Una
oda a la vida, un cortometraje documental orgásmico acerca de la
sexualidad en la vejez contada a través de las historias personales de
cinco mujeres...
“Orgasmos múltiples”, “clítoris”, “penetración”, “masturbaciones”, “arriba”, “abajo”, “lubricante”, “calentura” y “coger” son algunas de las palabras que aparecen como luciérnagas en la oscuridad al ritmo de las voces de 5 mujeres septuagenarias que protagonizan el documental “Viejas que hierven”, de Violeta Tapia. La oscuridad tal vez sea lo que una de ellas define en una frase cruda y contundente: “lo que se hace con la sexualidad de los viejos es una masacre”. Es Rosa Rodriguez Cantero, poeta y hacedora con su voz del hilo conductor del film, con métrica gauchesca y rima picaresca cuenta sus avatares sexuales.
Las viejas que hierven son cinco, Rosa (72), Tili (75), Clarisa (73), Griselda (71) y Norma (77), ellas no sueltan los relatos de un solo saque, los sirven lento como se sirve una taza de té bien caliente. Hirviendo. Hablan de desmoronamiento, de piernas “así” , de la piel que sobra y de las rodillas que no resisten, pero desde esas ruinas que el mercado tacha de descartable, el deseo sexual de ellas se ilumina y pide pista.
La directora de la película es Violeta Tapia, tiene cuarenta años menos que las protagonistas de su documental, es radicalmente de otra época y se interesó por hurgar en un tema tabú: “En el cine y en lo audiovisual, la representación de la sexualidad de lxs viejxs es casi nula, incluso dentro del feminismo, a quienes se apunta para hablar de sexualidad es a la gente joven. También comencé a ver que lo único que había en las películas eran parejas de viejxs y siempre estaba todo muy centralizado en su pureza y su dulzura, pero nunca se lxs representaba como sujetos deseantes”.
Su documental se presentó en la última edición del Festival Internacional de Cine de Buenos Aires (BAFICI) en la sección Pasiones: “Consumimos publicidades, cine y series y lo único que nos dicen es 'tenés que ser joven', 'usá está crema para las marcas de la expresión', 'hacé esto para levantar los glúteos', 'mantenete delgada', 'tensá tu piel', 'mirá esta chica perfecta que ves acá, tenés que ser como ella', y eso, a mí y a cualquier mujer nos limita. Es muy difícil desligarse de esos prejuicios, pero me parece trascendental que hagamos mucho para poder ir cambiando algo. Un camino es empezar a hacernos preguntas: ¿Por qué este cuerpo no es 'lindo'? ¿Por qué las lindas son sólo ciertas mujeres? ¿Por qué tenemos que ser todas iguales, jóvenes, con nariz pequeña, con piel de seda, con tetas grandes y levantadas?", explica Violeta que estudia Artes Audiovisuales en la UNA y Realización de Cine en la ENERC.
Otra de las protagonistas del documental es Norma, militante y primera lesbiana en casarse con otra lesbiana aún antes de aprobada la ley de matrimonio igualitario: “Yo siempre quise hablar de los temas que me interesaban, y la sexualidad siempre me interesó, pero siendo lesbiana también fue mucho mas difícil. Somos pocas las lesbianas mayores que hablamos de sexualidad públicamente, y en un punto es porque durante mucho tiempo hablamos de nuestra sexualidad en base a mentiras”. Las mentiras de las que habla Norma son mitos puestos al servicio de un desmoronamiento del deseo sexual de lxs viejxs: la flacidez, la sequedad y la hegemonía de la belleza en la juventud.
“Las tetas no me las veo caídas pero porque me puse prótesis, una se encapsuló, entonces ahí también tengo un problema porque si viene algún caballero y me toca la teta va a encontrar que toca una pelotita de tenis", dice Tili en el documental, se ríe de sí misma pero también reconoce la dificultad que tuvo en los últimos años para poder reconocerse como una mujer deseante y deseada: “Recurrí a una ginecóloga y le dije que tenía una sequedad vaginal que hacía que me doliera mucho cuando me penetraban. Y me dijo que para eso se podía hacer un tratamiento, me dió unos óvulos y una crema”. Sin embargo, en su derrotero sexual descubrió que la penetración no era lo que le provocaba los orgasmos: “Me exito mucho más a través del clítoris y estando yo arriba. El peso de todo mi torso sobre los genitales masculinos y en ese balanceo que una realiza es como que evidentemente se estimula mucho más clítoris. O sea que yo disfruto mucho más con eso que con la penetración”.
Los relatos del documental se van tejiendo para hacer contraste con lo que no suele decirse sobre la sexualidad en la vejez, ilumina e inspira, pero no sólo a quienes pasaron los 70. La directora confiesa que pensar en su vejez fue una de las motivaciones que la llevó a realizar la película: “Me motivó hablar de las viejas. Y de nosotras, que vamos a ser viejas en el futuro. ¿Por qué casi en ningún lado podemos ver y escuchar a mujeres grandes en primera persona hablando sobre sexualidad, deseando, hirviendo? ¿Por qué viene siendo un absoluto tabú? Creo también que la sexualidad es algo completamente intangible, híbrido y subjetivo; que es muy importante y vital para cualquier persona y que tiene relación directa con la vida, con la ternura y la alegría”, dice y agrega “tal vez algún día cuando tenga 80 años, mire este corto y pueda cobijarme en las palabras de estas mujeres, y ojalá otras mujeres puedan hacerlo también. Que puedan encontrarse en alguna de ellas, que puedan mirarse al espejo y abrazarse, y no sentirse solas más allá de que estén casadas, viudas o solteras. Es clave pensarnos entre todas, a presente y a futuro. Es clave empezar también a mostrar cada vez más otros cuerpos, que no son los que vemos siempre”.
Una oda a la vida, un (c)ortometraje documental orgásmico acerca de la sexualidad en la vejez contada a través de las historias personales de cinco mujeres.
¿Sexo o no sexo después de los 70? Esta película muestra los testimonios de mujeres septuagenarias sobre sus experiencias amatorias y el goce a través del paso del tiempo. Una rima picaresca, con métrica gauchesca, que cita los avatares de los encuentros sexuales en la época de la madurez, en la voz de una mujer: “El hombre se prende al viagra, la mujer al lubricante, para llegar al instante del orgasmo placentero”. Así es el preludio, desfachatado, gracioso y sincero de Viejas que hierven, corto documental de Violeta Tapia. Como en Las cinéphilas, de María Álvarez, las mujeres salen de sus casas, pero esta vez no para ir al cine, sino para militar en favor de la sexualidad menopáusica y dejar en claro, con mucho sentido del humor, que la libido está más firme que nunca. (Vanesa Fognani)
(1998, Buenos Aires, Argentina). Estudia Artes Audiovisuales en la UNA y Realización de Cine en la ENERC. En 2017, su cortometraje Nostalgia fue seleccionado en el Festival Internacional de Cine de Hanover (Alemania).
“Uno de los errores más terribles que podemos cometer mientras estudiamos, como alumnos o maestros, es retroceder frente al primer obstáculo con que nos enfrentamos, no asumir la responsabilidad que nos impone la tarea de estudiar...”
Paulo Freire
Texto del educador y filósofo Paulo Freire, publicado en el año 1993, en el libro "cartas a quem ousa ensinar"
Creo
que el mejor punto de partida para este tema es considerar la cuestión
de la dificultad, la cuestión de lo difícil y el miedo que provoca.
Se
dice que alguna cosa es difícil cuando el hecho de enfrentarla u
ocuparse de ella se convierte en algo penoso, es decir, cuando presenta
algún obstáculo. «Miedo», según la definición del Diccionario Aurélio,
es un «sentimiento de inquietud frente a la idea de un peligro real o
imaginario». Miedo de enfrentar la tempestad. Miedo de la soledad. Miedo
de no poder franquear las dificultades para finalmente entender un
texto.
Siempre existe una relación entre el
miedo y la dificultad, entre el miedo y lo difícil. Pero en esta
relación evidentemente se encuentra también la figura del sujeto que
tiene miedo de lo difícil o de la dificultad. El sujeto que le teme a la
tempestad, que le teme a la soledad o teme no conseguir franquear las
dificultades para entender finalmente el texto, o producir la
inteligencia del texto.
En esta relación entre
el sujeto que teme y la situación u objeto del miedo existe además otro
elemento constitutivo que es el sentimiento de inseguridad del sujeto
temeroso. Inseguridad para enfrentar el obstáculo. Falta de fuerza
física, falta de equilibrio emocional, falta de competencia científica,
ya sea real o imaginaria, del sujeto.
La
cuestión que aquí se plantea no es negar el miedo. Aun cuando el peligro
que lo genere sea ficticio, el miedo en sí, sin embargo, es concreto.
La cuestión que se presenta es la de no permitir que nos paralice o nos
persuada de desistir fácilmente, de enfrentar la situación desafiante
sin lucha y sin esfuerzo.
Frente al miedo, sea
de lo que fuera, es preciso que primeramente nos aseguremos con
objetividad de la existencia de las razones que nos lo provocan. En una
segunda instancia, si éstas existen realmente, que las comparemos con
las posibilidades de las que disponemos para enfrentarlas con
probabilidades de éxito. Y por último, que pensemos qué podemos hacer
para, si éste es el caso, aplazar el enfrentamiento del obstáculo y
volvernos más capaces de hacerlo mañana.
Con
estas reflexiones quiero subrayar que lo difícil o la dificultad están
siempre relacionados con la capacidad de respuesta del sujeto que,
frente a lo difícil y a la evaluación de sí mismo en cuanto a la
capacidad de respuesta, tendrá más o menos miedo o ningún miedo o miedo
infundado o, reconociendo que el desafío sobrepasa los límites del
miedo, se hundirá en el pánico. Éste es el estado de espíritu que
paraliza al sujeto frente a un desafío que reconoce sin ninguna
dificultad como absolutamente superior a cualquier intento de respuesta:
tengo miedo de la soledad y me siento en pánico en una ciudad asolada
por la violencia de un terremoto.
Aquí me
gustaría ocuparme solamente de las reflexiones en torno al miedo de no
comprender un texto de cuya inteligencia precisamos en el proceso de
conocimiento en el que estamos insertos en nuestra capacitación. El
miedo paralizante que nos vence aun antes de intentar, más
enérgicamente, la comprensión del texto.
Si
tomo un texto cuya comprensión debo trabajar, necesito saber: a] si mi
capacidad de respuesta está a la altura del desafío, esto es, del texto
que debe ser comprendido; b] si mi capacidad de respuesta es menor, o c]
si mi capacidad de respuesta es mayor.
Si mi
capacidad de respuesta es menor, no puedo ni debo permitir que mi miedo
de no entender me paralice y que, considerando mi tarea como imposible
de ser realizada, simplemente la abandone. Si mi capacidad de respuesta
es menor que las dificultades de comprensión del texto, debo tratar de
superar por lo menos algunas de las limitaciones que me dificultan la
tarea con la ayuda de alguien, y no sólo con la ayuda del profesor o la
profesora que me indicó la lectura. A veces ésta exige alguna
convivencia anterior con otro que nos prepara para un paso posterior.
Uno
de los errores más terribles que podemos cometer mientras estudiamos,
como alumnos o maestros, es retroceder frente al primer obstáculo con
que nos enfrentamos, no asumir la responsabilidad que nos impone la
tarea de estudiar, como se impone cualquier otra tarea a quien deba
realizarla.
Estudiar es un quehacer exigente en
cuyo proceso se da una sucesión de dolor y placer, de sensación de
victoria, de derrota, de dudas y alegría. Pero por lo mismo estudiar
implica la formación de una disciplina rigurosa que forjamos en nosotros
mismos, en nuestro cuerpo consciente. Esta disciplina no puede sernos
dada ni impuesta por nadie —sin que eso signifique desconocer la
importancia del papel del educador en su creación—. De cualquier manera,
o somos sujetos de ella, o ella se vuelve una mera yuxtaposición a
nuestro ser. O nos adherimos al estudio como un deleite y lo asumimos
como una necesidad y un placer o el estudio es una pura carga, y como
tal, lo abandonamos en la primera esquina.
Cuanto
más asumimos esta disciplina tanto más nos fortalecemos para superar
algunas amenazas que la acechan y que acechan, por lo tanto, a la
capacidad de estudiar eficazmente.
Una de esas
amenazas, por ejemplo, es la concesión que nos hacemos a nosotros mismos
de no consultar ningún instrumento auxiliar de trabajo como
diccionarios, enciclopedias, etc. Deberíamos incorporar a nuestra
disciplina intelectual el hábito de consultar estos instrumentos a tal
punto que sin ellos nos resulte difícil estudiar.
Huir
frente a la primera dificultad es permitir que el miedo de no llegar a
un buen fin en el proceso de inteligencia del texto nos paralice. De ahí
a acusar al autor o a la autora de incomprensible existe sólo un paso.
Otra
amenaza al estudio serio, que se transforma en una de las formas más
negativas de huir de la superación de las dificultades que enfrentamos y
ya no del texto en sí mismo, es la de proclamar la ilusión de que
estamos entendiendo, sin poner a prueba nuestra afirmación.
No
tengo por qué avergonzarme por el hecho de no estar comprendiendo algo
que estoy leyendo. Sin embargo, si el texto que no estoy comprendiendo
forma parte de una relación bibliográfica que es vista como fundamental,
hasta que yo lo perciba y concuerde o no con que es realmente
fundamental debo superar las dificultades y entender el texto.
No
es exagerado repetir que el leer, como estudio, no es pasear libremente
por las frases, las oraciones y las palabras sin ninguna preocupación
por saber hacia dónde ellas nos pueden llevar.
Otra
amenaza para el cumplimiento de la tarea difícil y placentera de
estudiar, que resulta de la falta de disciplina de la que ya he hablado,
es la tentación que nos acosa, mientras leemos, de dejar la página
impresa y volar con la imaginación bien lejos. De pronto, estamos
físicamente con el libro frente a nosotros y lo leemos apenas
maquinalmente. Nuestro cuerpo está aquí pero nuestro gusto está en una
playa tropical y distante. Así es realmente imposible estudiar.
Debemos
estar prevenidos para el hecho de que pocas veces un texto se entrega
fácilmente a la curiosidad del lector. Por otro lado, no es cualquier
curiosidad la que penetra o se adentra en la intimidad del texto para
desnudar sus verdades, sus misterios, sus inseguridades, sino la
curiosidad epistemológica —la que al tomar distancia del objeto se
«aproxima» a él con el ímpetu y el gusto de descubrirlo—. Pero esa
curiosidad fundamental no es suficiente. Es preciso que al servirnos de
ella, que nos «aproxima» al texto para su examen, también nos demos o
nos entreguemos a él. Para esto es igualmente necesario que evitemos
otros miedos que el cientificismo nos ha inoculado. Por ejemplo, el
miedo de nuestros sentimientos, de nuestras emociones, de nuestros
deseos, el miedo de que nos echen a perder nuestra cientificidad. Lo que
yo sé, lo sé con todo mi cuerpo: con mi mente crítica, pero también con
mis sentimientos, con mis intuiciones, con mis emociones. Lo que no
puedo hacer es detenerme satisfecho en el nivel de los sentimientos, de
las emociones, de las intuiciones. Debo someter a los objetos de mis
intuiciones a un tratamiento serio, riguroso, pero jamás debo
despreciarlos.
En última instancia, la lectura
de un texto es una transacción entre el sujeto lector y el texto, como
mediador del encuentro de ese lector con el autor del texto. Es una
composición entre el lector y el autor en la que aquél, esforzándose con
lealtad en el sentido de no traicionar el espíritu del autor,
«reescribe» el texto. Y resulta imposible hacer esto sin la comprensión
crítica del texto, que por su lado exige la superación del miedo a la
lectura y que se va dando en el proceso de creación de aquella
disciplina intelectual de la que he hablado antes. Insistamos en la
disciplina referida. Ella tiene mucho que ver con la lectura, y por lo
tanto con la escritura. No es posible leer sin escribir, ni escribir sin
leer.
Otro aspecto importante, y que desafía
aún más al lector como «recreador» del texto que lee, es que la
comprensión del texto no está depositada, estática, inmovilizada en sus
páginas a la espera de que el lector la desoculte. Si fuese así
definitivamente, no podríamos decir que leer de manera crítica es
«reescribir» lo leído. Por eso es que antes he hablado de la lectura
como composición entre el lector y el autor, en la que el significado
más profundo del texto también es creación del lector. Este punto nos
lleva a la necesidad de la lectura también como experiencia dialógica,
en la que la discusión del texto realizada por sujetos lectores aclara,
ilumina y crea la comprensión grupal de lo leído. En el fondo, la
lectura en grupo hace emerger diferentes puntos de vista que,
exponiéndose los unos a los otros, enriquecen la producción de la
inteligencia del texto.
Entre las mejores
prácticas de lectura que he tenido dentro y fuera de Brasil yo citaría
las que realicé coordinando grupos de lectura sobre un texto.
Lo
que he observado es que la timidez frente a la lectura o el propio
miedo tienden a ser superados, y se liberan los intentos de invención
del sentido del texto y no sólo de su descubrimiento.
Obviamente,
antes de la lectura en grupo, y como preparación para ella, cada
estudiante realiza su lectura individual. Consulta tal o cual
instrumento auxiliar. Establece esta o aquella interpretación de uno u
otro de los fragmentos de la lectura. El proceso de creación de la
comprensión de lo que se lee va siendo construido en el diálogo entre
los diferentes puntos de vista en torno al desafío, que es el núcleo
significativo del autor.
Como autor, yo
estaría más que satisfecho si llegara a saber que este texto provoca
algún tipo de lectura comprometida, como aquellas en las que vengo
insistiendo a lo largo de este libro, entre sus lectores y lectoras. En
el fondo, ése debe ser el sueño legítimo de todo autor, ser leído,
discutido, criticado, mejorado, reinventado por sus lectores.
Pero
volvamos un poco a este aspecto de la lectura crítica según el cual el
lector se hace o se va haciendo igualmente productor de la inteligencia
del texto. El lector será tanto más productor de la comprensión del
texto cuanto más se haga realmente un aprehensor de la comprensión del
autor. Él produce la inteligencia del texto en la medida en que ella se
vuelve conocimiento que el lector ha creado y no conocimiento que le fue
yuxtapuesto por la lectura del libro.
Cuando
yo aprehendo la comprensión del objeto en vez de memorizar el perfil del
concepto del objeto, yo conozco al objeto, yo produzco el conocimiento
del objeto. Cuando el lector alcanza críticamente la inteligencia del
objeto del que habla el autor, conoce la inteligencia del texto y se
transforma en coautor de esta inteligencia. No habla de ella como quien
sólo ha oído hablar de ella. El lector ha trabajado y retrabajado la
inteligencia del texto porque ésta no estaba allí inmovilizada
esperándolo. En esto radica lo difícil y lo apasionante del acto de
leer.
Desdichadamente, lo que se viene
practicando en la mayoría de las escuelas es llevar a los alumnos a ser
pasivos con el texto. Los ejercicios de interpretación de la lectura
tienden a ser casi su copia oral. El niño percibe tempranamente que su
imaginación no juega: es algo casi prohibido, una especie de pecado. Por
otro lado, su capacidad cognoscitiva es desafiada de manera
distorsionada. El niño nunca es invitado, por un lado, a revivir
imaginativamente la historia contada en el libro; y por el otro, a
apropiarse poco a poco del significado del contenido del texto.
Ciertamente,
sería a través de la experiencia de recontar la historia, dejando
libres su imaginación, sus sentimientos, sus sueños y sus deseos para
crear, como el niño acabaría arriesgándose a producir la inteligencia
más compleja de los textos.
No se hace nada o
casi nada en el sentido de despertar y mantener encendida, viva,
curiosa, la reflexión conscientemente crítica que es indispensable para
la lectura creadora, vale decir, la lectura capaz de desdoblarse en la
reescritura del texto leído.
Esa curiosidad,
que el maestro o la maestra necesitan estimular en el alumno, contribuye
decisivamente a la producción del conocimiento del contenido del texto,
que a su vez se vuelve fundamental para la creación de su
significación.
Es muy cierto que si el
contenido de la lectura tiene que ver con un dato concreto de la
realidad social o histórica o de la biología, por ejemplo, la
interpretación de la lectura no puede traicionar el dato concreto. Pero
esto no significa que el estudiante lector deba memorizar textualmente
lo leído y repetir mecánicamente el discurso del autor. Esto sería una
«lectura bancaria», en la que el lector «comería» el contenido del texto
del autor con la ayuda del «maestro nutricionista».
Insisto
en la importancia indiscutible de la educadora en el aprendizaje de la
lectura, indicotomizable de la escritura, a la que los educandos deben
entregarse. La disciplina de mapear temáticamente el texto, que no debe
ser realizada sólo por la educadora sino también por los educandos,
descubriendo interacciones entre unos temas y otros en la continuidad
del discurso del autor, el llamado de la atención de los lectores hacia
las citas hechas en el texto y el papel de las mismas, la necesidad de
subrayar el momento estético del lenguaje del autor, de su dominio del
lenguaje, del vocabulario, lo que implica superar la innecesaria
repetición de una misma palabra tres o cuatro veces en una misma página
del texto.
Un ejercicio de mucha riqueza del
que he tenido noticia alguna vez, aunque no se realice en las escuelas,
es el de posibilitar que dos o tres escritores, de ficción o no, hablen a
los alumnos que los han leído sobre cómo produjeron sus textos, cómo
trabajaron la temática o los desarrollos que envuelven sus temas, cómo
trabajaron su lenguaje, cómo persiguieron la belleza en el decir, en el
describir, en el dejar algo en suspenso para que el lector ejercite su
imaginación, cómo jugar con el pasaje de un tiempo al otro en sus
historias. En fin, cómo los escritores se leen a sí mismos y cómo leen a
otros escritores.
Es preciso, ya finalizando,
que los educandos, al experimentarse cada vez más críticamente en la
tarea de leer y de escribir, perciban las tramas sociales en las que se
constituyen y se reconstituyen el lenguaje, la comunicación y la
producción del conocimiento.
Docentes, alumnes y familias de la CABA, frente a la falta de conectividad y dispositivos para
poder continuar con los aprendizajes en medio de la pandemia de Coronavirus siguen sin poder
resolver el problema a un año de comenzada la difícil situación de aislamiento y distanciamiento
social...
Nuestra cultura suele pensarse a sí misma como la cúspide de la libertad sexual, el momento donde el mercado satisface todos o casi todos los deseos...
Vemos con preocupación la falta de información, la improvisación y liviandad de las declaraciones de funcionarixs, las escasas medidas prácticas en las escuelas, y la confusión reinante en las redes sociales, medios de comunicación y en el seno de la sociedad porteña toda, acerca de las medidas pertinentes para el retorno Seguro a las Clases Presenciales en el medio de la Pandemia de la Covid-19. Hay contradicciones entre las medidas anunciadas en los protocolos y la concreta factibilidad de las mismas en el retorno a las clases presenciales en CABA...
→ El proyecto contempla algunas modificaciones al que se votó en el 2018. Martes 28 de mayo, el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso de la Nación fue el escenario de la nueva presentación del proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito.
→ Es la octava vez, un año después de que por primera vez el debate llegara al recinto. La elección de la fecha no es casual: el #28M es el Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres. Se cumplen, además, 14 años de la primera presentación, en 2007.
→ El proyecto contempla algunas modificaciones al que se votó el año pasado, y la expectativa está puesta en conseguir más de 70 firmas de apoyo de legisladores, el máximo conseguido hasta entonces...
“Venimos a este Congreso fortaleciendo la democracia, a exigir un derecho que es prioritario para la políticas públicas, porque es una cuestión de salud –porque ponemos el cuerpo y nuestras vidas–, de derechos humanos –porque no pueden seguir gestando y pariendo niñas violadas–, y también, de justicia social. Por eso estamos aquí”, fundamentó la abogada salteña Mónica Menini, en representación de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, en la presentación –la octava consecutiva– del nuevo proyecto de Interrupción Voluntaria de Embarazo (IVE) en la Cámara de Diputados.
Mientras, afuera, en los alrededores del Congreso pero también en más de 100 ciudades del país –y en otros continentes– los pañuelos verdes volvían a extenderse para reclamar la despenalización y legalización del aborto en la Argentina, en múltiples y simultáneos pañuelazos. La diputada Victoria Donda, de Somos, se comprometió a que sea debatido y obtenga otra vez media sanción este año en la Cámara Baja, y se esperanzó con que haya recambio en el Senado, tras las elecciones, y parafraseando a Charly García agregó: “muchos dinosaurios que están en esa cámara el año que viene van a desaparecer”.
“La política no le tiene miedo a debatir ni siquiera en un año electoral a un tema como este”, refrendó la radical Brenda Austin, mientras, Romina del Plá, del Frente de Izquierda, reveló la muerte de otra mujer, de 32 años, el sábado, en la localidad bonaerense de Pacheco, al intentar abortar en su casa.
La iniciativa volvió a la Cámara baja con la firma de 70 diputadas y diputados de un amplio arco político, muchos de los cuales estuvieron ayer en la conferencia de prensa que se hizo en la Sala 2 del anexo C, la misma en la que se llevaron adelante las audiencias informativas, en el marco del debate legislativo durante 2018. Pero a diferencia del año pasado, donde se escucharon voces a favor y en contra, ayer estuvo repleta de activistas con un solo color, el verde, no solo en pañuelos, también en vestidos, remeras, camisas, tapados.
Hubo activistas de todas las edades, muestra de la transversalidad generacional del reclamo, llegadas incluso desde distintas provincias, reflejo de que se trata de una demanda federal. ¡”Aborto legal, en el hospital”! se empezó a cantar para calentar la sala. “Anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”, siguieron los cánticos. Estuvieron las pioneras como Martha Rosenberg y Nina Brugo, las más jóvenes como Ofelia Fernández, periodistas feministas, intelectuales como Doras Barrancos y Claudia Piñeiro, integrantes del colectivo de Actrices Argentinas como Muriel Santa Ana, Thelma Fardin, Carla Peterson, Luisa Kuliok, Julieta Ortega y Griselda Siciliani, entre tantas mujeres y otras identidades que vienen militando desde hace años o más recientemente por la despenalización y legalización del aborto.
La presentación se transmitió por el streaming de la Campaña. En pantalla gigante, en la misma sala se pudo ver el pañuelazo que abrazó al Congreso y el que se hizo en Tierra del Fuego. Se eligió el 28M para la presentación del nuevo proyecto por coincidir con el décimo segundo aniversario de la Campaña y ser, al mismo tiempo, el Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres.
“Las calles entraron al Congreso, nunca dejamos las calles, nunca dejamos los barrios, activamos en red con las socorristas, con profesionales de la salud, con docentes, con las cátedras de abortos de universidades públicas de Argentina”, señaló la abogada salteña, Mónica Menini, de la Campaña, y destacó el apoyo latinoamericano a la lucha argentina, y el respaldo en el país al reclamo de los movimientos de derechos humanos y Lgbttiq.
Marta Alanís, de Católicas por el Derecho a Decidir, agradeció el apoyo de periodistas y de las más jóvenes. En la conferencia de prensa, donde se alternaron voces de diputadas y referentes de la Campaña de distintos puntos del país, Donda, quien encabeza una vez más con su firma el proyecto, celebró con alegría la cantidad de gente en las calles con el pañuelo verde “como si se estuviera debatiendo y recién lo estamos presentando al proyecto”, dijo. Y agregó: “Nos comprometemos a que tenga media sanción, este año, que es electoral”. “Clandestinidad o ley es la elección que tienen que hacer los candidatos y candidatas”, desafió.
Desde la Campaña se reclamó educación sexual integral para decidir y anticonceptivos para no abortar, como plantea el lema de esta articulación de más de 800 organizaciones de todo el país.
A su turno, Austin, señaló: “Este es el punto de reunión entre la marea verde y la institucionalidad, es el espacio donde se conquistan los derechos”. Y continuó: “También es un día importante porque es la primera vez que se está presentando en un año electoral. Y vale mucho por dos razones, porque hemos demostrado esa capacidad de dejar de lado nuestras diferencias” y porque “a veinte días del cierre de listas, con el temor que están queriendo instalar”, se ha llegado “al número de firmas que se llegó”. Del Plá, del FIT, marcó la necesidad de la separación entre Iglesia y Estado y propuso que se haga una consulta popular vinculante para discutir la despenalización y legalización del aborto.
Mónica Macha, de Unidad Ciudadana, señaló la importancia de “recuperar el Ministerio de Salud”, convertido en secretaría tras la discusión del aborto por el presidente Mauricio Macri, para que “esas prácticas –las IVE– sean seguras y gratuitas”. Araceli Ferreyra, del Movimiento Evita, afirmó: “No vamos a seguir aceptando dilaciones en nombre de nadie. La marea verde ya cambió la historia de este país”.
“Yo no quiero que nos digan despenalización sí, legalización no. Esperamos y queremos todos los derechos juntos”, agregó la diputada Carla Carrizo, de Evolución, el espacio que lidera Martín Lous- teau, en alusión a declaraciones del precandidato presidencial Alberto Fernández. Daniel Lipovetzky, del PRO, consideró que “lo más importante es la transversalidad”, que logró el proyecto. “Es una de las claves, superar las divisiones partidarias y ponernos a trabajar por el derecho a las mujeres”.
→ El proyecto tiene las firmas de diputadas y diputados de la mayoría de los espacios políticos con representación parlamentaria, entre otros, Donda, de Somos, Austin (UCR), Mónica Macha (FpV), Romina del Plá (Frente de Izquierda), Cecilia Moreau (Frente Renovador), Carla Carrizo (Evolución), Daniel Lipovetzki (PRO), Araceli Ferreyra (Movimiento Evita), Mónica Schlotthauer (FIT), Nicolás del Caño (FIT), Carolina Moisés (PJ), Daniel Filmus (FpV), Mayra Mendoza (FpV), Silvia Lospennato (PRO) y Hugo Yasky (Unidad Ciudadana).
La conferencia de prensa cerró con un pañuelazo y las diputadas y diputados firmantes salieron a la calle para subir al escenario montado en avenida Rivadavia y Riobamba, y cantar otra vez por el aborto legal.
El texto del nuevo proyecto incluye modificaciones en relación al del año anterior (ver aparte), y fue aprobado a mediados de marzo durante una asamblea plenaria realizada en la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba, a la que concurrieron 190 representantes de todas las provincias. Para su elaboración, una comisión redactora hizo primero un borrador, tomando en cuenta la discusión en el Congreso. Luego de intensos intercambios y con las sugerencias enviadas por las regionales de las distintas provincias, se acordó el texto.
El último proyecto fue aprobado el 14 de junio del año pasado por la Cámara de Diputados por 129 votos a favor y 125 en contra pero rechazado por el Senado el 8 de agosto por 38 a 31 votos.
“Nunca pude pensar en la injusticia sin indignarme, y pensar en ella me produce siempre una rara sensación de asfixia, como si no pudiendo remediar el mal que yo veía, me faltase el aire necesario para respirar. Ahora pienso que la gente se acostumbra a la injusticia social en los primeros años de su vida. Hasta los pobres creen que la miseria que padecen es natural y lógica. Se acostumbran a verla como si fuese posible acostumbrarse a un veneno poderoso. Yo no pude acostumbrarme al veneno. Esto es tal vez lo único inexplicable de mi vida”, dice Evita, con sus palabras sencillas, en La razón de mi vida...
Nunca ocupó un puesto dentro del Estado, jamás tuvo un cargo electivo. Los millones de argentinos que la amaban no tuvieron la oportunidad de votarla. Se cumplen cien años del nacimiento de una mujer con categoría de mito. Sin duda podría y debería ser estudiada más allá de las pasiones, pero despojada de ellas, pierde gran parte de su encanto y de su verdadera trascendencia histórica. Sin ese halo, sin ese soplo de vida, una biografía de Evita no es un análisis, es una autopsia.
“Nadie sino el pueblo me llama Evita. Solamente aprendieron a llamarme así los descamisados. Los hombres de gobierno, los dirigentes políticos, los embajadores, los hombres de empresa, profesionales, intelectuales, etc., que me visitan suelen llamarme señora; y algunos incluso me dicen públicamente Excelentísima o Dignísima Señora y aun a veces, Señora Presidenta. Cuando un pibe me nombra Evita me siento madre de todos los pibes y de todos los débiles y humildes de mi tierra”. Escribió en 1951 en su libro testimonio: La razón de mi vida.
María Eva Duarte de Perón, Evita, hacía sus discursos sin leer, entendió que lo contrario del orden no es el caos, sino un nuevo orden, y eso fue lo que corporizó, un nuevo orden justicialista que no comulgó con la beneficencia, no creyó en la lástima y levantó en las siluetas plebeyas el orgullo de la Justicia Social.
Su vida tiene todos los condimentos de un relato que parece sacado de la mitología griega. El nacimiento en los Toldos el 7 de mayo de 1919. Hija de Juan Duarte y Juana Ibarguren. El padre, rico estanciero y político conservador de Chivilcoy, participó en las maniobras gubernamentales de expropiación de tierras a los mapuches. Los Toldos era una toldería mapuche. Juana, su madre, era una mujer humilde, resignada a un lugar secundario frente al poderío del patrón que mantenía dos familias: la legal y la de Eva.
Vivió en el campo hasta 1926, fecha en la que el padre falleció y la familia quedó desheredada y completamente desprotegida debiendo abandonar la estancia en la que vivían. La imagen de su madre, con ella aún muy niña y sus hermanos, llegando al funeral de donde fueron expulsados con desdén es de un dramatismo conmovedor un cuadro excepcional de aquella Argentina.
La segunda parte de esta historia arranca en 1935 cuando Evita, con 15 años, viajó a Buenos Aires. Ahí se desarrolla su lucha por ser actriz, se codea con la farándula, se esfuerza “por ser alguien en la vida”, son épocas duras, la crisis social y económica que empezó en 1930 generó una gran masa humana de migración interna con una dirección única: desde las provincias hacia la gran ciudad en busca de oportunidades. Consiguió trabajo en la Radio interpretando a Mujeres de la historia. Adquirió un muy rico e inusual vocabulario, ese que dejó frases imborrables en la memoria popular. Aparece en revistas, participa en compañías teatrales, hace su incursión en el cine. El domingo 26 de julio de 1936, en el diario La Capital de Rosario apareció la primera foto pública que se le conoce con el siguiente epígrafe: “Eva Duarte, joven actriz que ha logrado destacarse en el transcurso de la temporada que hoy termina en el Odeón”. Y asomó otra veta: fue una de las fundadoras de la Asociación Radial Argentina (ARA), primer sindicato de los trabajadores de la radio.
El tercer gran capítulo comienza el 22 de enero de 1944 en el estadio Luna Park, en un acto para recaudar fondos para las víctimas de un devastador terremoto en la ciudad de San Juan. Allí Eva, de 24 años, conoce a Perón, viudo de 48 años. El inolvidable Roberto Galán aseguró siempre que él los presentó y uno quisiera creerle. Solo un mes después ya estaban conviviendo, y eso fue un escándalo para los conservadores camaradas de las FFAA.
Solo cinco días después del cisma político irreversible que significó el 17 de octubre de 1945, Perón y Evita se casaron en Junín y se enfocaron en la campaña electoral con vistas a las elecciones presidenciales de febrero de 1946. Esas que abrieron una grieta política profunda en Argentina, la grieta social ya llevaba varias décadas. El peronismo se enfrentó a prácticamente toda la clase política de aquel entonces nucleada en la Unión Democrática, y contra todos los pronósticos ganó la presidencia. Eva rompió los protocolos de la usanza de aquellos tiempos, las esposas de los candidatos se restringían a un rol apolítico y “acorde a lo que se espera de una dama”, pero no fue el caso, ella participó y habló en muchos actos, tuvo voz y discurso propio. En esos meses levantó las banderas, de larga tradición, de los derechos políticos de las mujeres. Y en 1947 fue ella la que anuncia a las argentinas que su derecho a votar y participar en política estaba consagrado.
La tradición indicaba que Eva debía ser la “primera dama” y se le reservaba la presidencia de la centenaria Sociedad de Beneficencia; pero las distinguidas damas le negaron ese honor aduciendo que era demasiado joven: “entonces que sea mi madre” retrucó Eva con sorna y poco después dio por disuelta esa organización. Los motivos los dejó bien claros: “No. No es filantropía, ni es caridad, ni es limosna, ni es solidaridad social, ni es beneficencia. Ni siquiera es ayuda social, aunque por darle un nombre aproximado yo le he puesto ése. Para mí, es estrictamente justicia. Lo que más me indignaba al principio de la ayuda social, era que me la calificasen de limosna o de beneficencia”.
Estas formas desafiantes, los contenidos igualitarios, sus aires de mujer poderosa sin culpa ni falsas modestias le granjearon un amor descomunal de las multitudes trabajadoras que la elevaron a la categoría de Santa, y un odio pocas veces visto de los sectores antiperonistas. Ezequiel Martínez Estrada no se privó de decir: “Esta mujer tenía no sólo la desvergüenza de la mujer pública en la cama, sino la intrepidez de la mujer pública en el escenario… una farsante capaz de representar cualquier papel, incluso el de dama honorable...”. En la Fundación Eva Perón llevó a cabo obras de enorme envergadura, y sus enemigos lo han reconocido al criticarle lo demasiado buena que era la comida, la atención y las ropas que repartía entre los humildes.
El punto culminante de su relación con las multitudes fue sin duda el 31 de agosto de 1951, la gente le pedía que sea candidata a la vicepresidencia y Evita les juraba que no importaban los cargos. Fue un diálogo espontáneo, natural, con una tensión abierta. Aún no sabemos con certeza por qué “renunció a los honores pero no a la lucha”. Ella se veía dubitativa, con ganas de decir que sí, se lo estaba pidiendo el pueblo, no pudo dar el no definitivo que vino días después en un mensaje por cadena nacional.
El cáncer de útero se llevó a la joven que no tuvo hijos y se convirtió en la madre de tantos. Mujer de definiciones, sabía que a veces el punto medio, no es el punto de equilibrio: “Yo, sin embargo, por mi manera de ser, no siempre estoy en ese justo punto de equilibrio. Lo reconozco. Casi siempre para mí la justicia está un poco más allá de la mitad del camino… ¡Más cerca de los trabajadores que de los patrones”!
Rodolfo Walsh entra al Parnaso con “Esa mujer”. Hay otras menciones a Evita en su obra, una insuperable en “¿Quién mató a Rosendo?”. Relata un episodio de la infancia de Francisco Granato, laburante re-pobre, uno de los cinco hijos de un albañil enfermo y maltratado por la patronal. Entre el recuerdo de Granato y la prosa de Walsh arman lo que viene.
“Me dio la mano y, bueno, naturalmente, la casa de nosotros era bastante friolenta y yo tenía frío, así que me acuerdo que la mano de Evita era muy caliente”.
Ella le acarició la cabeza. Él le pidió una bicicleta. (…)
Entonces Eva Perón le preguntó (al padre) por qué rengueaba, fulminó sus órdenes, el Seguro se calló la boca. (…).
Hasta entonces, el viejo caminaba con una pierna sola, pero el Seguro igual le daba el alta y tenía que volver al trabajo. (…).
Debió ser en el 51, cuando su madre recibió la carta de la Fundación, fue con él, hicieron las horas de espera hasta la medianoche, conversando el chocolate y los sándwiches
de miga, hasta que ella los recibió, y la madre pidió la máquina de coser pero también las chapas para terminar la pieza, y al fin, con un supremo esfuerzo, la dentadura postiza,
-Si no fuera demasiado abuso.
Vio, con esa humildad de todos los humildes, que les parece que siempre piden mucho, y Evita le dice: “No, si eso no lo pide nadie; al contrario, necesitamos gente que pida eso, para que los médicos puedan estudiar”, y le hizo un chiste como agradeciéndole que se atreviera a pedir los dientes postizos para ella y para el viejo.
Walsh remata:
“A los dos o tres días llegó el camión con las chapas, las camas, los colchones, la bolsa de azúcar, las tazas, los platos, la ropa, las hormas de queso, las dentaduras postizas”.
Llegaron, si se permite una intrusión, después de haberse conversado.
Contrato de lectura: esta columna podría terminar acá. Lo que sigue es ulterior, secundario, rebuscado en comparación. Ahí va.
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Hoy en día suele hablarse del Estado presente, del Estado amigable. De ordinario se refiere a tentativas para ablandar la burocracia sin aportarle calor humano: descentralizaciones, trámites supuestamente veloces, informatización eventualmente. Evita corporizaba al Estado benefactor, tangible, cálido.
El sociólogo Pierre Bourdieu usó la imagen “la mano izquierda del Estado” para referir a las políticas sociales, reparadoras. La mano izquierda corresponde al lado del corazón y compite como mejor puede con la derecha, la de las políticas económicas, la alejada del cuore. Evita tendía esa mano, acariciaba.
Por eso la odiaron, porque las conquistas de muchos disputan con las prerrogativas de pocos. La odió una clase dominante apoltronada en la explotación; también una burguesía clueca, poco perspicaz para entender que el nuevo paradigma podía convenirle. La insultaron, ultrajaron su cuerpo.
Hoy en día deshistorizan su memoria, niegan la conflictividad que la acunó y en la que intervino.
La mano derecha, a menudo, sabe pegar o manipular.
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El odio es una de las claves de la política en Argentina y en el mundo: la grieta dista de ser una novedad en el tiempo o una exclusividad en el espacio. Hace poco escuché al sociólogo Marcelo Leiras explicar que el neoliberalismo económico fracasó y que no ha surgido reemplazo. Una de las respuestas extendidas es el odio.
El odio vence al amor, remacha Leiras.
Millones de personas explotadas y desguarnecidas odian a quien no deberían odiar. Al prójimo, al vecino, al cercano, a los migrantes o personas de otros colores o religiones. Cabecitas negras del planeta, pongalé.
La historia no se repite pero propende a simetrías, paralelismos tendencias.
Décadas después de su muerte se coreaba “se siente/se siente/Evita está presente”. También lo estaba en vida, de eso se trataba. Tanto como de un expandido Estado benefactor, uno de los más desarrollados del planeta, que proveía bienes, trabajo, ampliaba derechos, enaltecía a los sumergidos, les reconocía dignidad.
Es sencillo, accesible, cantado, comprender por qué la amaron las personas humildes, de la clase trabajadora. Millones de Granatos, sus viejas, sus viejos. El mejor amor, en todos los órdenes de la vida, es el correspondido.
Por eso la enarbolaron como bandera argentines de otra clase y otra generación, como quien les habla.
Todo eso, dirá usted, estaba contenido en la cita de Walsh- Granato, treinta líneas que cifran toda una historia. Tiene razón pero no me diga que no le avisé.
La crítica a lo patético podría tener cierto sentido cuando se transforma en pura exterioridad la expresión amorosa. No saber graduar las “razones del corazón” sería lo patético, palabra con la cual el liberalismo argentino eligió la frugalidad y la abstinencia en cuanto a la manifestación de las pasiones y también para fraguar sus juicios sobre el arte. El primer peronismo vulneró todas esas reglas, pero su forma de mostrar una pasión pública que no fuera chabacana ni grosera, se expresó en la figura de Evita. El “pathos” de Evita no derivaba hacia el concepto vulgar de lo patético –es decir, la emoción innecesaria que no conoce cómo moderarse–, sino que su figura surgía precisamente de la máxima estilización que se permitía la vida popular amorosa, cuando lo íntimo tocaba con su varita a lo social. Los enemigos del patetismo tenían ante sí la forma más elaborada del amor trágico en el seno de una maquinaria estatal.
Eva transitaba desde el ilusionismo de su guardarropa, los crudos obstáculos que le ofrecía una sociedad absorta que la escuchaba hablar a ella de la “revolución peronista” y que con su contundente “mis grasitas” ponía toda la política bajo la cuerda de los humillados y ofendidos. Su plástica ubicuidad iba de sus atuendos sobrios a las vestiduras de gala, esa serie infinita de atavíos que preanunciaban su etéreo pasaje desde los salones del Estado a las escenas de fascinación que protagonizaban las multitudes proféticas. El vértigo con que se trasladaba desde una voz quebrada por dentro por una angustia indescifrable, hacia la leyenda que la quería impartiendo las decisiones más duras contra los “contreras”, indica de qué modo se abandonó a un juego de contradicciones que son la piedra basal de su mitología. La foto de Giselle Freund que consigue exponerla peinándose ante un espejo, contrariando su clásico rodete, los diálogos con el modisto Paco Jamandreu y ese agonismo profundo que nunca abandonaba en sus discursos, aunque fuera para inaugurar un campeonato infantil de fútbol, son a la vez la continuación de su carrera de actriz. Eva había representado en 1936 La hora de los niños, de Lilian Hellman, un gran éxito de la dramaturga norteamericana, esposa de Dashiel Hammet, acusada de comunista. Y luego, por relación posterior con Mario Soffici, Eva podría ser una ejemplificación en el terreno histórico de lo que había anticipado en 1938 el film Kilómetro 111. La crítica a los dueños ingleses del ferrocarril y el intento de una de las sobrinas del jefe de estación de entrar en la cinematografía viajando a Buenos Aires.
Que el amor fuera un sentimiento público podía originar justas reclamaciones de los partidarios de un mundo amoroso solo destinado a confesiones íntimas o a la confidencialidad de las caricias. Del mismo modo, la igualación del amor público con el amor doméstico, suele ser el tema que Leónicas Lamborghini trató haciendo otro febril montaje del discurso de Eva, bajo la gran metáfora de una “hoguera”, donde lo que arde es un amor tratado como un tríptico. “Si veo claramente lo que es mi pueblo y lo quiero y siento su cariño acariciando mi nombre, es solamente por él”, se lee en La razón de mi vida. El provee las posibilidades, ella las recibe para poder ver a lo popular, que se muestra para ser querido y a la vez acariciar a quien la quiere. Las tres figuras, Perón, el Pueblo y Eva, la dejan a ella en un etéreo papel flotante, de médium. En ese célebre texto ella acepta poner su firma caligráfica, “Eva Perón”, con rasgos que calcan los trazos que salen de la pluma enérgica del que le da su otro nombre –del que sabe que la respalda cuando se independiza y reclama ser solo Evita. En esta vida legendaria, podemos ver en acto y en toda su plenitud teatral, todo lo que Freud había estudiado en Psicología de masas e ideal del yo, en 1914. Allí se hablaba del amor a los jefes, de las hipnosis como una tensión en las conciencias de las masas, del cemento libidinal que mantiene a toda clase de instituciones. Es como si estuviera escribiendo un libreto para la eclosión argentina de 1945. Sin ridiculizar, lamentar, reír o detestar las acciones humanas.
El martes 31 de julio de 2012, el Congreso nacional presentó la edición definitiva de Mi mensaje, texto que Eva Perón dictó durante los últimos días de su agonía. Fue un honor que me encargaran el Prólogo. Mi mensaje fue escrito de cara a la Muerte. Con los días contados. Ya no había intereses, ni coyunturas ni manos ajenas que pudieran herir el texto. Es Eva Perón en carne viva, sin velos, sin ganas de guardarse nada. De aquí la dureza y autenticidad de sus palabras. Vamos a escoger algunos textos. Darle la palabra a Evita. Fueron las últimas que dijo y tienen la fuerza de lo definitivo.
“Nadie fue capaz de seguir la farsa como yo para saber toda la verdad. Porque todos los que salieron del pueblo para recorrer mi camino no volvieron nunca. Se dejaron deslumbrar por la maravillosa fantasía de las alturas y se quedaron para gozar de la mentira.”
“Yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle, por eso no me deslumbró jamás la grandeza del poder y pude ver sus miserias. Por eso nunca me olvidé de las miserias de mi pueblo y pude ver sus grandezas.”
Decide denunciar definitivamente (¿qué otra cosa si no lo definitivo le quedaba?) a los enemigos del pueblo: “A veces los he visto fríos e insensibles. Declaro con toda la fuerza de mi fanatismo que siempre me repugnaron. Les he sentido frío de sapos o de culebras”.
Se entrega a una exaltación del “fanatismo”. Del suyo, al que llegará a identificar con el de Cristo. En Eva, el fanatismo implica la entrega absoluta a una causa. Siempre dijo: “Los tibios me repugnan”.
“Para servir al pueblo hay que estar dispuestos a todo, incluso a morir. Los fríos no mueren por una causa, sino de casualidad. Los fanáticos, sí (...) El fanatismo es la única fuerza que Dios le dejó al corazón para ganar sus batallas”.
“Tenemos que convencernos para siempre: el mundo será de los pueblos si los pueblos decidimos enardecernos en el fuego sagrado del fanatismo. Quemarnos para poder quemar, sin escuchar la sirena de los mediocres y los imbéciles que nos hablan de prudencia. Ellos, que hablan de la dulzura y del amor que Cristo dijo: ¡Fuego he venido a traer sobre la tierra y qué más quiero sino que arda! Cristo nos dio un ejemplo divino de fanatismo. ¿Qué son a su lado los eternos predicadores de la mediocridad?” Las citas bíblicas de Eva son precisas, ni erráticas ni menos aún equivocadas. Tomo, de mi Prólogo, el siguiente fragmento: “Jesús, en Lucas 12.49, dice: ‘He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya hubiera prendido!’” (Biblia de Jerusalén). Luego, en 12.51, insiste: “¿Creéis que estoy aquí para poner paz en la tierra? No, os lo aseguro, sino división”. Son textos que han asombrado a los teólogos porque contradicen el mensaje central del profeta de Nazareth: el del amor, el de poner la otra mejilla. De aquí que, en San Mateo, el texto que Evita menciona sea antecedido por el título: Jesús, señal de contradicción. Y dice: “No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada” (Mateo, 10.34.). Hay una explicación. El confesor de Eva durante sus largos últimos días fue el padre Hernán Benítez. Es (muy) posible que él le hiciera conocer esas citas tan cuidadosamente escogidas y que ocupan un escueto espacio en los evangelios. Acaso impresionado por los durísimos textos contra la Iglesia, Hernán Benítez (un digno sacerdote, de los pocos: hoy Domingo Bresci, otro pastor del pueblo, da misa en la misma parroquia que él) negó la veracidad de Mi Mensaje. No es así. Vi el auténtico manuscrito. Me lo mostró hace más de diez años Fermín Chávez: un montón de hojas amarillentas. Cada una llevaba las iniciales inconfundibles de Eva.
“Si alguna cosa tengo que reprocharle a las altas jerarquías militares y clericales es precisamente su frialdad y su indiferencia ante el drama de mi pueblo.” Detesta a los que entregan a sus pueblos. A los que dicen que nada se puede hacer. “Podrá costar más o menos sacrificio, ¡pero siempre se puede! (...) ¿Los procedimientos? Hay mil procedimientos eficaces para vencer: con armas o sin armas, de frente o por la espalda, a la luz del día o a la sombra de la noche, con un gesto de rabia o con una sonrisa, llorando o cantando, por los medios legales o por los medios ilícitos que los mismos imperialismos utilizan contra los pueblos.”
“Ya no podrán jamás arrebatarnos nuestra justicia, nuestra libertad y nuestra soberanía. Tendrían que matarnos uno por uno a todos los argentinos. Y eso ya no podrán hacerlo jamás.” Doloroso texto. Revela que ni ella (que los conocía de cerca) había vislumbrado la crueldad de sus enemigos. Mataron a todos uno por uno. A todos los argentinos que les incomodaban para imponer sus planes económicos miserables, que arruinaron el país y los enriquecieron. La mataron a ella una y mil veces por medio de la desaparición, la injuria, la negociación política de su cuerpo escueto, magro. No la dejaron reposar en paz. Tenían miedo de una tumba suya en el país. Habría sido el lugar desde donde el pueblo –luego de rezarle, de evocarla y de expresarle ese amor que los hacía arder como ella había ardido– se organizaría. Ese pueblo marginado, excluido, que no podía votar porque estaban prohibidos su partido y su líder, porque la “democracia” de los militares del ’55 podía creer que lo era pese a excluirlos y esa farsa la aceptaron todos, civiles y militares, todos chapoteando durante dieciocho años en el fango de la ilegitimidad, llevando a la juventud al descreimiento político y a su fruto: la violencia.
“Me rebelo indignada con todo el veneno de mi odio o con todo el incendio de mi amor –no lo sé todavía– en contra del privilegio que constituyen todavía los altos círculos de las fuerzas armadas y clericales (...) Pero sé también que a los pueblos les repugna la prepotencia militar que se atribuye el monopolio de la Patria, y que no se concilian la humildad y la pobreza de Cristo con la fastuosa soberbia de los dignatarios eclesiásticos que se atribuyen el monopolio absoluto de la religión (...) Yo no diría una palabra si las fuerzas armadas fuesen instrumentos fieles al pueblo. Pero no es así: casi siempre son carne de la oligarquía.”
También les reserva duras palabras a los dirigentes sindicales que se dejan “marear por las alturas”: “Dirigentes obreros entregados a los amos de la oligarquía por una sonrisa, por un banquete o por unas monedas. Los denuncio como traidores”. Contra las jerarquías clericales: “Entre los hombres fríos de mi tiempo señalo a las jerarquías clericales cuya inmensa mayoría padece una inconcebible indiferencia frente a la realidad sufriente de los pueblos (...) Les reprocho haber abandonado a los pobres, a los humildes, a los descamisados, a los enfermos, y haber preferido en cambio la gloria y los honores de la oligarquía (...) Soy católica, pero no comprendo que la religión de Cristo sea compatible con la oligarquía y el privilegio”. Acusa a la religión de predicar el sometimiento ante los poderosos, ante esa oligarquía contra la que siempre luchó y que la supo odiar aún más allá de lo que los odiaba ella. “La religión no ha de ser jamás instrumento de opresión para los pueblos. Tiene que ser bandera de rebeldía (...) Predicar la resignación es predicar la esclavitud. Es necesario, en cambio, predicar la libertad y la justicia (...) Mi mensaje está destinado a despertar el alma de los pueblos de su modorra frente a las infinitas formas de la opresión y una de esas formas es la que utiliza el profundo sentimiento religioso de los pueblos como instrumento de esclavitud.”
Termina pidiendo que “los hombres y las mujeres del pueblo” no se entreguen jamás a la oligarquía. Porque: “Con ellos no nos entenderemos nunca, porque lo único que ellos quieren es lo único que nosotros no podremos darles jamás: nuestra libertad”.
Sólo algo más: no sé si me agrada verla a Eva en un billete, sea del valor que sea. El dinero es la mercancía de las mercancías. La mercancía a la que todas remiten. Si no, se retornaría al trueque. La mercancía es el alma del capitalismo. Más allá del dinero –como mercancía absoluta que sostiene el sistema– sólo restan los metales preciosos. ¿Cómo no voy a acordar en sacarlo a Roca de un billete (que es el alma de la clase oligárquica que él consolidó) aunque sólo sea para no verle la cara? Pero la cara de Eva apreciaría verla en otros paisajes. No quiero –cualquiera de estos días– recibir un billete gastado por el uso, por el manoseo de una sociedad que se basa en la acumulación simbólica de esos papeles sucios, y adivinar, detrás, el rostro de Eva. Si ya está, ya está. Pero también está servido el chiste gorila, el chiste que reverdecerá el viejo odio que acompañó a Evita en su vida y a lo largo de la muerte: “Evita volvió y es millones en billetes de cien pesos”. Habrá que buscar que, si vuelve, sea otra cosa. Porque ésa no está a su altura. Será tal vez un honor para cualquier otro, pero una Evita cosificada en la mercancía esencial del sistema que ella abominó no servirá de mucho. Ni le hace honor. El honor que, sin duda, altamente merece esa militante que quemó su vida en el fuego de su propia militancia. Que, con su último suspiro, se preguntó: “¿Sabrán mis grasitas cuánto los amo?”.
Tetas que se mueven sin que nada restrinja el movimiento, pezones perceptivos de la lluvia o el calor, y la piel que se deja ver detrás de una sola tela. Tetas dichosas y nada vergonzosas que hacen oídos sordos a la práctica reguladora del uso del corpiño y gozan con la singularidad propia de cada una en marchas, tetazos y vida cotidiana donde cada vez más la autonomía de los cuerpos propone jugar en la liga de la libertad, sin monitoreos de vigilancia para las que quieran caminar por la calle sueltas de cuerpo, hacer topless en la playa, amamantar a sus hijxs en lugares públicos, o marchar y pintárselas en el abrazo colectivo. Basta con recordar a la rectora de la Escuela Nº 12 de Villa Urquiza que retó a una alumna de 18 años por ir al colegio con un vestido de breteles finitos (“No podés venir sin usar sostén”, le dijo), o el operativo policial que impidió a tres mujeres hacer topless en Necochea, o las dos mujeres policía que no dejaron a una madre de 22 años amamantar a su bebé en una plaza de San Isidro, y cómo de inmediato se desataron protestas, sueltas de corpiños y tetazos feministas. Porque después del 3 de junio de 2015, el latido de mujeres, lesbianas, travestis y trans, comenzó a definirse con el signo de una revolución que vino a cambiarlo todo. Una vez más, se trata de la soberanía de los cuerpos y el derecho al disfrute, a andar libres, a amamantar donde sea y a estudiar cómodas, sin nada que apretuje el contorno, las ideas, o las ganas. El uso o no de corpiños, puede implicar tanto una decisión ideológica y política como espontánea, y apelar a la comodidad según gustos personales, pero lo que ya no tiene vuelta atrás es la certeza de que el vínculo con los cuerpos transita por otro camino, uno menos hipócrita.
Lala Brillos es performer, actriz y activista. Vive en Rosario, y condujo el tetazo del 7 febrero de 2017, en el Monumento a la Bandera en repudio al episodio de la playa de Necochea.
Ese, como todos los tetazos de los últimos tiempos fueron actos políticos de cuidado de los cuerpos, por la libertad de mostrarlos y decidir sin condicionamientos. “Contra los tarifazos, los despidos y por la libertad de las tetas de Milagro Sala, que también nos compete por el solo hecho de ser mujeres”, clamaba Lala en la apertura del festival, “cuidamos nuestros cuerpos más que la propiedad privada”, arengaba a la multitud que se había congregado en las escalinatas y explanada del Monumento. Lala conduce el programa de radio Mañana vemos, y en diálogo con Las12, recoge como primera impresión en torno a este tema la felicidad que reinaba un día del verano pasado cuando llegó con sus amigas al parador teta friendly que está en la isla frente a Rosario.
“La libertad se veía en los rostros”, cuenta. Junto a la artista visual uruguaya Viviana Artigas hicieron fotos para la muestra “Mujeres en cuero”: “Comimos en tetas, nos metimos al agua en tetas, hablamos de nuestras tetas y de la posibilidad de exhibirlas permanentemente como lo hacen los hombres. Era la primera vez que nos pasaba algo así”. La muestra estuvo exhibida en el Espacio Abre, de Rosario el año pasado. Dos semanas atrás volvieron a convocarse e hicieron una intervención de madrugada andando en bici en tetas. El mensaje que las convocaba venía del futuro y decía: “Año 2022, las mujeres pueden salir de trabajar a la madrugada en bicicleta e ir en cuero sin ningún tipo de acoso”.
Lala que vive una vida sin corpiño, cierra diciendo que le pareció algo hermoso y que cree que es posible. “Aunque la mirada y el acoso aun existen, en algún momento tendremos el respeto al otrx naturalizado. Andar en cuero también es un privilegio de los varones. ‘Ah, no usas corpiño’, son cometarios de hombres con los que no tengo ningún tipo de diálogo pero que igual comentan”. Como activista busca esa igualdad “hay que darle pelea a la policía de los cuerpos, a la sexualización de la teta que se vende, que se cosifica. Hay que correrla de ese lugar capitalista y verla desde donde proviene el alimento materno más noble hasta un simple hecho de libertad”.
Zuleika Esnal salió sin corpiño en una charla Ted que se viralizó y los comentarios eran “sobre si tenía o no tenía las tetas en su lugar, como si hubiese un lugar donde tenerlas y eso fuese lo importante”, dice. “Yo estaba hablando de una realidad que nos caga a palos todo el tiempo, que nos están asesinando, que no podemos salir tranquilas a la calle, que tenemos que avisar que estamos vivas, y sin embargo era: ‘Mírenla sin corpiño, después quieren que no las violen’. Ahí es cuando digo cuánto nos falta. Pero cuando miremos para atrás, vamos a ver todo lo que estamos haciendo hoy. Cada una tiene que hacer lo que quiera y sienta, sin pedir permiso nunca por eso.”
¿Cómo se resignifican las tetas en esta marea feminista? ¿Qué representa la decisión de dejar de usar corpiño? ¿Es una toma de decisión o un proceso que se da con más espontaneidad? ¿Qué trae aparejado y qué plus aporta? Lara, Julieta, Lule, Vanina y Abril trazan sus historias en las que dejaron de lado el corpiño, o lo usan a veces, y solo si están cómodas.
Lara (21 años, de Avellaneda): –Sinceramente es la primera vez que me detengo a pensar sobre la decisión. Y resalto eso como algo interesante porque soy consciente de mis lecturas feministas de estos últimos años, o al menos la constancia con la que leo y discuto. Creo que fue una decisión bastante espontánea y poco intelectualizada. Ahora me pregunto: ¿Cuándo decidí usarlo? ¿Quién y a qué edad me compró el primero? No puedo responder. Simplemente sucedió. Como suceden todas las cosas que nos construyeron hasta hoy y que ahora estamos tirando.
Julieta (gestora cultural, 24): –Creo que algo que trae la marea feminista en relación a las tetas es diversidad en su representación. Crecimos con una sola manera hegemónica de entender las tetas, grandes, redondas y blancas, básicamente representadas desde un ojo heteropatriarcal. Hoy veo que esto está cambiando, tanto en redes sociales, marchas, incluso en publicidades. Creo que esta representación trae una liberación de la imagen y desde esa liberación es que dejamos de usar corpiño y levantamos la imagen de las tetas como bandera ya sea por placer, exhibición, o símbolo de potencia de nuestras luchas. La imagen colectiva de las tetas se está comenzando a diversificar y ahí es donde podemos empezar a aceptar nuestras tetas tan distintas a aquella imagen hegemónica con la que crecimos. Con el tiempo dejé de usar corpiño porque sentía que no lo necesitaba, por comodidad... pero esta decisión estuvo acompañada por una aceptación de mi cuerpo. Siempre está el familiar o la persona ajena que cuestiona, juzga y pregunta “pero, ¿por qué?”.
Vanina es actriz y cuenta que cuando daba de mamar quería estar en tetas todo el día porque le dolían los pezones con el sólo roce de la ropa. “Cuando daba la teta era febrero y venían a visitarnos amigos que en ocasiones se ponían en cuero en la terraza de mi casa. Con los pezones agrietados, salía a saludarlos poniéndome una remera y muchas veces un doloroso corpiño por si me salía un poco de leche mientras les hablaba. ‘Si tapo eso, lo más natural que las tetas hacen –pensé una de tantas noches en vela con mi bebé– más vale que voy a creer que está bien taparlas cuando sólo son mis tetas y no el almuerzo de alguien’. Hoy casi no uso corpiño, me molesta y como tengo tetas chiquitas no cumple la función de contenerlas. Pero uso remeras cuando tengo calor. Y me lo cuestiono. Pienso en todo lo que del cuerpo aún debe taparse, retenerse, esconderse, con ropa, con excusas, con dolor, con calor. Pienso en el agotamiento emocional que es tener un cuerpo de mujer y andar por la calle, en el trabajo, en todas partes menos en la intimidad, lugar en el que el cuerpo desnudo es realmente la extensión de unx mismx para unx mismx y para le otre. Me dan ganas de quedarme ahí con mi cuerpo, mis tetas, mi culo, mi panza pero más me dan ganas de asomarme de ese lugar y ver que por la calle todas andamos si tenemos ganas o necesidad en tetas también”.
Lule tiene 30 años, es productora, comunicadora y forma parte de Matria, medio colaborativo para la igualdad de géneros. Cuenta que no usa corpiño aunque usó en sus primeros años de teta porque se sentía “más grande”. “Las que usaban corpiño eran las mujeres y cuando sos niña o preadolescente, ser mujer es una especie de meta”, puntualiza. Cuando entró en la secundaria lo abandonó y nunca más. Excepto cuando juega al fútbol, que usa deportivo “porque post lactancia de dos años siento que me puedo autoinfligir un cross de teta”. Dice que nunca fue una toma de decisión políticamente asumida sino por comodidad. Asume que los corpiños le resultan horrendos y que le encanta cómo se ven las tetas, los pezones y la piel.
MARCHAR EN TETAS ES MARCHAR
Muchas pibas dejan remera y corpiño de lado y ponen sus tetas, como ponen su cuerpo, para una lucha común, que las hermana sin igualarlas. Silvia Elizalde, investigadora del CONICET y autora de Tiempo de chicas. Identidad, cultura y poder (Grupo Editor Universitario, 2015), señala que esa desnudez vuelve indisimulable “el espesor real y experiencial de cada quien que grita por sus derechos, en contraposición a una industria cultural que photoshopea los cuerpos hasta hacerlos encajar en su perversa ilusión canonizante y sin carnadura social y política”. Y trae como metáfora el propio bamboleo de las tetas al andar como continuación en el cuerpo de las mujeres de la marea feminista que todo lo sacude y lo transforma, en claro contrapunto –dice– con la inacción estatal y la vista gorda social, eternizadas en la promesa de cambio y la hipocresía.
Fue en un Encuentro Nacional de Mujeres cuando Lara recuerda haberlas conocido realmente porque caminó muchas cuadras sin remera y se pintó el cuerpo con sus amigas. “Me gusta tenerlas sueltas”, dice. “No siento la necesidad de sostenerlas/contenerlas. Incluso me parece erótico que estén libres. Que se luzca su forma con las remeras. Que estén al alcance si las quiero tocar o quiero que las toquen”. A veces se pregunta si por el resto de sus días va a tener que seguir escuchando ‘mirá que se te caen’, ‘ahora porque tenés veinte, a los cuarenta te vas a querer matar’. Pero el feminismo también le enseñó a identificar cuáles son sus preocupaciones y cuáles las de esta sociedad patriarcal. Así que transita otro verano en remera y disfruta de sus tetas, que son de ella y de nadie más.
Elizalde remarca la necesidad de situar en contexto este “ponerle el pecho a las luchas”: “No es lo mismo marchar en tetas entre cientos de otras que también lo hacen como parte de una voluntad colectiva de autodeterminación y despliegue autónomo del cuerpo que hacerlo sola, volviendo a casa luego de la desconcentración”.
Abril es militante de Hagamos lo imposible, vive en Lomas de Zamora y está por cumplir veinte años. Se acuerda abrazada a sus compañeras de colegio en alguna marcha feminista cuando tenía catorce. Muchas andaban en corpiño, otras en tetas, y ella en remera porque así se sentía cómoda. Pero todas abrazadas. A los quince o dieciséis anduvo sin remera ni corpiño en una movilización. “Todas nos cuidábamos de los ojos de afuera. Yo comentaba con los cachetes rojos a mis amigas sobre lo loco que era caminar por pleno centro ¡en tetas! Las calles son nuestras, decíamos”. Descubrían el propio cuerpo y entendían que es para ellas. “Para nuestro disfrute, para nuestra risa, para nuestro orgullo. Nuestro aquelarre es así”, proclama Abril.
¿Y cómo lo vivís hoy?
Abril: –Lo costoso es plantarse a la mirada ajena. Es real que nos miran, que nos juzgan, que nos etiquetan. ¡Y la cantidad de formas que tienen nuestras tetas! Pezones grandes, pezones chicos, pezones parados, tetas caídas, tetas inmensas, tetas chicas, tetas triangulares o redondas, tetas negras, tetas blancas, tetas coloradas, tetas con lunares y andá a saber cuántas cosas más, pero tetas. Lo vivo así, transito momentos, a veces mejor, a veces no tanto. A veces me siento más libre, más fresca, más tranquila. A veces no, entonces agarro algún corpiño que me haga sentir bien. Creo que el horizonte es encontrarse auténtica, cómoda y segura. La decisión es nuestra.
La investigadora adjunta del Conicet, Karina Felitti, tiene un trabajo sobre el uso y no uso del corpiño como acción política que se titula En tetas ¿hay paraíso? La desnudez femenina como arma política. “En algunos espacios feministas e incluso en los círculos de mujeres, el no usar corpiño suele proponerse –explícita o implícitamente– como un símbolo de feminista libertaria, que puede ser complicado de llevar a la práctica para las chicas que tienen mucha teta, que han amamantado, que salen a correr o practican deportes. Por eso, para algunas será más cómodo o liberador no usar corpiño y para otras es más cómodo usarlo”.
¿Cuándo surge la práctica de mostrar las tetas en las marchas?
Karina: –Desde hace unas décadas, el desnudo ha devenido estrategia de protesta feminista. Mostrarse totalmente sin ropas o con el torso descubierto está siendo usado por muchas mujeres, de diferentes edades, naciones, etnicidades, clases, géneros y corporalidades, como un modo de llamar la atención sobre sus reclamos sociales, políticos, económicos, laborales, (no) reproductivos y sexuales. Sabemos que la práctica de mostrar el pecho en una apuesta política no es nueva, basta recordar el cuadro La Libertad guiando al pueblo, de Delacroix, en donde el seno descubierto de la Marianne deviene símbolo de la Revolución Francesa y sus ideales. Como plantea Marilyn Yalom, se trata de un pecho que nutre la nueva etapa de la historia republicana. Lo novedoso es la organización colectiva de tetazos, la confluencia de cientos de mujeres que inscriben en su torso consignas y salen a marchar, y la difusión por las redes de estas acciones.
¿Y qué sucede en las redes con estas prácticas?
–Desde otros lugares de enunciación encontramos mujeres que muestran las cicatrices de sus mastectomías en la red y madres que reclaman poder compartir en Facebook o Instagram sus fotos amamantando o que implementan una micropolítica del pecho en libertad dejando de usar corpiños. Como afirma Rita Segato en Las estructuras elementales de la violencia, el cuerpo de las mujeres es un campo de batalla donde se plantean barreras de control territorial, es bastidor donde se cuelgan insignias y es también un último espacio de soberanía cuando todas nuestras posesiones están perdidas.
¿Cómo aparecen las tetas en las representaciones de la moda?
–Si pensamos en el “pecho sexy” podemos imaginarlo desnudo o insinuado, con muchos ejemplos en la historia del arte que nos ayudan a contextualizar los deslizamientos, y con una vinculación fuerte con la industria de la moda. ¿Qué pensarían de los corpiños con relleno las mujeres que tiraron los suyos en los “basureros de la libertad” que colocaron las feministas de los 60? Muchas mujeres han optado por no usar más corpiño como un signo de libertad ante la duda sobre la posibilidad de ser una mujer liberada y a la vez ajustada por las correas de un corsé. En mi trabajo puse en el centro de la escena las voces de las propias mujeres, sin desconocer las presiones del mercado y sus modelos, y advertí el placer que causa en muchas vestir lencería erótica y cómo esto también generó una nueva oferta. Hay varias diseñadoras con marcas en expansión que se inscriben en prácticas de comercio justo y adhieren al feminismo, tienen a la comodidad como principal emblema, sin renunciar al diseño, la belleza y el erotismo porque no todas las mujeres se sienten cómodas sin un sostén o entienden que el corsé es símbolo de opresión.
Desiree Du Val es la directora creativa de WTTJ, ropa antipatriarcal que se define bajo los hashtags #haceloquetegusta #sevaacaer #macrigato #seraley. Dice que las pibas están visibilizando la hipocresía patriarcal, que reconocen sus cuerpos como propios, emprenden la hermosa tarea de liberarlo a gusto de cada una y cada vez son más las que sacan las tetas a la libertad. Cuenta: “Desde que nos comienzan a salir las tetas, nos las condicionan, opinan y critican, o nos meten en la cabeza que las tetas son parte de esa ‘privacidad femenina’ que deberá ser guardada para el hombre que decida probarlas o consumirlas en un medio de comunicación. No tardan en decirte cómo las tenés que tener, y recibimos permanentemente los límites que nos impone el patriarcado. Y así, nuestras valiosas tetas pasan a ser un objeto más del macabro sistema de consumo. Nos encontramos con hombres que no pueden reprimir la paja por sus cerebros podridos de tanto cosificarnos; claro está que el problema son sus cerebros podridos, no nuestras tetas”. Desiree manifiesta la esperanza de poder algún día subirse al colectivo y que sus pezones parados no sean punto de atracción.
Los emprendimientos feministas de lencería erótica o “ropa para el interior de cada una”, como propone Brilla Gringa, respetan la forma natural del cuerpo, sin aros, ni broches. “Libres pero seguras. Mujer, naturaleza, suelta, húmeda y que truena” reza la oración que las representa.
ElleVanTok, es la tienda de lencería erótica que plantea comodidad para sostener junto con la posibilidad de elegir. Maru, su fundadora, se maravilla con cómo cada vez más mujeres, con cuerpos no hegemónicos, no comerciales, no estereotipados o estereotipables, buscan liberarse, potenciarse, seducirse y seducir. Y arriesga: “En esta revolución de las mujeres y transfeministas no pedimos permiso. Elegimos qué, cómo y con quién, con prendas que se adaptan a diferentes cuerpos y requerimientos de cada una, no al revés. No pretendemos disimular, sino proclamar la independencia”.