de su plataforma programática parte del sentido común de la ciudadanía. Por eso Uruguay es tan lindo en ese sentido. Aprendamos todo de eso. Tenemos que ir despacito para consolidar los pasitos que demos. Es hora de que la izquierda se dé cuenta de eso. Algo está pasando acá. El Foro de San Pablo debería borrarse y apuntar los partidos a la construcción de un frente político–social en América latina. Terminar con la fractura de los actores, reconocerlos, puede ocasionar crisis en los procesos. Cuando los partidos coinciden por las hendijas de la historia y suben creen que pueden prescindir de los actores sociales. Y, cuando están en crisis vuelven a apelar a los actores sociales. Por eso, me golpeó un poquito la última resolución del último Foro de San Pablo. Lo vi muy de autobombo. Porque los procesos de América latina, los que rompen los esquemas, son procesos que se abrieron con la lucha de los movimientos sociales, que en cierta medida son protagonistas y responsables del presente. Este parto fue múltiple y tuvo varias parteras. Por eso, “sí” a la izquierda en el sentido amplio y “no” a la izquierda en el sentido estrictamente partidario.
jueves, 2 de agosto de 2012
“EN TECNÓPOLIS LA GENTE ESTÁ CONTENTA”

La historia empezó hace algunos meses. Verónica Fiorito, directora de Paka Paka, la señal infantil del Ministerio de Educación, nos traza su genealogía en medio de las voces de los chicos y el viento que surca la feria.
“Arrancamos con el proyecto el 1º de junio”, recuerda. “La idea surge porque al reabrir Tecnópolis, el Ministerio tiene que armar su stand y lo que queríamos era poder trabajar ahí el concepto de “patria” pero dividido en edades. Entonces se armó, por un lado, el multiespacio “Patria” donde está Conectar Igualdad y se trabaja con el nivel medio. Y por el otro, esto, algo para los más chicos, que era un lugar que a Tecnópolis le faltaba”.
“Esto” es La asombrosa excursión de Zamba en la época de la independencia, el nombre completo de este parque temático de 10 mil metros cuadrados (el espacio más grande de todo Tecnópolis) que le permite a los más chicos realizar un recorrido imaginario por los albores de la patria en versión animada. Su “prócer” no es otro que el enorme José Zamba, protagonista principal de la serie “La asombrosa excursión de Zamba”, uno de los greatest hits de la pantalla de Pakapaka. Nacido en Clorinda, provincia de Formosa, Zamba es un inquieto y curioso alumno que le da una vuelta de rosca más a las típicas excursiones del colegio y, chipá en mano, viaja por el tiempo para recorrer distintos acontecimientos clave de la historia argentina. Acompañado ya sea de su amiga Niña o de los propios Belgrano o San Martín, y con la sombra terrible del malvado Capitán Realista asomando en el cielo, las asombrosas excursiones suelen llevar a Zamba a lugares y momentos tan disímiles y fundamentales como la Revolución de Mayo, el Congreso de Tucumán o las Islas Malvinas. Momentos disímiles y fundamentales pero también clásicos que Zamba, sin embargo, logra recuperar con frescura y que el parque intenta reproducir en la magnánima escala de Tecnópolis.
San Martín te espera
Como todo parque temático que se precie de tal, La asombrosa excursión de Zamba en la época de la independencia tiene un plano. El recorrido comienza con un gran tobogán inflable que hace las veces de máquina del tiempo y que deposita a los chicos frente a la primera posta de la excursión: la Revolución de Mayo de 1810. “La pregunta que nos hacíamos era cómo hacer del espacio un lugar animado”, confiesa Fiorito. “Si bien Zamba tiene un montón de características y como trasfondo está la historia argentina, el parque no podía no ser animado. No podía pasar que vos entres acá y hubiera, por decir algo, un Cabildo “real”. No podría haber estado porque en Zamba no existe el Cabildo real, existe el Cabildo propio, un Cabildo que es una máquina del tiempo. Entonces desde ahí, con el trabajo de arte muy bueno que hizo toda la gente de la productora El Perro en la Luna y Carina Luján, que es la realizadora, empezamos a pensar qué materiales servían para tener todo en tan poco tiempo y que sea fiel al dibujito”.
Creatividad y Estado parecía ser la consigna: en sólo cinco semanas, esas hectáreas que hasta entonces eran un baldío, se transformaron, a fuerza de trabajo creativo pero también de gestión y urgencias, en una reproducción exacta de la Argentina versión Zamba. Inclusive la inmensa reproducción de Belgrano que corona el laberinto circular de la segunda etapa del recorrido -y que conmemora la creación de la Bandera en 1812- es un Belgrano a lo Zamba: fino, caballeroso y animado. “Los pibes reconocen a los personajes y a la historia a través de Zamba”, apunta Fiorito.
“El otro día le preguntaban a una nena de tres años ‘¿Vos sabés quién es San Martín?’ ‘Sí, el amigo de Zamba’, respondió. Una nena de tres años conocía a San Martín por Zamba. Esas son las cosas geniales que pasan acá”.
Esto es historia
Al igual que la serie animada y otras propuestas de Paka Paka, el parque de Zamba en Tecnópolis también se acompaña de materiales pedagógicos especiales para que los docentes trabajen en el aula. “La idea es que el docente venga sabiendo de antemano lo que va a ver en el parque”, explica Fiorito.
“Cuando se traen escuelas a Tecnópolis, lo más difícil es decidir cuál es el recorrido, porque tienen un día y no les alcanza para visitar ni un cuarto. Entonces la idea es que el docente trabaje antes con los chicos y vengan y quizás hagan solamente el recorrido visual.
Nosotros calculamos por lo menos una hora y media de recorrido sólo de Zamba”, señala.
El trayecto, una vez que se completa el laberinto de la Bandera, continúa con una calesita que evoca la Batalla de San Lorenzo, una serie de camas elásticas colocadas dentro de una representación zambista de la Casa de Tucumán y un mucho menos tortuoso Cruce de los Andes, realizado en base a una pasarela rodeada por dos elevaciones que será escenario de una actividad especial el próximo 17 de agosto. A la salida de cada hito, uno de los 30 coordinadores que cubren su turno en el parque le entrega a cada chico un sticker alegórico. La cantidad de adhesivos que muestran orgullosos como si fueran medallas, revela que algunos crearon la bandera o celebraron el bautismo de fuego de los Granaderos a caballo más de una vez. “En dos semanas ya pasaron 200.000 chicos”, apunta Fiorito. “De acá a noviembre calculamos que van a pasar un millón de personas”.
El futuro del pasado
Después de cabalgar por Yapeyú, sufrir los engaños del Capitán Realista o sentarse en el microcine del Cabildo a ver fragmentos de la serie, es decir, después de sumergirse en la “Historia de la Independencia según Zamba” a través de los dibujos, los juegos y las canciones originales que suenan a cargo de artistas como León Gieco, Los Auténticos Decadentes, Teresa Parodi o Horacio Fontova, la asombrosa excursión culmina en la Plaza de la Libertad, un espacio donde los chicos tienen la posibilidad de sacarse fotos con caricaturas de distintos personajes políticos del siglo XIX y XX, a modo de memorial. Rosas, Sarmiento, Yrigoyen, Bolívar, Perón, Artigas, Kirchner, Alfonsín y Evita, son algunos de los homenajeados, dispuestos en el lugar junto a personajes de la serie como Niña, la Señorita Silvia o el Niño que lo Sabe Todo.
Todo es historia y todos son personajes vivos en la historia argentina de Zamba. Y ese momento, con los chicos cargados de stickers, con petisos colgados de la caricatura de Alfonsín, haciendo cola para ser los próximos en sacarse una foto con el prócer, parece el sueño imposible de un educador abnegado.
“Los chicos vienen y piden cosas. ¿Dónde está Sarmiento?, te preguntan. O los escuchás diciéndole a la madre: ‘Mirá, mamá, ese es Cornelio Saavedra’” El otro día una madre nos escribió un mail diciendo que su hijo Fidel cumplía años el 24 y quería festejarlo haciendo “La asombrosa excursión de Zamba en el cumpleaños de Fidel” y que fueran de invitados San Martín, Belgrano y Niña. Los pibes se apropiaron de los próceres”, dice Fiorito y agrega algo que te repiten todos los que laburan en esa inmensidad imposible de la feria: “Tecnópolis tiene una impronta genial y que hace que la gente sepa que vos podés ir, no te va a dejar afuera, que es gratuito. Todo eso hace que llegue gente que de otra manera no llegaría. Padres que por ahí no salen con sus hijos porque no saben adónde llevarlos o no tienen lugares donde pasar el día y los traen acá. Y eso es otra cosa que tiene Tecnópolis: la gente está contenta. Más allá de todo lo que pensamos, de lo que se pudo hacer o de lo que planificamos, vos estás acá y te das cuenta que la gente está contenta”.
Es probable que ni con la ayuda de Zamba se pueda saber exactamente, hoy, qué lugar de la historia le espera a un acontecimiento como éste. Se puede aventurar, sí, porque para eso estamos. El azar y la distribución del terreno, por lo demás, quiso que La asombrosa excursión de Zamba en la época de la independencia quedara al lado de la espectacular muestra de los dinosaurios. Uno sale del nacimiento de una nación y se queda un rato ahí, hipnotizado, contemplando los movimientos de esos animales extinguidos. La historia es también la arquelogía de lo que queda atrás y lo que se va a levantar mañana sobre lo que hoy es tierra baldía.
Tecnópolis volvió y hasta noviembre hay tiempo de sobra para recorrerlo.
sábado, 14 de julio de 2012
«MIENTRAS TANTO»

El legado conceptual de Fernando Ulloa se acrecienta con la reciente publicación de estos textos póstumos: en ellos relaciona la búsqueda del poder, en Nietzsche, con la de la felicidad, en Aristóteles; cita la fórmula desarrollada por una mujer mapuche; vuelve sobre el enigma de la crueldad y discierne dos formas muy distintas de saber. Todo, en el marco de “inscribir plenamente la salud mental en el campo de la cultura”.
Nietzsche escribió: “El hombre no busca la felicidad, busca el poder”. Curiosamente, la concepción del poder en la que se afirma el por entonces joven filósofo traza una propuesta de felicidad, la de vencer los obstáculos personales que impiden quererse a sí mismo. Por esos tiempos en que afirmaba sus ideas sobre el poder, Nietzsche sufría por una dama que no le otorgaba su amor; quizá fue por eso que llegó a negar la felicidad como búsqueda humana. En acuerdo con esa propuesta, tiene poder quien logra vencer los obstáculos personales que le impiden quererse a sí mismo, un poder que no resulta opresivo ni para sí ni para el otro. La palabra übermenschlich figuraba entre paréntesis en aquel texto en su valor de adjetivo. En lengua alemana reenvía a un sujeto humano sin faltas morales, con coraje y fuerzas para trascender a través de los hechos (debo este conocimiento a Amalia Baumgart y su lengua alemana); quizá porque tales cualidades parecían sugerir aquellas del hombre nuevo del futuro, esa palabra vino a designar al superhombre: ya el joven filósofo había quedado atrás.
Lo que me importa señalar en la manera como Nietzsche aborda la cuestión del poder es que su comentario, según lo entiendo, se refiere a una voluntad de hacer y de trascender que no encuentro demasiado alejada de mi propuesta en cuanto a la tensión dinámica hechura/hacedor como motor social, con la fuerza suficiente para ser considerada contrapoder, siempre en sentido de poder hacer en lo inmediato, más allá de lo que habitualmente se conoce como la toma de poder, algo por lo demás totalmente legítimo en política, cuando ésta acredita esa misma legalidad, es decir, cuando apunta a una organización social democrática que, además, sea cierta.
No descarto que la ilusión me traicione, pero todo esto es lo que quiero significar cuando digo que ese operador actúa “con toda la mar detrás”, valga esto por lo que en la numerosidad social se fue produciendo en cada sujeto singular, y de hecho contextuado, pero alineado en el mismo proyecto. Desde ahí podrá hacer intervenir el contrapoder suficiente para operar “mientras tanto”.
Tal vez al lector le resulte extraño el entrecomillado de la expresión “mientras tanto”. La consigno así porque proviene, en esta acepción, del comentario de un sociólogo, investigador de la pobreza actual. El mismo quedó sorprendido por el accionar de una mujer –si mal no recuerdo, de la etnia mapuche, pero instalada lejos de su comunidad–, quien luego de terminadas sus changas diarias, gracias a las cuales mantenía a sus hijos, se ocupaba de trabajar para la villa miseria donde vivía. Era así que podía luchar por obtener la colocación de una canilla que acercara agua potable a su barrio, para evitar a sus habitantes largos recorridos cargando baldes, o bien organizar a hombres y mujeres, ella a la cabeza, para mejorar una calle de tierra, de modo que el colectivo que entraba en la villa unas pocas cuadras no se empantanara los días de lluvia. El sociólogo al que me refiero le preguntó un día:
–Señora, ¿por qué hace usted todo este esfuerzo a favor de la comunidad?
La respuesta fue:
–Es para el mientras tanto.
–¿Mientras tanto qué? –inquirió él.
–Mientras tanto alguien del gobierno se acuerde de nosotros, por eso me ocupo de que nos ocupemos todos. Si no, nos cansaríamos de esperar sin que pasara nada.
Es posible que aquella mujer careciera, o tal vez no, de un accionar político, pero no carecía de voluntad para asumir ese contrapoder nietzscheano trascendiendo a través de lo que hacía. Dije poco antes que la definición avanzada por Nietzsche acerca del poder no desmiente la felicidad, que por otra parte él recusa como fin último, diciendo que no reside allí la búsqueda del hombre, sino en la curiosa vía por él planteada para acceder al poder: vencer los obstáculos que nos impiden querernos.
Muchos siglos antes Aristóteles ya se había ocupado de la felicidad, aquella descartada por Nietzsche. Según Aristóteles, la felicidad es el despliegue de todas las potencialidades del alma –hoy diríamos de un sujeto– sin que aparezcan obstáculos. Como quiera que sea, para definir el poder y la felicidad, ambos filósofos recurren a la misma palabra: obstáculos; en el caso de Nietzsche, le acuerda un sustento específico cuando identifica a esos obstáculos como personales.
Pronto arribé a la siguiente conjetura: la crueldad como producción cultural a la vez antitética y contemporánea de la ternura, desde los inicios de la civilización –de la que formaron parte Aristóteles y, corridos los siglos, Nietzsche–, reviste distintas categorías que personalmente me resultan útiles para orientar mi investigación al respecto. Una de ellas es la disposición universal hacia la crueldad, en grados y en ocasiones distintas. Es así que pienso que los obstáculos personales por vencer a los que aluden ambos no son ajenos a esa disposición a la crueldad cuando ésta se ha activado también contra el propio sujeto, pues esto es lo que señalan Nietzsche en cuanto al poder, y Aristóteles, en cuanto a la felicidad.
Quizás aclare más lo anterior si establezco una diferencia entre lo que llamaré el saber curioso y el saber cruel (y por serlo, saber canalla).
Empecemos por el segundo, ya que es mucho más elocuente su recorrido. Puede tratarse de un saber cruel activado frente a lo distinto, por ejemplo, una pauta cultural. Me importa enfatizar aquí, explícitamente, que ese saber, respecto de esa pauta cultural distinta, perturba algún saber establecido en un sujeto cruel, tal vez poniendo en actividad aquello de la disposición universal. Ese saber perturbador cobra, además, un valor de absoluto, algo realmente grotesco, de donde se infiere que el saber cruel es, nada menos, saber ignorante. A partir de allí, el saber cruel y quien lo sostiene procurará, en primer término, discriminar al portador de esa pauta cultural distinta. Al mismo tiempo, mostrará fastidio –que tal vez alcance el grado del odio– frente a quien sostiene una cultura extraña o un saber que niega lo que para el cruel es un canon establecido. Finalmente, si las condiciones lo permiten, traducirá lo anterior en una supresión, ya sea de la condición de prójimo, de ciudadano o bien –extremo no tan infrecuente– de la vida.
El saber curioso también tiene sus vicisitudes frente a otro saber o quizás otra cultura, en la medida en que puede suscitarse allí cierta confusión, sobre todo si algo se presenta como radicalmente distinto. Sin embargo, y a diferencia del saber cruel, no por eso se apaga su intento de avanzar sobre lo ignorado. Ocurre que la curiosidad es motor del saber, motor anulado o enajenado por la crueldad, al menos en su forma epistémica. De no activarse ese motor, la tentación será “colonizar” lo nuevo, imprimiendo en él aquellos puntos de concordancia con el propio saber. Lo ejemplifica algo que seguramente les debe de haber sucedido a muchos lectores. De hecho me sucedió a mí, cuando tempranamente, aún novato, abordé por primera vez los textos de Freud. Sólo en un segundo momento, una vez transcurrido cierto tiempo desde aquella primera lectura, cuando volví sobre el texto, me sorprendió reparar que había subrayado prevalentemente lo que me era familiar, dejando afuera lo ignorado. Cuando por fin nos atrevemos a no descartar lo nuevo propuesto a nuestro conocimiento, es probable que recién entonces llegue a cobrar un valor atractivo y exótico, fermentando lo existente fermentable. A un tiempo que se va extendiendo lo nuevo, es probable que se acreciente un conocimiento feliz, a la manera aristotélica, así como también nuestro poder en su condición de poder hacer, según la propuesta de Nietzsche.
Esto evoca en mí lo afirmado por Derrida en cuanto a la resistencia autoinmune del psicoanálisis, como obstáculo al abordaje de la crueldad (sobre todo su valor de sustantivo que alude a lo cruento, a la condición de sangre derramada). Algo que, por otra parte, me reenvió al valor que cobra el término en el campo médico, donde designa básicamente los factores autoagresivos. Los obstáculos que revisten esa condición integran esa categoría de la crueldad que sitúo en términos de disposición universal hacia la crueldad, presente en todo sujeto humano. Usted, lector, yo y los vecinos. Esa disposición que supone la posible connivencia frente al sufrimiento de los otros y suelo caracterizar como lo cruel, bajo una forma neutralizada por el artículo que precede al adjetivo, pero con latente presencia que a veces hace costumbre. Lo cruel habita cualquier esquina de la ciudad, y sus múltiples variaciones siempre remiten a la muerte. Cobra una importancia mayor considerarlo así cuando se trabaja con sujetos en quienes la indigencia determina una muerte ya instalada.
¿Será que aquellos obstáculos por vencer para el acceso a la felicidad, como decía Aristóteles –o al poder, según lo afirmaba el joven Nietzsche–, realmente se fundan en esa disposición universal hacia la crueldad, ejercida en este caso contra uno mismo?
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La crueldad como sociopatía, la vera crueldad, no se limita a la tortura. Puede muy bien reportarse a un padre de familia arrasador, a un sistema político, a la precariedad de determinadas condiciones de trabajo como las que se dan, por ejemplo, en el gremio de la construcción. Algunas de esas muchas formas están socialmente encubiertas y procuran cierto provecho económico; se genera allí el saber canalla, discriminador, propio del vero cruel, aquel que pretende saber toda la verdad sobre la verdad y discrimina todo otro saber que no coincida con el suyo. Esa discriminación excluye, odia y, cuando puede, elimina; eliminación que a su vez reconoce diferentes grados: puede ir desde matar con la indiferencia a un sujeto hasta desecharlo como semejante por no pertenecer a una misma clase o, en una forma mayor, negarle la condición humana, deshumanizarlo. Encontramos un ejemplo de ello en el genocidio al que fueron sometidas las poblaciones indígenas o las víctimas de la represión, consideradas con frecuencia como cosas, aunque esto no siempre ocurra así, puesto que la víctima también puede ser admirada. Pero ya estamos en otra cuestión.
La pretensión de impunidad y el saber canalla hacen imposible, en sus formas mayores, que un sujeto de esta calaña se analice o acceda a algún tipo de auxilio psicoterapéutico. En efecto, mal puede alguien que rechaza toda ley aceptar las leyes del oficio. La primera de ellas, en cuanto a la clínica, supone establecer cómo fueron los hechos para después ir a buscar la verdad personal.
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Durante veinte años, a partir de la década del 70, cuando comencé a trabajar la cuestión de la crueldad en forma muy directa, en el campo de los derechos humanos, nunca se me ocurrió abordarla desde una perspectiva conceptual, pero sí me ocupé –a la manera de un telón de fondo– de profundizar la metapsicología de la ternura, algo que se despejaba para mí desde el punto de vista de sostener la vida en un accionar clínico sobre lo tanático. Varias circunstancias muy directas mediaron para determinarme a abordar conceptualmente la cuestión de la crueldad, tantas veces articulada a la pulsión de muerte en su versión más acentuada.
El mismo Freud, que desde principios del siglo pasado y durante años trabajó la pulsión de vida bajo sus diferentes formas, sólo en el año 20 y no sin un considerable escándalo teórico, señaló la importancia de la pulsión de muerte. Advirtió desde un principio lo que podría llamarse una forma sutil de dicha pulsión, haciendo su trabajo mancomunado a la vida. Pasaron varios años antes de que, principalmente en sus trabajos culturales y sobre todo en El malestar en la cultura y El porqué de la guerra, se ocupara con decisión –y a la vez marcado pesimismo– del destino cultural de la humanidad, una y otra vez arrasada por la pulsión de muerte en sus formas más acentuadas.
En estos trabajos, Freud tenía el firme propósito de oponerse a aceptar todo aquello que negara o enmascarara los hechos y circunstancias que pretendía investigar. Una doble y meritoria negativa que adquiere valor de afirmación respecto de lo avanzado en esos trabajos “culturales”, pese a que no les asignó valor psicoanalítico alguno. Convengamos que tampoco eran el resultado de una intervención clínica directa sobre el campo social, de ahí mi hipótesis según la cual Freud se ocupó en ellos no tanto del valioso concepto de malestar de la cultura como de las características propias de un detenido malestar hecho cultura, es decir, escribió en clave de historia acerca de una barbarie civilizadora.
Para los psicoanalistas que trabajamos clínica y directamente en la numerosidad social, estos trabajos constituyen, una vez resignificados, valiosas herramientas. Una de esas resignificaciones apunta a proponer que la idea de malestar de la cultura es un valioso concepto, aunque Freud desarrolló bajo ese título otro: el de malestar hecho cultura. El malestar de la cultura puede comprenderse como una tensión dinámica dada en cada sujeto integrante de una cultura, en la medida en que es a un tiempo sofisticada “hechura” y “hacedor” de ella. Es hechura en tanto posterga, demora parte de su libertad –y de ahí el malestar–, comprometido con el bien común de su comunidad; esa demora de su propio juego libre va construyendo en él (y por sumatoria también en la comunidad) una ética de compromiso cultural. Esta renuncia que demora parte de la propia libertad, legitima –lejos de todo delirio libertario– su condición de protagónico “hacedor” de esa cultura. No sitúo esta renuncia en términos de sacrificio, sino de estructura, de hecho social, que posterga algo de las propias pulsiones, tal como puede entenderse desde el psicoanálisis. Una estructura de demora específica, donde incluyo el per-humor que conjetura futuro. Si bien aún hoy todo esto es casi una utopía, lo propongo como algo posible de trabajar.
El dramaturgo Harold Pinter, en 1958, dijo: “No hay grandes diferencias entre realidad y ficción ni entre lo verdadero y lo falso. Pero como ciudadano debo preguntarme: ¿qué es la verdad? y ¿qué es la mentira?”.
En eso, al menos, me identifico con los sabios prefilosóficos, en especial con uno de ellos, Tales de Mileto. Estos sabios tenían tres características; una de ellas, la de ser ciudadanos que se interrogaban, a la manera de Pinter, por la verdad y la mentira. Se oponían, en consecuencia, a la mitología presentada épicamente. En este sentido, también se los llamaba “los incrédulos”, tal vez porque defendían, a ultranza, el pensamiento racional. Eran, además, hábiles artesanos para componer ingenios que aliviasen los trabajos cotidianos; entre esas cotidianidades, dado que se interesaban por la comunidad, seguramente quedaban incluidos los conflictos surgidos entre las gentes. Si respecto de aquellos sabios se trata de una presunción, en cuanto a mi quehacer diré que ese interés forma parte de mi trabajo como analista en la numerosidad social. Es quizá desde ahí que pretendo identificarme con ellos, sin ser ni sabio ni filósofo. Con el correr de los siglos y sus debates –siempre hubo sabios y filósofos que fueron sus portavoces, aunque no con exclusividad–, las presentaciones mitológicas fundaron místicas no necesariamente religiosas. Al mismo tiempo, la épica se abrió a la poiética, madre de todas las artes. Por supuesto, como efecto de esos debates y más allá de la racionalidad, los sabios prefilosóficos fueron tocados también por lo irracional. ¿Será a partir de allí que se fue abriendo la decisión de encaminarse a la epistemología o a la filosofía? Es posible.
Al respecto de decisiones y sus consecuentes acciones, Hannah Arendt decía que sólo se puede consignar de ellas la fecha en que se tomaron. Sostenía, y acuerdo con su afirmación, que las acciones tienden a seguir cualquier rumbo, no necesariamente el marcado por sus objetivos. De lo anterior se deduce una definición de la política –elemental pero válida–, presentada en los siguientes términos: política es un accionar sobre las acciones. También vale para el accionar clínico. Toda una cuestión ardua cuando se reconoce que cualquier modalidad de salud –aunque privilegio aquella que designa y resume el término de bienestar– tiene al menos dos vertientes: la clínica (responsabilidad de los clínicos) y la política, de hecho responsabilidad ciudadana, con lo cual vuelvo a insistir en que la salud mental corresponde a todos los oficios. Sin duda, en este accionar habrá que mantenerse atento para advertir cuándo las acciones persisten en la condición errática que Arendt les atribuye, lo cual las aleja de los objetivos establecidos, y cuándo ese alejamiento es un indicio de que esos objetivos no son los pertinentes y corresponde modificarlos. Agrego así a la definición básica avanzada una importante complejidad. Esta requiere verdadero talento político y no sólo un arbitrario talante en quienes se proponen conducir ese accionar.
Las anteriores consideraciones me permiten señalar que en este intento de reconceptualizar la salud mental –desde la perspectiva del psicoanálisis–, los mayores fracasos (debería decir los mayores obstáculos) aparecen cuando se pasa de la movilización en sede clínica a la movilización política, ya en el ámbito de la sociedad. Lo anterior es necesario si se quiere inscribir plenamente la salud mental en el campo de la cultura.
Fernando Ulloa
Fragmentos de
Salud ele-Mental con toda la mar detrás
libro póstumo, de reciente aparición
editorial Del Zorzal
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lunes, 9 de julio de 2012
DIA DE LA INDEPENDENCIA

Luego de la Revolución del 25 de mayo de 1810, el camino hacia la independencia nacional estaba trazado: la ruptura de los lazos coloniales con España en 1810 no hicieron más que cristalizar un movimiento liberador que venía buscando, desde 1806, mayor participación política y económica de los criollos.
En 1816, luego del camino iniciado por la Revolución de Mayo, el país proclamó en un Congreso realizado en Tucumán la existencia de una nación libre e independiente de la Corona Española, inaugurando el largo proceso de unificación nacional.
Corría 1810, América del Sur estaba dividida en dos bandos: por un lado los revolucionarios y, por otro lado, los leales al Consejo de Regencia, llamados “realistas”. Los revolucionarios buscaban más autonomía dentro del sistema colonial hasta que volviera el rey y muy pocos se inclinaban por la independencia al principio. Por eso las juntas se hicieron en nombre de Fernando VII, el rey preso.
Sin embargo, cuando los revolucionarios intentaron sumar a los realistas a su determinación, comenzaron las guerras entre ambos mandos, cuyo resultado sería la independencia de los dominios coloniales en América. España no intervino porque se encontraba ocupada por los franceses y luchando por su propia independencia. La guerra no tuvo un mando único, cada gobierno americano siguió sus propias decisiones.
En el Río de la Plata, la Banda Oriental –lo que hoy es Uruguay- y el Litoral empezaron a defender su autonomía y a desafiar la postura centralista de Buenos Aires. Es por ello que, en la Asamblea de 1813, otro importante antecedente de la independencia, los representantes orientales no fueron aceptados cuando se convocó a un congreso para organizar al Río de la Plata. En la Asamblea, la mayoría revolucionaria era partidaria de declarar la independencia. Sin embargo, no se animaron a dar ese paso, a causa de los acontecimientos que se daban en Europa.
En efecto, en 1814, el rey Fernando VII fue liberado justo después de que Rusia, Austria, Prusia, Suecia, Portugal, España y Gran Bretaña formaran una gran alianza que derrotó a Napoleón. Así, las monarquías absolutistas resultaron grandes ganadores y declararon que cualquier gobierno surgido de una revolución era ilegítimo.
Sin embargo, ya desde 1813 los revolucionarios estaban bien encaminados: Bolívar reconquistó Caracas e instaló la segunda república venezolana; los revolucionarios del Río de la Plata triunfaron en la batalla de Salta sobre los realistas. Y San Martín ya estaba formando el Ejército de los Andes, con el objetivo de liberar los territorios de Chile y Perú.
Por su parte, el enfrentamiento entre Buenos Aires y los seguidores de Artigas, máximo líder de la Banda Oriental, se agudizó: el Litoral y la Banda Oriental formaron la “Liga de los Pueblos Libres” y se separaron del resto de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Por su parte, Paraguay, que había dejado de ser realista, se desvinculó completamente del resto y se mantuvo aislada.
A fines de 1815, la situación de los revolucionarios era desesperada. Venezuela y Colombia fueron reconquistadas por los realistas. Sólo el Río de la Plata seguía en pie, amenazado desde Chile y el Alto Perú. A nivel internacional, la situación era preocupante: Austria, Rusia y Prusia habían formado la Santa Alianza para defender a los absolutismos y apoyaban a Fernando VII en su búsqueda de recuperar su imperio.
En medio de esa gran emergencia, en 1816 las Provincias Unidas decidieron convocar a un nuevo congreso, que se reunió en Tucumán para decidir qué hacer. Todas las provincias de la Liga de los Pueblos Libres (Banda Oriental, Corrientes, Entre Ríos, Misiones y Santa Fe) no lograron participar del encuentro, ya que sus representantes fueron aprisionados por el Directorio unitario instalado en Buenos Aires. Una sola provincia de ideas federalistas pudo hacer llegar a sus representantes: Córdoba. Los territorios de la Patagonia, Comahue y el Gran Chaco se encontraban bajo el dominio de los llamados pueblos originarios. El Congreso se inició el 24 de marzo de 1816 con la presencia de 33 diputados, en una casa en San Miguel de Tucumán, alquilada a Francisca Bazán de Laguna, hoy Monumento Histórico Nacional.
Cabe destacar que, pese a una hegemonía de representantes de todas las provincias partidarias del centralismo porteño, el Congreso expresó en gran parte intenciones federales mantenidas por José de San Martín, Manuel Belgrano y Bernardo de Monteagudo. Luego de acaloradas discusiones, el Congreso del 9 de julio de 1816 proclamó la declaración de independencia argentina respecto de España y de toda otra dominación extranjera.
sábado, 7 de julio de 2012
LA FAMILIA

La mayoría de los niños nacidos en cautiverio clandestino durante la dictadura fueron entregados a familias de apropiadores, y una minoría fue entregada en adopciones sinceras. La gran mayoría de los niños nacidos en los centros clandestinos no fueron devueltos a sus verdaderos familiares. Todas las mujeres que fueron secuestradas embarazadas fueron mantenidas con vida en condiciones infrahumanas hasta el parto e incluso fueron torturadas. La gran mayoría de las secuestradas que dieron a luz en los centros clandestinos, posteriormente fueron asesinadas.
Esa secuencia, en la que se apuntan las pocas excepciones a la regla, sólo se puede enumerar porque hubo un plan sistemático para ponerla en marcha. Por esa razón, las condenas por el plan sistemático por la sustracción de niños durante la dictadura tienen una carga simbólica que va más allá de los otros juicios que se están llevando a cabo. No hay una escala para medir las violaciones a los derechos humanos, pero este caso resume a la mayoría.
Las condenas certificaron que hubo un plan y un sistema para producir bebés como si fuera ganado y al mismo tiempo trofeo preciado en el mercado negro de una matanza inconfesable.
Después que nacía el niño, asesinaban a la madre y el bebé era destinado a los que estaban anotados en una selecta lista integrada en su mayoría por represores que habían colaborado en la desaparición de los padres de esos niños. Estaba concebido que esos niños-trofeo fueran condenados a amar a los asesinos de sus verdaderos padres cuyas memorias estaban obligados a odiar. Ese era un premio al soldado victorioso y al mismo tiempo castigo de los derrotados.
Recuerdo viviente de la victoria sobre un enemigo al que le amputaban, ya después de muerto, hasta la posibilidad de continuarse en sus hijos. De esta manera, los apropiadores conformaban la familia. Es una idea de familia.
Pueden agregarse muchas cosas sobre este dispositivo montado por la dictadura, pero la mayoría está dicha. Es una escena que no tolera la hipocresía. No hay en ese relato un sujeto que llegó de Marte, un actor desconocido. Ni siquiera resulta extraño el armado de ese sentido común con el que se quiso naturalizar la aberración, un sentido común que fue hegemónico hasta muchos años después de la dictadura. Podría decirse, incluso, que fue parte de una intensa disputa en el plano de la justicia y lo simbólico, por lo menos desde 1996, cuando las Abuelas presentaron la denuncia, y 1998, cuando empezaron las actuaciones, hasta esta semana en que se conocieron las condenas.
Porque ese relato aberrante encontró un espacio relevante en el seno de la sociedad, anidó en una de sus instituciones de poder, fue inducido por un contexto civil empresario y político, y estimulado por un factor eclesiástico y mediático. No hay una sociedad ajena, hay una sociedad involucrada, protagonista.
Pero también es cierto que en el seno de esa misma sociedad estaba la fuerza que podría llevar esos delitos a la Justicia. Era una sociedad que llevaba en su seno el impulso hacia el plan sistemático de sustracción de bebés y también la fuerza contraria, la que resistiría, la que finalmente podría llevarlo a la Justicia luego de muchos años de esfuerzos, la mayoría de ellos en minoría y soledad.
La condena que se conoció esta semana fue la expresión de que en esa disputa social, cultural-mediática, política y legal, se desplegó finalmente a partir del 2003, cuando se anularon las leyes de impunidad, en un ámbito nacional donde adquirió preeminencia la pulsión de vida, la fuerza que resistió y que está mayormente representada por las Abuelas, por las Madres y por los Hijos, frente a la pulsión de muerte que está representada en los represores.
Abuelas, Madres e Hijos son los nombres que forman una familia. No una familia en el sentido conservador de la tradición y el orden, sino en el sentido del amor, del vínculo capaz de vencer a la muerte porque pone a un otro por encima del mismo ser. En ese sentido de familia, de solidaridad profunda, esta sociedad encontró la fuerza para redimirse frente a otro impulso contrario con base autoritaria o de soluciones represivas.
Ha sido, en última instancia, la confrontación de dos ideas de familia: la que fue desplegada en las plazas y en las calles por las Abuelas, las Madres y los Hijos y la practicada en los estados mayores de la represión, asistidos por jerarquías eclesiásticas y empresarias: una familia montada sobre la destrucción de otras familias que une a sus miembros sobre la base del predominio de la fuerza jerárquica con que fueron sustraídos y agregados los bebés. Nadie tiene el derecho de condenar a un niño a amar a los asesinos de sus padres.
Esos dos conceptos de familia actúan también como metáforas de la comunidad. Conforman valores sobre los cuales se construyen las relaciones entre los seres humanos.
Por eso, en las condenas se expresa una sociedad que salda sus lacras y en ese contexto constituyen a la Justicia como acción reparadora. Pero ojo, más que para las víctimas directas, la reparación es esencialmente para la sociedad en su conjunto, que de esa manera puede reafirmar caminos de “nunca más” un plan como el que fue juzgado. Por supuesto, las víctimas directas también se benefician de esa acción reparadora porque los incluye en términos de ciudadanía, les da verdad y les devuelve identidad. Pero el daño de fondo, con su drama de ausencias y lealtades irremediablemente antagónicas, es muy grande y es irreparable.
Todos los contenidos de este juicio tienen reminiscencias de cuestiones que ya son conocidas. Pero en este caso, por los hechos extremos de las situaciones planteadas y porque además la sociedad ya ha tenido mucho tiempo para reflexionar sobre ellos, aparecieron con claridad algunas de las trampas con que la dictadura dejó minado al país cuando se retiró.
En el discurso que leyó Videla en su defensa, asombrosamente el ex dictador usó los mismos recursos que había usado cuando estaba en el poder. Y es asombroso porque no intentó renovarlo, fue el mismo, calcado de aquel en el que se refirió a los desaparecidos.
Pese a todas las evidencias, por un lado negó que hubiera un delito y por supuesto negó también haberlo cometido. Pero fue más allá porque si por un lado oculta un horror que es imposible blanquear, por el otro, lo justificaba. Videla dijo que no hubo un plan sistemático de robo de bebés cuando él se desempeñó como presidente de facto del país. Y además dijo que las embarazadas eran guerrilleras que usaban sus embarazos como escudos para evadir a las fuerzas represivas. No hubo lo que hubo, pero estaría bien que lo hubiera habido. Oculta el horror, pero al mismo tiempo lo justifica.
Esa negación deja constancia de que los militares fueron conscientes de la gravedad de los delitos que estaban cometiendo. Fueron tan conscientes que nunca se atrevieron a asumirlos en forma pública. Son tan graves que son imposibles de justificar abiertamente, por eso los niegan. Niegan que hayan existido, de la misma manera que los neonazis niegan la existencia de los campos de concentración del nazismo. Pero al mismo tiempo los justifican en el caso de que hubieran ocurrido. Esa modalidad de secuestro, desaparición, tortura y asesinato en la clandestinidad, de ocultar el horror, pero al mismo tiempo justificar lo oculto, tiene muchas causas. En principio, el principal motivo fue la cobardía de los mismos represores, que no estaban dispuestos a asumir la responsabilidad por los actos que cometían y por lo tanto abandonaron a su suerte a los cuadros de menor jerarquía que fueron los culpables directos.
Pero más allá de los motivos, la consecuencia fue un discurso de terror profundo. Se le puede tener miedo a muchas cosas, pero lo que produce más terror es la amenaza de lo desconocido, porque en ese desconocido, cada quien mete a lo que más miedo le tiene. Así era Videla hablando de los desaparecidos, sugiriendo un horror oscuro pero inexorable como una condena divina o castigo natural a determinadas acciones. Durante muchos años la sociedad recibió ese mensaje de horrores ocultos pero justificados, horrores que le podían suceder a cualquiera, un mensaje de castración. Se puede reclamar, pero no se puede actuar en función de ese reclamo. Cuando alguien, organización o individuo, actúe para lograr la satisfacción de ese reclamo se pone en un lugar de riesgo intolerable. Lo testimonial es aceptado, pero la acción política para la transformación o el cambio es duramente penalizado.
Ese discurso de castración echó raíces muy profundas en la sociedad, que quedó atrapada en él hasta muchos años después de la dictadura, durante los cuales primaron gobiernos conservadores, izquierdismos testimoniales y progresismos impotentes.
miércoles, 27 de junio de 2012
ENSEÑAR Y APRENDER

ENSEÑAR NO ES TRANFERIR CONOCIMIENTOS, SINO CREAR LAS POSIBILIDADES DE SU CONSTRUCCION, QUIEN ENSEÑA APRENDE AL ENSEÑAR Y QUIEN APRENDE, ENSEÑA AL APRENDER...
PAULO FREIRE
Los dos primeros años de educación primaria se transformarán en un bloque pedagógico a partir del próximo año para «nivelar a aquellos chicos a los que les cuesta un poco más que a otros llegar a completar los saberes al término del segundo grado».
El ministro de Educación, Alberto Sileoni, consideró que la nueva norma beneficiará a los chicos más carenciados. «No es una medida demagógica o facilista, es permitirles respetar su proceso de maduración».
Es una resolución consensuada en el Consejo Federal de Educación. Fue acordado por el Ministerio con todas las provincias y correrá a partir de 2013.
«Todos los estudios indican que aprender a leer y escribir es un proceso que ocurre en los dos primeros años de escolaridad. No hay evidencia científica de que repitiendo a los pibes les vaya mejor».
«Si el pibe que repite pudiera hablar, diría: "¿Por qué no me das una chance?, porque lo que yo no logré en noviembre, quizás lo logre en marzo del año que viene"», manifestó el ministro. Y marcó las diferencias de aprendizaje que se dan en las distintas esferas sociales: «Los pibes de los sectores más carecientes llegan a primer grado con un año o dos de escolaridad. En cambio, los chicos de los sectores pudientes tienen 4 años de preescolar. Entonces ahí hay diferentes puntos de partida».
«Hoy tenemos una repitencia de 60.000 pibes por año que pertenecen a los sectores más carecientes. No es una medida demagógica o facilista, es simplemente permitirles respetar su proceso de maduración».
La medida está en línea con el proyecto “Todos pueden aprender”, que Unicef implementa desde el año 2003 en algunas provincias. “La cantidad de alumnos que repiten es alta y tiene efectos muy negativos en los alumnos”.
«A un alumno al que le falta una materia para terminar Ingeniería se le dan 6 oportunidades para terminar. A un pibe de seis años se le tiene que dar un poco más de tiempo de maduración. Eso es lo que estamos persiguiendo con esta medida».
lunes, 18 de junio de 2012
POLO EDUCATIVO ABANDONADO










El 25 de agosto de 2003, la obra fue anunciada por el jefe de Gobierno porteño, Aníbal Ibarra, según la Ley Nº 938/2002.
El Polo Educativo Saavedra sería un ambicioso campus ubicado en la intersección de las calles Galván y Crisólogo Larralde. Las obras debían estar terminadas y funcionando desde mediados de 2007, para recibir a 1.800 alumnos de la Escuela de Música “Juan Pedro Esnaola”, actualmente saturada y con graves problemas edilicios.
Nada de eso pasó. Llegó Mauricio Macri y todo empeoró.
El jueves 21 de junio, a las 12 horas, se realizará un banderazo en reclamo por la finalización de las obras del Polo Educativo Saavedra.
Hay fotos, hay proyecto, hay partes construídas, hay abandono macrista...
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El Polo Educativo de Saavedra en un predio de 4 hectáreas ubicado en avenida Crisologo Larralde y la calle Galván, cuya construcción está ejecutada en un 60 por ciento. Los vecinos de la zona, estudiantes y docentes reclaman desde hace mucho tiempo por la finalización del proyecto: "desde hace más de 4 años, la obra se encuentra en estado de abandono".
El proyecto original proponía el traslado o construcción de un jardín maternal para niños de 45 días a 5 años, talleres para egresados de la Escuela Especial N°11 del D.E.15, la Escuela Especial N°1 IREP; la Escuela Media Técnica N°36 y la Escuela de Música "Juan Pedro Esnaola".
La obra prevé también trasladar la Escuela Media, Magisterio y Profesorado de Música, la Escuela de Luthiers e Imprenta, una escuela primaria y de Capacitación con 200 vacantes, un auditorio para 450 personas, un natatorio cubierto, parque y estacionamiento.
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Mientras Mauricio Macri gastó dineros públicos en sombrillas para "la playita" ridícula en el Parque de los Niños, o puso bicicletas en Barrio Norte para los turistas, o arregló las veredas de Palermo Hollywood, los pibes de Saavedra miran con tristeza cómo sus futuras escuelas se llenan de telarañas y ratas.
Sorprendidos, leemos en la página oficial del Gobierno de la Ciudad: POLO EDUCATIVO SAAVEDRA y toda la información del proyecto educativo, sin avisar que hace años el Polo está congelado...
- El Ministerio de Educación ha iniciado en la Ciudad de Buenos un proceso de creación de nuevas instituciones educativas y una profunda renovación de sus edificios, acentuando una mayor integración de las instituciones educativos con la comunidad, estableciendo un nuevo concepto en la dimensión y el uso de los espacios arquitectónicos y la relación con su entorno.
La dinámica del desarrollo urbano y las transformaciones operadas en la sociedad, generan un replanteo del concepto sobre el espacio educativo, el entorno urbano, sus espacios y la renovada relación que entre ellos se crea.
Es por ello que este nuevo planteo urbano, el Polo Educativo, es fruto de esta nueva relación de integración entre las instituciones y los actores de la sociedad, que participan de su creación con una positiva experiencia previa, el Polo Educativo Lugano.
El Ministerio de Educación presenta una propuesta educativa superadora y en evolución permanente con la incorporación de un Polo Educativo en el barrio de Saavedra, ofreciendo los siguientes niveles educativos:
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Pamplinas. Todas mentiras PRO. La página oficial del Gobierno de la Ciudad no dice la verdad. Las obras estaban iniciadas antes de que Maurizio llegara al gobierno porteño; él y su gente decidieron no terminarlas, subejecutar los presupuestos, abandonar la Educación Pública...
- Escuela Infantil - de creación.(Para niños de 45 días a 5 años - 480 niños)
- Escuela Media Técnica N° 36 “Alte. Guillermo Brown” - nuevo edificio. (Con especialización en computación, medios y obras - 840 alumnos)
- Escuela de Música “Juan Pedro Esnaola” - nuevo edificio
- Escuela Media - Magisterio y Profesorado de Música - Escuela de Luthiers e Imprenta - 1.500 alumnos
- Auditorio para 450 personas
- Escuela Especial - N° 1 IREP
- Escuela Primaria y de Capacitación - 200 alumnos
- Equipamiento Deportivo
Natatorio cubierto y equipamiento deportivo para distintas disciplinas. - Equipamiento Urbano
Parque común y público, integrado al barrio y estacionamientos.
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El tiempo pasa, surgen preguntas... ¿Qué será primero? ¿Se terminará la obra del Polo Educativo de Saavedra, o el jefe de Gobierno Mauricio Macri ira preso por las escuchas telefónicas ilegales?
jueves, 7 de junio de 2012
TIEMPOS DE RARA FELICIDAD

Hoy es el Día del Periodista, en conmemoración de la aparición del primer diario argentino, La Gaceta.
El Primer Congreso Nacional de Periodistas realizado en 1938, y que instauró este Día, lo fundamentaba recordando que fue “el primer medio de prensa con ideas patrióticas”.
Salud Castelli y Belgrano. Salud Rodolfo Walsh. Salud José Luis Cabezas.
Y salud a todos los que día a día honran el digno oficio de testimoniar la verdad y defender los intereses del pueblo y de la patria y no de las corporaciones manchadas de sangre.
El fundador y director de La Gaceta, Mariano Moreno, escribía ese 7 de Junio de 1810:
“¿Por qué se han de ocultar a las Provincias sus medidas relativas a solidar su unión, bajo nuevo sistema? ¿Por qué se les ha de tener ignorantes de las noticias prósperas o adversas que manifiesten el sucesivo estado de la Península?... Para el logro de tan justos deseos ha resuelto la Junta que salga a la luz un nuevo periódico semanal, con el título de la Gaceta de Buenos Aires”.
Con estas palabras, seguramente Moreno sería tildado hoy por algunos como “el primer periodista militante”.
Y cuánto más lo sería por escribir: “El pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes, y el honor de éstos se interesa en que todos conozcan la execración con quien miran aquellas reservas y misterios inventados por el poder para cubrir sus delitos. El pueblo no debe contentarse con que sus jefes obren bien, debe aspirar a que nunca puedan obrar mal”.
Hasta qué punto estamos marcados por la historia que “La Gaceta” llevaba como lema central en cada uno de sus números, una frase del historiador romano Tácito: “Tiempos de rara felicidad, aquellos en los cuales se puede sentir lo que se desea y es lícito decirlo”.
Como se verá, en el origen de la patria están nuestras primeras huellas como sociedad libre y democrática.
¿O acaso es tener ideas patrióticas aplaudir al Reino Unido y criticar al Gobierno de Cristina por defender nuestra soberanía en Malvinas?
¿O es tener ideas patrióticas atacar todos los días, como lo hacen Clarín y La Nación, la unidad nacional de los argentinos?
Una segunda cita de Tácito quizá lo explica todo: “El poder conseguido por medios culpables nunca se ejercitó en buenos propósitos”.
Nunca en la historia se ejerció el periodismo con tanta libertad como hoy.
Nadie está preso por sus opiniones.
Y sin embargo, nunca estuvo tan en claro que al poder económico y mafioso sí les molesta este oficio cuando se lo ejerce de verdad.
Esos son, como decía Moreno, los que “miran aquellas reservas y misterios inventados por el poder para cubrir sus delitos”.
Por eso trompean cobardemente a los periodistas. Por eso.
domingo, 3 de junio de 2012
BELGRANO CUMPLEAÑOS

CERCA DEL 20 DE JUNIO, TODOS ESTARÁN HABLANDO DE BELGRANO, PORQUE ESE DÍA FALLECIÓ UNO DE LOS HOMBRES MÁS IMPORTANTES DE LA REVOLUCIÓN DE MAYO Y LA LUCHA POR LA INDEPENDENCIA.
SIN EMBARGO, NOSOTROS PREFERIMOS RECORDARLO HOY, EL DÍA DE SU NACIMIENTO...
Nació en Buenos Aires el 3 de junio de 1770.
El joven Belgrano estudió en el Colegio de San Carlos y luego en la Universidades de Salamanca y Valladolid (España).
En 1793, con 23 años, Belgrano se recibió de abogado y en 1794, ya en Buenos Aires, asumió como primer secretario del Consulado. Desde el consulado se propuso fomentar la educación y capacitar a la gente para que aprendiera oficios y pudiera aplicarlos en beneficio del país. Creó escuelas de Dibujo, de Matemáticas y Náutica.
En 1806 durante las invasiones inglesas, se incorporó a las milicias criollas para defender la ciudad. A partir de entonces, compartirá su pasión por la política y la economía con una carrera militar que no lo entusiasmaba demasiado. Pensaba que podía ser más útil aplicando sus amplios conocimientos económicos y políticos.
Cumplió un rol protagónico en la Revolución de Mayo y fue nombrado vocal. Se le encomendó la expedición al Paraguay. En su transcurso creó la bandera el 27 de febrero de 1812. En el Norte encabezó el heroico éxodo del pueblo jujeño y logró las grandes victorias de Tucumán (24-9-1812) y Salta (20-2-1813).
Luego vendrán las derrotas de Vilcapugio (1-10-1813) y Ayohuma (14-11-1813) y su retiro del Ejército del Norte. En 1816 participará activamente en el Congreso de Tucumán.
Como premio por los triunfos de Tucumán y Salta, la Asamblea del Año XIII le otorgó a Belgrano 40.000 pesos oro. Don Manuel lo destinará a la construcción de 4 escuelas públicas ubicadas en Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero.
Belgrano redactó además un moderno reglamento para estas escuelas que decía, por ejemplo, en su artículo primero que “el maestro de escuela debe ser bien remunerado por ser su tarea de las más importantes de las que se puedan ejercer”. Pero lamentablemente, el dinero donado por Belgrano fue destinado por el Triunvirato y los gobiernos sucesivos a otras cosas y las escuelas nunca se construyeron.
Belgrano murió en la pobreza total el 20 de junio de 1820, en una Buenos Aires asolada por la guerra civil que llegó a tener ese día tres gobernadores distintos. Sólo un diario, El Despertador Teofilantrópico se ocupó de la muerte de Belgrano. Para los demás no fue noticia.
VEAN COMPLETA
BELGRANO, LA PELÍCULA
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